8ª de feria en Sevilla. Manzanares se reafirma en la cumbre del toreo

Al fin una tarde con expectación, llenazo y triunfo grande. ¿Ven como cuando hay una oferta importante, la gente acude en masa a la plaza? Y eso que el cartel no estaba totalmente cerrado a no ser por la morbosa presencia de Padilla que durará hasta que finalice esta temporada. Claro que, José María Manzanares y Alejandro Talavante, son quienes verdaderamente interesaban a los buenos aficionados. Ambos, muy gentiles, no quisieron compartir con Padilla la ovación que se le tributó tras el paseíllo. Pero luego, cada cual quedó en su sitio. Manzanares, con cuatro orejas y Puerta del Príncipe, en la cumbre de su excelsitud y amo del toreo actual. Talavante, fiel a su estilo y personalidad, cortó una del tercero y perdió la del sexto por pinchar. Y Padilla, muy cariñosamente arropado por el público pero por bajo de la situación aunque hizo todo lo que pudo con el gran mérito que todos reconocemos tras su milagrosa recuperación.

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Viernes 20 de abril de 2012. Tarde nublada con lleno total. Seis toros de Victoriano del Río, correctamente presentados y nobles en distintos grados de fuerza. Limitado el primero. Excelente el segundo. Bravucón y, sin tan fuerza pero también noble el tercero. Noble aunque diezmado por mal administrado. Aunque justo de fuerza y tardo, de gran clase el quinto. Aunque débil, también noble el sexto. Una buena corrida en su conjunto con dos toros inmortalizados por Manzanares. Juan José Padilla (berenjena y oro): Pinchazo y estoconazo trasero, ovación. Estocada tendida, saludos. José María Manzanares (almirante y oro): Gran estocada recibiendo, dos orejas. Gran estocada recibiendo, dos orejas. Salió a hombros por la Puerta de Príncipe. Alejandro Talavante (avellana y oro     ): Buena estocada, oreja. Pinchazo y estocada, ovación. Bien a caballo José Antonio Barroso. Cumbres en la brega Curro Javier y Juan José Trujillo en banderillas junto a Luís Blázquez.

El temple y el arte de José María Manzanares se hicieron presentes desde el primer lance a la media arrevolerada con que      saludó al segundo toro. Preciosos y precisos los remates para cerrar la serie de verónicas y para abrir el tercio de varas. Primeros oles de la tarde. No quiso que nadie interviniera en la brega y ordenó que no pegaran al burel que ya marcaba su querencia a los adentros. Soberbios delantales de Talavante. Enorme Curro Javier en un primer par por dentro. Eficaces y templados tanteos para iniciar la faena que fue por naturales, primero a media altura y luego bajando la mano. Cumbre por redondos, cambios de mano, trinchera y de pecho. Y lo que no está en los escritos para rematar con la derecha. Señores, qué maravilla ver y oír extasiarse a la plaza que estalló enardecida con una estocada colosal en la suerte de recibir. Dos orejas como dos pianos de cola. ¡Viva el toreo eterno¡

Retomó el gran concierto con el quinto toro en el recibo de capa. Pero el bravo animal romaneó y derribó a un sensacional picador, José Antonio Barroso. Digno hijo de su padre. ¿Le afectaría al burel en su encastada franquía? Curro Javier disipó magistralmente la duda en la brega y Trujillo en palos. Y a la dulzura de los  cuidados de un inteligentísimo Manzanares para que el toro aguantara, siguió la más majestuosamente calmada y elegante manera de torear por redondos. Lentísima dosantina, perfumada trinchera, eternos naturales, recorte inenarrable, su divina paciencia en pausas exactas y otra sensacional estocada recibiendo en dos tiempos. Dos y dos, son cuatro orejas. Tras la clamorosa vuelta al ruedo, sacó a sus peones para compartir una ensordecedora ovación. Impresionante.

El primer toro metió la cara por el lado izquierdo en el corriente saludo de Padilla. El animal perdió las manos antes de ser picado. Le midieron el castigo y el matador lo hizo de poder a poder con gran facilidad mientras el toro se iba arriba. Cuando brindó, se cayó la plaza y calló al empezar la faena. Bien con la derecha, noble el animal, poco a poco tuvo que provocarlo porque empezó a tardear. Y lo mismo al natural. Con el toro ya casi parado, siguió sin templar igual y pinchó antes de meter la espada. La ovación fue seriamente medida.

Pesaba mucho el recuerdo de lo hecho por Manzanares y Padilla recibió al cuarto con una larga cambiada de rodillas. Suelto el toro. Vibrantes aunque vulgares verónicas. Deficiente el castigo en varas. Desigual al parear. Inconveniente inicio de faena sentado en el estribo. Chocó al toro contra las tablas y ahí acabó lo bueno que llevaba dentro.

Corto y revoltoso el tercer toro. No pudo sosegarse Talavante con el capote. Bravucón y doliente al embestir por el momento. Pero no en la faena, acudiendo noble aunque discontinuamente. Lo que propició una buena faena de Talavante. Sobre todo con su mano de oro, la izquierda, aunque este animal no repitió como el anterior y escarbó demasiado. La cerró con sus mexicanadas que, esta vez, no resultaron del todo limpias al quedarse corto el animal. La buena estocada puso en sus manos una oreja.

La corrida ya estaba sentenciada cuando salió el sexto y más después de la otra vez histórica actuación de Manzanares. Además, el animal, de por sí débil, se pegó una voltereta y quedó disminuido. No obstante, Talavante aprovechó muy bien sus nobles posibilidades en otra faena fiel a su estilo valiente a la par que auténtico. Pero pinchó perdiendo otra oreja.

