Adios al torero del mechón blanco. Y otros textos en su memoria

Se venía rumoreando en los últimos días. Los pulmones del viejo torero del barrio de Las Ventas, mellados a golpes de tabaco y de toreo, no iban a tener una nueva oportunidad. Con el anochecer se confirmó la noticia: Antoñete había muerto a los 79 años en la clínica Puerta de Hierro aquejado de una bronconeumonía con la que ya venía peleando desde hace mucho tiempo atrás. Su presencia en el palco de comentarista de Canal Plus, también sus intervenciones radiofónicas se habían ido espaciando a la vez que sus idas y venidas a los hospitales se convertían en una constante. No había vuelta atrás.

Antonio Chenel Albadalejo, Antoñete en los carteles, había nacido en Madrid en 1932. Su niñez en el barrio de Las Ventas, la cercanía al manejo del ganado junto a su tío, mayoral del coso madrileño, determinarían su íntima vocación torera. En 1946 llegaría el primer traje de luces aunque la alternativa, que tomó en la plaza de Castellón, se haría esperar hasta 1953. Antoñete consigue pronto vitola de torero ortodoxo, de intérprete clásico de caro concepto aunque las lesiones y las cornadas, también los dientes de sierra de su propia vida, no le aúpan al friso de las grandes figuras en aquellos años de forja. El torero del mechón blanco -una de sus señas de identidad- sí consigue un aura de bohemia, de matador de culto que tendría que esperar a su madurez para alcanzar la definitiva escalada a la primera fila del toreo.

En medio de aquellos años de cimas y simas sobresale un trasteo revelador que ya figura entre las grandes faenas de la historia de la Tauromaquia: en 1966, casi olvidado de la afición, cuaja de cabo a rabo a Atrevido, el famoso toro blanco de Osborne que lo convierte en leyenda y en torero de referencia. Pero las lesiones y las sombras de la vida volvieron a enhebrarse con la trayectoria de Antoñete, que prácticamente desaparece del mapa en 1975. Marcha a Venezuela y prepara la que sería su definitiva asunción a la gloria, con medio siglo cumplido, en la definitiva e imprescindible vuelta de 1981.

El maduro torero vuelve a la palestra alentado por el retorno de otros toreros que, como Manolo Vázquez, llenan un hueco de calidad en una extraño momento de transición en el hilo del toreo.

Antoñete se convierte en el icono taurino de aquel Madrid que se asoma a la nueva década con optimismo. Es el torero de la movida y en un lustro prodigioso cimenta su definitiva impronta como gran figura del toreo. En 1985 es testigo de la trágica cornada mortal de José Cubero Yiyo en Colmenar Viejo, un jovencísimo amigo y pupilo que le deja en la más profunda desolación con su muerte. Ese mismo año se prepara su retirada en el ruedo de Madrid, la plaza de su vida, convertida en un acontecimiento en el que las cosas no salieron como se esperaban. Tampoco importó. La afición madrileña lo sacó a hombros del coso venteño recordando que, aquel mismo año, había firmado una de las faenas de su vida al toro Cantinero, del hierro de Garzón.

Pero aquella retirada duró poco. Con escasos argumentos y demasiados años a la espalda, con los pulmones tapizados de nicotina, Antoñete volvería a enfundarse el vestido de torear en 1987 iniciando una nueva etapa de idas y venidas en las que el calendario ya iba imponiendo su tozuda dictadura. A pesar de todo, el diestro del mechón blanco aún sería capaz de enseñar sus laureles en ruedos como Antequera pero, sobre todo, rubricando su herencia taurina contra cualquier pronóstico en una tarde otoñal en Jaén, en 1999. Aún aguantó el tirón hasta el 2001. Poco después de hacer el paseíllo en Burgos tuvo que ser evacuado del ruedo. Los pulmones lo quitaban del toreo. Ayer le quitaron de la vida.

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Un agigantado intérprete

José Antonio del Moral

De Antoñete voy a contar algunos recuerdos. Uno fue el de la primera vez que le ví, siendo yo niño, el día de la alternativa de Pepe Ordóñez en Valladolid. Fue el testigo de la ceremonia. Actuó de padrino, Antonio Ordóñez. El maestro rondeño eclipsó a su hermano aunque también triunfó, mientras Chenel se fue de vació tras una desgraciada actuación. Después de la corrida, mis padres y yo le vimos sentado en un sillón del hall del hotel Conde Ansúrez, aturdido y triste. Y mi madre se acercó para consolarle.

