8ª de Fallas en Valencia. Gravísimo naufragio de la corrida de Zalduendo

Segundo lleno sin tantos atractivos como anteayer a cuenta de la primera actuación en esta feria de Enrique Ponce quien, como en ediciones anteriores, no tuvo suerte con sus toros aunque, como siempre, protagonizó dos actuaciones magistrales fallando a espadas. Manso integral el primer toro y sin ninguna energía el cuarto, los demás de la corrida de Zalduendo fueron poco o menos parecidos por horriblemente deslucidos. Petardo ganadero, pues, que hizo naufragar el festejo pese al valor de Castella que dio una discutible y polémica vuelta al ruedo tras serle negada una oreja por matar mal al quinto toro. El mexicano y tremendista Arturo Zaldívar resultó cogido por sus dos toros aunque sin consecuencias y luchó vulgarmente con lo imponderable de sus enemigos.   

Valencia. Plaza de la calle Xátiva. Sábado 17 de marzo de 2012. Octava de feria. Tarde soleada y por fin cálida con lleno. Seis toros cinqueños de Zalduendo, bien aunque desigualmente presentados y de juego muy deslucido. Manso declarado el primero. También manso y con poca fuerza aunque manejable el segundo. Cabeceante el tercero. Sin fuerza ni clase el descastadísimo cuarto. Aunque se movió, incomodísimo el quinto. Vulgarísimo el también manejable sexto. Enrique Ponce (plomo y oro): Dos pinchazos, otro hondo tendido huyendo el toro, y dos descabellos, silencio. Pinchazo y estoconazo, aviso y palmas. Sebastián Castella (lila y oro): Media estocada y dos descabellos, ovación. Casi entera caída atravesada y descabello, petición desatendida y vuelta inicialmente protestada con división de opiniones para el palco. Arturo Zaldívar (grana y oro): Dos pinchazos, estocada y descabello, silencio. Dos pinchazos y estocada, silencio. Bien en la brega Mariano de la Viña. Magnífico en palos Javier Ambél. Bien, asimismo en palos, José María Tejero, y los hermanos Víctor Hugo y Pablo Saugar.  

Ventitrés ferias falleras seguidas lleva Enrique Ponce en su inigualado e inigualable palmarés. Las tres últimas, por cierto, sin ninguna suerte con los toros que le correspondieron. En la del pasado julio, sin embargo, la tuvo y fue premiado oficialmente como autor de la mejor faena, aunque pinchada por cierto. La noticia quedó eclipsada por la mayoría de los medios a cuenta de la reaparición del figurón que más ausencias lleva sumadas a lo largo de su carrera. Para qué nombrarle…

El corretón primer toro, con romana, metió la cara en el capote de Ponce, pero salió suelto de cada lance. El maestro tomó nota: aquerenciado a tablas. Lo medio picaron al relance rompiendo la vara y, de nuevo suelto, ocurrió lo mismo en el caballo contrario dos veces más. Manso declarado, pues. No cesó de huir en banderillas incluso del poderoso capote de Mariano de la Viña. Ponce empezó la faena muy por bajo con la derecha en las tablas de sol. Y, ya fuera de las rayas, el toro se rajó al tercer muletazo yéndose al sitio opuesto del ruedo. Pero allí, bajo las tablas de sombra, Ponce terminó por hacerse con él muy en redondo con mando y temple hasta ligar la segunda tanda con un largo pase de pechó. Los naturales los medio aceptó el manso con la cara muy alta, pero la faena ya se había resuelto terminándola con tres derechazos más al paso. ¿Cuántas hemos visto de éstas a Enrique? Innumerables. Y cuántas de ellas pinchó, casi otras tantas… La lección quedó así sin premio.

