1ª de feria en Guadalajara. Ponce se inventa un faenón de rabo

Enrique Ponce cortó dos orejas y el rabo tras inventarse una gran faena frente a un vulgar ejemplar de Zalduendo, uno de los menos lucidos entre los nobles que trajo Fernando Domecq. El peor fue su primero con el que el valenciano anduvo por encima, pero pinchó. El lote más grato se lo llevó Iván Fandiño que reapareció recuperado y cortó tres orejas. Cayetano consiguió una del tercero al socaire del tantarantán que se llevó en una mala faena frente al tercer toro y otra de regalo por una labor sin pies ni cabeza frente al sexto.    

Plaza de toros de Guadalajara. Sábado 17 de septiembre de 2011. Tarde calurosa con casi tres cuartos de entrada. Siete toros de Zalduendo incluido el sobrero que reemplazó al segundo, devuelto antirreglamentariamente por manso. Muy desigualmente presentados y nobles en distintos grados con la fuerza menos que justa la mayoría. Sin casi ninguna el mansito, soso y enseguida agotado primero. También manseó el segundo, pero tuvo mayor movilidad en la muleta pese a su falta de raza. El más agresivo tercero careció de fuerza en las patas, pero llegó potable a la muleta. Muy corriente aunque con cierta movilidad el manejable quinto. Noble por el lado derecho y sin clase por el izquierdo el quinto. El más voluminoso sexto quedó inédito. Enrique Ponce (amapola y oro): Pinchazo, estocada caída y descabello, palmas. Buena estocada, dos orejas y rabo. Iván Fadiño (añil y oro): Estoconazo entregándose, dos orejas. Media estocada y descabello, oreja. Cayetano (turmalina y oro): Estocada casi entera, oreja pueblerina. Estocada desprendida, palmas. Estocada, otra oreja de regalo. Los tres matadores salieron a hombros.

¡Qué poca gante había en la plaza de Guadalajara cuando entré en el tendido solo veinte minutos antes de que comenzara el festejo. Algunos se escandalizan con estas pobres entradas actuando figuras del toreo. Pero yo, no, porque esto mismo ha ocurridos con todos los que, aun siendo figuras, llevaban tanto tiempo siéndolo. Pongo un ejemplo máximo: Cuando Antonio Ordóñez estaba todavía en activo,  en su corrida Goyesca de Ronda no llenaba ni media plaza. Pero cuando se retiró y solo toreó esa corrida cada temporada, había tiros para verle. Se agotaban las entradas, ya carísimas, por cierto, y para que sus paisanos más modestos pudieran verle, regalaba un sobrero y mandaba abrir las puertas de  la plaza para que, quien quisiera, ocupara lugar en el callejón que terminaba más atascado que la estación del metro de Atocha los lunes a las 8 de la mañana.  Hasta Ronda, entones difícilmente accesible por las carreteras, solo se hacía cómoda aunque muy larga, llegando en el expreso de Algeciras. Esto para los muchos que partíamos desde Madrid a la peregrinación que, tras celebrada la corrida, regresaban en el mismo tren y celebraban en triunfo durante toda la noche sin dormir. Muchos se emborrachaban y los más sobrios terminaban toreando de salón por los pasillos del tren.

Bueno, mientras escribía esta evocación, levanté la cabeza y vi que no había tan poca gente. Casi tres cuartos de entrada. Así que, se fastidien los que estaban celebrando lo de la pobrísima entrada con Ponce en el cartel. Antes de empezar la lidia, le hicieron entrega al valenciano del trofeo al triunfador de esta feria el año pasado. E inmediatamente después, estaba Ponce lanceando muy templado al primer toro, justito de fuerza y noble pero mansito porque, si ya lo hizo de salida, más tras recibir el puyazo porque se fue a tablas. ¿Se rajará antes de la cuenta? Ya lo estaba cuando inició la faena como se vio en palos. Ponce, sin embargo, lo brindó. Pero creo que creyó demasiado en el toro que, a la postre, fue un marmolillo con medios viajes que echó la cara arriba en algunos. Ponce le pegó algunos medios pases, como siempre, sin descomponer la figura ni el trazo, pero el toro apenas duró. Lo mató de pinchazo, estocada caída y descabello.

