5ª de Fallas en Valencia. La terna, por encima de una horrorosa corrida de Miura

Infumable corrida casi en su totalidad aunque salvada por los tres matadores. Rafaelillo, Fernando Robleño y Javier Castaño se la jugaron en una arriesgada demostración de hombría y profesionalidad. Un sobrero de Valdefresno, apenas salvó el desastre ganadero. Estamos en el siglo XXI y el toreo así carece de sentido. Actualmente, si no hay contrapartidas artísticas posibles, la lidia se convierte en un arriesgado matadero sin sentido. Así se da razón a los antitaurinos.

Valencia. Plaza de la calle Xátiva. Miércoles 13 de marzo de 2013. Quinta de feria. Tarde muy fría y ventosa con menos de un tercio de entrada. Cinco toros de Miura y un sobrero de Valdefresno que reemplazó al segundo, devuelto por muy flojo. Muy bien presentados y muy difíciles en distintos grados. Imposible el primero. Manso y finalmente rajado aunque noble el sobrero. Aparentemente bravo en varas y muy a menos aunque brevemente manejable el tercero. De brevemente mejor a muy peor el cuarto. Peor aún que los anteriores el quinto. Y apenas medio manejable el sexto. Rafaelillo (grosella y oro): Estocada habilidosa y descabello, silencio.  Valentísima estocada en lo alto, gran ovación. Fernando Robleño (burdeos y oro): Estocada caída al hilo de las tablas, ovación con saludos. Tres pinchazos, estocada muy tendida, dos descabellos, sablazo en el chaleco y tres descabellos, dos avisos y silencio. Javier Castaño (perla y oro con remates negros): Pinchazo hondo y media arriba, ovación. Pinchazo y media estocada, ovación.

Cuando los toros de Miura los toreaban casi todas las figuras con bastante asiduidad, las míticas reses solían dar un juego desigualísimo .  Con frecuencia saltaban bravos y nobles entre los mansos con el clásico y personalísimo peligro que fueron los que más fama dieron a la histórica divisa. Las muertes de diestros importantes que causaron – la de Manolete sobre todo – aumentaron la leyenda hasta el punto de que los públicos acudían en masa a verlos lidiar toreara quien torease. De ahí que, desde hace varios años, las empresas decidieron anunciar los miuras con toreros baratos porque era un buen negocio. Pero, también por ello, los diestros con más fuerza de las tres últimas décadas, se negaron a torearlos no porque los temieran sino para que nos les pusieran el sello de modestos. Con el tiempo y mientras los miuras fueron perdiendo categoría y tirón taquillero, los torean diestros llamados “especialistas” como los que actuaron ayer. Únicamente si alguna estrella quiere hacer un gesto llamativo, vuelven a llenar las plazas como sucederá este año con El Juli en la próxima feria de Sevilla. Los  matadores encargados de lidiarlos en la quinta corrida de Fallas fueron, precisamente, tres de los llamados “especialistas”. Y desde luego que lo vienen acreditando.

Rafaelillo, murciano de pro y ducho en estas materias mirueñas a fuer de actuar en muchas corridas, tuvo que vérselas con el primer toro de la tarde. Salió mirando a todas partes, frenándose, quedándose muy corto y echando las manos por delante en el capote. Salidas así hemos visto a cientos de Miura. Un gran primer puyazo le pusieron tapándole la salida y, sin quite del matador, otro en el que medio cumplió. En banderillas y luego en la muleta hizo lo mismo que había hecho con los capotes: venirse, frenarse y echar la cara arriba. Bien los peones con los palos.  Rafaelillo empezó la faena por bajo y sobre las piernas, sin pararse porque fue imposible quedarse quieto. Y lo mismo después con la derecha. Muy mirón el toro por si le faltaba algo, no hubo manera de aquietarse ni de pasarlo con la muleta por ningún pitón. Un toro para machetear, matar y punto. Demasiado estuvo intentándolo Rafaelillo. En estas temimos que los cinco restantes salieran así. Muy habilidosamente le metió la espada el murciano. Pero luego tuvo que perseguir al toro para descabellar. Horrible la condición de este morlaco.

