17ª y Aniversario de la plaza México

LA OPINIÓN DE JUAN PABLO SILVA

Corrida para conmemorar el 67 Aniversario de la Plaza México, un cartel no muy taquillero (no se llenó el numerado de sombra) pero sin duda atractivo para los taurinos de verdad, pues son tres toreros que tienen una concepción singular de lo que es la tauromaquia y eso se notó hoy en el ruedo. Cada uno dejó huella de su valor y arte, el Zotoluco reafirmó que es un extraordinario lidiador; Morante mostró sus pinturas cuando le fue posible y El Payo vino a demostrar que quiere ser figura del toreo.

Como sucede comúnmente en estos festejos, el juego del ganado dejó mucho que desear. Se lidiaron 3 toros de San Isidro escasamente presentados destacando solo el juego del primero de la tarde. El segundo fue complicado y el tercero fue más difícil aún. Para la segunda parte de la función se lidiaron 3 toros de Barralva un poco mejor presentados, de juego desigual, quizás al quinto se le pudo meter mano, el cuarto y el sexto tuvieron faena gracias a las muletas de sus lidiadores.

Zotoluco (verde botella y oro) despachó al mejor burel del encierro. El primero de la tarde dejó ver que metía bien la cabeza desde que se abrió su matador de capa. El toro noble con poca fuerza fue lidiado por el Zotoluco con pases templados muy ajustados destacando los que dio por el lado izquierdo, toreando muy suave fue consintiendo al animal hasta lograr que repitiera y le permitiera torear prácticamente en redondo. Lo intentó con la derecha acompañando la embestida, casi logra torear en redondo. El toro embestía por ambos lados, tenía nobleza, pero no la fuerza suficiente para que lo torearan de largo. Eso lo entendió el matador y ajustó sus series a las condiciones del astado. Lástima que dejó una estocada desprendida tendida que el animal fue escupiendo. Recurrió al descabello y la emoción fue disminuyendo, todo quedó en una salida al tercio. Con el segundo de su lote, El Zotoluco tuvo enfrente a un animal complicado que fue soberbiamente picado por Ignacio Meléndez, para variar Cristian Sánchez colocó dos buenos pares de banderillas y con ese preámbulo Zotoluco, decidido, tomó los trastos y se fue a enseñarle al toro quien mandaba. Una faena riñonuda, donde no había espacio para el error, el público la entendió y se entregó al Matador. Lástima que de nueva cuenta falló con el acero y perdió el premio que tenía en la bolsa. Lo despidieron con silencio.

Hay toreros que tienen embrujo y uno de ellos es Morante de la Puebla (burdeos y oro). Es un torero diferente, que tiene su propio estilo y su propia personalidad. Así con su primero no se acomodó, el toro le hizo un extraño por el pitón izquierdo y eso fue suficiente para que abreviara con el capote, nada de quites, con la muleta lo intentó solo por derecha, no se entendió con el toro y decidió despacharlo sin más, lo pinchó y lo despidió el respetable con pitos. La adversidad no le inmuta al de la Puebla, el sabe lo que tiene y cuando salió el segundo de su lote, lo dejó correr por el anillo y lo recibió con unos lances con el capote en el envés. Se acomodó y pudo mostrarnos esas verónicas que tanto se extrañaban, rematadas con una media. Se dio el lujo de acomodar al toro en el caballo con una revolera. Lo mejor vino después de la suerte de varas, justo después de que el toro fue picado, sin un capotazo de él o de sus subalternos, recogió al animal y lo comenzó a torear de nuevo por verónicas, estas fueron mejores aún, más despacio, la media fue para un cuadro de artista. Con la pañosa no tuvo tanta suerte, estuvo empeñoso, logró sacar muy buenos derechazos templados con su peculiar estilo que arrancaron los olés de esta plaza. Por la izquierda la tuvo complicada, mostró mucho más empeño que con su primero, estuvo buscando que el toro le embistiera y cuando ello fue posible y el torero se acomodó logró pases muy sentidos que llegaron a la afición. Lástima que volvió a pinchar, aún así le pidieron que saliera al tercio. Nos dejó su solera y destapó el bote de las esencias.

Para Octavio García El Payo (blanco y plata) fue una tarde esperada. No tuvo suerte con el primero de su lote y aún así intentó sacarle una faena, exponiendo innecesariamente, quiso demostrar que venía por su sitio. Abrevió y escuchó unas palmas. Con el sexto de la noche, Octavio tuvo un doble mérito. El toro no era del todo bueno, la lidia que tuvo fue fatal, una parte del público estaba más preocupada por si había toro de regalo y otros ya de plano abandonaban el inmueble. Pues a base de ponerse muy cerca de los pitones, con recursos y decisión, El Payo pudo recoger la atención del público y meterlo a su faena. Un cambiado por la espalda jugándose la vida bastó para que los aficionados volvieran a la faena. El toro con la cara arriba y en más de una ocasión buscándolo no era nada fácil, pero el Payo supo estar ahí, sacó agua de las piedras y logró una meritoria faena con la que demuestra que está de regreso y que quiere ser figura del toreo. Lástima que falló con el estoque, aún así tuvo petición y el público lo obligó a dar una vuelta al ruedo. Una noche de aniversario donde la afición salió satisfecha.

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