14ª de la Temporada Grande en La México

El JULI LE DA UN REPASO A SILVETI CON UN PARCHADO Y FUNESTO ENCIERRO

JARDINERO DE SAN MATEO

14ª corrida de la Temporada Grande en la Plaza “México”. Magnífica entrada, no sólo la mejor de este año sino de varios más acercándose al lleno. Tarde gris y tibia Julián López “El Juli” Nazareno y azabache. Aplausos / 2 orejas / Palmas. Salida en hombros. DIEGO SILVETI. Verde manzana y oro. Silencio / Ovación / 1 oreja protestada. TRES TOROS DE MONTECRISTO. El 1° falto de fuerza, raza y emotividad. El 5° blandeaba y calamochaba, sin clase, transmisión y recorrido y el 6° suelto, blandeaba, con cierto poder pero huía y rebrincaba. 3 TOROS DE FERNANDO DE LA MORA. El 2° soso y receloso se astilló en el burladero, sin clase. El 3°, pese a que se quedaba y tenía media embestida permitió con la voluntad de Julián mostrar su maestría, sacando el fondo de la res. El 4°, incierto y suelto y se fue agotando. Pesos: 480, 569, 543, 540, 533 Y 505 kilos.

Dice una prestigiada revista taurina española que frente a la crisis que se vive hay que utilizar la imaginación y frente a la monotonía, la rivalidad y agrega que frente a lo conocido viene la novedad. Si bien el espectáculo en la península es cualitativamente diferente, creo que se pueden aplicar estos argumentos en México en las circunstancias que hoy prevalecen. Observo que de los 17 mano a mano del 2012 en España y Francia, solamente en tres no hubo cortes de oreja y se cosecharon orejas a raudales: El Juli y Juan Bautista en Palavas, Francia; en Talavera de la Reina, Juan José Padilla y Alejandro Talavante, en Arles; Robleño y Gallo, en Mauguio, Francia; Juan Bautista y Dufau, en Huelva; José Tomás y Morante, otra vez en Huelva; Julián y Talavante, en Huelva; ; Uceda Leal y El Cid, en Gijón; Antonio Ferrera y Talavante en Mérida; y en Sevilla Manzanares y Talavante. En suma, allá hubo un mano a mano con 8 orejas y un rabo en Mérida. Es así que se supo explotar acertadamente varios factores como fueron los carteles truncos, algunas veces un público indeciso que no acaba de acercarse a las corridas, el concurso de ganaderías y la voluntad de los toreros de ponerle un poco más de sal al espectáculo. Merece destacarse que en esos 17 carteles no estuvo ningún mexicano y de continuar en México con este feliz procedimiento que se remonta a la misma primera temporada de la plaza “México” (Silverio – Manolete), habría que contar ahora para mayor interés con el pique que provocan las figuras españolas consagradas y los jóvenes mexicanos que van punteando con mucho acierto.

Peras o manzanas, en este cartel pese a que hubo sustitución de tres reses, estaba perfectamente rematado y por eso el público capitalino acudió en un número cercano a 40 mil, dando un espectáculo inusitado de entusiasmo y combate. Como era de esperar, Julián estando bien, es difícil que se le compare con cualquier figura en el planeta, salvo dos o tres astros y Silveti va por un camino consistente que debe cuajar en un futuro no muy lejano en una figura de atracción universal y no solamente nacional porque en el subconsciente de muchos presentes está la figura de su padre y de su abuelo -a quienes vi en innumerables tardes-, es decir a la hora de la verdad, Julián le dio un “repaso” a Diego; algunos argumentarán que tuvo mejores animales, sin duda, pero con el que triunfó el madrileño fue producto de lo que él hizo con la res fundamentalmente. Cierto, Silveti apuntó mejoras, tanto con la capa, que instrumenta con mucho arte, como con la muleta, pero sigue siendo su asignatura el estoque. Confirmo lo dicho, el regalo que dio el incompetente juez en el último toro tras una estocada entera pero desprendida que quiso ofrecer unilateralmente para empatar las cosas que no sucedieron.

