La última de Barcelona. Luto en la Monumental. Y otros textos

Andrés Amorós (ABC)

Serafín Marín se arrodilla y recoge un puñado de arena, llorando. Aunque José Tomás y él salen a hombros, por haber cortado cada uno dos orejas, la sensación de desolación es absoluta. Los areneros se hacen una última fotografía. El público invade el ruedo, desplegando pancartas. Los toreros señalan a los tendidos… Como última reacción, la plaza entera clama, unánime: «¡Libertad!»

«Libertad» es una hermosa palabra, una aspiración permanente del ser humano: «Libre nací y en libertad me fundo», proclama Gelasia, la pastora cervantina. Pero escuchar a miles de personas, en una democracia, reclamando la libertad que unos políticos sectarios les han arrebatado es algo que acongoja. ¿Sabrá reaccionar este pueblo?…

Con hondo pesar hemos asistido a la última —¿por ahora?: ya lo veremos— corrida en la Monumental de Barcelona: un velorio, un funeral, un absurdo sinsentido. El mejor resumen me lo da don Gregorio Corrochano, en ABC, el 18 de agosto de 1934, al ver caer a Ignacio Sánchez Mejías. Lo titula escuetamente «Luto», sin más: «Luto en la capa negra de los negros toros de lidia. Luto, con trasparencia de gasa, en la chaquetilla de los toreros. Luto en el negro pelo de las mujeres que van a los toros. Luto en los capotes de los lidiadores…»

Esplendor el sábado

En la corrida del sábado, el esplendor del arte, con grandes faenas de los tres diestros, parecía nublar el final inminente. En la del domingo, en cambio, aunque la expectación es máxima, la sensación general ha sido de desaliento: como un funeral cuyos ritos se prolongan mucho; aceptada ya la tragedia, la familia del fallecido desea retirarse a descansar…

No ha sido lo más importante el desarrollo artístico de la tarde sino su triste significado. Recordemos, en todo caso, los datos. La corrida de El Pilar ha decepcionado: varios toros, justos de fuerzas, apenas se pican; tercero y cuarto, muy flojos; los dos últimos, con genio; se ha salvado, para el torero, el segundo, que se ha dejado mucho.

En el primero, fiel siempre a su estilo, Juan Mora intenta desmayar los lances de salida, dibuja verónicas de buen estilo. El toro mansea, es flojo, pero se mueve mucho. Los doblones iniciales, rodilla en tierra, son primorosos. Disfruta el diestro toreando por la derecha con solemnidad. Los naturales salen más sucios porque, con este estilo, se manda poco. Tarda en matar.

El cuarto flojea demasiado, la gente se impacienta. En cuanto le baja la mano, se cae; a media altura, protesta, puntea. Dibuja buenos derechazos pero el toro se queda a mitad del muletazo. Faena compuesta, sin brillo. Como lleva la espada de verdad, cuadra y mata eficazmente.

Reaparición del ídolo

Al brillo de la fecha se une la reaparición en Barcelona de José Tomás, ídolo de esta Plaza. El segundo toro, flojo, apenas picado, resulta muy manejable pero transmite poco. La emoción la pone el diestro con su quietud: muy buenas verónicas, ganando terreno hasta el centro; quite por delantales y media. Corre bien la mano en excelentes naturales, deslucidos por algunos enganchones y por las caídas del animal. Encadena, con apuros, emocionantes molinetes. Mata con decisión y la pasión se desborda; hasta la alguacililla corta el rabo, que debe devolver, porque se han concedido sólo las dos orejas.

El quinto mansea, es más deslucido. Lo recibe haciendo el poste y no lo sujeta. Le aclaman sólo por el gesto de echarse el capote a la espalda: gaoneras de compás abierto, muy quieto. Brinda al público. La faena es desigual, con el signo del aguante más que del dominio. Al final, el toro se para y se desentiende. Remata con estatuarios, haciendo el poste, y doblones apurados, que provocan un ¡ay! Pincha un par de veces, antes de la estocada. Le hacen saludar clamorosamente desde el centro del ruedo y lo agradece, aplaudiendo él al público.

«Libertad» en el capote de Serafín Marín

Sale muy dispuesto Serafín Marín, con un capote novedoso, jaspeado en varios colores, con la inscripción «Libertad». El tercero es muy poquito toro, se viene abajo: faena voluntariosa pero irregular.

