9ª de Fallas en Valencia. Gran tarde de El Fandi, a hombros con El Cordobés, y Finito como en sus mejores tiempos

Con una muy noble corrida de Núñez del Cuvillo, lo de más calidad  lo hizo Finito de Córdoba que perdió trofeos por pinchar, lo más completo El Fandi  con tres orejas y lo más popular El Cordobés que corto otras dos.

Valencia. Plaza de la calle Xátiva. Domingo 17 de marzo de 2013. Novena de feria. Tarde desigualmente nublada con un momento de lluvia y tres cuartos de entrada. Seis toros de Núñez del Cuvillo (corrida sustituta de la anunciada y no aprobada, Zalduendo), desigualmente  presentados, bien hechos, justos de fuerza y nobles en distintos grados. Ideal para el toreo el primero. También el segundo. Más que manejable el tercero. Sin clase alguna el manejable cuarto. Finalmente manejable el quinto. Y muy noble el sexto hasta morir. Finito de Córdoba (azul noche y oro): Estocada desprendida, petición insuficiente y gran ovación. Pinchazo, estocada corta y descabello, ovación. El Cordobés (avellana y oro con remates negros): Estocada, oreja popular. Media muy tendida caída, oreja. Estocada muy tendida caída, oreja aún más popular. El Fandi (marino y oro): Pinchazo y gran estocada, oreja. Gran estocada, dos orejas. Salió a hombros junto a El Cordobés.

Dice el refrán que en la variedad está el gusto. Lo podemos aplicar fielmente al cartel fallero de ayer. Tres toreros de corte absolutamente distinto. Los dos más veteranos, sin la fama ni la fuerza que tuvieron hace años como protagonistas en el ruedo, mientras que  en los medios figuran con notable presencia.  Finito de Córdoba alternando últimamente sus actuaciones frente al toro – muy pocas en plazas importantes – con los micrófonos de la televisión como comentarista de las corridas trasmitidas en directo. Ignoro en cuál de las dos misiones se encontrará más a gusto. Donde últimamente hemos visto más feliz a Finito es toreando en las plazas de tienta. Ahí sigue siendo incomparable. Pero ayer e insospechadamente, también en Valencia tras tres años fuera de serios combates. Algún día habrá que escribir más detenidamente de los excepcionales tentaderos de Finito y de su faceta televisiva porque el tema de los toreros periodistas tiene tantas aristas positivas como otras de difícil comprensión y dudoso respeto a sí mismos y, no pocas veces, a sus propios colegas… Respecto a Manuel Díaz El Cordobés – mediático de siempre por todos los costados y con mucho éxito por cierto – , la virtud que sostiene con la misma fuerza que cuando empezó es su arrolladora simpatía con la que soporta cualquiera de sus actuaciones, sean como sean. Aunque ya no es quien fue, independientemente de su estilo entre jocoso y serio, ayer también tuvo ocasión de disfrutar. Quien sigue siendo absolutamente fiel a su personalidad puramente torera es David Fandila El Fandi, diestro tan discutido como indiscutible porque, guste más a menos a los puristas, es quizá el que más lo da todo en cualquier plaza que actúe, un profesional como la copa de un pino y el más seguro, espectacular y poderoso banderillero de la historia.

Con el general deseo de que los seis toros de Núñez del Cuvillo no fueran como el sobrero de la tarde anterior, saltó el primero a la arena. Bien presentado y bien hecho, remató en tablas y metió velozmente la cara yendo largo aunque punteando por arriba al final. El gran estilo capotero de Finito en sus lances quedó algo ensuciado por las dudosas condiciones del animal. Por no sobrado de fuerza, no se extremó el castigo en varas. Pero rompió a muy noble en la muleta. Y Finito, fiel a su porte, que eso no hay quien se lo quite, lo bordó primero por bajo y luego por armónicos redondos de creciente y cara factura. No le faltó a lo largo de la faena, sobre todo en una postrera tanda diestra sensacional.  Y largos los naturales aunque por el lado izquierdo no fue tan bueno el toro como por el derecho. Bellos ayudados por bajo y por alto, y esa manera de irse del toro exclusiva de los elegidos. ¡Aleluya¡  Hacía mucho tiempo que no veíamos tan bien a Finito.  Y una estocada casi entera algo tendida y desprendida. Yo le hubiera dado una oreja sin dudarlo.