El Juli se entendió con su 1°, “Cominito” de Montecristo, un cárdeno obscuro, bragado, cortito de caja y nevado de los cuartos traseros que se mostró abanto hasta que el diestro lo recogió con varias verónicas de mano muy abajo. Poco hubo con la vara, atrás y aflojando pronto. Volvió puesto en los medios con el capote por detrás para instrumentar saltilleras y rematar con una rebolera de la que salió muy airoso y aplaudido. Como el toro no presagiaba nada bueno Julián hizo todo, largos derechazos por abajo con excelente paso de pecho y uno del desdén, otro más de trinchera, resaltando todos por su temple (alguna vez su padre me dijo que eso era lo que había aprendido en México). No había mucho que hacer por el izquierdo, el toro carecía además de emotividad y cuando se lo pasó por dosantinas la gente aplaudió a sabiendas que la fuerza del toro menguaba. Entró a matar y dejó al tercer intento un pinchazo atrás y luego una entera trasera con efectos rápidos, recibiendo algunos aplausos. Las cosas se compusieron con su segundo, “Aguanieve” de Fernando de la Mora, cárdeno, obscuro, bragado al que bregó Julián correctamente con arte y oficio. Lo llevó al caballo y la res rebrincó a la vara, volvió a su quite, ahora con chicuelinas a pies juntos y una rebolera que provocó otra vez aplausos. Primero se dobló por ambos lados e inició su obra poniéndole la muleta por delante, hasta tres derechazos, un cambio por la espalda y un pase de pecho. Pese a que el toro se quedaba, él tiró de él y casi a media embestida logró pases hondos y templados con ambas manos. Repitió los circulares invertidos y un pase de pecho, justísimo. Estaba nuevamente dando cátedra. El público, sensible, rugió y se oyó una ovación de la que ya habíamos perdido costumbre. Materialmente se volcó en el lomo y dejó una estocada entera trasera de efectos inmediatos que puso a la plaza de blanco y el de arriba, sin dudar, puso los dos pañuelos. Julián había vuelto a convencer como lo hizo en su primera tarde, pese a que su enemigo no se prestaba para el triunfo. Concluyó con “Ilusión” de Montecristo, un colorado bonito de lámina, rebarbo, bragado y enmorrillado que inmediatamente mostró maneras decepcionantes. Sólo bregó y remató con el capote desmayado, un picotazo del que la res se dolió y comprendiendo que no tenía toro, apuntó su maestría en algunos derechazos e intentó algo más. Pinchó, escupió el estoque, dejando después una entera trasera a un toro soso y sin raza para recibir palmas.

Por su parte Diego Silveti se enfrentó primero a “Centauro” de Fernando de la Mora, negro bragado que inmediatamente se astilló en el burladero. Con el caballo muy poca sangre se le hizo y no hubo quite. El brindis fue a la concurrencia para calentar la tarde, bien sabía Diego que no había materia prima con el mulo que tenía enfrente. Se fue a tablas y probó con varios doblones, la res derrotaba y se salía por arriba. Alguien en la barrera le sopló que había que poner la muleta más cerca y así lo hizo, logrando algunos buenos naturales. Pinchó y el estoque fue escupido, por la res, matando a la tercera con una entera trasera y desprendida. El silencio se hizo en la plaza. Con su segundo, que llevaba el nombre de “Mar de Nubes” (como aquel con el que su padre triunfó), era un negro bragado, paliabierto de Fernando de la Mora que desde el inicio dio muestras de una embestida incierta, se le picó lo suficiente y Diego equivocó pidiendo el cambio con la mano cuando debe ser con la montera. Comenzó bien con tres gaoneras, pero el toro se caía. Conforme su costumbre, inició el toreo por alto y remató con un bello pase del desdén, la clientela aplaudió y él mostró mayor disposición dando varios derechazos largos y ajustados y también naturales. Pronto aprendió a Julián y decidió adelantar el engaño mostrándose valiente ante un toro agotado que ya no ofrecía nada. Se lo pasó por dosantinas, de las que salió paso a paso con el reconocimiento del público y luego bernadinas por los dos lados, oyéndose desde las alturas el “olé”. Mató con media en buen sitio que no fue suficiente y el peonaje empujó a la res para que cayera cuando él descabelló al primer intento recibiendo una ovación.

Pero su Santo se compondría con “Sereno” un cárdeno, claro, suelto de de la Mora al que intentó torear con la capa por verónicas, luego chicuelinas y la res aunque suelta, recargó realmente al caballo. Intentó un quite tomando el capote con una mano por la esclavina, del que no tuvo suerte. Con el trapo rojo intentó primero con la derecha y luego mostró sus mejores pases con la izquierda. Se conjeturaba que habría un toro de regalo pero él siguió toreando con la derecha hasta que la res se le coló y le dio un palotazo. Mostró mucha entrega pero el toro huía, intercalando algunos pases de mucha valía. Mató con una entera, atrás y desprendida y la res tardó en doblar, habiendo sólo una petición muy minoritaria de oreja, pese a todo “M

oralitos” le entregó una oreja para simular un éxito que no había ocurrido.

No se conoce el cartel del domingo próximo, pero se especula que estará Talavante, que repite, esperando que sea con todo éxito porque su toreo lo permite y se dice que vendrá Amaya, seguramente por las buenas conexiones que tiene con la empresa, más cercano con ella que con sus toros en su primera tarde.

LA OPINIÓN DE PABLO DELGADO

CADA QUIEN SU SITIO

Desde que fue anunciando este mediático mano a mano, comentábamos que era muy arriesgada para Diego Silveti esta confrontación. No tenemos nada en contra de Silveti, simple y sencillamente con mucha objetividad reconocemos que Diego se ha esforzado para encontrar su sitio en la fiesta, tiene un carisma que pocos tienen, le ha llegado mucho a los jóvenes, pero sus carencias técnicas no le han ayudado a la hora de la verdad. Por esas razones, aceptar una confrontación con el mejor torero del momento, tanto en México como en España tenía sus bemoles. Los manos a manos son confrontaciones naturales, no deben ser forzadas, si me apuran un poco, creo que el mano a mano natural hubiese sido confrontar a Diego Silveti con Arturo Saldivar, hacerlo con el Juli, trajo sus consecuencias, las cosas de manera natural se acomodaron y cada quien quedó en su sitio.

