Primera cata de la temporada en Olivenza (II). El delfín de los Posada acaba con el cuadro

Fue jornada doble la del primer domingo de marzo. Doble y mojada porque, a ratos, no dejó de llover. No importó para que la bella placita de Olivenza casi se llenara por la mañana y se abarrotara por la tarde como en el primer festejo.

La novillada se presentaba ciertamente ilusionante con cinco novedades: Reses de El Juli a nombre de El Freixo que así se llama la finca que el maestro madrileño le compró a Paco Ojeda. Por cierto, a un tiro de piedra de Olivenza. Y cuatro debutantes con picadores: Miguel Ángel Silva, José Garrido, Posada Maravillas (los tres de Badajoz), y el sevillano Lama de Góngora. Solamente habíamos visto al último que fue quien llegó precedido de más fama y mayores expectativas.

Pero lo que no podíamos imaginar es que la jornada quedaría para el recuerdo y hasta me atrevo a decir que para la historia con lo hecho por el alevín de la dinastía Posada que se hace llamar Posada Maravillas, apodo que cumplió más que con creces porque este “niño” a quien yo conocí cuando lo era muy tiernamente, se nos destapó como una de las maravillas más maravillosas que uno haya visto nacer en el toreo. No se puede torear con más naturalidad, ni con más soltura, ni con más gracia, ni con más duende, ni con más verdad, ni con más desparpajo, ni con más temple, ni con más compás, ni con más sentido común conforme a los cánones más clásicos. Especialmente al natural es un prodigio.

Sé que muchos dirán que los dos novillos de El Freixo que le tocaron fueron excelentes – quizá los mejores de la estupendamente presentada y en conjunto muy buena novillada -, pero señores, solo voy a decir una cosa: si esta maravilla de maravillas del maravilloso Posadita la repitiera de vez en cuando, el más joven de los Ambel podría ser una gran figura del toreo. Y si fuera capaz de hacerlo a los toros corrientes, un figurón. Ojalá así sea. Lo que ya no le va a quitar nadie es que su nombre ha quedado escrito como la gran revelación del año 2013 cuando la temporada acaba de iniciarse. Lo de manos fueron las cuatro orejas y el rabo simbólico que cortó.

!Cómo me acordé de su abuelo Juan¡ Querido, queridísimo e inolvidable amigo Juanito: si lo hubieras visto vivo te habrías vuelto terrenalmente loco… Imagino que en el Cielo no se hablaría ayer de otra cosa. El apaga y vámonos de Posada de Maravillas tras matar simbólicamente al séptimo novillo de la jornada matinal que fue indultado por su eterna bondad y, sobre todo, gracias a lo que le hizo y a cómo lo hizo, fue uno de los impactos más grandes e impresionantes que yo haya tendido en mi ya larguísima vida de aficionado. Asombró a todos los presentes y, la verdad sea dicha: acabó con el cuadro.

Este cuadro se había compuesto con un muchacho muy alto llamado Miguel Ángel Silva que llegó afamado por la tremenda cornada que le pegaron el año pasado y por casi nada más. Resultó ser un ángel desangelado. Parsimonioso en todo menos toreando. Solamente uno más. Cortó una oreja del primer novillo. Al siguiente, José Garrido, le vi tan capaz como corriente. Cortó tres orejas. En cuanto al último contrincante, Lama de Góngora, la verdad es que esperamos mucho más de lo que alcanzó a lograr en esta ocasión. Pues aportando virtudes en las que mezcla el empaque con la gracia y algunos dones de vistosa improvisación, no sé si porque sus novillos no fueron los mejores de la tarde o porque, sobre todo con el octavo, todos habíamos quedado deslumbrados por la maravilla descubierta, fue el caso que a Lama también le debió afectar el síndrome de la comparación.

Síndrome que continuó por la tarde porque la horrible corrida de toros que nos trajo Fernando Domecq de su ganadería llamada Zalduendo, dio al traste con los ímprobos aunque infructuosos deseos de Morante de la Puebla ( el único que al menos pudo destaparse con belleza en tales o cuales lances y muletazos en el arranque de sus dos faenas ), José María Manzanares que solamente pudo lucirse en dos de sus siempre magníficas estocadas, y Alejandro Talavante que fue muy celebrado por sus paisanos mientras duraron sus largas y por cierto insustanciales labores muleteras. Si hubiera matado bien, quizá le habrían regalado una oreja de cada uno de sus oponentes. Los dos únicos que, al menos, se mal movieron y duraron más que sus hermanos.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Antonio Fuentes dice:

    Gran crónica, José Antonio. Enhorabuena. Un fuerte abrazo!!

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