7ª de la Feria de Santiago en Santander. Sinfonías de José María Manzanares

La primera, en do mayor, ante el tercer toro de la desigual corrida de El Pilar al que cortó una rácana oreja cuando la faena y la estocada recibiendo fueron de dos. Y la segunda, en do menor, por la extrema debilidad del quinto, el de más clase del envío. Morante no quiso ver al peor primero y pretendió responde a Manzanares sin conseguirlo salvo con sus maravillosas verónicas porque la faena fue de bellos pases no todo templados ni acertados. Leandro tuvo un toro regular con el que no logró estar como quería y otro estupendo al que toreó bien aunque sin llegar al tendido por la estudiada vulgaridad de su toreo.

Plaza de toros de Santander. Viernes 29 de julio de 2011. Séptima de feria. Tarde agradablemente soleada con viento fresco y casi lleno. Seis toros de El Pilar, altones en el tipo de la casa pero sospechosamente cornicortos y muy romos. Muy corto de viajes y cabeceante el primero. Con poca fuerza y algo mejor por el lado derecho el segundo. Noble aunque a menos en brío el tercero. Noble y encastado el cuarto. Excelente el quinto. Y con clase pero sin fuerza el sexto.  Morante de la Puebla (fuscia y azabache): Un pinchazo y otro hondo, bronca. Pinchazo y estocada, gran ovación. Leandro Marcos (turmalina y oro con remates negros): Pinchazo hondo caído, estocada caída atravesada e incontables descabellos, aviso y pitos. Estocada casi entera, escasa petición y palmas con saludos. José María Manzanares (prusia y oro): Estocada recibiendo, oreja y petición absurdamente denegada de otra. Pinchazo y gran estocada, gran ovación.

El viento refrescó mucho muy poco antes del iniciarse el festejo, los bañistas abandonaron las playas y los tendidos casi se llenaron. Menos mal. Lo que no me gustó fueron los pitones de los toros. Anoche me lo dijo un importante del toreo que los había visto en los corrales. Y a mí me lo pareció desde mi localidad. A los que lo hacen, deberían exigirles que al menos no se notara. Por lo de ayer, si fuera cierto, yo no les pagaría ni un euro a los peluqueros. En fin…

Ante este fresco y ventoso panorama climatológico, y al deontológico y anímico de los dos primeros espadas, mejor será empezar por el tercero. José María Manzanares se fue a donde estaban los papelillos para recibir al tercer toro y puso la máxima atención a que su capote no fuera nunca alcanzado por los pitones del burel. La cuadrilla del alicantino, perfecta como siempre. Curro Javier en banderillas sobre todo. Jose Mari empapó su muleta con agua y se fue con el toro al tercio sin prisas, muy tranquilo. Los dos primeros pases con la derecha, solemnísimos. En el tercero, el toro se le metió por abajo y por dentro. Y tras este ligero contratiempo, llegó la primera sinfonía en do mayor de la tarde. Con la derecha, para soñar despiertos. Y con la izquierda para eternizarse por lo largos y lentísimos que pegó los naturales. Los adornos, oportunos y bellísimos. Y la estocada, recibiendo bajo las tablas de sol que fue donde terminó la sinfonía. A este joven semidiós del toreo habría que nombrarle Marqués del Mediterráneo. Un ridículo presidente solo le dio una oreja. Pero Manzanares la paseó con más clamor que ninguna de las que se han dado en la feria.

La segunda sinfonía manzanarista fue en do menor por la poquísima fuerza que tuvo el sexto toro. Una pena porque fue larguísimo y con mucha clase. Pero la obra no pudo tener unidad ni redondez pese al tiempo y al espacio que dio al toro. Pase a pase, pausa a pausa, eso sí, hubo muletazos monumentales. Pero también varias caídas del animal. De todas formas, dio gusto verle. Sobre todo al final de la faena siendo capaz de sostener a su blandísimo oponente. Como también nos dio alegría por la mañana enterarnos que, por fin, se va el caimán. Se va el caimán, , por fin, pero no por la barranquilla.

Al primer toro le pegaron muy seriamente en el caballo. Señal de cómo anda Morante este año. Y como el toro llegó a la muleta casi parado y pegando  cabezazos, el de la Puebla hizo el paripé brevemente y se fue a por la espada de verdad. Lo mató como malamente pudo. Luego reaccionó enrabietado a lo del Manzanares con un maravilloso ramillete de verónicas en el saludo del cuarto que reeditó en el quite. Pero luego, la faena fue más preciosista que efectiva. Junto a muletazos excelsos, otros ensuciados.  Muy tenso Morante por verse tan forzado a responder al alicantino intentando superarle sin lograrlo. Además empezó el trasteo torpemente con pases sentado en el estribo que obligaron al toro a estrellarse contra las tablas. Morante pintó cuadros muy botitos, sí. Pero nunca mandó en el toro, que es la base del toreo. Morante es un gran artista. Pero Manzanares, además de gran artista, es un gran torero.

Leandro también ordenó que le dieran leña al segundo. Otro con cara de becerro. Solo se pudo estirar en un lance. Con la muleta se dispuso a torear tras brindar al respetable. Como Morante, empezó la faena donde molestaba y el viento pero bien por bajo con la derecha. Y acto seguido, en los medios con esta misma mano en redondos periféricos. Pero a este no le dijo nadie que se los pasa lejos. Noble el toro, no pudo evitar que doblara las manos por exagerar las formas. Más cortito por el lado izquierdo, no pudo completar ningún natural. Y hasta ahí llegó la parte medio decente. Lo demás transcurrió entre prevenciones y destemplanzas. Mató muy mal y también le pitaron. Vaya por Dios.

Al quinto volvieron a darle estopa en varas. Y eso que Leandro es muy joven todavía. A la gente no le importó porque, visto lo visto, todo el mundo estaba esperando y pensando en Manzanares. Pero este quinto llegó a la muleta en magníficas condiciones para torearlo a placer y Leandro supo aprovecharlo en su mejor versión que es de grandes almacenes. Por eso el público contempló la demasiado larga faena en casi completo silencio y sin un solo olé. Solo le jalearon las manoletinas. Se oyó más el pasodoble de la banda porque e trasteo careció de música. Y, desgraciadamente, el toro se le fue. Aunque le cortó una orejita, se le fue.    

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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