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LA OPINIÓN DE ÄLVARO RODRÍGUEZ DEL MORAL

El toreo hecho maravilla

José María Manzanares es sacado a hombros por la Puerta del Príncipe. – Efe

Foto

Manzanares cortó cuatro orejas, abrió la Puerta del Píncipe y llenó la plaza hasta los topes en una nueva tarde para la historia.

Se vencía la tarde por los primeros alcores del Aljarafe y una multitud arropaba a un hombre vestido de luces camino de la gloria. Manzanares había vuelto a sumar una nueva Puerta del Príncipe alumbrando luz donde sólo había tinieblas. Cambiando la bravura por la razón. Mostrando que no puede haber arte sin la ciencia que le sirvió para cuajar una nueva tarde histórica que algún día contaremos a los nuestros, como una antigua batallita. Fue llegar él y llenarse la plaza, renacer la Fiesta plena.

Llegó, vio y venció. Y lo hizo apoyado sobre la razón como apoyo básico del toreo. De la entrega, se pasó al análisis y de ahí al arte excelso que ya se derramó en esas dos verónicas y el par de chicuelinas que dieron comienzo al sueño. Hubo una lenta y preciosista escenificación de la lidia de este toro, que también mostró su calidad en los delantales que le enjaretó Talavante en su turno.

En ese momento comenzó el recital paralelo de la cuadrilla de Manzanares. Curro Javier se lo jugó todo en un arriesgadísimo par por los adentros en el que dio todas las ventajas al toro.

La primera serie, casi de tanteo, surgió en unos naturales de leve tersura que querían medir y administrar las fuerzas y la bondad de un toro que estaba destinado a ser el mejor colaborador del arte de Manzanares, que no podría haber firmado su gran obra sin el apoyo técnico, un auténtico tratado del oficio de torear, con el que afrontó todas las fases de un trasteo de intensidad creciente que hiló unas series con otras con bellísimos cambios de mano, un trincherazo sutil o enormes pases de pecho que se convirtieron en nexos de las estrofas del soneto manzanarista

Manzanares tomó de nuevo la muleta con la mano izquierda mientras el personal se enardecía sabiendo que estaban viendo, de nuevo, algo histórico. Una nueva serie diestra plena de intensidad -auténtica cumbre del trasteo- sirvió para poner a toda la parroquia de pie mientras Manzanares liberaba la tensión con un exquisito molinete. La estocada, en la suerte de recibir, ponía en sus manos dos orejas indiscutibles que le abrían la primera hoja de la Puerta del Príncipe.

El quinto, aunque recortado, fue un precioso toro marcado con el hierro de Toros de Cortés que no podía fallar. Trabó al caballo y derribó a Barroso pero la calma llegó en la magistral lidia de ese torerazo que se llama Curro Javier. Trujillo y Blázquez lo cuajaron con los palos mientras sonaba la música de Tejera. Todo estaba preparado para una nueva lección, para otro faenón que Curro Javier anunció llevándose el toro a una mano hasta el burladero del cuatro preparándole el terreno a su matador.

Manzanares se reconcilió con Ramón Vila en un brindis en el que el cirujano pudo darle ese abrazo que le había prometido en su ausencia de la entrega de los trofeos de los médicos. De nuevo, tapando más de una boca, volvió a iniciar el trasteo con la mano izquierda imponiendo un electrizante clima de calma y silencio que sólo fue roto por los gritos de algún patoso. Pero el toro, que tenía calidad, tampoco estaba sobrado de fuerzas y apuntaba algunas gotitas de mansedumbre que había que corregir.

Manzanares volvió a administrarlo en todos los parámetros dictando una nueva lección de técnica que no se puede separar del sentido de la belleza de este grandioso artista que ayer anunció nuevos registros que volvieron a elevar su techo. Los cambios de mano, los remates plenos de imaginación y la tersura templada del toreo fundamental volvieron a enloquecer los abarrotados tendidos de la plaza de la Maestranza que a esas alturas ya no tenían ninguna duda: había que sacarlo por la Puerta del Príncipe, especialmente después de subirse a la Giralda con una sensacional serie al natural que conviertió en tótem.

El toro estaba agotado pero quiso forzar la estocada en la suerte de recibir que cayó a la primera. Caían dos nuevas orejas y se abría la puerta de la gloria que el alicantino, quiso compartir con esa ejemplar cuadrilla que saludó junto a su matador desde los medios.

Otro trofeo se llevaría el diestro extremeño Alejandro Talavante gracias a una templada y entonada faena cuajada sobre la mano derecha en la que pesó como una losa la cumbre vivida en el toro anterior. Volvió a brillar con el sexto, otro toro de buenas intenciones al que no le sobraban las fuerzas con el que se empleó en un largo trasteo que podría haber puesto en sus manos otra oreja si la espada hubiera entrado al primer viaje.

Pero la tarde se había iniciado con la impresionante ovación que le dedicó el público sevillano al diestro Juan José Padilla en su vuelta a la plaza de la Maestranza después de su gravísimo percance del pasado mes de octubre en Zaragoza.

Padilla, que se mostró sobrio y clásico, destacó en el manejo del capote y, sobre todo, en dos grandes tercios de banderillas en los que supo lucir mucho a sus toros. Pudo templarse a media altura toreando al tercero aunque apenas tuvo enemigo con el sexto, que se aplomó por completo.

A. R. del Moral

A. R. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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