Tras lo hecho por Castella y Zaldívar con sus primeros toros, la faena de Ponce al manso que abrió plaza, subió enteros. Cosa frecuente cuando actúa en valenciano por delante que ya es casi siempre. ¿Embestirá más y mejor el abrochado y astillado cuarto? Lo hizo sin clase al capote en el recibo por verónicas. Lo picaron demasiado trasero y el toro lo acusó. Ponce quitó para probarlo y el toro perdió las manos. El toro le había gustado y lo brindó. Pero había que mimarlo. Y así lo hizo tras comprobar que no se podía echar abajo la muleta. Ciencia y paciencia. No aguantó el toro que hasta se paró. Pero, extremando el temple, los espacios y atacando, consiguió que el toro repitiera por redondos y en algunos naturales sueltos, sacando de donde nada había, incluso después de escuchar un primer aviso. Ayer tampoco tuvo suerte Enrique. Veremos el lunes, día de San José.      

El segundo toro, de agresiva cornamenta, echó las manos por delante al capote de Castella. Anunció, por tanto, su poca fuerza. Embistió tambaleante tras cubrir el tercio de varas de puro trámite. El mexicano Arturo Zaldivar, quitó en plan tremendista y fue zarandeado un par de veces librándose por poco de la cornada. La gente le aplaudió. A ver cuando se enteran algunos de que torear no es dejarse coger por los toros. Castella empezó la faena sentado en el estribo y el toro se cayó. ¿Cuántas veces ha cometido el francés el mismo error? Muchísimas. Pero este toro, de repente, empezó a embestir bastante bien por el pitón derecho. Y Castella lo aprovechó, primero en el tercio y luego en los medios, aunque toreando distanciado y sin alma. Desarmado al dar el segundo natural, mejoró en los siguientes que cosió a dos sucios circulares invertidos con la izquierda. Y vuelto a derechas, se pegó el consabido arrimón que fue lo que más gustó al público. Mató de media estocada que necesitó el descabello.

Con más cara que sus hermanos, el quinto también buscó tablas nada más salir, acusó muy poca fuerza y se defendió en el caballo. Otra mierda de toro como toda la corrida. Esto en Francia se castiga dejando de comprarle al ganadero durante cuatro o cinco temporadas. Pero aquí no, aquí no pasa nada. Últimamente, los toros de Fernando Domecq son para plazas de segunda y de tercera. Mientras pensaba en ello, Zaldívar voló de nuevo por los aires al intentar un quite. Castella empezó su faena aquietando los pies y aguantando los cabezazos de este toro que, al menos, se movió. Mal, pero se movió. Tuvieron mucho mérito los redondos en la segunda parte de la faena. El valor, ya se sabe, lo tapa todo. Hasta los desajustes y las destemplanzas. Y como Castella quiso mucho y embistió más que su pésimo enemigo, le bastó matar de cualquier manera y descabellar a la primera para que le pidieran una oreja que el palco se negó a conceder. Castella  de pegó una vuelta al ruedo y para el presidente hubo más pitos que palmas.        

El también muy huidizo y blando tercer toro no permitió hacer ninguna locura a Zaldívar. Le quitó el capote de las manos al llevarlo a caballo. Echaba la cara muy arriba y siguió haciéndolo en banderillas. Pero Zaldívar lo brindó al público. Con dos pases cambiados, cada uno con una mano y tres altos muy quieto, todos enganchados, empezó su primera faena que transcurrió vulgarota con la misma suciedad. Fue difícil templar a este toro y Zaldívar no fue capaz de lograrlo casi nunca hasta el punto de provocar la caída del animal. Algo mejores los siguientes pases zurdos, que no naturales, la gente pidió a la banda que dejara de tocar el pasodoble nada más arrancar. Pero, con tantos enganchones, los músicos tuvieron que cortar.

Para no desentonar con el petardo, el sexto tampoco valió un euro aunque en otras manos… Manos por delante, poca fuerza y ni un átomo de casta. Nada que anotar salvo un par de Víctor Hugo Saugar en los primeros tercios. La faena de Zaldívar, de corte populista por lo acelerado y vulgar que toreó al a la postre simplemente manejable animal que se prestó un poquito más que sus horribles hermanos, fue de las que se olvidan antes de terminarla. Esta vez, el valor de Zaldívar no tapó casi nada. Pero al menos no se dejó coger.         

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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