A principios de semana, por televisión, vimos el embarque de los toros de Fernando de la Mora y parecía una corrida bien presentada. Cuando aparecieron las fotos de los toros en la prensa, eran de escándalo. La presencia muy justa y para rematar el rumor de que el Juli pretende matar la corrida de Miura en Sevilla, eso se puso al traste y se tuvo que recurrir al parchado de la corrida con toros de Montecristo que, según los mentideros, estaban reservados para la corrida del aniversario. Algo pasó que la empresa decidió parchar el encierro, para bien, pues era impensable que la máxima figura del toreo tuviese una bronca por la escasa presencia de los astados.

El Juli demostró que es capaz de llenar el coso más grande de América, la mejor entrada en muchos, muchos años. Prácticamente hasta el reloj. Pues bien, vestido impecablemente de obispo y azabache, el Juli despachó al primero de Montecristo, desde que comenzó a lancear al burel con lances a pies juntos se mostró muy tranquilo, supo meter al toro y a la propia gente a la lidia. Quitó por ajustadas gaoneras y el público –que aún se acomodaba en sus lugares- supo que venía algo grande. El brindis al respetable fue el presagio de una faena de mucha clase, primero doblándose y luego metiendo al astado por el lado derecho, pases muy largos, sobre todo muy templados, con el cuerpo erguido. Cambió de mano, y también tuvo suerte, hasta que el toro comenzó a huir. Aquí es donde la sapiencia llegó. Pases de la firma obligando al toro a repetir, luego dosantinas, el público entregado. Se fue tras el acero y después de tres intentos logró que el toro doblara. Lástima, perdió las orejas. Calentó el ambiente.

Con el segundo de su lote un toro de Fernando de la Mora, justo de presencia y de juego más que regular, el Juli nuevamente se puso en Maestro. Bregó al burel y le remató con una media. Una forma extraordinaria de fijar al animal que ya mostraba un juego irregular. Quitó por chicuelinas, muy ajustadas y pausadas, el público entusiasmado esperaba la faena. El toro, no era de esos de carretilla, por el contrario, el cornúpeta no tenía la menor clase, pero enfrente tenía una muleta muy poderosa y un torero decidido a defender su sitio. Literalmente, el Juli se embraguetó y logró poner al público de su lado. Una faena ajustada, donde prácticamente el torero se jugó la vida, vino a desquitar el honorario con una faena de poder. Marcó la diferencia, supo transmitirle al público su decisión ante un toro que no valía nada. Se tiró a matar y dejó una estocada entera trasera que fue suficiente para que el toro doblara. El público enardecido pidió las orejas las cuales fueron correctamente concedidas por la autoridad. Hace tiempo que no se cortaban dos orejas a ley, que no fueron protestadas.

Con el tercero de su lote, poco pudo hacer, un toro con muy buena estampa de Montecristo cuyo juego dejó a desear. Desde el capote, tiró dos derrotes que nos hicieron ver que la faena se complicaría, el Juli se quedó con la lidia del burel pero eso no fue suficiente para que el toro cambiara la lidia. Con la pañosa estuvo voluntarioso, no logró conectar con el toro y con el público. Mató al segundo intento y se fue con palmas.

Para el novel Diego Silveti fue una tarde de compromiso. Vestido elegantemente de verde manzana y oro, tenía gran compromiso enfrente. Debemos reconocer que este torero, a pesar de sus carencias técnicas, es el mexicano que más le ha llegado al público, pero con una tarde difícil de sortear, pues en sus dos primeros turnos, el público estaba terminando de digerir lo hecho por el señor López. Diego sorteó (o eligió) para su lote dos toros de Fernando de la Mora, cuyo juego y presencia dejaron mucho que desear. No estuvo mal, pero lo hecho por su alternante tenía un odioso punto de comparación que difícilmente se podía borrar. A su primero no lo logró templar, su trasteo fue regular y escuchó palmas. Con el segundo de su lote estuvo voluntarioso, pases por ambos lados muy templados, pero la faena se le vino a menos, quiso levantarla con bernardinas, pero lo soso y avanto del toro le impidieron meter a la gente en su faena. Falla con el estoque y todo queda en una salida al tercio. Con el último de la función de Montecristo, Silveti estuvo bien a secas, buenos lances a pies juntos, un quite por brionesas con más ganas que calidad, y un trasteo de voluntad. Buenos pases templados sobre todo por izquierda, pero faltó ligarlos para que el público emocionara. Aun así, consiguió por la petición popular una oreja. La Puerta Grande fue solo de quien realmente la mereció y se la ganó a pulso, el señor Julián López.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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