5ª de la temporada en Guadalajara (México)

FIASCO XAJEÑO; POR ENCIMA LOS TOREROS…

Frescor y bonito el azulado cielo, calma la tarde, sin viento y bajón en la entrada que habrá sido de unas tres mil almas que esperanzadas concurrieron al cierre de la parte primera de la temporada, cuando la segunda se dará allá por febrero del venidero año.

El cartel tenía lo suyo, porque era la despedida de un TORERO, — así con mayúsculas –, Antonio Barrera, español hecho en tierras mexicanas que supo hacerse del respeto y reconocimiento de la afición nacional, fincando su cuartel en la tierra tapatía, en la que supo de gloria y dolor, que vaya duro le pegaron los toros, haciéndose, sin amilanarse, de un nombre y consolidándose en tierras ibéricas ya figurando en carteles importantes dentro de los ciclos de mayor relevancia en las ferias hispanas y en muchas otras de centro y sur América.

Acompañándolo en la terna fueron dos toreros mexicanos en plena etapa de proyección como lo son Arturo Macías y Octavio García “El Payo”, que en Guadalajara ha encontrado aficionados que nos esperanzamos con él dadas las faenas que en otras tardes brindó, pero lástima…

Lástima en verdad que la corrida de Xajay haya resultado un ensordecedor petardo tirando por la borda las entusiastas ilusiones de toreros y afición, al conformar una escalera de reses que adolecieron, tres carentes de trapío e importancia, con primero, quinto y sexto con mejor lámina, astifinos todos como debe ser para el coso guadalajarense, pero acusando una desesperante mansedumbre y falta de fondo; un descastamiento y varios la fuerza justa, dos saliendo de los engaños doblando los remos, que reculaban rascando, reservones, midiendo, desclasados, vacíos que de no haber contado con la disposición y la entrega absoluta de los toreros, bueno…

Sexteto antipático para ponerse enfrente por su palpable falta de estilo bueno, varios mirones y obligando mucho a los de a pie para imponerse y domeñarlos pero sin prestarse para el lucimiento y con ello para el éxito.

Con el que abrió plaza, Antonio Barrera justificó su trayectoria de ser un señor matador de toros, que en ése plan, de auténtico profesional estuvo, aplicando su bien asimilada técnica y recursos fincados en la buena escuela de tauromaquia que tuvo de aprendizaje con la experiencia dura de cornadas y percances, saludando al negro de gran alzada y gran cuajo con larga cambiada de hinojos, para de pie ya, abrir el compás en sendas verónicas cadenciosas, acompañando y templando, cerrando el capote en media para cartel. La primera ovación…

Con la muleta, entendiendo las condiciones del xajeño, se plantó en sitio sin concesión alguna pisando los terrenos del moro, para plantearle una faena importante, de exposición, con trazo y estructura, hilvanando pases por abajo con la diestra y al natural aguantando mucho a un toro que como cualidad tuvo la fijeza, intercalando toreo circular para continuar con dosantinas y cerrar con manoletinas que le valieron el fuerte batir de las palmas. Tuvo su obra la cualidad de la medida, que cuando el burel le pidió la muerte, Antonio lo cuadró e igualó, — apreciaba en su mirada la determinación con la que se iría tras de la espada –, y volcándose por sobre del morrillo, toreando mucho en el embroque y haciendo la cruz templando en celo con el engaño, como si de un remate de pecho se tratase, entró a matar rifándosela de verdad, en corto y muy por derecho ganándose las dos orejas del toro y dando la vuelta entre aclamación. Buen comienzo tenía la tarde pero…

Pero fue todo… Con el cuarto, una res mansa que espiaba mucho, indefinida con la que la confianza era lo último de lo que podía esperarse, luego de brindarlo al Lic. Alfredo Sahagún, directivo de la empresa que tanto le apoyó en su carrera, — es de noble y bien nacido el que es agradecido –, Barrera muy en profesional, intentó lucir pero… Pero, labor imposible, para luego de intentar torearlo por bajo sin lograrlo, desarrollarle una faena con toreo de poder, de pitón a pitón con notoria maestría, para despenarlo y escuchar las nostálgicas notas musicales mexicanas de “Las Golondrinas”, dando la vuelta emotiva al ruedo devolviendo prendas y bebiendo de botas de vino, entre los cariñosos aplausos de la afición de Guadalajara, su plaza, que le recordará siempre con afectuoso respeto, saliendo al fin del festejo a hombros por la puerta de cuadrillas.

La mejor de las suertes Antonio Barrera, un hombre serio y cabal, de convicción, devoción, casta y vocación torera, que por su firmeza y carácter demostrado ante las adversidades y los triunfos, supo marcar una carrera ejemplar, viviendo por y para el toro, digna de ser seguida por todos aquellos que pretendan ser toreros, como muestra de determinación y orgullo profesional que, seguro estoy, le valdrán para el futuro promisorio que deseo, confío y espero tenga en su vida que seguirá en el mundo de tauro, pero fuera ya de las sedas y el metal del vestido de torero, aunque torero seguirá siendo pá los restos.

La mejor de las suertes, amigo… La suerte mejor, TORERO……

Por lo demás… solo destacar el valor del bravo aquicalitense que es Arturo Macías, que vió como su primero se despitorró tirando un cuerno al encontronazo con el estribo del picador, saliendo un sobrero descastado, soso y por demás deslucido al que intentó de todo sin conseguir nada, que nada tampoco había para conseguir, pasaportándolo de estocada tres cuartos desviada, entera tendida, pinchazo y dos avisos para algunos pitos.

Con el quinto salió a por todas destacando con la capa en un quite por saltilleras, creación de mi siempre bien recordado maestro y amigo DON FERMÍN ESPINOSA “ARMILLITA”, rematando con revolera escuchando la ovación, para con la zarga iniciar su faena con derechazos de rodillas toda vez que el de Xajay no le embistió de largo para cambiarlo por la espalda, para continuar con molinetes y cayendo en el grave defecto de emplearse en trasteos largos, muy largos, larguísimos, perdiendo la proporción de la medida, aunque sobrado de empeño y tesón, con ayudados por abajo con la diestra y naturales pero sin el ritmo por la falta de casta del burel sin fondo que regateaba la acometida. Y al igual que en el segundo, perfilándose fuera de cacho, saliéndose desde antes de la arrancada, a pinchar y con dos golpes con la corta de descabellar, recibiendo de nueva vez dos avisos, retirándose sin éxito, como seguro estoy que era por lo que venía, a triunfar.

Y deseos había por ver al “Payo” tras su lucida tarde en la México, que hace abrigar nuevas esperanzas de que se trata de un torero recuperable, y aquí en Guadalajara, un coso que le reconoce y quiere, la suerte le pintó bastos con dos bovinos, primero un novillote impresentable, sin brío ni fuerza, intrascendente por donde mirarse se quiera, el rubio torero estuvo determinado muy por encima de la res, pero sin lograr entusiasmar consiguiendo lo mejor con una estocada entera haciendo muy toreramente la suerte, y descabello al segundo golpe para salir a saludar.

Con el que cerró festejo, otro que reculaba pidiendo la yunta, nada más que voluntad, mucha voluntad y… Y desencanto, mucho desencanto.

Con todo a Octavio García hay que seguirle viendo, que ha demostrado sus posibilidades pero con ganado mejor, que lo que saltó al ruedo tapatío….. Un fiasco… Auténtico fiasco.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

También puede interesarte: