Doble jornada en Olivenza (Badajoz). Se premió más lo malo que lo mejor

Dos corridas en un solo día son demasiado pan para digerir un banquete torero que se presentó con el populista y morboso aliciente de la reaparición de Juan José Padilla, aunque éste lo hizo por la tarde, infinitamente mejor acompañado por Morante de la Puebla y José María Manzanares, que Enrique Ponce quien compartió mantel con Antonio Ferrera y Cayetano, ambos polos opuestos del toreo a la par que no merecedores de estar presentes en una feria que se distingue por servir platos principales y no borrajas ni postrecitos para la galería del cuore y de la moda. Hubiera pegado mucho más lo mediático de Cayetano en compañía del morbo más en boga de Padilla que, por estrafalario, también casaba más con Ferrera en la matiné, y haber juntado a Ponce con Morante y Manzanares. Las cuentas de la empresa, además, habrían salido redondas. ¿O no? Y así los resultados de la mañana: la oreja que cortó Ponce al cuarto Zalduendo fue la única legítima que las cinco  – cuatro Ferrea y una Cayetano – que se regalaron en el festejo matinal con el dispendio de cuatro excelentes toros del ganadero jerezano. Las dos que le dieron a Padilla por la tarde, tan cariñosas como circunstanciales. Lo mejor llegó de las manos de Morante con el segundo toro y, en menor medida por las condiciones del sexto toro, la faena postrera de Manzanares.

Plaza de toros de Olivenza. Domingo 4 de marzo de 2012. Mañana nublada y pronto soleada con casi lleno. Seis toros de Zalduendo, muy bien presentados y nobles aunque algo desiguales en fuerza, bravura  y manejabilidad. Por mejores, destacaron segundo, tercero, quinto aunque se rajó, y el que cerró plaza que fue el que más clase tuvo y humilló. Enrique Ponce (habano y oro): Pinchazo hondo tendido y descabello, aviso y saludos. Estocada corta, aviso y oreja de ley. Antonio Ferrera (ciclamen y oro con remates negros): Estoconazo caído y ¡dos orejas! de regalo. Buena estocada y otras dos de la misma guisa. Cayetano (musgo y oro): Buena estocada, leve división. Estocada, oreja. Ferrera salió a hombros. Magistral en la brega Mariano de la Viña que también pareó con limpieza. Bien en palos Alejandro Escobar, felizmente recuperado, así como José María Tejero y José Antonio Carretero.

Jornada vespertina. Con tarde cálida y lleno total. Siete toros de Núñez del Cuvillo, incluido el sobrero que reemplazó al segundo, devuelto por descoordinado. Cómodos de cuerna y desiguales de presencia  y de juego. Por mejores, destacaron segundo y cuarto por más nobles.  Juan José Padilla (verde oruga y oro): Más de media tendida, petición insuficiente y oreja para animarle. Dos pinchazos, estocada desprendida y dos descabellos, otra oreja circunstancial. Salió a hombros cariñosa pero inmerecidamente. Morante de la Puebla (negro y oro): Media perpendicular, oreja. Media a paso de banderillas, división. José María Manzanares (berenjena y oro): Estocada recibiendo, oreja. Pinchazo y estocada recibiendo, petición denegada y ovación.  Padilla salió a hombros de sus compañeros. Muy bien en la brega y en palos Curro Javier y Juan José Trujillo. Par de El Lili.

En su inigualable palmarés, Ponce es el torero que suma más actuaciones en Olivenza. Se puede decir que su feria se ha basado en él desde que los hermanos Ortiz Blasco la pusieron en marcha con José Cutiño. Ponce lanceó midiendo la fuerza del precioso toro que abrió la mañana. Bravito y noble aunque con muy poca energía. Ponce lo suplió con su dulce templar llevando la muleta a media altura. Enseguida agotado el animal, los pases resultaron cortos tras los mejores del inicio. Limpios extremando más el temple sin que el toro ayudara lo más mínimo, pero sin poder trasmitir nada. Prolongó excesivamente el intento. Pero vistos los toros que siguieron, muchos comprobaron que Ponce, con el peor de los tres, estuvo infinitamente mejor que sus colegas con los buenos.

Con trapío, berreón y abanto el cuarto, Ponce lo desatemperó en el recibo de capa. Manso en varas y poco prometedor por blando de manos, a Ponce no leimportó para llevar a cabo una de sus faenas tapaderas de defectos. Otro mundo. Otra dimensión. Perfectas la colocación y siempre llevando al toro tapado, en sus manos pareció ser excelente por redondos y, aunque no humilló por naturales, algunos le salieron buenos. Por eso la faena la redondeó con la derecha yéndose al compás de la huida del manso a tablas. El toro cuadró por ayudados para dejar Enrique una estocada corta en lo alto. Oreja legal y de más peso que las concedidas antes.

