1ª de las dos últimas en Barcelona. !Viva la Fiesta Nacional! y otros textos

!Viva la Fiesta Nacional!

Domingo Delgado de la Cámara

Vaya por delante una declaración de intenciones: Yo he venido a Barcelona para ver las dos últimas corridas de la temporada 2011. No he venido para asistir al cierre de la Monumental, ya que espero que no llegue a suceder. Unos politicastros, ciegos de odio a España y a todo lo que representa, no pueden acabar con la tradición taurina de Barcelona, una tradición más que centenaria. Y si de vez en cuando se dan corridas como la de ayer, con la Fiesta no hay quien pueda. Así que espero que en los próximos meses las cosas cambien y se de un golpe de timón. No se puede consentir el atropello a su libertad que están sufriendo los aficionados catalanes. Como durante la corrida de ayer se gritaba en la plaza, Cataluña es taurina y esperamos que siga siéndolo…

Y vayamos a la corrida de ayer, sin duda la mejor del año y de muchísimos años. Los toros fueron de Núñez del Cuvillo, bien presentados. Tres y tres: tres toros buenos y tres no tan buenos. Cayeron equitativamente uno de cada en los tres lotes.

José Mari Manzanares se encontró en primer lugar con un toro muy manso y abanto que se rebotó de los caballos. Juan José Trujillo expuso mucho en dos pares de gran mérito. No es lo mismo clavar los palitroques a una babosa que a un toro que aprieta hacia los adentros. Trujillo expuso mucho, se asomó al balcón y clavó dos grandes pares. La faena comenzó con dos buenas series de Manzanares con la mano derecha, algo rápidas, pero hay que tener en cuenta que el toro embestía con todo.

Cuando Manzanares se echó la muleta a la mano izquierda, el toro el toro un atragantón y la faena se vino abajo. Quiso volver a la  diestra, pero el toro ya no quiso embestir más. Se empeñó en matar recibiendo en toriles, y la estocada quedó muy defectuosa, contraria y tendida. Siempre digo que las estocadas recibiendo deben reservarse para los grandes toros, y no propinarlas a toros que no las merecen. Se devalúa una suerte muy bella y muy expuesta, por lo que el riesgo es excesivo. Las dos orejas que se le concedieron fueron a todas luces exageradas. Una hubiera estado bien. Con su segundo Manzanares estuvo mucho mejor. El toro era un precioso colorao con mucha clase, pero con la fuerza justa. Con algo más de potencia, el toro hubiera sido excelente. Fue muy paciente Manzanares con él: no lo acosó, no lo atacó y le dio tiempo, midiendo mucho las alturas y los espacios. Basó la faena alternativamente en las dos manos. Destacó una grandiosa serie con la mano derecha llena de mando, de cadencia y de temple. Como Talavante es el rey de la mano izquierda, Manzanares lo es de la mano derecha.

La estocada recibiendo fue, esta vez sí, impecable, impresionante, irreprochable. Se viene diciendo que la suerte de matar carece de importancia. Pero no es verdad. La suerte de matar es la suerte suprema. La grandiosa estocada de Manzanares a su segundo lo demostró, y marcó la diferencia entre una oreja y las dos. Manzanares con la espada suele ser inapelable, lo que constituye uno de los secretos de sus triunfos y sus éxitos.  

El Juli dio ayer una lección magistral. Una más, una de tantas. El Juli nunca decepciona. Seguramente hay toreros que torean más bonito, pero nadie con tanto poder y tanta autenticidad como El Juli. Su primero fue un buen toro, y fue exprimido cabalmente con series largas y mandonas, de muleta arrastrada y trazo amplio. Dos orejas indiscutidas. Pero lo de su segundo toro fue aun más importante.