Al cabo del tiempo, mucho tiempo después, Antoñete se vengó de la inmensa superioridad del rondeño en un libro de entrevitas del  periodista que le encumbró por tenerle a su lado durante décadas,  tanto en sus programas de radio como en las retrasmisones de corridas por televisión. Lo que dijo Antoñete sobre Antonio Ordóñez en aquella entrevista, fue calificado por una gran actriz alemana fiel seguidora del rondeño, Nancy Hillin, como los ladridos de un perrito mirando a la Luna…  

El segundo recuerdo se remite a la celebradísima faena del toro blanco de Osborne en Las Ventas. Tuve la suerte de verla. Un prodigio. Y allí quedó para la  la historia por imborrable en la memoria de cuantos la vimos. Muy poca gente en la plaza aunque trascendió universalmente porque se televisó. Las imágenes de aquella obra mitificaron al diestro madrileño a pesar de la pequeñez del toro que inmortalizó. Un toro que ahora no se aceptarìa en Madrid ni para un festival.

Curiosamente, cuando reapareció en Madrtid tras muchos años olvidado, lo hizo con un corridón de toros. Los enormes ya de moda aquellos años de Ojeda mandando fugazmente tras hacerlo Paquirri durante seis temporadas mientras Manolo Vázquez y Antoñete parecieron ser infinitamente más figuras que en sus años mozos. Fue entonces cuando el toreo de Antoñete más se agigantó. Como aquella tarde en Toledo con un enorme torazo colorao de Antonio Gavira. Ni un quinto de entrada hubo esa tarde… Valga este portento que llevó acabo casi en solitario como el tercero de estos recuerdos. 

Pero aún tengo un cuarto, tremendamente triste, cuando por poco se muere en la plaza de  Burgos en la última de sus muchísimas reapariciones y ésta, por cierto, también transmitida en directo por televisión. Increíblemente, antes de que comenzara el festejo, alguien había ordenado colocar focos en el pasillo que conduce a la enfermería desde el ruedo… Pero esa tarde, el buscado morbo de su posible deceso vestido de luces, se frustró. No anoche, víctima de los millones de cigarrilos Winston que Chenel se metió entre pecho y espalda. Que descanse en paz…

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Antoñete, Cásico entre los clásicos

Domingo Delgado de la Cámara

Madrid, viernes 22 de mayo de 1981. Toreaban El Niño de la Capea y Julio Robles. Junto a ellos hizo el paseíllo un hombre maduro, vestido de grana y oro, al que nadie conocía ya. Y ese ¿quién es?, preguntaba la gente en el tendido. La memoria de Antoñete se había borrado y resultaba un perfecto desconocido. Después vimos un inicio de faena espléndido, y cómo, en un quite, Antoñete descubría a Julio Robles las posibilidades de un toro manso. La explosión llegó el 21 de Junio siguiente, en un mano a mano con Rafael de Paula. Antonio Chenel hizo una extraordinaria faena a un gran toro de Fermín Bohórquez. Incomprensiblemente solo de dieron una oreja, pero la faena, con su ligazón perfecta y su clasicismo impecable, fue modélica.

A partir de ahí, los aficionados más jóvenes de Las Ventas lo hicimos nuestro torero favorito, y comenzó el quinquenio glorioso de Antoñete, que estableció otro gran hito con el toro “Danzarín” de Garzón, el 3 de junio de 1982, y culminó gloriosamente con la faena a “Cantinero”, también de Garzón, el j de Junio de 1985. Esta es la mejor época de Antoñete, su época dorada. En sus reapariciones posteriores sus pulmones no le permitían ya ligar el toreo y solo podíamos valorar los detalles. Y en sus primeras etapas, anteriores a los años ochenta, hacía un toreo bueno, pero más lineal y, por ello, menos rotundo, toro blanco incluido. Causa crucial, y no sus baches, por la que no estuvo en primera fila. Pero lo de los primeros años ochenta fue glorioso. Y aquellas faenas convirtieron a Antoñete en ejemplo del mejor toreo, del toreo más clásico.

En primer lugar habría que cantar su valor. Hemos visto quedarse quietos a muchísimos toreros a sus veinte años. Pero con cincuenta años, solo se ha quedado quieto Antoñete. Quizá porque sus circunstancias vitales le empujaran a ello. Sabía que era su última oportunidad y que no podía dejarla pasar. Pero el hecho es que con esa edad el único que ha sido capaz de torear con entrega ha sido él.