Antonio Ferrera, ya se sabe, el un experto en vender baratijas y la gente las compra como si fueran joyas. Le ayudó que el segundo toro derribara por mal picado, que no por fuerte. Pero galopó en banderillas, tercio que cubrió Ferrera con su proverbial marchosería y efectismos. El toro se pegó una voleterta al tercer muletazo por alto, pero siguió embistiendo con noble fijeza y prontitud. Ferrera lo toreó vulgarmente con muchos gritos y jaleándose. Ay, Dios mío, siempre se los lleva el peor. Con las dos orejas que le regalaron se deslegitiman los triunfos auténticos, señor presidente. Con el también estupendo quinto se repitió la venta solo que con más desparpajo hasta que el toro, harto de marrullerías demagógicas, se rajó aunque siguió embistiendo en tablas como un sumiso corderito. Otra estocada mejor, le valió otras dos orejas. Pues qué bien….

La primera impresión que dio Cayetano con el tercer toro fue que ya ni se prepara antes de la temporada. Equivocado y torpe, anduvo a merced del animal. Y menos mal que su geniecito inicial se trocó en facilidad. Cayetano cubrió el tramite como suele, con apostura en los cites y en las salidas pero sin ser capaz de dominar una sola embestida. Aquí le pitaron algunos. En Sevilla, así, se lo harán notar más. Le medio salvó la estocada. Le vino Dios a ver con el extraordinariamente noble sexto – el de más clase de la corrida –  con el que Cayetano nos ofreció parte de su mejor versión sin que faltaran los desajustes ni las torpezas. Muy por debajo del toro anduvo el menor de los Rivera en cualquier caso a quien se las siguen poniendo como a Fernando VII. Cortó una inmerecida oreja de un animal de rabo en plaza de primera. ¡Qué pena¡

Y apoteósico recibió a Padilla al aparecer en el ruedo con todo el público en pie mientras duró el paseíllo y, tras este, infinidad de saludos y ovaciones delirantes que el jerezano compartió con sus colegas. Luego, al menos para quien escribe, llegó la hora de la verdad para los tres. Y, por delante, Padilla. Bien sin más con el capote frente al muy cómodo de cuerna y flojo primer Cuvillo. Las cosas buenas que hizo Juan José se jalearon como sublimes. Y cuando tomó los palos para banderillear, sonó otra atronadora ovación. Muy trasero el primer par. Mejor aunque contrario el segundo. Bien al violín el tercero. Como siempre. Otra gran ovación. Merecido brindis a los médicos que le trataron, Valcarrere y García Perla. La faena la inició lógicamente  inseguro, pero como el toro tardeó mucho, al dar cada pase, apenas se notaron las dudas. Padilla tuvo que provocar mucho al toro con la voz y el pisotón sin que el animal respondiera casi nunca. Y a toro parado, se pegó un arrimón. Y más de media tendida. La oreja que le dieron fue circunstancial.  

La que armó al recibir con una larga de rodillas al chorreao cuarto, fue como si hubiera descubierto un desconocido continente. Luego anduvo variado y vistoso con el capote e invitó a sus colegas a banderillear. Gran par de Morante. Otro bueno de Manzanares. Y otro excelente de dentro afuera de Padilla. Bridó a su padre, ya repuesto. Bueno el toro, Padilla toreó como lo venía haciendo últimamente, entusiasta, acelerado y efectista. Pero cubrió bien el compromiso. El milagro ha sido seguir vivo y volver a torear como sabe hacerlo. Cambiar a mejor de lo que era, una tarea absolutamente imposible. Los cantes que dedicaron dos veces antes de matar, una sentida anécdota. Pero falló a espadas. No importó. Le regalaron otra oreja.

Cuando mediaba la primera faena de Morante, sembradísimo y excelso ayer con un mansito muy noble, la gente se olvidó de lo anterior. No es cuestión de hacer sangres comparativas. Pero mediar lo de Padilla con lo que hizo el de La Puebla en ese momento, me pareció más que temerario e inoportuno. El silencio con que se contempló la obra morantista fue impresionante. Y menos mal que se echó afuera al dejar medio espadazo. Algunos pidieron la oreja. Señores, qué cosas más raras pasan en el toreo. Al dadivoso matinal del palco presidencial, le costó sacar su pañuelo. No tuvo que sacar ninguno tras morir el mal quinto al que Morante pasaportó rápidamente e hizo bien.

Mientras devolvían al segundo toro por descoordinado, al padre de Padilla sufrió un desfallecimiento y se lo llevaron a la enfermería. El sobrero del mismo hierro titular apenas dio oportunidad a Manzanares de medio mecerse por redondos sin mayores alegrías artísticas por lo que echó mano de su poderío, forzó, apurado, la máquina al natural y mató recibiendo por lo que cortó oreja. Finalmente, con el sexto anduvo más agusto y por encima de sus condiciones con soberbios pasajes de muleta sin que la faena creciera al final. El toro, además de arisco, se vino abajo. No fue toro para recibirlo y pinchó. El palco “dadivoso” le negó la oreja.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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