Más sobre la televisión

El tema de la televisión no es asunto baladí, por eso es importante seguir reflexionando sobre las corridas televisadas. Inmediatamente observamos los inconvenientes de la presencia de la televisión. Es obvio que los toreros no son deportistas, ni el aficionado taurino tiene nada que ver con el espectador deportivo. En los deportes lo único que importa es el resultado. Todo se da por bueno cuando gana el equipo con el que nos identificamos. Por eso el deportista no se quema ante las cámaras. Si gana los partidos todo marcha sobre ruedas. Sin embargo, los criterios que se usan para juzgar a un torero son mucho más sutiles y complejos. Quien sorprende una tarde y gusta en la repetición, a la tercera cansa y a la cuarta desespera. La televisión quema a los toreros. Por eso José Tomás ha huido de la televisión como quien huye de la peste.

Si José Tomás hubiera aceptado la televisión tal y como han hecho los demás toreros, ahora mismo, en lugar de cantar su valor y su pureza, se estarían criticando sus enganchones y sus torpezas. Miremos a Ponce y a El Juli, toreros mil veces televisados. Nadie canta la clarividencia ni la facilidad de Ponce, sino que se le acusa una y otra vez de ventajista y superficial. A El Juli no se le agradece su enorme poderío, se dice de él que es vulgar y sin clase. Ponce y El Juli están muy vistos, y esto hace que la gente se haya acostumbrado a ellos. No se valoran sus grandiosas cualidades, pero se exageran hasta el delirio sus flaquezas. Si José Tomás se hubiera dejado televisar estaría tan desprestigiado como todos los demás. Ni más ni menos. Su interés radica en que el ir a verlo era  exclusivo, excepcional, algo lleno de misterio. Y esta expectación siempre ha predispuesto al público para aplaudirlo todo, incluso lo malo.

Es evidente que la televisión es el mejor medio para vulgarizar y desmitificar a un torero. Con la tele se desvanece el misterio que siempre debe acompañar a las figuras. Y la desmitificación se produce incluso con las excepcionales virtudes de El Juli o de Ponce. Cuando llegada la feria de Ciudad Real, pongo por caso, los parroquianos han visto ya por la tele a todas las figuras una docena de veces, pues la gente se queda en casa, no va a la plaza. La decadencia de las plazas de segundo y tercer orden, desde que se televisan todos los festejos de las principales ferias, es rotunda y palpable. Aquellas ferias de Salamanca y Valladolid de llenazo diario…. Ahora no se cubre ni media entrada.

Por tanto, desde que se televisan las grandes ferias, no hay figuras con auténtico tirón. Y la única figura que sí ha tenido tirón es precisamente por no dejarse televisar. Ésta es la clave. Además desde que se televisan los grandes ciclos, el bajón de público en las ferias provincianas es muy patente. Entre otras cosas, porque después de haber visto por la tele los torazos de Madrid o de Pamplona, los toros normales de las plazas secundarias parecen becerros. Y la sensación de estafa es inevitable. “Aquí no se puede ir a los toros”, hemos oído decir muchas veces desde que se televisan todas las ferias de primera.

El auténtico termómetro para medir la expectación generada por un festejo es la reventa. Desde que se televisan todo San Isidro, todo San Fermín, toda Sevilla…, la reventa ha dejado de ganar dinero. Hasta ahora, las plazas se han llenado por aquello del abono cautivo, pero sin expectación. Y está claro que la televisión disuade a muchos de ir a la plaza. Y con la crisis, a partir de ahora, mucho mas. Me la veo en casa, cómodo, con una cervecita, sin el coñazo de aparcar y ahorrándome una pasta…Últimamente este comentario lo estoy oyendo mucho…

Estos son los problemas que genera la televisión. Pues bien, a pesar de todas estas rémoras, la televisión es absolutamente necesaria. Por una sencilla razón: lo que no aparece en televisión no existe. Por ello y, a pesar de los problemas que genera la tele, se deben televisar corridas. Pero en abierto: un canal de pago, exclusivo para aficionados, no saca a la fiesta de su marginación. El canal de pago genera todos los inconvenientes clásicos de los festejos televisados. Y sin popularizar la Fiesta ni hacerla llegar al gran público, que es a la postre lo que interesa.

Que es muy cómodo para el aficionado ver desde su butaca las principales ferias, desde luego. Y eso está muy bien, pero debe hacerse compatible con que se televisen los mejores festejos en abierto. Yendo al grano: el monopolio de Molés a la larga es nefasto, porque su régimen monopolista impide que se televise en abierto. Impide el acceso a la fiesta a miles de jóvenes que urge captar para la causa. Y no es de recibo que un señor, que jamás se ha puesto ni se pondrá delante, acabe ganando más dinero, en el mundo de los toros, que la mayoría de los toreros. Tampoco es nada bueno una visión unilateral y monolítica de la fiesta, más interesada en mantener el stablishment que en el propio bien de la fiesta.        

Con toda esta problemática de fondo, resulta patético observar que lo único que verdaderamente preocupa a los empresarios y a los toreros es el reparto de los dineros, magros dineros, que aporta el Plus. Son muchos gatos peleando por la misma sardina. La fiesta es débil porque está desorganizada. Urge crear un organismo rector en que estén representados todos los estamentos, pero donde manden los aficionados (para eso pagamos). Organismo que represente la Fiesta ante todas las instancias y, entre otras cosas, imponga a todos una política televisiva coherente y acatada por todos, sin excepciones ni privilegios. Que la tele quema, pues lo tendrá usted que aceptar con resignación, señor matador, por el bien de la fiesta. Que es una gracia televisar festejos en abierto sin cobrar un duro para popularizar la fiesta, pues tendrán que aceptarlo, señores empresarios. Que es desagradable renunciar al monopolio de las grandes ferias, pues debería aceptarlo, señor Molés…

Esto es lo que se haría en cualquier lugar donde hubiera gente con sentido común y visión de futuro. Pero esto, tan normal en cualquier parte, en el mundo de los toros es una utopía. El problema de la Televisión a partir de ahora va a ser recurrente, va a ser una constante. La rivalidad y la desunión entre los distintos estamentos de la Fiesta van a hacer imposible una buena solución. Nadie está dispuesto a ceder nada. Me acuerdo de aquella fábula del alacrán y la tortuga.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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