4ª de Mont de Marsan. Ponce, histórico con dos mansos imposibles

Sacó increíble y hasta milagroso partido de un manso violento muy peligroso y, aún más, con otro muy huidizo e imparable gazapón al que cuajó la faena de la tarde, una de las importantes de su vida. Pero no cortó orejas por pinchar aunque dio una clamorosa vuelta al ruedo. Bien aunque frío Juan Bautista  con uno de los dos más potables de la impresionante corrida de Samuel y muy bien Alberto Aguilar con el otro mejor, el sexto, del que tampoco cortó oreja por pinchar.   

Plaza de toros de Mont de Marsan. Lunes 18 de julio de 2011. Cuarta de feria. Tarde nublada y bochornosa con casi lleno. Siete toros de Samuel Flores, incluido el sobrero que reemplazó al segundo, devuelto tras romperse una mano. De impresionante presencia y gran trapío propios de plaza de primera. La mayoría, bravucones con poder y sumamente difíciles. El primero, montado, descompuesto y con violentísimo peligro. El segundo manseó pero resultó muy manejable por el lado izquierdo. El tercero empezó peleando con poder y terminó blandeando en demasía aunque también fue manejable. Manso integral, huidizo e imparable gazapón el cuarto, pitado en el arrastre. Manso y rajadísimo el quinto. Manso con fuerza y francamente noble el sexto. Enrique Ponce (marino y oro): Pinchazo y estocada, gran ovación con injustificadas aunque minoritarias discrepancias. Pinchazo a toro arrancado y estocada baja, gran ovación y vuelta al ruedo. Juan Bautista Jalabert (avellana y oro): Pinchazo y estocada, silencio. Dos pinchazos y dos descabellos, silencio.Arturo Aguilar (añil y oro): Tres pinchazos y estocada, silencio. Pinchazo, estocada y cuatro descabellos, ovación.

Los que habían visto el corridón de toros que había aceptado Enrique Ponce para su actuación de este año en Mont de Marsan, no sabían explicarse el por qué de tamaña elección a estas alturas de su carrera. Es cierto que, hace dos temporadas, tuvo aquí un triunfo clamoroso con reses de esta misma divisa cortando cuatro orejas y un rabo. Pero aquella corrida, sobrada para esta plaza, no fue la de ayer: un encierro digno de Madrid o de Bilbao. Lo que estaba lejos de cualquier duda es la gesta del valenciano. Quizá para despejar cualquier duda al respecto de su permanencia en los ruedos y para marcar diferencias con sus colegas más encopetados, sobre todo con el que va a regresar este año a la vecina Bayona, a saber con qué corrida, mientras Ponce estará ausente por primera vez en sus 20 años con tantísimas tardes de gloria en la plaza más antigua de Francia que es suya por derecho propio. Manes del destino.

Pero algunos no lo comprendieron ensuciando el comportamiento de la mayoría al ovacionar fuertemente al valenciano tras matar al primer toro, quizá uno de los más complicados de toda su vida. Ponce lo lidió con esmero – no así sus peones – hasta enfrentarlo con la muleta en una faena decimonónica que terminó con el milagro de lograr tres tandas sobre la mano derecha rematadas con el pase de pecho. No se podía dar ni pedir más de este inigualable lidiador, capaz de hacer embestir aunque fuera brevemente a un criminal que siempre quiso cogerle.

Pero lo mejor, lo realmente increíble llegó con el mansísimo cuarto. Muy difícil, casi imposible de lidiar con orden por su incesante huir, llegó a banderillas sin dejarse clavar los palos, y a la muleta con un continuo gazapeo al tiempo que huyendo de cada muletazo. Ante tales características y con el público cada vez más impaciente, Ponce pidió calma y espera porque solo él sabía que a este mansurrón le haría faena que, a la postre, hizo sobre la mano derecha en sucesivas y a cada cual más intensas y despaciosas tanda hasta hacerse con el toro por completo. Sonó la música y el toro se distrajo, instante en que Ponce pidió a la banda que cesara. La obra culminó con más muletazos ligados en redondo sin solución de continuidad dando la impresión de que cuatro parecieron uno solo. Demasiado para este toro que, ya rajado, decidió refugiarse en tablas. De allí tuvo Ponce que sacarlo para entrarlo a matar. El toro no se dejaba, pero murió al fin de un pinchazo arrancado y de una estocada a la trágala, inevitablemente caída. Dobló y estalló esa ovación con palmas acompasadas que aquí suelen rubricar lo grande cuando acontece. La vuelta al ruedo que dio Ponce valió más que las miles de orejas que ha cortado en su vida. No era para menos después de esta obra maestra con un toro tan irremediablemente manso.    