Le toca el triste privilegio de matar el último toro de esta Plaza, con genio, deslucido. Aguantándole mucho, consigue muletazos largos, templados, sin dejarle irse. Remata con unas impávidas manoletinas, y una gran estocada, entrando muy lento, que pone en sus manos las dos orejas. Es el final.

Después de una corrida maravillosa, preguntábamos, el sábado: «¿Cómo puede morir este arte?» No muere: lo asesinan, en Barcelona, por puras razones de separatismo político y cultural. Ésa es la verdad pura y simple, sin hacer literaturas.

Salimos de la Monumental, por última vez, con el luto en el corazón: luto por tantos buenos aficionados barceloneses. Luto por Cataluña. Luto por una España en la que pueden suceder cosas como ésta. Y luto por la libertad, esa hermosa palabra, esa aspiración de cualquier ser humano. Luto.

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La opinión de Barquerito:

Era la última tarde de toros en Barcelona y, sin embargo, las emociones de la despedida no tuvieron ni la carga ni el acento ni la fuerza de la función memorable del sábado. La plaza estaba abarrotada, pero ni consignas, ni pancartas, ni palmas por bulerías ni bulla ni jarana. La euforia del sábado se había transformado en resignación y el ambiente fue apagándose progresivamente. José Tomás no llegó a ponerse ni acoplarse con el quinto de la tarde, incierto y deslucido..

Una generosa decisión del palco premió con dos orejas una faena desigual y una soberbia estocada de Serafín Marín al sexto, que será seguramente el último en la historia de la Monumental. Y sacaron por derecho a hombros a Serafín y a José Tomás, que había toreado con rara perfección caligráfica al notable segundo de la tarde, y con uno y otro se llevaron a Juan Mora, que no pudo redondear.

En el exterior aguardaba un millar largo de personas con la intención de entrar para vivir en masa las últimas horas del toreo en Barcelona. Ya era de noche. El control fue muy severo. Un grupo de aficionados de la Unión Taurina de Cataluña se llevó a hombros a Marín por la Gran Vía hasta el hotel. José Tomás fue metido en su furgoneta, a Mora lo condujeron a hombros calle Marina arriba.

Quiso la casualidad que los dos toros de verdad buenos se jugaran de primero y segundo; el tercero rompió la racha casi en seco; el cuarto se aplomó; el quinto renegó y punteó engaños; y el sexto tuvo bondad. Tal vez pesara esa tristeza funeraria de entierro de los toros en Barcelona. O la distancia sectaria que los incondicionales de José Tomás pretenden imponer donde sea. La bacanal del sábado se había comido el protagonismo de José Tomás en esta hora final.

(En cursivas porque, en mi opinión, este párrafo resulta revelador del tremendo daño que la tomatosis está haciendo a la Fiesta, no el propio José Tomás. J A del Moral)

Y, sin embargo, es probable que la primera de las dos faenas de Tomás fuera, en punto a razones, estética, formalismo y ritmo, una de las mejores de su larga antología. Y de los últimos cinco ejercicios. Lo más celebrado fue una tanda de cinco molinetes, rareza mayor, transfigurados en muletazos de distinción y suerte cargada, como tantos de los que prodiga Morante. Los cambios de mano, resueltos con inteligencia y firmeza; el toreo enroscado, despacioso y pulido por las dos manos en tandas generosas de hasta seis y siete; la postura casi posada; muchos paseos y pausas también; la voz aguda y tenue en cites y golpes. Una gran estocada.

Y, antes, una gavilla de casi docena de verónicas de mano baja, embraguetadas y acompasadas, algo torcida la cabeza al encajarse en el sentido de la salida, y media muy bonita.

Mora toreó con firmeza vertical, compasito y ritmo al buen primero, pero se pasó de faena y abusó de esos muletazos cambiados y al desdén que algunos llaman «carteles de toros».

Un cartel de toros llevaba Marín pintado en el capote. De la mano de la María Franco, la misma artista a quien los Matilla habían encargado el cartel del abono de la Mercé. La cartelería de estas dos últimas corrida de abono trajo polémica: la gente de Tomás encargó a Barceló un cartel por separado y sólo con la corrida suya, que trató de venderse como el oficial. Franco protestó con la misma vehemencia con la que pinta.

