Resucita TVE con una corrida de ahora

Ricardo Díaz-Manresa

Corrida importantísima por muchos conceptos la del miércoles 5, de septiembre, del 2012, en Valladolid. Resucita TVE con una corrida que vale para volver a la pequeña pantalla pública, la tele de todos, tras seis años de persecución y prohibición del PSOE, que entiende así la democracia. O sea, al revés : lo hago porque me da la gana y a los millones de españoles que les gusta la corrida de toros, que les den. Muchos además ese día vieron su primer espectáculo taurino y había que atraerlos y convencerlos. A otros muchos se les recordaba que la corrida no había muerto. Un cartelazo : Juli, Manzanares, que reaparecía después de dos meses, y Talavante. Una ganadería, la de Victoriano del Río, de las cinco o seis que quieren las figuras. Les dan triunfos y los menos problemas posibles. La tele pública promocionó como se debe esta transmisión taurina para que todos se enteraran. Los tres matadores arrimaron el hombro de tres maneras: dejándose anunciar, no cobrando ningún derecho de imagen y ayudando a los jóvenes con el 50% de la entrada. Una feria de segunda del septiembre dulce, el de las manzanas fuertes, la fruta madura, las amapolas verdes, que creo dice la canción. Una corrida amable para no asustar a los primerizos y no irritar a los aficionados. Para que todos estuvieran contentos en esta fecha significativa. Todo, pues, preparado para un feliz acontecimiento. Le pedí a todos los santos que el ensayo saliera bien para que el G-10 pudiera vender bien el producto y el presi de la Comisión Pro-Fiesta, Gómez-Angulo, tuviera en sus manos una buena arma para llegar a todas partes.

La verdad es que yo estaba contentísimo con esta corrida y su posible proyección. Voy a medirme más que nunca. La corrida de la reaparición de TVE en los ruedos fue una de las de ahora. Y lo explicaré. Los tres matadores, sabedores de lo que se jugaba el espectáculo, más que ellos, hicieron todo lo posible por estar a alto nivel. Lo consiguió el Juli, a buena altura estuvo Manzanares intentando superar tanto tiempo inactivo y, a su vez, Alejandro Talavante siguió su buena línea de los últimos tiempos. Por ese lado, bien.

No se puede decir lo mismo de los de Victoriano del Río, cuyos dos últimos toros podrían ser aceptados en una corrida normal, pero no lo cuatro primeros, que son de las corridas de ahora, de esas de la nobleza y el buen embestir, las que son, pero sin fuerza, lo que deja el espectáculo mutilado, más todavía que el despunte de pitones, mucho más. Los seis, en cambio, fueron -frente al caballo- de las corridas de ahora, en las que sobran los picadores. Si casi sobraron en varias corridas en la que dicen tan torista Bilbao, aquí –en Valladolid- en el meloso septiembre que va hacia el otoño, qué esperaban. Pues sí, la corrida de ahora. Nadie puede decir que fue un fracaso cuando dos matadores salieron a hombros en medio del ambiente de mucha gente en la arena, que es lo que echábamos de menos en las salidas en las que absurdamente no se deja bajar a nadie al ruedo salvo a los “capitalistas”, pero hubo muchos puntos bajos. Si le pedí a todos los santos que el experimento saliera bien, no les cuento cómo insistía en mis súplicas para que no se cayeran los victorianos y se fuera todo al garete. Si se cae el toro, se cae la corrida. Y los toreros hicieron mucho por levantarla, con sus ganas, con las buenas entrevistas en la que los tres matadores dijeron cosas no tópicas, entrevistas periodísticas, no cobísticas, y los comentarios de un día muy difícil. El Niño de la Capea, de buena labia y mucho saber, estuvo como se esperaba, triunfalista comedido. Al menos es la primera figura del toreo que se pone delante de un micro, porque de los anteriores –de Antoñete a Finito, pasando por Emilio Muñoz, Manolo Caballero y José Antonio Campuzano- ninguno lo fue. Pues bien, opino de la invitación del Capea lo mismo que del equipo de Manuel Francisco. Que no se puede ser juez y parte de un asunto por mucho que se empeñen. Que no se pueden defender intereses del negocio y de compañerismo porque la única defensa que deben hacer es la del aficionado y la del espectáculo. Si los seis victorianos hubieran sido picados y los cuatro primeros tener la fuerza de un toro, aquello podría haber sido maravilloso para la masa espectadora de la tele porque embestían, en general, nobles. Habría surgido el ballet trágico y bello intensamente, pero los toros no pueden dar pena. En fin, este es un tema en el que hay que insistir mucho, nos la estamos jugando, pero no es el momento.

Habría que preguntarle, no obstante, a Juli, Manzanares y Talavante (y a las otras pocas figuras de que disfrutamos) si este espectáculo “de ahora” es el que quieren ofrecer para convencer a los jóvenes de las nuevas generaciones y meterlos en la corrida. Y si para ello van a mantener su petición de no torear nada más que cinco o seis ganaderías dulces, con todo lo dulce que pueda ser un toro, siempre peligroso, al que no hay que picar, ni simular la suerte y, que después, pese a tanto cuidado exquisito, no puede con su alma. Y con el que difícilmente llegarán a emocionar a esos jóvenes que empiezan su andadura taurina y que gozosamente vimos en la plaza y en tantos planos estupendos de la transmisión. Eso sí que fue una alegría. También y no menos las pancartas : “Sí a los toros en TVE y a la juventud en los toros”, “Los jóvenes por la fiesta” sobre la bandera española y “Gracias TVE”. Y la buena música de la banda de Iscar. Un buen ambiente que, ya rescatado, hay que mantener.

Y, para rematar, a esos desvergonzados del CAC catalán les salió el tiro por la culata y la corrida se vió por la TVE de Cataluña, pese a sus protestas y peticiones cínicas de los que sólo están para mangar, fastidiar, prohibir, perseguir y escupir sobre lo bueno. Eso sí, llevándoselo calentito y en cantidad. Sólo por transmitir en Cataluña mereció la pena este esfuerzo. En fin, que no hay corridas modernas ni antigüas, de antes y de ahora, sino buenas y malas, auténticas o simuladas. Y ellos, los profesionales, verán lo que quieren hacer y sacrificarse. Que tengan en cuenta que se irán un día, como se fueron todos los toreros anteriores, y esto tiene que seguir, queremos que un arte y un espectáculo único y distinto en el mundo, singular y personalísimo, no se pierda. Cualquier pueblo que lo tuviera lo defendería por simple sentido común. Y que se le diga a los jóvenes, yo lo hago, que una corrida de toros que no se pica y encima se cae no es una corrida de toros, pero animo también a TVE –mi casa tanto tiempo- a que persista y corrija errores. Y aplaudo todo lo que tuvo de positivo este primer acto. Especialmente el éxito de audiencia por encima de la media de TVE. Para que aprendan los antitaurinos y aprovechen los taurinos. Y los dirigentes de las cadenas.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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