5ª de feria en Salamanca. Un triunfal aunque, por incómodo, tostón

Pablo Hermoso de Mendoza con dos orejas, excesiva la segunda, del cuarto toro de Capea, y El Juli con una de cada uno de los suyos de El Pilar, concedidas por mayoría después de un pinchazo y estocada en el segundo y de estacada baja en el quinto – ambos los mejores de la ganadería de El Pilar – salieron a hombros un tanto alegremente tras unas actuaciones tan magistrales como consabidas por repetitivas. José María Manzanares se llevó el único mal lote y, aunque anduvo por encima de sus dos toros y hasta se la jugó con el sexto en medio de una repentina tormenta, se fue de vacío. Raro en él, falló con la espada al matar al tercero. La plaza, abarrotada ayer por fin, se convirtió en un recinto incomodísimo por la estrechez de los asientos y el insoportable calor.

Salamanca. Plaza de La Glorieta. Miércoles 14 de septiembre de 2011. Tarde medio nublada e insoportablemente bochornosa con lleno de no hay billetes. Dos toros despuntados para rejones de unos de los muchos hierros de Capea. Y cuatro de El Pilar, bien presentados y de vario juego. Excelentes los de rejones. A la postre, bueno el, en principio traicionero que hizo de segundo hasta que se rajó. Manejable defendiéndose mucho por arriba el tercero. Excelente el quinto aunque protestó pasado de faena. Y pésimo   el sexto tras lastimarse en un puyazo. Pablo Hermoso de Mendoza (de corto con chaquetilla azul acero): Pinchazo y rejonazo, gran ovación. Rejonazo trasero, dos orejas. El Juli (turmalina y oro): Pinchazo y estocada, oreja. Estocada baja, oreja. José María Manzanares (lirio y oro): pinchazo, estocada que extrajo el torero, otro pinchazo y barrenó varis veces con el descabello, dos avisos y silencio. Estoconazo contrario, ovación. Hermoso y El Juli salieron en hombros.

Hace años que una señora muy señora me dijo que la elegancia era llevar la moda ligerísimamente. Llevaba parte de razón porque las exageraciones en cualquier faceta están reñidas con la elegancia. Pero digo yo que también es todo lo que se lleva o se hace con naturalidad. Dentro de la elegancia, también cabe la exquisitez. Pero para ser exquisito, hay que nacer con ese don. Y es que quien pretende serlo o más bien parecerlo sin poseerlo desde la cuna, suele caer en la ridiculez. Lo mismo pasa con la comida. Hay manjares exquisitos por sí mismos y también lo son los que se mezclan con natural elegancia. Por eso, la llamada nueva cocina, nos resulta tantas veces estomagante y solo tienen éxito los que saben mezclar sabores con la maestría que dimana de la experiencia en cocinar perfectamente lo tradicional. Mezclar por mezclar sin saber por qué ni cómo, conduce al fracaso. El año pasado descubrí casualmente en Salamanca un pequeño y algo escondido restaurante en donde lo que dan es a la vez elegante y exquisito. El Majuelo, sito en La Plaza de la Fuente, número 8. Por ejemplo, una sardina curada en sal con sandía asada y pimientos; un pulpo asado con ajo blanco; y una torrija de Pan Brioche con espuma de vainilla. Les aseguro que para chuparse los dedos.

En la plaza de la Glorieta, también nos ofrecían ayer tres platos de distintos sabores para degustar el buen toreo a caballo y el de a pie. Y es que para elegante, Pablo Hermoso de Mendoza, aunque últimamente abuse de alardes de dudoso gusto al final de sus faenas. Para el culmen más asentado dentro del toreo poderoso, la magistral naturalidad de El Jul aunque ayer anduvo un tanto productivista.  Y para las tres cosas a la vez, naturalidad, exquisitez y poderío, José María Manzanares que llegó a Salamanca para, tal como hace años su padre en una histórica corrida alternando con El Capea y Paco Ojeda frente a toros de Sepúlveda, poder decir aquello de que Salamanca es una ciudad avellana y plata que se pone dorada en el atardecer…y no tuvo ninguna suerte para lograrlo con dos toros deslucidísimos.

