Los dineros de la tele y de la crítica industrial

Hace muchos años, cuando Mariví Romero y Manuel Molés fueron cesados como informadores taurinos de TVE – entonces solo existía ese canal y ambos compatibilizaban esta misión en el programa Revista de Toros con el ejercicio de la crítica en el diario Pueblo y Molés también, como hasta ahora, en la Cadena Ser y en la revista Aplausos -, fui requerido para que me hiciera cargo de lo concerniente al tema taurino en el Canal Nacional. Se armó la mundial, algo a lo que por cierto estoy acostumbrado cada vez que me llaman para ocupar cualquier tribuna. Aquella vez, más que nunca. Y la última por ahora, en La Gaceta, precedida por la murga de los pretendientes que ansiaban sumar un medio más a su cargo para poder aumentar su poder y, consecuentemente o no, sus tarifas;  seguida de la consiguiente y brutal campaña en mi contra que, gracias a la decente entereza de Carlos Dávila y de su equipo de dirección al completo, resultó tan baldía como inútil. 

(Por lo que respecta a mi affaire con TVE, tras apartarme voluntariamente de la propuesta que me hicieron, pasó un año entero sin programa taurino porque no quisieron dárselo a quien lo buscó desde Sevilla con indeclinable ahínco y exclusivas pretensiones, Rafael Moreno, a quien compensaron con los informativos taurinos andaluces para calmar las importantes recomendaciones que le apoyaron con mucha fuerza política. Tras el año sin emitirse, el programa fue recayendo en sucesivos nombres de la casa, Joaquín Jesús Gordillo, e inmediatamente después y por muy largo tiempo, Fernando Fernández Román, quien además se hizo cargo del programa Clarín de Radio Nacional tras desplazar a los intachables José Luis Carabias y  Ricardo Díaz Manresa, adquiriendo un poder, digámoslo con ironía, verdaderamente presuntuoso y, desde luego, im-pre-zio-nan-te. Menos mal que, destronado Fernández Román de ambas tribunas, Tendido Cero cayó bajo la responsabilidad de un gran y ecuánime además de honradísimo aficionado: Federico Arnás. Esperemos que a raíz del cambio de Gobierno, el programa recobre toda la importancia y el tiempo que debe tener, y que en TVE se televisen en abierto los grandes acontecimientos de la temporada).   

Decía que, como tantas otras veces, continué  preguntándome por las verdaderas razones de tantísimo enojo contra mí, al punto de sufrir tremendas campañas de descrédito, algunas no exentas de intolerables ataques personales en el intento de quitarme de en medio como fuera cada vez que me proponen ocupar un medio.

Poco tiempo después de recibir la oferta televisiva a la que me acabo de referir, empecé a descubrir por qué estaban tratando de evitar mi arribo al poderosísimo medio. Y es que para comenzar mi colaboración con la gran casa, me pidieron que asesorara en las negociaciones con las empresas de las plazas de toros para las retransmisiones de las corridas. Fue durante el invierno, diciembre, enero, febrero… y acudí a no pocos almuerzos de tanteo con los empresarios acompañando a los jefes de producción. Me limité a dar mi opinión. Solamente hubo un empresario que se negó a que yo estuviera presente. Fue nada menos que Manuel Chopera, por otra parte gran amigo con quien siempre matuve una excelente relación sin que ello supusiera restar un solo gramo de mi independencia, cuestión que él sabía mejor que nadie en medio de no pocas discrepancias que siempre acabaron con un sincero abrazo, una vez convencidos uno u otro de nuestras respectivas razones. Manolo tenía sus defectos, como todo el mundo, pero además de haber sido el mejor empresario taurino de la historia, fue un tipazo con una categoría taurina y humana irrepetible.  

