6ª y última de la Semana Grande en San Sebastián. El Juli y Talavante dejaron huella en el final

Con calor ecijano y, aunque tampoco en la última se llenó la plaza, hubo bastante más público en los tendidos que en las tardes anteriores. Los donostiarras eligieron esta corrida, en parte por ser la más atractiva por variada – seis matadores con seis toros – y en parte por si a caso será la que ponga fin al toreo en San Sebastián. Desgracia que nos negamos a aceptar aunque serán los políticos quienes tendrán la última palabra. Resulta escandaloso e indignante que los nacionalismos tan en boga sean los que más están cercenando las libertades de los ciudadanos.

San Sebastián. Plaza de Illumbe. Viernes 17 de calurosa con casi tres cuartos de entrada. Seis toros de Garcigrande, bien presentados, bravos  y nobles en distintos grados de fuerza y manejabilidad. Muy noble el primero. Bravo en el caballo y corto en la muleta. Extraordinario el tercero. El cuarto se rompió una mano y quedó inédito. De más a menos en la muleta el quinto. Blando pero nobilísimo el sexto. Juan José Padilla (teja y oro): Estocada trasera, oreja. Morante de la Puebla (grana y azabache): Metisaca en el costado, pinchazo huyendo y descabello, pitos. El Juli (tabaco y oro): Pinchazo hondo y dos descabellos, gran ovación y vuelta de verdad. Antonio Barrera (añil y oro): Pinchazo y estocada, palmas de consolación. Sebastián Castella (encarnado y oro): Estocada, ovación. Alejandro Talavante (negro y plata): Media estocada, aviso y oreja.

Terminado el paseíllo, los seis matadores actuantes fueron obligados por el público a saludar.  La gente quería divertirse y a fe que lo consiguieron de entrada con el bueno toro primero que le cupo en suerte a Juan José Padilla. El jerezano lo toreó formalmente con capote y muleta en una faena sin ningún acento especial. Pero como Padilla es ahora mismo un torero muy favorecido por los públicos, bastó que matara de estocada para que le fuera concedida una oreja que exhibió al final de la vuelta al ruedo con gestos de querer volver el año que viene.

Morante medio esculpió verónicas en el recibo del segundo toro que, mediada la lidia, empezó a decaer en fuerza y a protestar por arriba al final de los viajes. Morante quiso con la derecha, pero insatisfecho con los enganchones, cortó por lo sano enfadando al personal  y más almatar de mala manera.

La habitual contundencia capotera de El Juli quedó patente recibo y en el quite por gaoneras al tercero de la tarde. Pero fue con la muleta cuando marcó la diferencia. Claro que, el toro resultó por todo y una seguridad aplastante, consumada en un arrimón fuera de serie. Pero pinchó hondo y repitió con el descabello, perdiendo un gran triunfo. Dio una vuelta al ruedo clamorosa, una vuelta de verdad.

Antonio Barrera sustituyó a Manzanares. Reemplazo que, dicho sea con todos los respetos, emborronó el conjunto del cartel. Después de lo hecho por El Juli y como además el cuarto toro no fue tan propicio, la breve actuación e barrera tras romperse el toro una mano no pasó de simple intermedio que terminó de pinchazo y estocada.

Algo soso, suelto y distraído de salida el quinto, Sebastián Castella no pudo luciese con el capote en el recibo ni quiso quitar. Pero sí con la muleta por el cambio a mejor de este animal, otro noble aunque con menos fuerza. Castella lo toreó con facilidad sobre la mano derecha y desigualmente al natural por lo que retomó la mano diestra para que la faena volviera a donde había empezado. Lo que no consiguió porque el toro ya no fue el mismo y, además, se rajó. Fue simplemente ovacionado tras matar de estocada.

Y el último para Alejandro Talavante. Salió sin fuerza. Hasta dobló las manos tras el primer puyazo. Pero resultó nobilísimo y repetidor en la muleta. Alejandro empezó con pases cambiados de su exclusividad creativa, varios derechazos firmísimos y un extraordinario natural en redondo. Siguió con la derecha y muy bien, intercalando pausas para que el animal no se agotara hasta terminar metido entre los pitones ligando pases sin mover un músculo. Media estocada y oreja de ley.

Aguardaba el momento más emocionante. Los mozos del servicio de la plaza saltaron al ruedo portando una pancarta reivindicativa de La Fiesta en San Sebastián que pasearon por el ruedo entre las ovaciones del público puesto en pie. Tras una vuelta al ruedo apoteósica, se añadieron al desfile los matadores y sus cuadrillas abandonando el ruedo bajo una inmensa salva de aplausos. Los aficionados donostiarras vivieron así el fin de una feria que no quieren que desaparezca bajo ningún concepto.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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