El más aparente y astifino castaño cuarto arrancó de cuajo el estribo de un burladero, salió  suelto  del capote de Ponce y echando las manos por delante. Lo cuidaron en varas y Ponce lo probó por los dos lados sin hacer quite. El toro, la verdad, no valía un euro. Pero ese solo euro le sirvió a Enrique para hacer la faena de la tarde. Cuando torea a gusto el valenciano, desaparece hasta el toro. Solo existe él. La natural armonía y belleza de sus muletazos corre pareja a su saber andar por la plaza, con su entrar y salir del toro acoplado a su perfecto hacer, con saber llenar las pausas  mediante su solo estar allí, y hasta moverse al compás de la música como una gran estrella de ballet. Se inventó la faena como tantísimas veces frente a un animal que, en otras manos, no habría dado lugar más que a un vulgar trasteo. Convirtió un vaso de mal tinto en una copa de Bohemia repleta del borgoña más añejo. Ponce puso a la plaza en pie y, en un completo silencio, mató de una estocada hasta las cintas. Las dos orejas y el rabo cayeron casi a la vez.

Había expectación por ver cómo salía Iván Fandiño de su molestísima cornada en Málaga. Muchos días sin torear. El segundo toro salió ya parado y sacudiéndose la mucha tierra que tenía entre los pelos del lomo. Apenas pasó en los primeros capotazos de Fandiño y el público empezó a protestar airadamente. Y más cuando se puso a olisquear la arena. Un bicho inservible hasta ese momento. Hubo que esperar a cómo reaccionaba tras sentir el hierro del puyazo tras sentir el hierro del puyazo. Huyendo, manso perdido en cada encuentro. Y fueron cuatro. Lo devolvieron tarde antirreglamentariamente. Y sacaron otro más grande, pero haciendo casi las mismas cosas feas. Otro manso al que pegaron tapándole la salida. Pero fue más proclive que el primero y Fandiño los toreó francamente bien y hasta ligando por redondos en los medios francamente bien y hasta ligando por redondos aunque no siempre como quiso por irse y protestar un poquito. Y muy firme al natural. Buena señal. No le notamos ni un gramo de pérdida de sitio ni de facultades. Si algo desmereció la labor de Fandiño fue lo muy desrazado que fue el toro. Mató de estoconazo encunándose y cortó una merecida oreja ampliada con otra menos legal.

Sin nada especial que ocurriera en el quinto toro, Fadiño se aplicó a tope en la faena, iniciada en los medios con un pase cambiado a derechas y con largos redondos que cosió a los de pecho. Fue el mejor toro de la corrida aunque también con el defecto de blandear. No fue tan fácil por el lado izquierdo con el que Iván no anduvo tan preclaro y, además, abusó de ese peor pitón. Claro que, visto lo visto a Ponce, no hubo tanto color ni tanto entusiasmo. Bien, recuperado sí que vimos a Fandiño.

Y Cayetano. ¿Qué decir de Cayetano? Temo como a un nublado cada vez que tengo que verle. Tan apuesto, tan bien vestido, tan queriendo sin querer mientras le llaman guapo… Nada de particular ocurrió en la feble lidia que dieron al muy flojo de remos tercer toro. No se le ocurrió otra cosa para empezar que sentarse en el estribo. Y el toro, claro, se cayó. Y cuando lo sacó al tercio, empezó por defenderse por arriba y Cayetano dejándose enganchar la muleta en casi todo los pases que pegó con las dos manos. Más limpitos los redondos de la tercera tanda,  sus fans los corearon con olés. Pues qué bien…. En un descuido muy suyo, fue alcanzado y medio zarandeado entre el susto de la gente. Tras tres o cuatro trapazos más lmató de estocada casi entera y muchos pidieron la oreja. Se la dieron. Si no lo veo, no lo creo.

Como tampoco el gran tamaño del sexto, quizá el más voluminoso que ha matado Cayetano en lo que lleva de su interrumpida campaña. Flojo y aliviado en varas, embistió a trancas y a barrancas. Cayetano lo brindó y empezó la faena por bajo. Mal, por tanto. Se cayó el toro. Luego, mal colocado, se quitó más veces que se puso en una sucesión de pases deslavazados e inocuos, casi siempre a merced del toro. Sigo, pues, lamentando que este torero no sea bien aconsejado y que continúe cada vez con peores hechos aunque resulten muy rentables para su otro oficio.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. graciano dice:

    Me alegro mucho por el Maestro, que esta temporada le embisten pocos toros y luego después de hacer faenas grndes va y los pincha. Me alegro también por Fandiño que es un buen torero, ha sufrido mucho por esos pueblos y se merece que las cosas le vayan bien. Ivan hace un toreo muy puro y tiene un valor enorme. Personalmente me gusta más que David MOra y apuesto por él. David también ha tragado tela, matando todo lo que le echaban. Suerte para ambos. Saludos

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