Observatorio taurino: Cuestiones de cotización

Dura realidad

Seguimos con los rescoldos del culebrón que les hemos venido contando estos últimos meses. Ya lo saben de sobra: El Juli quedó fuera de la Feria de Abril encarnando la revancha empresarial que siguió a la abrupta revocación de las condiciones que habían regido la gestión de los derechos de televisión de los toreros hasta el pasado año. Dentro del mismo cajón cayó Perera y a punto estuvo de entrar otro torero, Alejandro Talavante, que no ha podido desvincularse de la casa grande -pieza fundamental del sistema cerrado que rige el toreo- que gestiona su carrera. La casualidad juntó a los tres en el cartel de Domingo de Resurrección de Málaga y, aunque los tres espadas dieron lo mejor de sí mismos, no lograron meter en el coso de la Malagueta más de cinco mil personas en una tarde que para algunos podía haber supuesto un pronunciamiento que denunciara el ostracismo al que los ha condenado el búnker empresarial.

En Sevilla

Antes de que se iniciara ese paseíllo a orillas del Mediterráneo se colgaba el cartel de no hay billetes en las riberas del Guadalquivir. Eduardo Canorea y Ramón Valencia ponían la plaza de la Maestranza hasta el tapón ahorrándose de paso la pastora imperio que tendrían que haber apoquinado a El Juli, un torero que sigue mandando en la plaza pero que tiene problemas para sostener su altísima cotización por su discreto tirón en las taquillas. Ésa es la pura verdad. Y no se trata de estar a favor de las empresas ni en contra de las verdaderas figuras. Ni mucho menos. Los carteles de la Feria de Abril son mucho peores sin el precoz maestro madrileño o prescindiendo de la solidez de Perera, otro matador imprescindible para rematar cualquier ciclo del calendario taurino. Pero los hechos son tan tozudos como la ley natural de la oferta y la demanda que rige cualquier contrato mercantil. Una vez más hay que repetirlo: no se puede pedir más de lo que se genera. Podemos cambiar el sistema, pero si lo hacemos cada palo tendrá que aguantar su vela para bien y para mal. Las altísimas cotizaciones de muchos toreros sólo se sostienen sobre largos abonos en los que sólo se gana dinero fuerte a media plaza con toros y toreros baratos. Los carteles de relumbrón sirven de fachada y aguantan el tirón de esos ciclos condenados a desaparecer. Por sí mismos son ruinosos y ahí empiezan los problemas a la vez que se recrudece esta crisis económica que amenaza con cambiar todo lo que parecía inamovible.

Contratos devueltos

Lo tienen detallado en los breves de ahí abajo y lo desvelaba ayer, en primicia, el portal especializado Mundotoro. Canorea y Valencia han devuelto los contratos de los derechos de televisión de los matadores agrupados bajo las siglas del G-10. Los gestores de la empresa Pagés, después de llegar a un preacuerdo, no quieren abonar ningún dinero por ningún torero que no esté incluido en el abono. Ésa fue una de las claúsulas que más chocaron en la gestación de las primeras ferias de la temporada; la misma que causó la fractura de los estamentos del toreo en un momento necesitado de alturas de miras que, al menos de puertas para afuera, sólo se ha interpretado como defensa de la alta y amenazada cotización de algunos matadores. La escueta noticia prodía abrir una nueva caja de los truenos de consecuencias imprevisibles. Muchos hablan ya de la inminente ruptura de un G-10 al que, con sus razones, no le ha acompañado el don de la oportunidad.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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