Ayer no hizo sol para dorar las piedras, pero la plaza la doró Manzanares con sus acariciantes lances al noble aunque muy justo de fuerza tercer toro. Magnífico Curro Javier en palos aparte, la faena de Manzanares frente a este noble animal podría haber sido como la última de Valladolid aunque con el toro blandeando demasiado, razón por la que repuso, y el torero tuvo que perder pasos entre pases y no terminó de estar a gusto. Quizá demasiado larga por la insatisfacción del torero. Y, además, pinchó en exceso con los aceros, que fue algo así como si un hombre mordiera a un perro, infrecuente en él y, por tanto, noticiable.

El de salida deslucido sexto, el más grande del envío, empujó mucho al caballo y salió lastimado de las patas. La gente empezó a protestar, pero el palco no accedió a devolverlo, al tiempo que empezó a llover y a ventear una tormenta. Pero a Manzanares no le importó e hizo una faena francamente meritoria con todo en contra. El mal toro, la lluvia y el vendaval. Hasta fue casi alcanzado por el toro. Pesó su sentido de la responsabilidad. Y el del honor pese a las muchas veces que le avisó el toro de cogerle. Hasta que lo mató de un estoconazo contrario de tanto atracarse de toro. Manzanares, todo un señor…

Hasta que tomó El juli la muleta, lo que hizo el segundo toro fue atacar por detrás, mentir, pues, a los toreros que tuvo delante. Y Casi lo mismo en palos. Para El Juli, sin embargo, no fue ningún inconveniente porque adivinó lo bueno que el toro llevaba dentro y estuvo como suele, magistral. Pero pinchó antes de enterrar la espada. Cortó una oreja por mayoría.

El quinto de El Pilar se dejó más que el segundo con el capote aunque nada de particular fueron los lances de El Juli. El toro fue bravo en el caballo y, tras pedir el cambio, vino un vistoso quite por chicuelinas. Otro buen toro del mejor lote de la tarde aunque en banderillas no lo pareció. Pero sí a Julián que construyó otra faena espléndida de principio a fin, interrumpida por un imbécil que gritó viva la Duquesa y, la siempre atrevida de Alba, se levantó y saludó desde la barrera que ocupaba. Este país no tiene remedio. El Juli mató de un bajonazo. Para eso, mejor hubiera sido que matara Alfonso, el futuro Duque consorte….

Son tantas veces abiertas por Pablo Hermoso con grandes figuras en un mismo cartel que, si ya ha puesto nombres de toreros más o menos famosos a varios de sus caballos, debería nombrar al menos a tres: Ponce, Juli y Manzanares, por cierto bastante mejores e importantes que alguno de los que cabalga con más virtudes que el nombrado. Claro que, Hermoso hará lo que le venga en gana porque tal y como anduvo ayer, se puede permitir el lujo. Pero sobró la chabacanería de pegar cabezazos al toro al final – ¿contagio de su contrincante Ventura? – y faltó matar correctamente.  Y con el extraordinariamente bravo y noble cuarto, un todo fenomenal salvo el rejonazo trasero que, por efectivo, le valió un par de orejas, de rejones, claro. Menos valiosas que las del toreo a pie. 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. graciano dice:

    Buenos dias, José Antonio. Me parece muy acertada la crónica como casi todas. Así fue como la vi yo. Anoche vi un rato la tertulia de Caja Duero y vaya estupideces que tuve que escuchar, resulta que Manzanares los mata recibiendo por ha perdido el sitio con la espada, cuando casi todos los días mata algún toro a volapié y lo tumba sin puntilla. Otro listo dijo que la suerte de recibir resulta una ventaja ya que el torero no pierde de vista la cara del toro, que tío y entonces cuando mira al morrillo?. Aquí Carabias le dijo que de eso nada. Según ellos Manzanares en su primer toro estuvo muy mal, pero nadie se acordó que el toro se caía cuando le bajaba la mano y si le aliviaba se defendía. En fin lo de siempre. Que me alegró mucho saludarte, además es curioso pero iba pensando dónde podría localizarte. Un saludo.

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