4ª de feria en Salamanca. La Torre del Oro y El Sueño de Jacob

Gran triunfo de Alejandro Talavante con muy buenos toros de Domingo Hernández-Garcigrande con matices porque  también los hubo demasiado flojos y uno con genio. Bien Morante de la Puebla aunque fallando con la espada en el primero, y sin querer ver al cuarto por lo que fue duramente abroncado y despedido con almohadillazos. Lo mejor con mucho, corrió a cargo de Alejandro Talavante que cortó una oreja del segundo toro y las dos del extraordinario quinto. Cayetano desaprovechó una gran oportunidad. 

Salamanca. Plaza de La Glorieta. Martes 13 de septiembre de 2011. Tarde veraniega con casi tres cuartos de entrada. Seis toros de Domingo Hernández-Garcigrande, bien presentados y nobles en distintos grados. El primero tardó en definir su bondad. El segundo, antes pese a ser algo distraído. Excelente aunque a peor el tercero por mal toreado. Muy flojo e inédito por su genio el cuarto. De extraordinaria clase el quinto, premiado con vuelta al ruedo. Bravo y noble el sexto. Morante de la Puebla (grana y azabache): Pinchazo y otro hondo bajo. Gran ovación con ligeras discrepancias. Estocada baja trasera y tres descabellos, gran bronca. Alejandro Talavante (lila y oro): Estocada caída recibiendo, oreja. Estoconazo trasero, dos orejas. Salió a hombros. Cayetano (añil y oro): Estocada muy trasera y descabello, silencio con palmitas de sus fans. Pinchazo y estocada, silencio.

Cada vez que en las últimas temporadas vengo a la feria de Salamanca  – lo  hago desde hace más de 40 años –, no puedo evitar la añoranza del gran ambiente taurino que había aquí. Ahora casi no existe. Quedan los coloquios aunque alguno mejor sería que no se celebrara por el daño que viene haciendo; la tertulia-aperitivo en un bar pegado a la maravillosa Plaza Mayor en donde siempre hay conocidos que suelen irse a su casa para comer en familia; y pare usted de contar porque, desde que el siempre bullicioso Gran Hotel lo convirtieron en un edificio con apartamentos; los toreros se visten sabe Dios donde y cuantos acudíamos al mencionado hotel deambulamos cada mañana sin rumbo fijo. En mis anuales estadías, visito todos los grandes monumentos salmantinos y recuerdo uno de mis poemas favoritos: “Salamanca, Salamanca- reluciente maravilla-académica palanca-de los mares de Castilla… ¡Ay, señor, cuantos recuerdos en mi cabeza…!: mis estancias en Campocerrado, la finca ganadera de mi viejo e inolvidable gran amigo, el irrepetible don Atanasio Fernández; los diarios encuentros con Antonio Pérez y con su hermano Juan Mari; los almuerzos en casa de María Lourdes Martín Aparicio, esposa de Alipio y madre de Alipín, uno de los pocos supervivientes junto con su incombustible tío, Juan Carlos… Grandes personas todos.  En fin, que esto de ahora no se parece a lo de entonces ni de casualidad. Ayer, sin embargo, me encontré con algunos jóvenes colegas desperdigados al juntamos para asistir a la presentación de un precioso libro que acaba de publicar la joven e ilusionada periodista, Noelia Jiménez. Se titula “Tinta y Oro”, editado por Eutelequia, y es un originalísimo ensayo en el que entrevista a varias figuras del toreo actual emparejándoles con comentarios sobre famosos cuadros expuestos en el Museo del Prado que ella ha elegido en función de lo que las pinturas les van a cada uno. No se lo pierdan porque su lectura es muy gratificante.     

En el libro habla Morante a quien Noelia compara con el cuadro de David Roberts, La Torre del Oro. Si fuera cierto que en esa torre se guardaba el oro que traían los galeones españoles desde las Américas, el cuadro elegido le va a Morante como anillo al dedo. Y es que el oro de su arte lo muy tiene guardado y, cuando lo enseña, nos tiramos todos como locos por ver si nos llevamos algún lingote. Veremos si ayer lo enseñó o no.

Pitones sí que tuvo el toro que abrió plaza. Pero por suelto, distraído y soso de salida, Morante solo pudo pegarle capotazos de peón. Romaneó, sin embargo, en el caballo aunque se defendió al sentir el hierro, volviendo solo hasta el jamelgo sin que le hicieran nada dos veces más. Parece que nos vamos a quedar sin el oro morantista, pensé yo para mis adentros. El toro no cesó de huir y de perseguir en palos. Se acentuaron mis malas previsiones. Pero me equivoqué, a Dios gracias. Tras unos tanteos por bajo, Morante se estiró por redondos suaves, lentos, hondos y a cada cual más largos. Y luego, aunque con el toro ya agotado, algunos naturales sembrados sin tanta pulcritud como los redondos. Se llevó el toro a donde relucía el sol y allí pegó una trinchera, u cambio de mano y un pase del desprecio. Noelia, te hubiera gustado ver este cuadro que pintó Morante en el que refulgió el rojo de su vestido y brillaron sus bordados de azabache. Pero tanta luminosidad quedó empañada por los pinchazos que estropearon esta dorada y sorpresiva faena del gran artista.