En este capítulo de gestos, hay que incluir a los que se atrevieron a alternar con Ponce. El francés Juan Bautista Jalabert  se enfrentó en segundo lugar con un sobrero de la misma ganadería. Menos ofensivo y mucho más fácil que el anterior. Lo descubrió en un quite por chicuelinas, Alberto Aguilar. Y luego el espada francés en una estimable aunque algo fría faena de la que destacaron los naturales, algunos francamente buenos solo que, por embestir el toro sin humillar y salir desrazado de los pases, apenas tuvo eco en los tendidos. No pudo hacerse con el manso y también muy huidizo quinto.  

El pequeño Alberto Aguilar no se echó atrás con el tremebundo tercer toro que derribó estrepitosamente en la suerte de varas aunque no por bravo sino por su geniudo poder. Sin embargo, duró poco porque, tras el castigo en varas, el marrajo blandeó mucho y hasta llegó a derrumbarse en plena faena de muleta. Aguilar anduvo a la par esforzado y capaz. Pero donde anduvo bien de verdad el madrileño fue con el mejor para la muleta de los seis, el último, con una faena variada, torerísima y muy templada que habría sido premiada si no hubiera fallado a espadas.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

5 Resultados

  1. Chicuelina dice:

    JT torea incluso, cuando no se anuncia. De ahí su importancia. Tanta importancia y trascendencia tiene, que incluso se habla de él cuando torean los compañeros.

    ¿Por que JT Ccon 20 tardes trasciende más que sus compañeros con 100?. Ésa es la pregunta que hay que aclarar.

  2. J.A. del Moral J.A. del Moral dice:

    Porque si fuera capaz – que nunca lo fue y menos ahora – de torear 100, hace tiempo que no trascendería nada de nada.

  3. Chicuelina dice:

    ¿Y por qué hay que torear 100 tardes?. Para torear 100 tardes, hay que torear en muchos pueblos, llevándose las subvención correspondiente y toreando novilladitas, quitándole prestigio a la fiesta.

    JT es un adelantado a su tiempo, y plantea otro tipo de fiesta. La corrida como acontecimiento de excepción, el rito asumido desde su más profunda entraña. Y por éso se adquiere tal compromiso. JT es el sueño de todos los toreros. En una tarde, genera lo que otros en 10. Y entre JT y el resto hay una diferencia, JT asume cada tarde como única, el resto pica billetes en demasiadas ocasiones, porque al día siguiente tiene que torear en otro sitio.
    ¿Son válidos ambos planteamiento?. Por supuesto, e incluso hay aficionados que nos gustan muchos toreros. A la mayor parte de la afición, les encanta El Juli, JT, Ponce, Morante, Manzanares…Pero no entiendo ésa inquina contra un torero de época. Y que la mayor parte de la afición idolatra. ¿O se cumple la premisa, de que ciertos críticos dicen una cosa, y luega la realidad de los públicos van por otra?. Parece que sí.

  4. J.A. del Moral J.A. del Moral dice:

    Eso está y quedará por ver y comprobar. J T, ni es sus mejores temporadas consiguió completarlas ni en ninguna actuó en todas las plazas más importantes de primera categoría. Y es que, mi amable lector y amigo, lo que cuenta en el toreo son los hechos, no los dichos. Y bien que lo siento porque a mí, el JT de sus grandes tardes y no me refiero a las suicidas y sanguinolentas, también me entusiasmó tanto o más que a usted. Lea mis crónicas sobre ellas.

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