Pero, ¿por qué no quiso Chopera que fuera testigo de sus sin duda importantes negociaciones? Por respeto a su persona, nunca me atreví a preguntárselo.  Sin embargo, enseguida ocurrió algo que me abrió del todo los ojos. No voy a dar nombres porque no viene al caso. Un día, dos empresarios de medio pelo me hicieron llegar a través de intermediarios que si yo conseguía que se les televisaran sus corridas, alguien me ingresaría un millón de las antiguas pesetas por cada gestión resuelta positivamente. En ese mismo momento, decidí renunciar drásticamente a la asesoría porque, si a mí me ofrecían esa cantidad,  fue porque era lo acostumbrado. ¿Qué no hubieran ofrecido antes y seguirían ofreciendo después a otros? Algunos se han pasado más de veinte años en el rentabilísimo machito, tanto en TVE como en algunas cadenas autonómicas. De la tele grande, si no las han hecho desaparecer, hay auditorias en el Tribunal de Cuentas que serían de infarto si se publicaran. También ofrendas en especie, escandalosamente otorgadas al desplazado por empresas de cosos sudamericanos desde donde se televisaron algunas ferias.   

El dinero y los “regalos” que se manejan en las retransmisones de corridas son tan altos que dan para mucho globalmente. En muchos casos para compensar pérdidas de la parte empresarial, como para los demás que manejan el tinglado. Pero, curiosamente, los que más deberían ganar, los toreros, son los que menos han venido ganando en proporción a su principalísimo protagonismo y a lo  mucho que arriesgan.

De lo que cuento de entonces acá, ha transcurrido muchísimo tiempo y se han televisado en directo miles de corridas sin que los matadores de toros más importantes hayan puesto grandes ni irremediables pegas, salvo escasas excepciones de todos conocidas. Solamente hay uno rabiosamente actual sobre el que, por sus especiales circunstancias, ningún empresario ha osado manifestarse públicamente disconforme con su veto. Sin embargo, ahora mismo, se está formando la de San Quintín porque la mayoría de las actuales figuras del toreo se han unido y decidido entregar la gestión de sus derechos de imagen a una empresa especializada en ello. Contemplamos atónitos la situación a la espera de que se aclare porque ya ha habido amenazas de celebrar alguna feria sin la presencia de figuras. Serían una ruina y quienes lo han propuesto lo saben mejor que nadie.  

Siempre me negué a dar la razón a los empresarios que se quejan porque tal o cual gran figura no ha logrado acabar el papel en una determinada corrida después de haberlo conseguido durante muchísimas temporadas seguidas… Cuando les llega el momento del desgaste, todos olvidan el dineral que han ganado gracias a ellos. ¿Cómo no se van a desgastar, si se han dejado televisar sin decir ni pío centenares de veces, incluso contra su en principio propia voluntad?

La ingratitud que supone el día a día en el negocio del toreo en el que casi todo el mundo dice “aquí lo que vale llevárselo ya y punto” es algo que hay que calificar por lo menos de despreciable. Pero centrándonos en el tema de fondo, uno comprende que los toreros más importantes se hayan despertado y juntado de una vez por todas tras décadas en la inopia a sabiendas de que, además de lo que ganan las empresas taurinas y televisivas, quienes protagonizan los comentarios de las corridas ganan por una feria como si fueran uno de ellos, y los que les asisten, más que cualquier subalterno por tarde y festejo televisado.

Habría que acabar con las gestiones en las que los periodistas encargados del asunto son los que, al mismo tiempo, negocian cual productores del espectáculo. ¿Cuántos toreros, sobre todo los modestos y los que empiezan, tragan con tal de no verse perjudicados en no pocos medios que también manejan los mismos de siempre? Todos. Esta crítica llamemos industrial debería desaparecer porque, actualmente, la inmensa mayoría de los que se dedican a la información taurina son personas de acreditada integridad y podrían desempeñar la misión sin implicarse lo más mínimo en los negocios que deparan las retrasmisones.

Y ello por lo que respecta a la televisión, el medio más poderoso. Desgraciadamente, también continúan existiendo periodistas residuales en otros medios que ofrecen sus servicios a los empresarios por limitarse a informar encomiablemente sobre la programación de sus ferias y de sus posteriores resultados en las tribunas que van acumulando y utilizan como palanca para su particular negocio, a los que han llegado sabe Dios cómo y por qué… Ahora mismito circula por la red un escandaloso documento que lo acredita, sin que uno de los que lo han sacado a la luz se avergüence porque, de otra manera más sibilina, viene haciendo algo parecido a lo que denuncia con un caso de puntualísima importancia.

