1ª de Clausura en Dax (Francia). Manzanares sube a los cielos de Dax

Otro zambombazo de José María Manzanares que cortó tres orejas y un rabo del segundo toro, el único bravo y noble aunque no fácil por muy pegajoso de, por los demás, muy deslucida corrida de Núñez del Cuvillo. Enrique Ponce y Perera, aunque estuvieron por encima de sus respectivos lotes, se estrellaron. El joven maestro de Alicante salió a hombros.

Dax (Francia). Plaza del Parque Teodoro Denis. Sábado 10 de septiembre de 2011. Tarde de bochorno con lleno total. Seis toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados, de excelentes hechuras y vario pelaje y juego muy dispar. Muy deslucido el primero. Bravo e incansablemente repetido el noble segundo que fue premiado con la vuelta al ruedo. Noble aunque repentinamente enclenque el tercero. Muy mediocre y más malo que bueno el cuarto. Casi lo mismo el bravo aunque a menos quinto que medio se dejó por el lado derecho. Y el sexto solo algo más por el izquierdo. Enrique Ponce (davidoff y oro): Estocada corta a toro arrancado y descabello, silencio tras palmas con algunos pitos. Dos pinchazos y media estocada, silencio tras pitos al toro. José María Manzanares (habano y oro): Gran estocada recibiendo, dos orejas y rabo. Grandioso volapié, oreja. Miguel Ángel Perera (corinto y oro): Casi entera, silencio. Pinchazo, más de media estocada y descabello, aviso y palmas. Manzanares salió en hombros por la Puerta Principal.

Con fiebre o sin fiebre, José María Manzanares continúa en plena forma y, ello, unido a su estado de gracia, le ha convertido en un torero privilegiado e invencible. Exclamaciones levantó al salir el jabonero segundo toro de una tarde que Había empezado mal. Manzanares ganó terreno lanceando a la verónica con garbo y temple. El toro metió la cara por ambos pitones pero echó la cara arriba en un buen puyazo de Chocolate. Manzanares solicitó el cambio de tercio y los peones del alicantino dieron otra lección de las muchas que llevan esta temporada. El toro galopó y anunció lo que todos esperábamos. Otra de las maravillas que este año está coleccionando el alicantino como si fuera una fábrica de grandes acontecimientos. No es necesario pormenorizar cómo toreó José Mari con las dos manos, sobre todo por el mejor pitón derecho de este toro que fue un tejón repitiendo sin cansarse hasta parecer angustioso. Por ello, el gran mérito de una faena tan ligada, que algunas tandas no tuvieron solución de continuidad, como si todos los muletazos parecieran uno solo. Y, claro, tras otra estocada recibiendo, recetada en los medios, la gente se volvió loca y a Manzanares le dieron el rabo. Manzanares dio la vuelta con el ganadero. Algunos protestaron. Mejor. Así pareció mortal el celestial suceso.

Esta vuelta al ruedo de Manzanares tras cuajar su primera gran faena en el sur oeste francés, me trajo a la memoria la también primera que dio en Dax siendo un niño de ocho años de la mano de su señor padre que cortó dos orejas de un gran toro, dándome la ocasión de dedicarle una crónica que titulé “Cinco minutos en la Corte Celestial”. De ahí que la traiga hoy al coleto por la celestial faena que ayer hizo su hijo al cabo de ventiún años transcurridos entre aquella y la que acabamos de ver.  

El aún más bravo ante el caballo quinto, además de perfectamente lidiado, propició un momento estelar del gran picador, José Antonio Barroso, cumbre en un puyazo que solo apuntó antes de mantenerse sobre su caballo cuando el toro romaneó y por poco lo derriba. De nuevo y, cómo no, muy bien Trujillo y Blázquez en palos. Manzanares se fue enseguida a los medios tras tantearlo por arriba y, poquito a poco, lo fue enseñando a embestir a su placer que, si no resultó completo con la mano derecha, fue porque el toro protestó. Luego gazapeó por el izquierdo. Y se volvió arisco, como también el viento. Manzanares lo metió luego con la derecha de uno en uno, llamando al toro con la voz y con la muleta muy puesta. Se los sacó por narices y bragueta. Aquí aunó el coraje a la técnica aunque, pese a extremar ambas virtudes, en un remate casi lo coge el toro. No le importó. Siguió empeñado en lo que se propuso hasta matar de un grandioso volapié. Otra oreja. Manzanares subió así a lo más alto de los cielos de la viscontiniana ciudad termal landesa.   

Armado el primer toro, salió rehusando los capotes, asomándose al callejón por encima de las tablas, echando las manos por delante y suelto del capote de Ponce. Manseó en varas y, antes de ser banderilleado, tomó por su cuenta otro puyazo y saltó al callejón quedando colgado de las patas.  Después de tan malas sorpresas, llegó cansino a la muleta del valenciano que, como de costumbre, extrajo de su primer oponente todo lo que pudo para bien por el lado derecho y, para mal, casi nada por el izquierdo. Pero, de nuevo a derechas, bastante más y mejor que antes. Pero ni el torero ni el público quedaron satisfechos. Tampoco el ganadero, supongo… El cuarto tampoco metió la cara por abajo en el capote de Ponce del que también salió muy suelto llegando hasta el caballo contrario sin que fuera picado por cortar al tiempo José María Tejero. Luego lo tomó aliviado en el de tanda. Ponce quitó grácilmente aunque más para estudiar cómo embestía que para lucirse. Ni fu ni fa pareció que iba a ser. Pero Ponce lo brindó al público, en parte reticente. Lo pasó fenomenal por bajo con la derecha rodilla en tierra y luego no tan a gusto en pie por redondos que fueron creciendo en largura, temple e intensidad. Por encima del toro que luego tomó la muleta rebrincando y frenándose. Ponce cambió de mano y primaron los mismos e incómodos defectos. Muy soso el toro, algunos se impacientaron pese a solucionar Ponce el trasteo con mejor traza y más relajo. Cuando lo consiguió, no fue comprendido en la medida del mérito que tuvo. Y es que a Ponce no le ha embestido bien ni un solo toro en Dax desde hace cuatro años.  

Miguel Ángel Perera saludó al tercero con lances a pies juntos de los que el toro salió suelto hasta que los ligó a una revolera. Luego hizo un sensacional quite por tafalleras y una faena iniciada marca de la casa por la quietud que definieron los altos con la derecha y los redondos que cosió al de pecho. Algo aislados por lo poco que repitió este también noble animal que, en plena faena, se echo dos veces, la segunda totalmente. Perera decidió entonces matarlo e hizo lo debido. Tampoco, como Ponce, tuvo suerte ayer Perera. El sexto toro resultó poco colaborador. Ni en banderillas ni en la muleta apenas se prestó. Perera se esforzó en conseguirlo porque no podía irse de vacío. Todavía está en el camino hacia la cumbre y no era cuestión de renunciar. Pero fue imposible templarlo por redondos y solo algo más por naturales. Estuvo por encima del toro.  Pero se fue evidentemente contriado depués de la espectacular racha de triunfos que llevaba.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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