En segundo lugar Antonio Chenel ha tenido una gran técnica y una gran intuición. Su sentido de la colocación ha sido incomparable. No ha tenido igual. Se colocaba siempre en el terreno exacto y preciso, con lo que el toro ya se había dado medio muletazo él solito. Y con esta colocación se podía torear con muy pocas facultades, asunto crucial para un torero veterano. Colocándose tan bien y presentando los engaños tan planos, la ligazón era perfecta. Nadie ha ligado el natural con el de pecho como Antonio Chenel.

Además, en estos años ochenta Chenel abrió el compás y sacó el pecho. Su toreo se hizo rotundo y macizo y nadie hacía faenas tan fabulosas. Era el neoclasicismo llevado a la cumbre: perfecta colocación manoletista junto a una expresión estética reciamente belmontista. Esas medias echándose todo el toro a cintura, como la que dio al toro de Lora Sangrán el 26 de mayo del 83, que puso la plaza en pie; esos inicios de faena, con aquellos sabrosos trincherazos…; y luego el toreo fundamental, con una de las zurdas mejores que ha habido en el toreo, por rotunda y mandona. Tan buena era la zurda, que la gente no se fijaba en la diestra, que era, sin embargo, una derecha exquisita, por suave y templada. Tampoco hay que olvidar esos pases de pecho de pitón a rabo.

Y otra de las grandes virtudes de Antoñete fue dar sitio a los toros. Citarlos de lejos y aguantarlos. Por eso los aficionados jóvenes le hicimos nuestro ídolo, porque Antoñete supuso un revulsivo en el toreo de aquellos años ochenta. Un revulsivo tremendamente positivo. Porque la tan cantada actualmente generación de los setenta, abusaba del encimismo y del unipase. Por ello Chenel, citando de lejos y ligando impecablemente, quitó muchos vicios del toreo. Con su ejemplo en los ruedos, Antonio Chenel enseñó a torear a muchos, con lo que su influencia en el toreo de los últimos tiempos es muy importante. No solo en César Rincón, su mejor alumno, sino también en toreros aparentemente más alejados de él, como José Tomás o El Juli. Se impuso definitivamente el auténtico toreo, el de la pata p’alante, la máxima quietud y la máxima ligazón. Y encima Antoñete lo hacía con una clase y un garbo incomparables.

Si hay un pócker de ases neoclásicos (los clásicos posteriores a la Guerra Civil), indudablemente Antoñete es uno de ellos. Los otros son Julio Aparicio (extraordinario diestro maltratado por la historia), Antonio Ordóñez, Paco Camino y El Viti. Con el comodín de Antoñete hacemos repócker. Contemporáneo de los citados, con tanta clase como Ordóñez o Camino, pero más puro y sincero. Y tan buen constructor de faenas como El Viti, aunque hiciera menos. Lo insólito del caso es que fue máxima figura del toreo cuando todos sus contemporáneos ya estaban retirados.

Afortunadamente queda muchísimo material gráfico, muchas  filmaciones de Antoñete. Vamos a poder disfrutar de su toreo siempre que queramos, y su memoria va estar siempre presente. Hay una faena de Chenel en un festival en Medina de Rioseco en 1986 que es impecable. Véanla, porque esa faena es el TOREO. Ni más ni menos

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

8 Resultados

  1. BRUNO dice:

    Siempre, en las ferias que me encontraba con el le decia lo mismo Antoñete TORERO y el me respondia que hay. La ultima vez que que le vi fue el pasado año en la feria del Pilar, a la salida de la plaza despues de ver la mala corrida de Dolores Aguirre,le dije Maestro como estos toros los mataba vds y viniendose arriba me contesto yo he matado toros mas grandes que esos, siempre en MAESTRO descanse en paz y hasta simpre Antoñete torero.

