1ª de San Miguel en Sevilla. Una sola oreja y demasiado aburrimiento

Gonzalo Caballero se llevó el único trofeo de un decepcionante y flojo envío de Juan Pedro Domecq que sentenció el espectáculo

Plaza de la Real Maestranza. Viernes 22 de septiembre de 2012. Se lidiaron seis novillos de Juan Pedro Domecq, bien presentados pero flojos y de mal juego en líneas generales. El segundo fue un auténtico inválido y tercero y quinto fueron de más a menos. Se salvó de la quema el sexto ejemplar, noble y con recorrido. Rafael Cerro, de aguamarina y oro, silencio y silencio tras aviso. Tomás Angulo, de after eight y oro, silencio y vuelta al ruedo por su cuenta. Gonzalo Caballero, de endrina y oro, silencio tras aviso y oreja. La plaza registró menos de media entrada en tarde muy calurosa . En las cuadrillas destacó Jesús González El Suso lidiando al quinto y Curro Robles banderilleando al sexto.

Los tres novilleros habían sido premiados por la empresa con la inclusión en esta apertura de la feria de San Miguel. El ciclo llegaba este año con inusual adelanto para facilitar la retransmisión de unos festejos que a la postre no conocerán las cámaras de Canal Plus. Cosas de política taurina de las que ya hablaremos en otro momento. El caso es que Valencia y Canorea no tenían demasiadas cartas que elegir y se tuvieron que conformar con lo que había. Y en esa tesitura, la ausencia de verdaderos alicientes -unida a la recurrente crisis- dibujó un panorama desalentador en los tendidos maestrantes, que no llegaron a cubrirse ni en su mitad. Y si los chavales llegaban al trascendental compromiso sevillano cogiditos con alfileres, el mal juego del encierro de Juan Pedro Domecq -del que se esperaba muchísimo más- terminó de sentenciar un espectáculo que a la postre no fue tal.

Se salvó de la quema general gracias a su entrega y a la suerte en el sorteo el novillero madrileño Gonzalo Caballero, que ya sabía lo que era tocar pelo en el inmenso ruedo sevillano. Si en aquella primera novillada abrileña sorprendió por su valor espartano, en esta ocasión llamó la atención su expresión con la muleta con el único novillo -el sexto- que encerró completas posibilidades de triunfo. La faena fue de más a menos, es verdad, y comenzó con un angustioso cartucho de pescao que dio todas las ventajas a un novillo que acabó echando mano a Caballero en una angustiosa voltereta que afortunadamente se resolvió sin consecuencias graves. Gonzalo tomó entonces la muleta a pies juntos pero se expresó más y mejor en una serie diestra, muy asentado y hundido en la arena, en la que supo dejar siempre puesto el engaño al noble novillo de Juan Pedro.

Ése fue el momento central de una faena que fue bajando de intensidad y que se terminó de espesar cuando Gonzalo Caballero volvió a tomar la muleta con la mano izquierda. Unas ajustadas bernardinas sirvieron para volver a llamar la atención y la contundente estocada fue la mejor guinda para animar al personal a sacar los pañuelos. Se acababa la novillada y Caballero paseaba un trofeo que nos redimía en parte de un plúmbeo espectáculo que no terminó de contentar a nadie. Antes, el madrileño se había mostrado templado y compuesto lanceando al tercero de la tarde, un utrero de más a menos al que planteó un trasteo falto de hilo que acabó por descomponerse tras un inoportuno desarme. La cosa se desmoronó y sólo cupo un ensayo de arrimón mientras el novillo seguía acortando sus viajes.

Y poco más. Había abierto el cartel el novillero Rafael Cerro, puesto y resuelto para resolver la papeleta y con ganas de agradar toda la tarde. El primero, muy serio, le dejó lancear genuflexo y citarlo en la larga distancia pero el gas se acabó antes de tiempo y al trasteo del novillero pacense le faltó fibra y transmisión, la misma que no tenía un bicho que acabó rajado. Cerro comenzó de rodillas su faena al cuarto, un animal informalete y cortísimo de viajes con el que se mostró voluntarioso y muy por encima -también brillante al natural- antes de escenificar un arrimón final al que siguió una buena estocada. Habrá que esperar a verlo con mejor material.

La tercera pata del banco era otro novillero de Badajoz que había logrado colarse en esta especie de final novilleril gracias a una generosa oreja lucrada en primavera y a dos vueltas al ruedo que se recetó por su cuenta a la vuelta del verano. La verdad es que tuvo muy poco que rascar con el segundo de la tarde, un utrero absolutamente inválido que debió ser devuelto a los corrales por la presidencia con o sin petición de la parroquia. Con ese marmolillo que se derramaba por las esquinas hay muy poco que contar más allá de la buena estocada con la que lo despenó. Aún le quedaba el quinto, al que masacró en varas antes de que El Suso se revelara como gran capotero y lidiador. Hubo cierto relajo en la faena, muchas voces y buenos muletazos por el pitón izquierdo hasta que se le paró el bicho. La vuelta al ruedo, una vez más, sobraba.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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