Una montera como un capitel jónico, un cuerpo fragmentado como un rompecabezas, suaves colores azules, rosas y cremas en el cartel de oficio. En las vueltas, las cuatro rayas de sangre de la senyera catalana. Y, a mano, y en negro, la fecha del adiós. No se entendió con ese capote Serafín, que acabó lidiando el tercero con muletazos de pitón a rabo. Una hora después se apagó para siempre la luz.

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Con una corrideja de El Pilar, cumbre al natural José Tomás

Domingo Delgado de la Cámara

Para celebrar la última corrida de toros en Barcelona (por el momento), se trajo una corrideja de El Pilar totalmente impresentable. Los tres últimos toros eran tres toritos sin cuajo ni trapío para una plaza de primera. Pero los tres primeros eran tres novilletes indecorosos. Una corrideja impresentable, pues. Pero debido al especialísimo ambiente de la tarde, nadie la protestó. Era digno de ver a esos señorones que en Madrid lo protestan todo, callados como muertos y aplaudiendo a los becerros.

Y tampoco dieron gran juego los “novillos” del Pilar. En general les faltó raza y fuerza, con la excepción del segundo, que fue un gran “novillo”embistiendo mucho y bien. Y con él José Tomás rozó lo sublime. Sin duda lo mejor desde su reaparición. José Tomás, que salió impecablemente vestido de negro y oro, lo toreó a la verónica con mucha cadencia y suavidad. Alguna verónica por el pitón derecho y la media final fueron insuperables.

Y toreando con la mano izquierda llegó a la cumbre. Sin arrimones innecesarios ni enganchones inoportunos, con cadencia y ligazón. Un toreo extraordinario. Quizá el José Tomás actual sea menos puro que el de los primeros años. Pero lo que ha perdido en exposición lo ha ganado en solera y en expresión plástica.

No se puede torear mejor con la mano izquierda. Con los riñones encajados y jugando muy bien el brazo y la muñeca, los naturales fueron de auténtico cartel. Todos sin excepción. Y fueron muchísimos, porque hubo cuatro series a cual mejor. También extraordinarios los molinetes del final. Después de una estocada de entrega, dos orejas con petición de rabo. Hacía tiempo que no se le veía torear tan bien. Probablemente, desde un punto de vista estético, esta haya sido la vez que mejor le he visto torear.

El quinto no fue tan bueno. Protestaba continuamente, echaba la cara arriba y se quedaba corto. No se acopló José Tomás con la izquierda, pero sí con la derecha en una serie de buenos derechazos y algunos derechazos sueltos. Podría haber cortado una oreja si no hubiera fallado con el acero.

Serafín Marín recibió a su primero con un capote polícromo que llevaba escrita la palabra “libertad”. Se mostró muy nervioso y acelerado, seguramente porque era consciente de la magnitud del compromiso. El toro era noble, pero justo de fuerzas, y la faena fue muy embarullada, encimista y llena de enganchones.

El sexto, a pesar de su poca fuerza, tenía mucha nobleza, y con él Serafín estuvo mucho mejor. Le dio más sitio y ligó los muletazos con limpieza, sobre todo con la mano derecha. Tras una estocada yendo a por todas, se le concedieron las dos orejas. En otras circunstancias seguro que el premio hubiera parecido excesivo, pues la faena era de una oreja. Pero teniendo en cuenta las especialísimas circunstancias de la tarde de ayer, para él sobre todo por ser catalán, hicieron lógico el premio de las dos orejas. Su vuelta al ruedo, deshecho en lágrimas y envuelto en una señera, fue muy emocionante.

El primer espada de la terna era Juan Mora. Le tocó en primer lugar un becerro del Bombero Torero, el más indecoroso del encierro. Era mansito y embestía siempre con la cara alta, pero repetía y tenía nobleza. Las verónicas a pies juntos de Juan Mora fueron buenas, y el inicio de faena extraordinario: una combinación de trincherazos con la rodilla flexionada, trincherazos enhiesto, cambios de mano y pases de la firma. Una sinfonía, una auténtica belleza. Juan Mora tiene estas cosas: cuando hay que torear en redondo, sus faenas bajan; pero los inicios son deslumbrantes. Luego la faena fue a menos. Las dos primeras series con la derecha no estuvieron mal, porque el toro repetía. Pero cuando se paró, le costó mucho ligar el toreo en redondo. A pesar de ello, alguna oreja podría haber cortado, si hubiera estado más fino con la espada.