  2. lj dice:

    Bueno lo escrito por el profesor ciruela. Duro a su estilo Del Moral.
    Lj

  3. artículo inadecuado e inoportuno dice:

    ¿duro el artículo de José Antonio? me parece inadecuado e inoportuno. Guste o no, fue figura del toreo los primeros años 80 y autor de una de las faenas mas recordadas en la historia del toreo. Por todo ello hoy debe ser recordado como un torero importante y dejar a un lado sus miserias. El maestro Ordóñez ha sido uno de los toreros mas importantes de la historia del toreo, no le conocí pero según muchos como persona dejaba que desear, que le pregunten a muchos de sus compañeros que afortunadamente viven

  4. EL AS DE OROS dice:

    AL MARGEN DE QUE EN ESPAÑA SOMOSMUY DADOS AL DITIRAMBO Y A LA EXAGERACION CUANDO ALGUÍEN FALLECE, HACEN FALTA, SERENAMENTE, AGUNAS PRECISIONES SOBRE ANTOÑETE. Primero.- FUE UN GRAN TORERO, SIN DUDA, PERO PARA NADA LO QUE SE ESTÁ CONTANDO TRAS SU MUERTE. Segundo.- SU PRIMERA ÉPOCA FUE UN FRACASO CASI ABSOLUTO SALVADO POR EL TORO DE OSBORNE, O SEA UNA FAENA EN MUCHOS AÑOS DE FRACASOS APENAS SALPICADOS POR OTRAS TARDES ESPORÁDICAS, DESDE LUEGO GRANDES, COMO LA DE LOS TOROS DE CAMENO, TAMBIÉN EN MADRID. Terecero.- EN SU CARRERA SE ENCONTRÓ CON FIGURONES DEL TOREO QUE NO HAN SIDO VALORADOS COMO ÉL SIENDO MUCHISIMO MÁS IMPORTANTES, COMO SOBRE TODO ANTONIO ORDOÑEZ EN SUS PRIMEROS AÑOS Y PAQUIRRI EN SUS POSTREROS. DE PAQUIRRI, POR EJEMPLO, NO SE DIJO QUE DOMINÓ EL TOREO DURANTE MUCHOS AÑOS; DE PACO OJEDA Y DE ESPARTACO, DE MANZANARES PADRE Y ALGUNOS MÁS, QUE FUERON MUCHO MAS IMPORTANTES QUE ÉL. PARECERIERA QUE HAN SIDO ENANOS EN COMPRACIÓN CON ANTOÑETE. Y QUÉ DECIR DE ORDOÑEZ. ES FACIL, DESDE UN REPASO A LO QUE SE DICE O DIJO DE TODOS AQUELLOS FIGURONES Y LO QUE AHORA SE ESTÁ DICIENDO DE ANTOÑETE. ES MUY FACIL COMPROBAR LO QUE DIGO. DECIR AHORA QUE SIN ANTOÑETE EL TOREO DE HOY NO SERÍA IGUAL ES UNA EXAGERACIÓN ADEMÁS DE UNA FALSEDAD. LO QUE HA ESCRITO DEL MORAL AQUÍ, PUEDE QUE A MUCHOS LES PAREZCA INOPORTUNO. PERO ES LA MÁS PURA Y DURA REALIDAD. EN CUALQUIER CASO, QUE ANTOÑETE DESCANSE EN LA PAZ QUE MERECE, PERO A NO A COSTA DE UTILIZARLE PARA DESVIRTUAR LA HISTORIA DEL TOREO.

  5. josem dice:

    creo que se deben poner las cosas en su sitio justo. Si hablamos de las figuras mas importantes de la histora me vienen a bote pronto Gallito, Belmonte, Manolete, Ordóñez, Camino, El Viti, El Cordobés …. Claro que entre ellos no está Chenel. Pero ni es exagerado ni falso afirmar que:
    1- Que fue la máxima figura en la primera plaza del mundo desde 1.981 a 1.985
    2- Suscribiendo al 100% lo que dice Domingo, nadie ha sido capaz de torear como Chenel a los 50 y pico años, y mucho menos como toreó con casi 70 en Jaen en 1.999 al toro de Victoriano del Río. Aquí incluyo a todos los de su generación que fueron mucho mas figuras que él en su momento pero que a su edad o no eran capaces de torear o hicieron el ridículo en sus reapariciones de finales de los 70, casos de Ordóñez o El Cordobés.
    3- La faena al toro blanco esté considerada como una de las mas célebres del siglo XX, y las de los toros de Bohórquez y Garzón de las mas importantes de los últimos años en la plaza de Madrid.