Ese segundo toro del Juli, quinto de la tarde, tuvo mucho que torear. Un toro que se lo pensaba cuando metía la cara, y que se quedaba cortito y embestía violento. Un toro muy exigente que muy pocos serían capaces de cuajar. El Juli lo cuajó con su monumental valor y su perfecta técnica. Cuando el toro dudaba, el Juli aguantaba. Cuando el toro se lo pensaba, el Juli daba el toque preciso. Y así el toro siempre fue adelante, aunque no quería. La faena fue a más y el toreo con la zurda fue extraordinario.

Tras una estocada de mucha exposición porque el toro echó la cara arriba, el Presidente negó la segunda oreja. Absurda decisión pues la faena del Juli a su segundo fue mucho mejor que la que hizo a su primer toro, al que cortó las dos orejas.  El Juli estuvo como es él: macizo, completo, absoluto. Es posible que se hable más de otros, pero quien manda en el toreo es Julián López, y desde hace años.

Con Morante de la Puebla hubo de todo. Le salió en primer lugar un toro de calidad y buen estilo al que no entendió. Faena muy espesa, sin cadencia ni ligazón. Y con el cuarto toro es la vez que peor he visto a Morante. Nunca lo había visto tan desbordado, tan mal. El toro era un manso muy abanto y tenía poder. Se le cambió el tercio con dos picotacitos, cuando habría que haberlo pegado en el caballo para poder torearlo después. Morante no lo hizo y luego lo lamentó.

En un quite por chicuelinas, muy movidas, se dio cuenta Morante de que el toro probaba mucho y se quedaba muy corto. La faena fue un auténtico descalzaperros, con un torero a la deriva totalmente desconfiado. Nunca había visto a Morante así. Siempre, aun siendo un artista genial, había tenido el oficio que le permite no verse aperreado por los toros. Ayer estuvo aperreado por este toro.

La bronca que escuchó tras finiquitarlo de mala manera, fue de las que hacen época. Hacía años que no veía una bronca tan seria en una plaza de toros. Pero con estos toreros artistas nunca se sabe. Las cañas se tornaron lanzas. En un quite al sexto de Manzanares brilló una media verónica de auténtico cartel y, después, pidió el sobrero…

El sobrero era un torito de Juan Pedro Domecq tan noble como justo de fuerzas. Lo toreó Morante de modo extraordinario con el capote, tanto en el recibo como en un gran quite. Brilló en todo su esplendor el toreo a la verónica.

El tercio de banderillas lo compartieron los tres diestros, aunque con más voluntad que acierto. Solo mereció la pena el par de Morante, cuya faena fue un compendio de inspiración. En otras manos más bruscas un toro tan noble y de tan poca raza se hubiera venido abajo. Pero Morante fue capaz de construir una preciosa faena que combinó admirablemente, tanto la profundidad del toreo al natural, como los adornos y el inspirado repertorio de Morante. Dio un afarolado con la derecha que pareció sacado de una página de “La Lidia”, como una foto de Rafael el Gallo. Bonitos molinetes y molinetes invertidos.

Después de una estocada corta, le fueron concedidas las dos orejas y aquello fue el acabose: toda la plaza se echó al ruedo para sacar en hombros a los toreros. No se trataba de la clásica apoteosis prefabricada en que unos costaleros, profesionales y pagados, sacan en hombros a los toreros ante la indiferencia del público. Era de verdad. La plaza entera se echó al ruedo a sacar en hombros a los triunfadores de la tarde…

Y mientras veía este espectáculo, yo pensaba: ¡Qué pena que la corrida no hubiera sido televisada! Hubiera sido un enorme favor para la Fiesta de los toros y para el toreo en Cataluña. Estas cosas deben ser vistas por Televisión. Pero no en la pequeña pantalla de un canal de pago, no. Me refiero a la pequeña pantalla de las grandes televisiones públicas al servicio de todos los ciudadanos. No se puede privar a los españoles de apoteosis como la de ayer en el grandioso espectáculo de una corrida de toros.

Pese a quien pese, duela a quien duela, la fiesta seguirá a pesar de los deseos de todos esos mezquinos enanos mentales que quieren acabar con ella. No podrán. Estoy seguro.