El cuarto fue un inválido que en otras circunstancias hubiera sido devuelto. Pero se quedó en el ruedo y Juan Mora se dio un arrimón. Arrimón que casi nadie agradeció, porque los arrimones con los inválidos no conmueven a nadie. Sin haber cortado trofeos, Juan Mora salió por la Puerta Grande en unión de sus compañeros…

Y ahora es cuando empieza la guerra. Empieza la lucha: o ellos o nosotros. El asunto de los toros en Cataluña está incluido en un marco más amplio. Está dentro del órdago que la Generalitat echa al Estado Español y que se manifiesta en el Estatuto, en el asunto del catalán y del incumplimiento de las sentencias de los Tribunales sobre el castellano, y en otros desafíos políticos. Y este tema de los toros está en el mismo tour de force entre la Generalitat y el Estado. Los toros serán viables en Cataluña según quien venza este pulso.

Esperemos que el Partido Popular, con una gran mayoría en las próximas elecciones, sea capaz de imponer el orden blindando la Fiesta de los Toros en el Parlamento de la Nación que la haga intocable en todo el País. Y después, haciéndolo cumplir. Mariano Rajoy no debe olvidar que va a ser  votado para que ponga orden en los asuntos candentes de la situación española, sí; pero también para afrontar los desafíos de Cataluña, sin olvidar que el monopolio de la fuerza la tiene únicamente el Estado. La soberanía reside en el Pueblo Español y no puede ser suplantada por las autoridades de una Autonomía.

Y, en el peor de los casos, habrá que llegar a la desobediencia civil: cuando las leyes y decisiones de la autoridad son injustas, van en contra de los derechos y libertades (como es el caso), no se está moralmente obligado a cumplirlas. Y así, si es necesario celebrar corridas en contra de esta ley injusta, pues habrá que hacerlo.

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Más ‘cornás’ da el nacionalismo

Editorial del diario La Gaceta

Ayer se consumó el ‘tauricidio’ en Barcelona. “La fiesta de la Mercé será, a partir de ahora, más cívica”, ha dicho Jordi Portabella, después de liquidar varios siglos de arte con la supresión de los toros en Cataluña. Además de incultos –por esa regla de tres, la Generalitat debería prohibir la tauromaquia de Goya o censurar los vasos cretenses–, no saben lo que dicen. Si el de ERC se hubiera tomado la molestia de consultar el Diccionario de la Real Academia, sabría que en su segunda acepción, “civismo” es el “comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública”. ¿Dónde está el respeto del Govern con los aficionados al toro, o con el legado cultural que deja tras de sí la Fiesta en un coso como La Monumental, que durante 60 años fue una de las primeras plazas del mundo y donde resuenan el eco de las ovaciones a los más grandes, desde Belmonte a José Tomas, pasando por Manolete, El Viti, Bienvenida o Dominguín? ¿No es la libertad la primera norma de convivencia pública? Al menos en una democracia.

Pero el tauricidio perpetrado en Cataluña es la constatación de que importan poco las normas democráticas en una sociedad dominada por esa nueva forma de despotismo ilustrado que es el soberanismo. Ninguna razón –cultural, económica, ecológica ni social– asiste a quienes se empeñan en dar el descabello a una antiquísima tradición –que en Cataluña se remonta no al franquismo como cree ERC, sino a 1387, en tiempos del rey Juan I el Cazador– y a una fiesta que forma parte sustancial del acervo de un pueblo. Ninguna razón… excepto la fijación identitaria. Porque en la puntilla a la Fiesta confluyen el ultranacionalismo y el prohibicionismo, dos cánceres de la libertad, ante los que sólo cabe luchar mediante la Iniciativa Legislativa Popular que se está promoviendo para declarar al Toro bien de Interés Cultural.

En este sentido, la estocada a la Fiesta discurre paralela con otros liberticidios análogos perpetrados en Cataluña, como el acoso al castellano. Se trata de problemas de diferente calado, pero que responden al mismo mecanismo: la entrada de la clase política como un elefante en una cacharrería en ámbitos sociales; el intento de modificar, de forma artificial, las costumbres del pueblo. ¿Puede un Parlamento legislar sobre la Fiesta o el arte? ¿Puede un Gobierno ir contra el sentir de la ciudadanía, a decretazo limpio, o coartar la libertad, a golpe de sanciones por rotular en castellano? ¿Es democrática una policía lingüística…? ¿No evoca, más bien, el perfume intervencionista de tiempos pasados?

