4ª y última de la Feria de Otoño en Madrid. Lo único bueno empezó y terminó con Rafaelillo

El diestro murciano debió cortar una oreja de la terrible alimaña que abrió la destartalada moruchada de Adolfo Martín, y perdió otra por matar de mala manera al cuarto toro tras lograr la mejor faena de la tarde. La espeluznante cogida que sufrió el peón José Mora nada más salir al primer marrajo, fue la nota más trágica del festejo. Antonio Barrera y Serafín Marín se estrellaron con sus respectivos lotes aunque ambos tampoco quisieron complicarse la vida demasiado.

Madrid. Plaza de Las Ventas. Domingo 2 de octubre de 2011. Cuarta y última de feria. Tarde veraniega con casi lleno. Seis toros de Adolfo Martín con agresivo trapío y en el tipo más destartalado de la casa. Manso con peligro aunque medio manejable en la muleta el primero. Manejable en soso y sin clase el segundo. Más malo que bueno el incierto cuarto. Inválido con cierto peligro el quinto. Pésimo el sexto. Rafaelillo (añil y oro): Estoconazo trasero, tibia ovación. Metisaca en el chaleco, aviso y gran ovación con estúpidas discrepancias. Antonio Barrera (avellana y oro con remates negros): Pinchazo y media atravesada caída, silencio y ¡palmas! para el toro. Pinchazo y otro hondo, silencio. Serafín Marín (rosa y oro): Pinchazo y estocada desprendida y dos descabellos, silencio.

La de ayer fue mi última tarde de esta temporada en Madrid. Donde asistí por primera vez a una corrida de toros teniendo cinco años. Echo cuentas y no me salen. Mucho ha cambiado Las Ventas desde entonces. Nada que ver los toros y el comportamiento del público. Vamos a ver lo que pasó ayer con la corrida de Adolfo Martín, ganadería siempre muy admirada por los “piratas” del 7. Ojala que nos guste a todos. A ellos, seguro que hasta los malos. Por pinta y hechuras fueron victorinos de los de antes. Pero por hechos…

La tarde comenzó dramáticamente con el pregonao que abrió plaza. Nada más salir, quiso saltar al callejón y en el lío se llevó por delante al peón José Mora, recogiéndolo varias veces durante unos segundos eternos. La fiera, asesina, se cebó en su víctima que, una vez rescatada, fue llevada a la enfermería lo más pronto posible. El toro, además, fue manso aunque en varas le dieron todo lo que pudieron y más. Había que parar como fuera a la terrible alimaña. Banderilleado como buena o malamente que se pudo, Rafaelillo intentó torear por lo clásico con la mano derecha y la verdad es que lo consiguió. El criminal pareció dulcificarse y casi agotadas sus fuerzas aunque manteniendo su peligro o al menos eso nos hizo ver el murciano que supo escenificar, con enorme habilidad, todos los navajazos que le atizó su enemigo, hasta que lo mató de estocada trasera al primer intento. Esto mismo, en mi niñez, hubiera sido premiado con una oreja. Ayer, unos aplaudieron al toro y otros al torero, pero sin calor.

Otro de pitones terroríficos tuvo que matar en cuarto lugar el murciano. Y por suerte, se dejó en el capote. Rafaelillo estuvo en Morante. ¡Olé!. Bravo en varas, el toro careció de fuerza pero metió la cara por abajo aunque no en banderillas. Rafaelillo brindó a unos jóvenes aficionados que acababan de pedir libertad para ir a los toros desde la andanada de sol entre ovaciones y les hizo el honor en los medios con la mano derecha y con la zurda sin poder evitar algunas coladas repentinas jugándose el pellejo. Sensacional en lo suyo Rafaelillo que, si sigue así con estos toros, se va a hacer rico. Ya debe estarlo un poco. Pero no si les pega la puñalada que acabó con el marrajo. Debió ser involuntaria.        

Un poquito más bonito el segundo, se fue a tablas en los lances de Antonio Barrera y mostró muy poco celo. Cumplió en varas aliviándole sin más y embistió cansino aunque manejable sin clase en la muleta. Antonio Barrera anduvo bastante fácil con él y hasta le pegó algunos pases muy templados con la mano derecha y con la izquierda andándole al paso. Pero se puso muy pesado. Con el cornalón, blando y pésimo quinto, no pasó de una aburrida aunque arriesgada mediocridad. Y los del 7, tragando.  

El héroe de Barcelona, Serafín Marín, se las vio en primer lugar con el tercero, que salió gazapeando sin fijeza y manseó declaradamente en el caballo. Y los más listos de la plaza, gritando sus acostumbradas idioteces. En la faena, el toro no dio para más que unos cuantos pases del catalán perdiendo los pasos obligados por lo mucho que anduvo el toro y siempre con la cara alta. A uno como éste, las figuras de los 60y 70, los mataban sin dar ni uno. Serafín se pasó en su intento. Mientras mataba al toro, supimos que el peón cogido no había sido de mucha gravedad, a Dios gracias.

Casi seis años tenía el imponente cárdeno que cerró la tarde que tuvo una querencia muy marcada a tablas. Romaneó en varas, le dieron estopa y fue otro toro de embestidas mortecinas aunque aviesas. Serafín debió matarlo rápidamente en vez de hacer como que quería jugársela. No se lo creyó nadie.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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