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Ahí (os) queda eso

Carlos Ruíz Villasuso

Ahí os queda eso. Esa producción artesanal de felicidad que es el toreo. Ahí os queda.  Ese manual sin regla de la sonrisa y la fe, ese rito hondo de la amistad que reúne el arte del toreo. Ahí os queda.  Por una entrada el mundo entero.  Y los que no se han inventado.  Ahí  quedan  tres cuadros, tres artistas, tres esculturas, tres idiomas en la creatividad a corazón partido de tres pedazos de hombres y de toreros. Juli, Manzanares, Morante.  Sin usar la palabra, el idioma que tanto os preocupa, éste en el que escribo. Sin hablar chino ni ruso ni catalán, capote y muleta.  Que os da pavor el toreo a  los que usáis la gramática no para comunicar ni crear, sino para conjugar el verbo prohibir. Ahí queda eso, Mas, Montilla, PROU, Anselmi y demás aldeanos cainitas  y torticeros que estáis haciendo de  Barcelona una pedanía de la estulticia. Ahí queda el  lenguaje sin gramática del toreo pues tardes como hoy son arte en su esencia.  El lenguaje del arte. En qué idioma se escribe . Ahí va en el vuestro: “ahí queda aixó”. Por los siglos de los siglos. Para generaciones y generaciones que hablarán en el idioma que sea de esta tarde en donde el toreo hizo, dijo y creó el arte.

 Medio escondida la tarde en la timidez de un cielo triste y gris, acudimos al primer acto del entierro de un vivo. Tan vivo.  Las gentes se saludaban a la entrada de la misma manera que se saluda en el quicio de la puerta a un hermano, a una mujer deseada, a un padre que llega o a un hijo que no estaba.  Esto es el toreo. Para gritar luego su libertad en los entreactos de una corrida del siglo, de los siglos que vengan. Libertad. Pedazo de palabra que se escribe a compás de un capote y con el timbre de una muleta de Juli, Manzanares y Morante. Con la corrida que no falló de Cuvillo, me pregunto, en qué  idioma habla el toro bravo.  En qué idioma habla el lote exigente y hasta duro de Juli, el suave de seda y algodón de Manzanares y el par tan en rebeldía contra Morante. Hasta en eso la tarde nos fue fiel desde el cero hasta el infinito. Esa bronca hermosa y bella que se traía Morante cosidita  en  los vuelos de su muleta arrastrada al caminar despacio hacia las tablas mirando a la nada, se transmutó en explosión del júbilo en mil dimensiones que es su arte. El arte del toreo.

