13 ª de feria en Sevilla. Oreja para Talavante, de vacío El Cid, debacle de Castella

Ambiente de farolillos en los tendidos con muchos foráneos, turista y hasta varias excursiones de agencias. Más publico de aluvión, pues, que aficionados cabales. Muchos de estos se quedaron en las casetas porque, ayer miércoles, el Real gozó de su máximo esplendor. Dado como iba la feria taurina y a la ansiada espera de los que ocurra hoy con Morante y Manzanares, tampoco era cosa de dejar plantados a los invitados por ver a los alicaídos Cid y a Castella. Claro que, también estaba Talavante. Fue el único triunfador. Oreja de peso del tercer toro, el mejor del envío, y muy por encima del deslucido sexto. El Cid saldó su feria de vacío. Y Castella para el arrastre.

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Miércoles 25 de abril de 2012. Decimotercera de feria. Tarde soleada y muy ventosa con lleno. Seis toros de Jandilla-Vegahermosa, bien presentados aunque con demasiados kilos y nobles en distintos grados de fuerza y de raza, escasas en líneas generales. Muy poca la del sumiso y muy soso primero. Noble y también soso el segundo. Muy noble y más duradero el tercero por lo bien que se lidió. Noble aunque estropeado el cuarto. Lastimado e inútil el quinto. Bravucón sin fuerza y deslucido el sexto. El Cid (amapola y oro): Pinchazo y estocada, silencio. Sebastián Castella (nazareno y oro): Pinchazo y estocada, silencio. Casi entera y descabello, silencio. Alejandro Talavante (lirio y oro): Gran estocada, oreja. Dos pinchazos y buena estocada, palmas. Muy bien Alcalareño en palos. Y bien Valentín Luján.

Los papelillos que se echan a la arena para saber donde menos molesta el viento, estaban bajo el burladero de matadores. Los de sombra iban a ver más cerca la lidia que los de sol. Lidia que arrancó con espectadores sin acomodar. Otra señal de novatos. Y otra más: las palmas que escuchó El Cid al lancear corrientemente en los medios al primer toro. Noble, flojito y sin humillar. Cayéndose tomó un puyazo de bravo. Herido el caballo, El Cid llevó al toro al picador contrario y el toro acudió al jamelgo con la cara muy alta. Alcalareño lo devolvió con mimo a su sitio. Cubierto sin apuros el tercio de banderillas, El Cid sacó al toro fuera de las rayas y toreó por parsimoniosos redondos con progresivo temple. Ideal el burel por ese pitón aunque sin trasmitir. Un tardo corderito sin malas intenciones que se paró cuando El Cid se echó la mano a la izquierda. Debió entrar a matar entonces, en vez de seguir porfiando sin respuesta. Triste secuencia.

Suelto de capotes el precioso y bajo tercero hasta que El Cid lo sujetó en los medios con lances a pies juntos. El toro se metió debajo del peto en la primera vara, perdió las manos, romaneó y pareció lastimarse. Pero no. Acudió bravamente al segundo encuentro y galopó en banderillas que Alcalareño colocó impecablemente. El Cid brindó en los medios y el toro se le vino enseguida a su muleta bien movida en los primeros derechazos. Pero del tironazo del primer pase en la segunda, el toro perdió las manos y empezó a notar el mal trato puntual pasando de ir largo a quedarse corto en los naturales y a pararse en más muletazos con la derecha. El Cid insistió y surgieron los murmullos desaprobatorios de parte de los espectadores. Había que matar. Lo hizo de entera caída. Otro trance de tristeza.

Pero hablando de tristezas, lo que pasó con el segundo toro y con Castella fue como una misa rezada de difuntos. Su correcto lancear de salida careció de la más mínima emoción, por la tan pronto cansina embestida del animal. Manos por delante y la carita por arriba. Le aliviaron el castigo en varas, pero Castella lo castigó dejándole que enganchara su capote en un frustrado quite por tafalleras. El toro, sin embargo, acudió alegre al segundo encuentro. Un buen tercer par de Ambel, no tanto el primero. Fuerte ovación. Castella se fue a donde estaba el toro y tardó en dar algunos pases por alto, casi todos enganchados. Algo más limpia la primera tanda por redondos. Molestaba el viento. Nueva espera para la mejor segunda ronda. Regular la tercera al empezar el toro a rebrincar. Nueva pausa para dar corrientes naturales de uno en uno y el toro cada vez más soso y parado. Y más derechazos tan insípidos que empezaron a hartar a los espectadores. Circular invertido y gañafón. Parones a toro inmóvil y pinchazo. Qué faena más triste, Dios mío.  El francés se dejó enganchar el capte en el recibo del quinto que pareció roto de manos. El primer puyazo lo tomó acostado y el segundo doliéndose. Mala pata. Bien en la brega Ambel quien, por cierto, anda mejor que su jefe desde que está a sus órdenes. El toro volvió a dolerse en palos. Tanteos sin plan. Duda el matador: ¿Derecha? ¿Izquierda? Izquierda, viento y mal. Trapazos, enganchones, desarme. ¡Qué desastre¡ Derecha: tironazos, dobla las manos el toro y se para. Primeros pitos. Inseguridad, voluntad frustrada, insistencia estrellada y aburrida. Gritos de vete ya. Menos mal que mató pronto. Mejor hubiera sido, machetear y acabar con el toro cuanto antes. Pero, visto Castella en seis toros seis de esta feria en Sevilla, creo que debería irse a meditar al Tibet.

El tercero salió con más alegría como también Talavante en su recibo por emotivos y ligados delantales. Se simuló la suerte de varas en la creencia de que este toro no perdiera su inicial brío. Y casi se logró. Talavante empezó con la derecha con franca determinación y el toro le respondió repitiendo gracias a que el extremeño le dejó la muleta muy puesta por delante, ganando un paso tras cada pase y no quedándose inerte cual estatua de Lot como sus colegas. Y estupendo al natural con su mano de oro. Otra cosa, otra manera de hacer. La debida. Y eso que este toro tampoco fue la alegría de la huerta. Los que dio luego en la media distancia, ligados a trinchera, cambio de mano por delante y el de pecho le bastaron para cuadrar al toro, entrar a matar y recetar una estupenda estocada. Así se triunfa, sí señor. Oreja de peso.

El sexto echó las manos por delante al capote de Talavante. Señal de su escasa fuerza. Deficiente en varas. E incierto en la muleta. Pero tenía enfrente a un buen torero y por eso lo metió en faena a base de firmeza y de temple. Claro que, este animal no fue como el tercero, ni la faena igual aunque sí meritísima. Talavante despidió su feria bien y con su categoría intacta.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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