Larga de rodillas de Rafaelillo en el recibo del cuarto, no malos lances y bonita media. Este, por lo menos de salida, pareció dejarse más. Vana ilusión. Casi desarmó a Rafaeillo al llevarlo al caballo ante el que manseó protestando y repuchándose. Más que regular en palos y, así y todo, Rafaelillo lo brindó para echar todo en el asador logrando un trasteo entusiasta y aguerrido sin que el toro pasara del todo en los intentos de dar pases. Se la jugó de verdad el murciano sin apenas contrapartidas favorables. Mató como un jabato.

El madrileño Fernando Robleño, tan pequeño de estatura como grande de corazón, también lleva muchas temporadas en estas lides. Animó la alegre salida del segundo que llegó enseguida a tablas galopando aunque evidenció falta de fuerza. Como su hermano anterior, no se dejó torear aunque este por muy débil.  Apenas quiso ver el capote de Robleño. Protestas del público cuando blandeó en la aliviada suerte de varas hasta lograr que fuera devuelto a los corrales. En su lugar soltaron un sobrero de Valdefresno. Muy armado y bien hecho en serio. Atanasio puro, manseó de salida y tampoco tuvo fuerza. Apenas cumplió en varas yéndose al caballo contrario y repuchándose. Manso, pues. Luego vimos que era de los que se van arriba y a mejor de este encaste. Difícil en banderillas pero bueno en la muleta. Bien por bajo Robleño en el arranque de la faena.  Y valiente aunque impreciso en las primeras tandas con la derecha. Puede que sorprendiera al torero. Breve al natural por donde el toro no fue igual. Y mejor otra vez con la derecha, temple y mando, aunque con el toro ya rajado hacia las tablas. En ese sitio debió matarlo pronto con el toro rendido en vez de intentar sacarlo al tercio. No hubo manera. Siempre se fue a las tablas. Y entre una cosa y otra, estocada al hilo de la barrera. Bien.

Suelto y echando las manos por delante saltó al ruedo el quinto. Desarmado enseguida Robleño. Otra prenda. A estas alturas de la corrida, ya estábamos hartos de los dichosos miuras. ¿Cómo pretender que el público acuda a  ver esto? La desilusionante lidia transcurrió aún más difícil que las anteriores. Robleño tampoco pudo dar un solo pase en serio. Bastante hizo librándose de innumerables tarascadas descompuestas y hachazos criminales. Las paso canutas para matar.

De los toreros más destacados entre los últimamente recuperados, Javier Castaño es el que más y mejor lo ha demostrado. Una grata y sorprendente transfiguración. Segundo toro de los de Miura en la arena. Castaño hizo bien sacándolo con el capote de su marcada querencia a tablas desde que salió. Bien el picador mientras protestaba el morlaco al sentir el hierro. Castaño le colocó desde muy lejos para el segundo puyazo y el toro se vino pronto en el segundo encuentro sin apenas castigo. Y otra vez desde más lejos aún. No convino la escenificación porque hubo que cerrar al toro, no precisamente tan bravo para eso. Desde los medios fue al tercer encuentro. Y la gente encantada con esta manera de organizar el tercio de varas. Fórmula que le valió un gran triunfo en Nimes el año pasado. Brillante David Adalid en banderillas con el toro galopando. ¿Será posible que embista algo a la muleta? Ojalá. Pues pareció que sí, aunque blandeando y defendiéndose. Muy firme Castaño pese al ventarrón, con el toro a menos y piteando protestón. Con las dos manos, muy por encima del toro el salmantino aún sin poder completar casi ningún muletazo por el viento. Y por ya rajado, pinchazo hondo sin soltar cerca de las tablas y media en su sitio.

El sexto toro salió con muchos pies para echar las manos por arriba y revolverse raudo en el capote. Y, para colmo, se derrumbó al salir de un puyazo. Menos mal que los banderilleros cuajaron un gran tercio. Castaño volvió a mostrarse muy firme y, en lo posible, templado con la muleta sobre ambas manos. Este toro fue el que más se dejó aunque también se quedó corto. El mejor de los malos, quiero decir, que fueron todos.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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