Tampoco sé en qué idioma habla el azar, pero fue elegante y justo. Los toros de hierro para El Juli. Uno enrazado y de temperamento, de fondo fuerte y embestida exigente, apretando mucho siempre y más por el pitón izquierdo. Ahí estaba ese torero alternando las manos, derecha e izquierda, en la boca de riego.  De querer quedarse ahí a romper hasta allá, ahi es nada. Mano por delante, poderosa y firme, y cada vez más  por abajo. Tuvo el toro ritmo escaso hasta que el torero lo hizo romper para adelante y como era tozudo al no querer irse tras los vuelos de la muleta, surgió un toreo ceñido y emocionante, hondo. Cambios de mano de lujo. Una granadina ligada con un muletazo cambiando la embestida de pitón. Cerró faena antes de una estocada.  Y sí de hierro. Fue el segundo, el quinto se descaró convencido de su bravuconeria. Descarado en tipo y miradas, pudo la emoción del riesgo en una faena de no a pasar, de apostar, de estar muy firme, de perder pasos con el toro quedándose muy corto.  Otra vez alternó El Juli las dos manos y hasta por el pitón derecho, por donde el toro osaba menos y con la cara por arriba, le dio fiesta.  Se le pidió la segunda oreja pero a estas alturas de la narrativa sólo se puede decir: ahí os queda eso.Largo y fino, el tercero manseó con evidencia pero fue toro que, una vez tomado el celo que Manzanares le dio, rompió a embestir muy bien por el pitón derecho. No le apretó el torero al principio dada su condición, luego sí, alargó, muy por abajo.  Se venía el toro y se abría mucho permitiendo a Manzanares colocarse esperando con la muleta por delante para recogerlo en pases lentos y largos, de gran hondura y belleza. Se acordó el toro de su condición y cuando le bajó la mano en un natural, le echó la cara a la suya. Aún rajado le sacó otra tanda cerca de las tablas antes de empecinarse en una estocada recibiendo que no cayó en su sitio, pero la derecha había sido de kilates. Zancudo el sexto, de calidad y poca fuerza, el torero lo vio claro. Paciencia, tiempos, esperar, pocos pases, hasta poder hacer ese toreo de suave enganche y largo trazo por los dos pitones, cambios de mano, a pases de ocho, … Todo muy caro.  Otra estocada recibiendo y un gesto de ahí queda eso.Eso dijo Morante, que cambió de opinión y cambió la moneda. De mentarle a la madre a ser un Dios.  Tal cual. Salió el  primero de buenas hechuras pero condición anodina en clase y bravura y andaba oír allí el torero hasta que una voz se atrevió a decirle que se pusiera a torear. A él. A Morante. La respuesta fue tocarle los costados al toro antes de mala estocada y rosario de descabellos El cuarto fue el más feo de tipo y a la que le sacó temperamento por abajo en el incio de faena, abrevió antes de la bronca enorme y bella y grandiosa.  Pero pidió el sobrero y allí la tarde fue a la querencia de lo memorable. Uno de Juan Pedro, entipado y bueno al que toreó a la veronica como nadie va a torear a la verónica.  Ahí queda eso. Y luego el quite por el mismo palo con una media cumbre en las cumbres y se va y les dice que si ponemos banderillas. Los tres. Al cuarteo El Juli; al violín Manzanares y muy en la cuna Morante, y el juego de los tres delante de la cara del toro.

Lo que venía después dependía de lo que aguantara el toro, que aguantó y fue a más y permitió esa firma de arrebujarse y ceñirse cada vez que el torero dibujaba un muletazo tras otro. Se inventó un afarolado con la derecha al inicio de una tanda aunque luego no pudo ligar el muletazo. Y de mitad de faena hacia adelante, ese toreo de compás con la mano izquierda con el lenguaje de los que no se pueden parir mejor para torear. Y estocada. Y ahí queda eso, a ver quién lo arregla ahora. Cientos de gentes y una bandera bajaron el ruedo en una vuelta gloriosa. A los tres se los llevaron en volandas por la Gran Vía no se para dónde porque yo iba en dirección contraria. La dirección de los prohibidores aldeanos que van en la direccion contraria de la vida, del arte, de la sensibilidad haciendo tortura a la inteligencia del ser humano. Ahí queda eso. Ahora a ver quién lo borra. Vais a tener que legislar contra la memoria que sale de esta tarde de toros pero ni con esas lograréis que nos llegue el olvido. Panda de chuflas.

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¿Cómo puede morir este arte? 

Andrés Amorós

Inolvidable resulta la penúltima corrida de la Monumental. Por las calles de Barcelona se llevan a hombros a Morante, El Juli y Manzanares. El público sale borracho de arte: ¿cómo se lo pueden perder, desde pasado mañana? Magritte hubiera dicho: «Esto no es una corrida de toros». En principio, no es una corrida sino un funeral de «cuerpo presente» (como el de Ignacio que cantó Lorca), un réquiem por la Fiesta. Asistimos con un nudo en la garganta: gritos de «¡libertad!», banderas, pancartas con artículos de la Constitución… Luego, además, resulta una corrida verdaderamente extraordinaria.