Y más después de la que ya le dieron a El Cordobés antes de que saliera el cuarto toro. Buenos los lances a pies juntos y la media de Finito en el recibo. Con indudables ganas y sobrado sitio el de Córdoba. Se notó que había venido muy preparado físicamente y que había toreado mucho en el campo. Atento a la lidia y presto a cualquier reacción del toro que, desgraciadamente, además de que no le sobraron las fuerzas en la suerte de varas ni en la de banderillas, en la muleta no fue tan fácil como sus hermanos. Sin embargo, Finito anduvo seguro, tranquilo y sacando del toro lo bueno que tuvo hasta lograr meterlo en cintura sobre las dos manos con bello clasicismo y ajustado temple. A este mismo toro, el Finito de los últimos años se lo hubiera quitado rápidamente de en medio.

El Cordobés lanceó de puro trámite en su recibo al segundo. Un toro menos cuajado que el anterior. con pinta. Pero otro toro claro aunque con menos brío. El Cordobés se limitó a bregar. Pero no faltó el quite de El Fandi que no perdona ni uno. Ya había empezado a llover cuando tocaron a banderillas. El Cordobés, muy en su papel gestual, se pasó al toro por las afueras con la derecha intercalando sus especiales y exagerados adornos que tanto gustan a su público. Le jalearon sin parar. Incluso unos naturales ayudados y otros sin la espada por delante. Todos vulgares aunque correctos y hasta templados sin trasmitir tanta algarabía popular. No faltaron sus miradas provocadoras al tendido, ni sus risotadas antes de terminar otra vez con la derecha y con los ranazos, recibidos con delirio. Mejor así. Estocada y oreja pedida con más gritos que pañuelos. En su salsa Manuel. Y la gente feliz.

Se confió más con el capote en el saludo del cuajado y bien armado quinto. Y, ante tanto volumen, le pegaron en el primer puyazo. Suelto para empezar y con más fijeza  banderillas, tardeó y probó en la muleta. Pero con todo y con eso además de revoltosillo, El Cordobés lo afrontó en serio – no era toro de bromas – tratando de meterlo en el engaño, consiguiéndolo sin uniformidad en sucesivos aunque en su mayoría aislados pases, salvo en dos muy aceptables rondas que ligó al natural. Momento en que el toro se cansó y El Cordobés volvió a dar rienda suelta a su ser más efectista que fue con lo que logró animar a su parroquia. Pese al feo espadazo con que mató, le regalaron otra oreja y, lo que son las cosas, pudo salir a hombros por la Puerta Grande.

Y El Fandi como siempre en torero incondicionalmente entregado y en su lidia total. Menos en la suerte de varas, nadie intervino ni tocó al tercer toro más que El Fandi. Desde la larga de rodillas en el recibo seguida de lances francamente buenos, templados y variados, hasta matar, pasando por el momento de su máximo clímax. Noble también este animal y como sus hermanos limitado de fuerza – apenas les pegaron en varas – cubrió el segundo tercio con la fácil espectacularidad que casi nunca le falló en cuatro brillantes pares con esa manera única que tiene de preparar, arrancar, clavar y salir de cada uno, perfectamente elegidos los terrenos y las querencias más adecuadas. Pero es que, además y como El Fandi ha adquirido reposo, templanza y, no digamos, muchísimo oficio, llevó a cabo una faena completa, variada y templada sobre ambas manos – muy bien al natural – en correspondencia al buen comportamiento del toro en el último tercio con tal o cual defectillo sin importancia. Con adornos, circulares y recursos efectistas de todas clases y colores  terminó su faena el granadino hasta matar de pinchazo arriba y una enorme estocada de la que rodó inmediatamente el toro.

Reeditó lo anterior con el sexto y último de la tarde con la diferencia respecto al capote de un quite por Zapopinas. Volvió a armar un lio con las banderillas con el añadido de colocar perfectamente dos pares en un mismo arranque tras el primero y un cuarto celebradísimo. Y como este toro postrero también se dejó, sin clase pero se dejó, el granadino cuajó otra faena muy de su particular y abundante cosecha. Un coser y cantar variadísimo de incuestionable valía. Acertado en tiempos y distancias, también templado y, con la gente en pie gritando torero-torero, certerísimo al matar. Dos orejas y, esta sí, muy merecida puerta grande.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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