Mucho protestó ya de salida el muy blando cuarto, definido por malo desde que salió. Morante con éste no enseño ni una brizna de su dorada y oculta cosecha. Se lo quitó de en medio sin dar uno solo pase, ni antes un solo lance, y el público le abroncó antes incluso de matarlo de mala manera. El enfado duró hasta la madrugada.

El cuadro con que Noelia compara a Talavante en su libro, es uno de Ribera llamado El Sueño de Jacob. Y fue verdad que Talavante parecía estar dormido largos periodos entre esporádicos triunfos. Pero estoy seguro que, en esos sueños, vio como podría ser él si despertara para siempre. Este año está más en ello y más despierto que nunca. Pero para despierto, el segundo toro en varas. Peleó apretando con espectacularidad aunque el del castoreño no se dio por enterado. Fue Talavante quien le advirtió que no le diera. Tanta fe tuvo Talavante en el toro, que lo brindó. Algo bueno le habría visto. Y así fue porque, en los medios, pegó tres naturales de padre y muy señor mío. No así con la derecha. ¿Por qué se fue tan pronto al otro pitón? Porque le entró un repentino aunque pequeño sueño. Despertó de inmediato otra vez por naturales – su mano de oro – y, aunque en algunos el toro se quedó cortó, en los demás fue el Jacob despierto de Noelia y su cuadro de Ribera. Satisfecho, repitió ya bien con la derecha y los de pecho fueron excepcionales. ¡Claro!, al torear por el mejor pitón. Hizo bien en no atacar al toro y dejarlo a su aire. Si le hubiera forzado, seguro que se raja. Con todo, se puso gazapón. Pero al cuadrar un segundo, Talavante lo mató recibiendo versus la moda impuesta por su gran amigo Manzanares. Oreja. ¿Solo una?

Jacob (Talavante), continuó despierto en el quinto toro. Un gran ejemplar que remató en tablas y fue bravo en el caballo aunque con la fuerza justa. Buenos los lances de Talavante en el recibo y cuidados en vez de hacer un quite. Lo quiso entero para la faena que no brindó a nadie. Debió brindársela a sí mismo. Y así debió pensar, porque toreó citando en la media distancia, como Talavante mejor saber, templando con esa angelical sutilidad que marca la diferencia por su exclusiva personalidad. Dos intensas rondas dio, antes y después de los naturales, de cara sensación. Otra vez su mano de oro que en esta ocasión enjoyó diamantes y turquesas. Faenón del extremeño que ratificó con un estoconazo, cortando dos merecidas orejas. Menudo Jacob totalmente despierto que está hecho Talavante. ¡Enhorabuena!

Cayetano no sale en el libro de Noelia, pero solo por verle delante de un toro seriecito, tendrá que sacarlo en la próxima segunda edición. Le pegó templados aunque aislados lances en el saludo. Fue un toro con movilidad y bravito. Repitió en el quite aunque lo mejor fueron la serpentina y la revolera de remate y también brindó. Ayudados altos y una trinchera según el abuelo Ordoñez. Redondos y de pecho aceleradillo. El toro era de película. Pero el toreo en redondo de Cayetano, vulgar y destemplado. Con tanto enganchón, estropeó lo que tuvo en sus manos. Y con la izquierda, peor. La gente se lo recriminó. Y si despegado toreó al tercero, lo mismo al también bravo y noble sexto pese a ser fatalmente lidiado y banderilleado. Cayetano lo toreó de rodillas para empezar y estuvo sembrado en lo accesorio pero mal en lo fundamental. Y lo que es peor, aburrió al personal. Este toro mereció menos prudencia con la derecha y más temple al natural. Una pena.

Esta crónica se la dedico al gran fotógrafo, Javier Arroyo, el feliz novio de Noelia

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

3 Resultados

  1. graciano dice:

    José Antonio, en general estoy de acuerdo con todo lo que dices. En cuanto al quinto toro, creo que fue un toro bueno, muy noble, pero con muy poco raza. Si le aprieta un poco Talavante se raja seguro. De fuerzas tampoco andaba sobrado y de vuelta al ruedo nada de nada. Todos los dias se matan toros que se merecen la vuelta mas que ese y nadie se acuerda de ellos. Por cierto ¿Quién la pidió? Yo no vi a nadie.

  2. J.A. del Moral J.A. del Moral dice:

    La pidió el propio Talavante.

  3. tomas moreno dice:

    faenon?40 años viendo toros y eso es un faenon?si no parece el mismo torero de madrid.viva el g-10

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