El Juli ha tenido una tarde redonda, completa. En el segundo, el más noble, aplica su receta infalible: técnica, reposo, mando, lucidez. Mete al toro en el engaño, consigue muletazos que ponen al público de pie, se adorna para mostrar su absoluto dominio. Mata con decisión: dos orejas.

El quinto es más incierto. Por eso, el trasteo, menos brillante, tiene más mérito: después de dominarlo por bajo, aguanta parones, alarga las embestidas, arranca series de naturales que parecían imposibles. Faena de gran lidiador, que, además, piensa delante del toro y tiene casta. Otro estoconazo: oreja y le piden la segunda, que no sé por qué no se concede. En el tercero, Trujillo, muy valiente, saluda en banderillas. En la muleta, va largo, se mueve . Los derechazos de Manzanares, acompañando con el cuerpo, levantan clamores. Por la izquierda, le pone los pitones en la cara. Lo encela, aguanta y, al tercer muletazo de cada serie, acompaña la embestida con gran cadencia. Se empeña en recibir y lo consigue: dos orejas (la segunda, algo benévola).

En el último, saluda esta vez Curro Javier en banderillas. José María lo brinda al público, corre la mano con enorme facilidad. Compone la figura majestuosamente, sin amaneramientos; engarza tres muletazos en uno solo, llevándolo cosido a la tela. Se atraca al matar recibiendo: otras dos orejas.

Morante tiene menos fortuna en el sorteo. Sin probaturas, recibe al primero con hermosas verónicas. Es un toro encastado, con genio. Se dobla bien José Antonio, aguanta en derechazos y naturales pero, como no logra someterlo, corta: trasteo clásico, con sabor. No se entrega al matar.

El cuarto es pegajoso, huido, se queda corto, no se entrega en el capote. Morante se lo enrosca en chicuelinas arrebatadas. Faena de castigo, a la antigua usanza, pero el público actual no sabe ver eso. Se aflige al matar, se eterniza con el descabello y lo abroncan. En el sexto, dibuja el quite del perdón: una media, prodigiosa, parece quedarse colgada, en el aire… Pide el sobrero, de Juan Pedro, bravito, justo de fuerza. Las verónicas de recibo son literalmente extraordinarias; buenas, también, las del quite. En el escalafón actual, nadie maneja así el capote. El público toca palmas por bulerías. Banderillean los tres matadores. Luego, José Antonio parece dormirse, al muletear: no cabe más naturalidad, más suavidad, más temple. Concluye con naturales de frente, afarolados, adornos… La gente, enloquecida, no se ha sentado. Mata con eficacia y acompaña a sus compañeros en la triunfal salida a hombros. Antes del final, hemos saboreado el arte auténtico. A punto de marchitarse una rosa, «deja el agua olorosa, / rosada, que más vale» (don Sem Tob). Todos estamos borrachos de belleza, de emoción.

El arte —decía Valle-Inclán— no se acaba nunca porque nos ayuda a pasar el invierno. Por culpa de los políticos que ellos, mayoritariamente, han votado, los catalanes se quedan a la intemperie. Les queda — a ellos y a todos los que hemos tenido la fortuna de vivir esta tarde— el recuerdo.

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Psicodrama en La Monumental

Ignacio Camacho

El último mito sociológico de la lidia, José Tomás, con su leyenda tremendista e introvertida a cuestas, oficiará esta tarde en Barcelona el funeral de la fiesta en toros en Cataluña. En un ambiente de alta tensión emotiva y con un trasfondo de crispado debate político, la Monumental acoge la que probablemente será su última corrida salvo una improbable prórroga de última hora sujeta a la negociación de los presupuestos de la autonomía.