La lengua sirve, por definición, para tender puentes, comunicarse, crear… Pero deviene en Babel cuando los políticos tratan de instrumentalizarla para sus fines. No se puede violentar el curso natural de las cosas, imponiéndola por decreto. El impetuoso auge del castellano en Norteamérica no obedece a políticas de diseño, sino que es fruto de una expansión demográfica, natural. Nada que ver con el experimento in vitro del Gobierno catalán, que desafía al Supremo y confunde la cooficialidad con el submarinismo, al convertir la normalización en inmersión, creando así ciudadanos de segunda.

En este contexto, la supresión de las corridas no es una anécdota, sino una categoría. Es una excusa más para la confrontación. Un arrogante órdago de quienes suprimen la Fiesta, alegando argumentos propios de la sociedad protectora de animales, pero permiten los correbous. Verde y con asas.

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Balañá: “Seguramente, en Barcelona habrá toros el año que viene”

Rosario Pérez-Ángel G. Abad (ABC)

El empresario rompe el silencio en una tarde de lágrimas de toreros y de hombres. La última, se acabó la historia. La tarde pesó como una losa en los tendidos abarrotados. Una sensación entre rabia y resignación, una congoja colectiva que al final estalló en la reivindicación de una Fiesta que también es catalana. Los cientos de espectadores que se lanzaron al ruedo a izar en hombros a los toreros reclamaban justicia. Uno de los jóvenes que más ha trabajado en esa resistencia que se ha creado en Barcelona contra los ataques nacionalistas, Paco Píriz, aseguraba que «esto no puede acabar así». Y en el mismo convencimiento se expresaron los dos dirigentes del Partido Popular que pueden frenar aún los intereses políticos contra el espectáculo taurino.

La presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho, y el líder barcelonés, Alberto Fernández, coincidieron desde su barrera en que «no será la última corrida en la Monumental». Los dos tienen en sus manos atar corto a CiU en la Generalitat y en el Ayuntamiento de la Ciudad Condal. «El sentimiento que han demostrado el público y los toreros nos enseña que ésta es una Fiesta de Cataluña», clamó Sánchez Camacho, mientras Fernández lanzaba la advertencia de que «al querer matar una tradición han conseguido que renazca con más fuerza». Palabras también de esperanza del empresario Pedro Balañá, que en sus primeras manifestaciones tras años de silencio sentenció con un lacónico «creo que en 2012 habrá toros en Barcelona».

Por la Gran Vía se vivió de nuevo el cortejo de un torero a hombros. Rodeaban al héroe catalán los alumnos de la Escuela Taurina de Hospitalet, los noveles cuyo sueño de hacer el paseíllo en su Monumental se ha visto truncado. Admiraban a Serafín Marín avenida arriba, entre lágrimas de «torero y hombre, con sentimientos indescriptibles». Los ojos de Alejandro de Benito, el discípulo catalán más aventajado, se nublaban de pena negra como la piel de toro: «Siento una impotencia tremenda. Es un sinsentido que los políticos quieran arrebatarme parte de mi vida, porque mi vida es el toreo. Lo que nunca nos robarán es la afición». A su vera, el subalterno El Niño de Santa Rita, que con su terno azabache compartía emociones con la multitud de aficionados que colapsaban las calles. Los conductores no salían de su asombro: un torero a pie y otro rozando el cielo por el mismísimo Paseo de Gracia, con los brillos de los vestidos reflectándose en el escaparate de Chanel. Después de recorrer más de tres kilómetros, llegaron al hotel OMM, cuartel general de José Tomás, quien declinó marcharse a hombros por las «carrers» y se subió a la furgoneta tras cruzar la Puerta Grande. Sí se fue en procesión Juan Mora, quien ascendió por la calle Marina hasta a su hotel «muy emocionado por una tarde inolvidable».

Y mientras cada matador tomaba una dirección con sus seguidores, en el umbral del coso se caldearon los ánimos entre aficionados y antitaurinos, con los mossos de árbitros…

Antes, en el callejón, el colombiano César Rincón no ocultaba su indignación: «Las gentes que llevan las riendas de la democracia no deben coartar la expresión de este arte». No faltó a la cita el ganadero Álvaro Núñez del Cuvillo, «con mucha tristeza y nostalgia al recordar las tardes tan maravillosas que hemos vivido aquí». Pese a su desencuentro de este año con el torero de Galapagar, solo tuvo palabras de elogio: «Ha estado soberbio con capote y muleta». Y de la parte puramente taurina a la reivindicación: «Si estamos en un Estado de Derecho, ¿dónde queda el derecho de las minorías?» Y abrocha al volapié: «Hablan de animalismo, pero es puro nacionalismo».