____________________________________________

Más sobre el tema de la tele

COMERCIAR CON EL TOREO

Javier Hernández (Director de Burladero.com)

 Es costumbre ancestral la de comerciar con el toreo y, por ende, con el torero. Un empresario puede vender a las figuras de la Tauromaquia a una televisión para los tres próximos años sin hablar con la figura en cuestión. Hala. Vendido por siempre, para mil países. Vendido por tierra, mar y aire.

Usted mismo puede hacerlo. Si se llama Chopera o Choperita, si usted lleva por apellido Casas o Canorea, está capacitado para vender a cualquier figura a las televisiones para tres o cuatro años, según le venga en gana. Ni siquiera tiene que mediar palabra con el torero; los vende en un contrato y listo. Luego, ya se las arreglará usted para apañar la situación cuando llegue la hora de fechar corrida. Pero, mientras tanto, usted ya vende y se asegura una pasta para los próximos añitos. ¿Se imaginan ustedes que se televisase al Real Madrid o al Barcelona sin contar con el club? Inviable.

Pues así ha venido ocurriendo hasta ahora. Como ejemplo de ello, la más perjudicada ahora, la plaza de Valencia y su Feria de Fallas. Simón Casas hizo dos contratos de este tipo en su día: uno con la Diputación valenciana, en el que aseguraba que televisaría las tres próximas ferias falleras con el fin de darle gran difusión e imagen y de ingresar una leña; el otro contrato lo selló con Canal Plus y refleja que estarán las principales figuras del momento. Toma castaña, una venta por contrato sin siquiera mediar palabra con la figura que tendrá que ponerse delante del toro. Comercian con el toreo como si el toreo fuese cualquier cosa, como si el toreo fuese el partido de solteros contra casados y a todos les hiciese ilusión salir por la tele.

Este es uno de los principales puntos que ha levantado en armas a las figuras del toreo, a los toreros en general, que están indignados con esta forma de comerciar con su hacer sin siquiera contar con ellos. Tal vez hayan tardado en darse cuenta, sí, pero están en su derecho de controlar su imagen televisiva.

Luego está el otro punto, del que casi nadie habla. Y es el del trato que reciben las figuras del toreo durante esas retransmisiones. Es habitual que toreros nuevos sean alabados durante la emisión de la corrida, que canten todas las virtudes a los cuatro vientos. Es habitual también que a las figuras (recuerden, vendidas de antemano y sin preguntarles) se les de un trato de examen exhaustivo hasta el punto de ser tratados como poseedores de mil defectos y alguna que otra virtud.

Esto también les pasa a los ganaderos: los que buscan el toro que se emplee por abajo suelen ser reflejados como personajes vendidos a los caprichos de las figuras. Y a los otros criadores, los que echan el toro geniudo y correoso, se proyectan desde la tele como héroes del antisistema corrompido. Todo el mundo sabe que es más difícil hacer el toro que se emplea por abajo que el otro toro, que solo tiene la virtud de parecer fuerte por su falta de desgaste a la hora a coger los engaños. Es decir, se cuenta el mundo al revés de como es, durante las dos horas de la corrida.

Es como si en el fútbol televisado siempre dijesen que Messi es un jugador regulera y que el bueno de verdad es el media punta de Osasuna. Es como si el orador de la tele del balompié pidiera que las estrellas del Camp Nou jugaran con aquellos balones hechos con el estómago de un cordero, para darle más emoción, y no con el tecnológico de Nike. A las figuras las tratan así en la tele y luego los empresarios quieren (o eso dicen, matiz importante) que lleven gente a las plazas pasando por taquilla.

Estas cosas ocurren hoy en el toreo. Unos comercian con las figuras sin contar con ellas, independientemente del dinero que ande por medio. El otro comerciante de la imagen de los toreros, además, se permite el lujo de contar la verdad usando medias mentiras. Y, ahora que los toreros han dicho basta y quieren poner freno a estas circunstancias, parte de la opinión pública y del entramado comerciante del toreo tacha de usureros a los toreros, cuando ni siquiera saben qué es lo que buscan modificar del juego de la tele. Mediten, al menos en espera de ver qué quieren los toreros.

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

También puede interesarte: