Precisos ecos de Ronda. Manzanares se encumbra en La Goyesca

El diestro alicantino cuajó al segundo sobrero y salió a hombros junto a un discretísimo Cayetano y un magistral Juli, que instrumentó una gran faena al cuarto de Cuvillo

 

Ronda. Corrida Goyesca. Se lidiaron siete toros de Núñez del Cuvillo, correctamente presentados. El primero fue noble y soso; remiso y corto de viajes el segundo; manejable el tercero; noble y muy enclasado el cuarto, que recibió los honores de la vuelta al ruedo; deslucido y peligroso el quinto; muy noble y colaborador el sexto. El segundo sobrero de regalo dió muy buen juego.  Julián López El Juli, de damasco blanco y negro, oreja tras aviso y dos orejas. José María Manzanares, de damasco añil y negro, oreja, ovación tras aviso y dos orejas. Cayetano, de rosa mexicano y pasamanería negra, oreja y dos orejas tras aviso. La plaza se llenó en tarde fresca y nublada. Saludaron Curro Javier y Blázquez.

La lluvia de los últimos días había sacado brillos nuevos a la vega del Guadalevín aunque más allá del inmenso Tajo y el Puente Nuevo un inquietante retablillo de nubes -promesa del otoño cercano- seguía reinando sobre la vieja plaza de la Maestranza a la hora del sorteo de los toros de Cuvillo. En el cartel, que este año ilustraba el pintor sevillano Miki Leal, campeaban los nombres de los dos cónsules de la campaña junto al último de los Rivera Ordóñez, que reaparecía en el patio de su casa recuperado de la lesión que le ha mantenido apartado de los ruedos todo el mes de agosto. A la hora de los toros, el ambiente callejero y el safari fotográfico de famosos se veía apuntalado por numerosos rostros conocidos de todo pelaje y alcurnia que han terminado por formar parte del paisaje humano del espectáculo

Pero en los chiqueros aguardaban seis toros que devolvían la última verdad de este espectáculo en el que se puede morir de verdad. Lástima que el primero, tan noble como soso, no estuviera a la altura de la altísima exigencia impuesta por El Juli, sobradamente por encima de un animal que sí aguantó el largo metraje de una faena más maciza y mandona por el lado derecho y más delicada y virtuosa por el izquierdo, exprimida en un mazo de naturales de alta precisión quemarcaron la diferencia.

El Juli brindó sonriente y cumplidor el colorao que hizo cuarto a doña Cayetana y se fue derechito a los medios para torearlo en redondo en una faena que rompió en un pase de pecho dibujado en espiral. Hondo y arrebujado de toro, el madrileño siguió toreando acoplado a la boyantía del cuvillo, al que también se pasó por el lado izquierdo adornándose con molinetes antes de relajarse por completo, con el compás muy abierto, hasta sacarse dos o tres diabluras del sombrero que hicieron crujir la plaza  y abandonándose por completo en el tramo final de un trasteo que exprimió por completo a un gran colaborador que cazó de un espadazo al segundo viaje. Las dos orejas eran de cajón.

Manzanares llegaba a la Goyesca nadando sobre la espuma de una imparable racha triunfal pero el bellísimo barroso que hizo segundo no fue enemigo para el alicantino, que derrochó entrega en una faena esforzada que acabó brillando en un notable puñado de naturales y un contundente volapié un punto tendido que le sirvió para puntuar. El quinto protestó y flojéo en los capotes y se rebrincó en la muleta del artista alicantino, que tuvo que sortear los cabezazos y el mal estilo de este astado, muy corto de viajes, siempre correoso y con peligro evidente con el que Manzanares sólo pudo mostrar resortes de lidiador capaz y entrega de figura. Quería salir a hombros, y no dudó en pedir el sobrero, que se  lastimó a las primeras de cambio y se derrumbó en el suelo sin remedio. La papeleta era complicada pero decidieron echar el segundo reserva sin que se moviera nadie del tendido. Curro Javier lo lidió en maestro y Manzanares lo brindó a sus compañeros y al propio Francisco Rivera, impecable en terno gris de paisano. Sin molestarlo, Manzanares comenzó su concierto. Hondo en el toreo en redondo; cumbre en los remates y sedoso en los naturales. La faena explotó definitivamente en una serie diestra dicha muy para adentro mientras se mascaba una apoteosis que acabó en una auténtica borrachera de toreo. La estocada, recibiendo, lo elevaba a los altares del toreo.

Cayetano también se templó con el tercero, un serio castaño al que toreó con distante elegancia en una faena tibia que no terminó de cuajar. El nieto del maestro aún tenía un cartucho para reivindicarse después de la larga ausencia forzada por la fractura de su mano derecha. Brindó a la duquesa una labor que comenzó de rodillas y siguió en el platillo con empaque rondeño en la postura y excesivas distancias en los embroques de unos muletazos a los que le faltó algo de ajuste. No importó. Era día de fiesta y los tres se fueron a hombros. Todos contentos.

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. graciano dice:

    Me gustaría saber cómo fue el cuarto en el caballo, porque en la muleta fue de extraordinario para arriba. Vamos que si en el caballo cumplió sería para indultarle, porque toros con esa clase y esa raza no deben matarse, pues salen muy pocos y luego se indultan algunos que son simplemente nobles y buenos, pero no bravos.

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