Sentimentalismo e historicidad

La cuenta atrás que comenzó en julio de 2010, con la aprobación parlamentaria de la prohibición de festejos taurinos en territorio catalán, termina hoy en medio de una expectante mezcla de sentimentalismo e historicidad. Con el lleno garantizado, entradas en la reventa a precios estratosféricos y el morbo que proporciona la atmósfera terminal de la cita, el coso de la esquina de la Gran Vía y el Carrer de la Marina se va a convertir en el escenario de una ceremonia de enorme trascendencia cultural y social. La de la primera abolición parcial del espectáculo más característico de la simbología española.

Es precisamente este rasgo idiosincrático el que está en el origen de la formidable controversia que la prohibición ha despertado dentro y fuera de España. La vieja polémica nacional en torno a la fiesta de toros, tan antigua como la fiesta misma, se cobra hoy en Cataluña la primera victoria del bando abolicionista. Un triunfo que no habría podido producirse sin la entrada en escena del factor político que ha acabado decantando el debate.

La aprobación del veto a las corridas salió adelante gracias a la pujanza transversal de una corriente de nacionalismo identitario que, más allá de los argumentos ecologistas, estéticos, intelectuales o animalistas, ha hecho prevalecer un criterio ideológico: el que considera la lidia como un símbolo de integración cultural española rechazado por el soberanismo catalanista. El toro —y el torero— como sinécdoque de la españolidad, cuya expulsión representa un triunfo del imaginario de afirmación excluyente propio de la mentalidad nacionalista.

Esa tensión de fondo entre dos modelos de convivencia late en torno a la corrida de esta tarde y le otorga la dimensión emblemática de un cierto conflicto civil, vinculado a otras tensiones sociales como las de la lengua, el desarrollo de las instituciones autonómicas o incluso el propio anclaje de Cataluña en la estructura política del Estado español. Más al fondo aún del debate identitario, intrínsecamente mezclado para la ocasión con la tradición antitaurina, se atisba también la inquietante presencia de un cierto modelo de ingeniería social que desde un sedicente progresismo posmoderno ha resucitado el método prohibicionista con la consiguiente rebelión de amplios sectores sociales —no necesariamente protaurinos— disconformes con esta expresión de dominancia.

Afición condenada al «exilio»

Todo eso, más la indudable repercusión que la medida suscita en la opinión pública internacional, ha rodeado la última corrida de Barcelona de un clima emocional eléctrico. La presencia de José Tomás, figura atormentada de gran intensidad carismática, y del torero catalán Serafín Marín —acompañados en la terna por Juan Mora— refuerza una escenografía sentimental de enorme potencia simbólica que ha superado la languideciente afición taurófila de Cataluña, ahora condenada a la experiencia melancólica del exilio a Francia, a Zaragoza o a otras comunidades cercanas.

Porque la prohibición ha prosperado también en parte debido al declive del vigor social de la fiesta en la comunidad catalana, que ha provocado un lento goteo de cierres de plazas y la progresiva decadencia de la propia Monumental, cada vez menos concurrida y más desafectada de aficionados. Sólo Tomás la había llenado repetidamente en los últimos años gracias a su poder de convocatoria como fenómeno de masas. En el ambiente taurino despierta suspicacias la relativa pasividad de los empresarios del coso, que serán indemnizados con una cifra probablemente superior a sus razonables expectativas comerciales de los próximos años.

Sin embargo, la morbosa expectativa de postrimerías ha generado un clamoroso interés en torno a la corrida de hoy, cuyo carácter de acontecimiento singular no escapa a nadie. Los propios diestros parecen conscientes de esa dimensión alegórica, y más que ninguno un José Tomás especialmente proclive a la sensibilidad ambiental y que en los últimos tiempos ha hecho de Barcelona un punto de especial entrega emotiva.

