3ª de la Semana Grande de San Sebastián. Con permiso de Hermoso, ¡soberbio Talavante¡

La gran faena del extremeño no fue premiada como mereció. Cortó una muy importante oreja del excelente tercer toro de El Ventorrillo y anduvo muy por encima del mal sexto aunque tardó en matarlo. Lo mismo que Pablo Hermoso de Mendoza que perdió salir a hombros por sus fallos con el rejón de muerte. Antonio Barrera desaprovechó su mejor de El Ventorrillo y anduvo arrojado con el sobrero que fue el peor de la ganadería titular.

San Sebastián. Plaza de Illumbe. Martes 16 de agosto de 2011. Tercera de feria. Tarde calurosa con más de dos tercios muy repartidos. En primer y cuarto lugares, dos toros despuntados para rejones de Ángel Sánchez y Sánchez, muy bien presentados y nobles. Y cinco de El Ventorrillo, incluido el sobrero que reemplazó al segundo, devuelto por su nula fuerza aunque, por correr turno, se lidió en quinto lugar. Muy bien presentados. Bueno para el torero y desaprovechado el corrido en segundo lugar. Y aún mejor el tercero, un gran toro. El descompasado sobrero, no valió para nada. Y el también grandísimo sexto perdió el poder que tuvo en varas y se defendió. Pablo Hermoso de Mendoza (con chaqueta larga azul noche bordada y con solapas en negro): Pinchazo y rejonazo trasero caído, petición insuficiente y gran ovación. Pinchazo hondo perpendicular, rejonazo que cayó muy contrario, otro atravesado y dos descabellos pie a tierra, silencio. Antonio Barrera (avellana y oro con remates negros): Pinchazo, estocada y descabello, aviso y palmas con saludos. Muy habilidosa estocada caída que escupe y descabello, palmas. Alejandro Talavante (turmalina y oro): Casi entera trasera tendida, oreja y fortísima petición de la segunda con protestas al palco por no concederla. Dos pinchazos, estocada y dos descabellos, palmas.

El encaste Murube, otrora frecuente en las corridas de tronío, últimamente se lidia cada vez más para el toreo a caballo y la verdad es que con muy buenos resultados. Empezaron a vender para esta especialidad los hermanos Murube y, no hace mucho, la ilustre familia Gutiérrez Lorenzo (Capea). Y ayer, como también otras veces, Ángel Sánchez y Sánchez que cría productos de sangre originaria refrescados con vacas y sementales de los ya mentados de Capea. Por algo será. Imagino que por preferirlos de Pablo Hermoso de Mendoza que es quien singue mandando en el toreo ecuestre, más que les pese a los acérrimos de Ventura. Claro que, los que gustamos más del toreo a pie, cada vez que sale un buen toro murubeño de estos hierros para los caballeros, nos removemos en nuestra silla acordándonos de las muchísimas tardes gloriosas que hemos disfrutado con estos toros. ¿Será posible que, al cabo del tiempo, la vigente suerte de varas sea sustituida, si conviene, por los rejones de castigo, menos dañinos que las puyas? Todo podría ser. Pero bueno, la gran y ya histórica categoría de Pablo Hermoso, se merece esto y más. Como también que a la hora de matar, intervenga un sobresaliente.

¡Vaya chaqueta larga que estrenó don Pablo¡ Yo no sé si la gente se dio cuenta y por eso lo digo, para que no pase desapercibido el elegante detalle. Ta verán como muy pronto se empezará a hablar de estas nuevas prendas que casan perfectamente con la proverbial elegancia de quien las estrenó ayer.   

No es necesario describir desde a la hasta la z, lo que hizo Pablo con el primer toro, muy bien presentado y bueno, por cierto. Su habitual demostración de magisterio: perfecta monta, temple, dominio, destreza cuasi divina, precisión y hasta regodeo en cuanto llevó a cabo, sobre todo al preparar, clavar y salir en banderillas. Cada una, capítulos escritos con letras de oro. Y qué sosiego, señores. Se pasó un pelín en el adorno final tocando los cuernos del toro. Como en lo trasero y caído del rejón de muerte. Cuestión menor en esta clase de toreo. Además, el toro rodó espectacularmente. La presidencia no atendió las demandas de oreja. ¡Qué más da¡ Una ovación muy fuerte lo compensó. Pese a algunos desajustes iniciales con el cuarto toro, Hermoso se superó a sí mismo en otra faena marca de la casa. Lo volvió a estropear con el rejón de muerte.

Por categoría ya adquirida, escribo por delante sobre la lidia a pie de Alejandro Talavante que anda cada vez más suelto y solvente. Se acabó aquel muchacho tan extraño y radicalmente desigual. El torero Guadina le llamábamos. Los años y los cambios de aires en su administración, están dando paso a un torero nada desconcertante como fue al principio, mucho más normal y regular en el éxito. Casi al golpe cantado. Alejando lo sabe y actúa en consecuencia. Lo más gracioso es que los que tanto le cantaban en sus mejores ocasiones al principio, desde el baño que pegó al innombrable en Gijón, intentan restarle importancia. Ayer desmintió a sus nuevos enemigos con sus naturales de excepción y unos redondos sensacionales. No hablo de las manoletinas porque estoy harto de aguantarlas desde que, en mala hora, se pusieron de moda. Magnífica, firmísima, templadísima faena a la altura del gran toro que afrontó. ¡Anda que si la hace el ínclito¡ Hizo mal el palco en no conceder la segunda oreja después de la que dieron el primer día a Urdiales. Pero, hombre por Dios, queridísimo amigo Tuduri, hay que diferenciar las cosas.

Con el impresionante sexto, aunque intentó alargar sus cortos viajes con franciscana paciencia y, a veces, lo logró, su faena fue solo de mérito. Los pocos que le dio casi completos con la izquierda, fueron de maestro.

Antonio Barrera desentonó de la categoría de sus colegas. Pero ya se sabe que algunas empresas nos lo hacen tragar. Con una larga de rodillas recibió el sevillano al segundo toro que luego lanceó con el paso atrás. Pronto perdió las manos el toro y enseguida fue devuelto a los corrales. No pareció del todo claro el que iba a ser quinto aunque de salida se dejó más por el lado derecho que por el izquierdo. Luego por los dos y de qué modo. Fue un buen toro aunque peleó con genio impetuoso en varas. Barrera arrancó la faena en peleón para seguir por el mejor lado derecho. Pero el toro se echó al salir de un redondo y Barrera lo dejó descansar. Vendió con voces lo que vino después. Es a lo que está acostumbrado. La indiscutible manejabilidad del toro no necesitó de tanto ruido, pero sí de mejores nueces. Y cuando parecía haber conformado a la parroquia, pincho antes de enterrar completo el acero. La cosa quedó en tablas aunque, en mi opinión, Barrera estuvo por debajo del toro. No tuvo la misma suerte con el enorme y también impetuoso en varas sobrero. La gente aplaudió los gestos de arrojo del sevillano como su larga a porta gayola y sus baldíos intentos con el marmolillo que terminó siendo uno de esos animales que no gustan en el sorteo.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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