    Estos tres puntos son irrebatibles, y colocan a Chenel en un lugar de privilegio en la Histora del Toreo. Ahora propongo algo, hagamos una lista de toreros que han sido figuras y han ganado mucho mas dinero que él y apenas han dejado huella entre los aficionados

  6. J.A. del Moral J.A. del Moral dice:

    Planteas una interesante polémica. Claro que hubo, hay y habrá figuras del toreo que han ganado, ganan y ganarán infinitamente más dinero que Antoñete sin haber dejado tan intensa huella. No puedo ni remotamente imaginar a Luis Miguel Dominguín, ni a Antonio Ordóñez, ni a Camino, ni a El Viti, ni a Paquirri, ni a Manzanares padre que éste sí que fue el más grande los los artistas de aquellos años, ni a los actuales Ponce, El Juli y Manzanares hijo arañando unos miles de Euros como comentaristas de corridas televisadas… Y esto es así porque Chenel, como bien dices, nunca fue gran figura del toreo como él mismo siempre reconoció. Lo que pasa es que unos, como por ejemplo Antonio Bienvenida, Curro Romero, Rafel de Paula y el mismo Antoñete por no hablar de toreros mucho peores que hasta da vergüenza nombrar, como Curro Vázquez y hasta
    !Juan Mora! vienen gozado y gozan de una prensa incondicionalmente adicta, mientras que la inmensa mayoría de las grandes figuras, fueron, son y serán ninguneados permanentemente por esa misma prensa que solamente se vuelca con esta clase de toreros llamemos inconsistentes. Y ahí están Luís Miguel Dominguín, Paquirri y Ponce como mayores y más importantes víctimas de este estado de cosas que yo haya conocido en mi ya muy larga vida de aficionado con más de 7000 corridas en la cabeza. Un día me contó José Luís Suarez Guanes que su señor padre, tenido por famoso gran aficionado de Madrid, le dijo un día siendo muy joven: “Hijo mio, hijo mío, los buenos toreros son los que casi siempre están mal”… En lo a mi respecta, tengo escritas varias crónicas enormemente elogiosas sobre las gandes faenas de Antoñete, y no solo de las qe hizo en Madrid, que disfruté como el que más. Quizá y sin quizá le haya visto yo muchas más veces que cuantos ahora tanto le proclaman diestro histórico. Pero por mencionar a Ordóñez, la proporción de grandes faenas hechas por el rondeño en todas las plazas del mundo con respecto a las de Chenel, no tiene posible término de comparación. Es que hasta da risa decirlo. Y en cuanto a que Ordóñez hizo el ridículo en su frustrada y última reaparición que constó solo de dos corridas, la primera en Palma de Mallorca y la segunda y última en Ciudad Real, estando completamete inválido tras la grave lesión de cadera que padeció entrenándose a fondo para salir otra vez – se quedó cojo para el resto de su vida -, justo cuando Antoñete y Manolo Vázquez acababan de volver con un éxito que nunca alcanzaron en su juventud, por cierto muy sustancialmente explotados por Manolo Chopera, bastante más ridículas a la vez que escandalosas fueron las muchas veces que Chenel actuó tanto para despedirse como para aparacer repentina y fugazmente a sabiendas de que ya no podía ni con su alma para llevarse un dinero junto al periodista que le utilizó sin el más mínimo respeto, manejando el morbo que suponía aquella sinrazón. Una vergüenza que llegó a límites de increible desprecio cuando obligó torear a Chenel en una corrida de la feria de Burgos, tan a sabiendas de que ya no podía, que hasta colocaron focos en el pasillo de la enfermería para que, si le ocurriía lo que por cierto le ocurrió, pudiera verse en directo por televisión. Y eso más que ridículo fue una ingominia canallesca que Antoñete se tragó porque vivía de ello. Si ese comportaiento es propio de una figura del toreo, que venga Dios y lo vea. Pues ahora resulta que, mientras que ni de Luis Miguel ni de Antonio Ordóñez habla casi nadie, parece que los señores Curro Romero y Antoñete han sido mucho más importantes e históricos. Y esta es otra las grandes vergüenzas a las que estamos asistiendo…

  7. Lj dice:

    Bien del Moral, mas claro que el agua. Vamos que para comparar a Antoñete con Ordóñez es que no los han visto o son unos mentirosos como su fenicio “amigo” periodista el de los pelos pintados. Y como personas no digamos Ordóñez un Divo y Chenel un gamberro.
    Lj

  1. 25/10/2011

    […] 23.10.2011 Adios al torero del mechón blanco. Y otros textos en su memoria […]

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