Si en la primera corrida que se celebró en la Monumental después de votarse la prohibición, en agosto del pasado año, el público barcelonés forzó el indulto de un toro como metáfora de la grandeza de la fiesta, esta tarde la afición va a escenificar una tragedia autocompasiva. La cita de hoy viene, pues, cargada de connotaciones especiales que van desde la protesta política al aire lúgubre de una despedida. Un clima sombrío de liturgia funeraria, una terapia de exorcismo coral, un psicodrama colectivo con ribetes mitad reivindicativos, mitad expiatorios. Y el marchamo de una fecha histórica: la de la primera derrota legal en tres siglos de la más clásica seña de identidad cultural española.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

4 Resultados

  1. José Antonio del Moral dice:

    NO ES VERDAD LO QUE DICEN HOY EN EL DIARIO “LA VANGUARDIA” SOBRE LA DECADENCIA DE LA FIESTA QUE EN ABSOLUTO PADECEN LA MAYORÍA DE LAS REGIONES DE ESPAÑA Y LOS PAÍSES TAURINOS DE EUROPA Y AMÉRICA. ESA DECADENCIA SOLO HA HECHO CUERPO EN CATALUÑA TRAS MUCHOS AÑOS DE POLÍTICOS NACIONALISTAS Y, ÚLTIMAMENTE, DEL SOCIALISMO TODAVÍA EN EL PODER CENTRAL EN CONTRA DE LOS TOROS, Y DE LA DESAFECCION Y DEJADEZ DE LOS PROPIETARIOS DE LA MONUMENTAL. SIN EMBARGO, LO SUCEDIDO AYER CON MORANTE, EL JULI Y MANZANARES FRENTE A UNA CORRIDA DE NÚÑEZ DEL CUVILLO, QUE TAMBIÉN LLENARON LA PLAZA SIN LOS DESCOMUNALES APOYOS PROPAGANDÍSTICOS QUE, ANTES DE QUE SE CELEBRARA ESTA PENÚLTIMA CORRIDA, ÚNICAMENTE APOYABAN EL ÚLTIMO FESTEJO PORQUE EN ÉL ACTUARÁ JOSÉ TOMAS, NOS HA PROPORCIONADO UNA INYECCIÓN DE MORAL Y DE ILUSIÓN INCUESTIONABLES. YO NO DOY POR PERDIDAS DEFINITIVAMENTE LAS CORRIDAS EN BARCELONA PORQUE AL TREMENDO Y GENERAL ESCÁNDALO QUE HA PROVOCADO LA PROHIBICIÓN, LE SEGUIRÁ UN RESURGIR TAN ENTUSIASTA COMO INEVITABLE. TIEMPO AL TIEMPO.

  2. Ljcampodonico dice:

    Ahora el profesor Ciruela….. Quiere tener escuela. Mejoramos cuando somos mas justos para contar la verdad. Volveremos con la fiesta nacional a Barcelona, ya no habrá Monumental, los fenicios Balañitos la habrán cobrado, pero los toros volverán son parte de la vida en Cataluña como en toda España de la que forman parte todos los catalanes, incluso unos cuantos politicastros que fungen de separatistas para subsistir, ayudados por el inmundo Zapatero, ahora que se va hasta el Gran Felipe a reaparecido. Volveremos!!!!!!!!!!
    Lj

  3. Catlaán dice:

    Lo que nadie, pero que nadie ha dicho sobre la imborrable tarde de ayer en Barcelona, es que con la sombra llena, hubo bloques de asientos vacíos en no pocas filas. Seguro que hoy los ocuparán los de la guardia pretoriana de José Tomás. !Hasta eso son capaces de hacer esta manada de sectarios sinvergüenzas!

  4. josem dice:

    No está en decadencia, al contrario, muchos progres intolerantes no soportan que la Fiesta Nacional sea el 2º espectáculo de masas de nuestro querido pais al que tanto odian. Que no se hagan ilusiones, esta fechoría cometida por los naZionalistas y por la izquierda sin rumbo (que va a recibir su merecido el 20N) no se va a repetir en Madrid, ni en Anadalucía, ni en Navarra, ni en Castilla, etc. VIVA ESPAÑA y los ESPAÑOLES tolerantes de bien ¿Prohibir en democracia? quienes apoyan las prohibiciones merecen una DICTADURA

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