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El Premio a La Emoción instituido por el Club Taurino de Milán, lo ganó Morante de la Puebla

Por casi unanimidad del Jurado, encaezado  por el presidente del Club de Milán, Paolo Mosole, el Premio a La Emoción que dicho Club otorga cada año en la feria que eligen – temporada tras temporada en distintas capitales y/o ciudades españolas – este año tomaron la decisión de hacerlo en la de La Merced de Barcelona para solidarizarse con los aficionados catalanes, desde ayer huerfanos de la Fiesta por un más que discutible imperativo legal promulgado en la Cámara Catalana. Más de 50 socios y simpatizantes italianos acudieron estos días a Barcelona. Algo que les honra y que tanto los aficionados de la Ciudad Condal como los de toda España y hasta del Mundo entero les tendremos que agradecer de por vida. El Jurado se reunió anoche en una amotiva cena que tuvo lugar en el famoso y tradicional restaurante “Las 7 Puertas”. Por práctica mayoría, decidió conceder el Trofeo a la Emoción al matador de toros José Antonio Morante de la Puebla por su genial actuación con capote y muleta al toro sobrero que regaló de la ganadería de Juan Pedro Domecq, septimo de la memorable e histórica corrida en la que, además de Morante, triunfaron apoteósicamente El Juli y José María Manzanares frentea una corrida de Núñez del Cuvillo. También decidieron hcer especial mención al matador catalán, Serafín Marín, que triunfó cortado dos orejas con el último toro de El Pilar en la última corrida. Enviamos a Paolo Mosole y  a todos los socios del Club Milanés nuestra más sincera y cariñosa enhorabuena. 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

3 Resultados

  1. uno del dos dice:

    PUES AHORA RESULTA QUE HASTA EL PONDERADO BARQUERITO SE APUNTA A LAS TESIS DE DEL MORAL CUANDO AFIRMABA QUE LA PUERTA DEL PRINCIPE ERA LA “PUERTA DE GALAPAGAR Y QUE LOS HINCHAS DE JOSÉ TOMÁS DEBERIAN LLAMARSELE LA “TOMATOSIS”. YO PROPONGO UNA DEFINICIÓN PARA TODO ELLO.

    TOMATOSIS O FUNDAMENTALISMO TOMASISTA.- Ideología idealista que afirma que José Tomás constituye el fundamento del auténtico tereo. Según el fundamentalismo tomasista, hay una idea pura de toreo de que sólo el toreo de José Tomás es una realización perfecta. Cualquier otro toreo -o torero- será considerado ilegítimo, e incluso perderá su condición de verdadero toreo.

    ESTA DEFINICIÓN RESPONDE DE UNA VEZ PARA SIEMPRE A LA AUTENTIFA REALIDAD DE LO QUE SUCEDE CON JOSE TOMÁS. ¿O NO?

  2. Javier del Rio Amaya dice:

    Leo en El Mundo de hoy una frase de interpertación subjetiva que dice “… sobre la mano izquierda cuajó una faena tan inmaculada y soberbia de muñeca que hasta las almenas góticas de la Sagrada Familia se asomaban con incredulidad…” Eso está muy bien por fiel al nuevo estilo que su crítico titular, Zabala de la Serna, utiliza en sus crónicas desde que tiene que competir literariamente con Javier Villán. Pero lo que no es admisible es que sobre los toros de El Pilar que se lidiaron en Barcelona diga textualmente que fueron “serios y bien presentados”. Esto no admite subjetividad alguna. Es falso de toda falsedad. Hasta en el mismo ejemplar de hoy de El Mundo y en sus páginas taurinas, Javier Villán dice lo contrario y, además, critica abiertamente que alguien cortara el rabo del toro para luego tenerlo que esconder. Esta clamorosa división de opiniones sobre un mismo hecho es por lo menos una vergüenza a la que el director del periódico tendrá que poner remedio inmediatamente.

  3. L J Campodonico dice:

    Por lo que se ve en el video JT estuvo soberbio con el capote a la verónica y con la muleta en las dos manos. El resto son cuentos y cirueladas.
    Lj

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