La penúltima heroicidad de Juan José Padilla

Yo nunca dudé que Juan José Padilla intentaría vestirse de luces y torear en cuanto se medio recuperara de la terrible cornada que sufrió en Zaragoza. Lo único que me ha sorprendido es que lo haga tan pronto. Solo a los cinco meses del percance que le ha dejado tuerto y desfigurado. El morbo, pues, está servido. Pero para torear no bastan las expectativas por fortísimas que sean y eso lo sabe Padilla mejor que nadie. Aunque todos sabemos de la pasta que está hecho como bien tiene más que demostrado a lo largo de una carrera repleta de cornadas y de accidentes tremendos que siempre superó hasta rozar lo milagroso, casi siempre sufridos frente a corridas tremebundas, lo cierto y verdad es que el tiempo también pasó para el Jerezano como para todo el mundo, con lo que ello conlleva de pérdida de facultades, algo de lo que este torero estuvo sobrado hasta que dejó de estarlo. Y esto también lo sabe él mejor que nadie.

La impresionante repercusión mediática de la cornada que sufrió Padilla en Zaragoza, va a ser aprovechada  – está en su derecho  – para poder regresar buscando mejores puestos que los que ocupó en su vida profesional y supongo que tratando de ganar más dinero. Así será en la primera tarde de su reaparición en la próxima feria de Olivenza, nada menos que acompañando a Morante y a Manzanares con una apetecible corrida de Núñez del Cuvillo.

No se puede objetar nada ante esta reaparición. Solamente desearle suerte. Pero sí cabe especular cómo andará Padilla en el lujoso compromiso porque, a la hora de la verdad, no le valdrá agarrarse a su actual situación para compensar más que posibles debilidades y contratiempos. Los toros, aunque sean de los mal llamados comerciales, no perdonan ni saben qué aqueja a los que se ponen delante de ellos. Lo que enseguida descubren, es si quienes los van a torear y a matar tienen el sitio necesario para estar por encima de su agresividad e inevitables desigualdades por bravos y nobles que sean. Los toros “huelen” el ánimo o el desánimo de los toreros, el valor y el temor, la tranquilidad y la inseguridad, la firmeza y la inseguridad… Y de todo esto también sabe mucho Padilla. Lo ha venido comprobando en casi todas sus actuaciones de las últimas temporadas porque ya no es físicamente quien fue.

Y, a partir de ahora, también tendrá que hacer olvidar la desfiguración de su semblante a los públicos que vayan a verle. Pero de esto también sabe Padilla porque fueron muchísimas tardes en las que la gente se olvidó de sus estrafalarias vestimentas gracias a su quehacer frente a los toros. Esta es una de las grandezas y miserias del toreo. Que no basta ser famoso en otros ámbitos, ni ser agraciado físicamente, ni haber sido gravemente herido… para que el toreo sea admirado cuando se produce con seguridad y entrega. Y es que el valor-valor, lo tapa todo. Ojalá que Padilla lo mantenga.   

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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