10ª de Fallas en Valencia. La oreja que cortó Perera fue poco para lo importante que estuvo. La que le dieron a Padilla, más por la pasión

Irreprochablemente presentada, la variada corrida de Jandilla no redondeó. Juan José Padilla, arrollador y espectacular, cortó una oreja de su mejor cuarto toro. Perera, firmísimo y templado toda la tarde, cortó otra del sexto y dio una lección de poderío y verdad. El Cid, aunque quiso mucho, no pasó de un medio tono.

Valencia. Plaza de la calle Xátiva. Lunes 18 de marzo de 2013. Tarde soleada y fresca con viento y dos tercios largos de entrada. Seis toros de Jandilla, cinqueños, de preciosa presentación y conforme al tipo de esta ganadería.  Dieron juego desigual. Manejable aunque quedándose corto y pronto abajo el primero. Noble y encastado el segundo aunque mejor hubiera sido sin el viento. Manso, violento y desarrollando peligro el tercero. Encastado y noble por el lado derecho el cuarto. Noble sin clase pero más que manejable el quinto. Noble sin más el sexto. Juan José Padilla (malva y oro con remates negros): Estocada trasera, aviso y ovación. Pinchazo y estoconazo, oreja y excesiva petición de otra.  El Cid (amapola y oro): Estocada desprendida y descabello, ovación. Pinchazo y estocada, ovación. Miguel Ángel Perera (turmalina y oro): Estoconazo, petición insuficiente y gran ovación. Estoconazo desprendido, oreja.

Cada torero tiene su techo en las principales dotes que deben tener para ser gente en esta dificilísima profesión: valor, inteligencia, personalidad  y lo que llamamos arte aunque, en esto de arte, también cuentan los gustos propios y los ajenos por aquello de “para gustos, los colores”. Las dos primeras están muy relacionadas entre sí porque, sin mucho valor – ese que no se nota – la inteligencia no funciona a tope por mucho que se tenga sin estar delante del toro. Una inteligencia sui géneris la de los buenos toreros, capaces de descubrir en décimas de segundo los problemas que presentan las reses de lidia y, casi al mismo tiempo, lograr resolverlas. Por ello, a los toreros hechos solo cabe exigirles lo que cada uno puede dar en función de cómo se comporte cada toro que les corresponda lidiar y del momento que atraviesan.

De los toreros que actuaron en la penúltima corrida de estas fallas, también podemos decir lo mismo que los de la tarde anterior. Son muy diferentes entre sí. Juan José Padilla un todo terreno que fue importante en sus años más jóvenes por los grandes triunfos que cosechó frente a enormes toros de las ganadería más difíciles,  desde la pasada temporada vive y disfruta de una categoría digamos superior como consecuencia de estar participando en festejos de alta alcurnia en su mayoría con reses de las divisas más apetecibles gracias al enorme impacto mediático que tuvo su terrible cogida en la feria del Pilar de 2011 y, sobre todo, de haber obrado por sí mismo el milagro que supuso recuperarse física y psíquicamente como nadie, ni él mismo, hubieran podido imaginar. Superada la pérdida total de un ojo, verle actuar ahora como si viera con los dos, es increíble pero cierto. A eso le debe estar metido en los mejores carteles de las ferias. El gran problema es andar a la altura de esta situación tan especial en la presente temporada. La segunda de su nueva etapa, todavía aupado por la fama de la desgracia que padeció.

El Cid, figura hecha a base de esfuerzo personal para tragar varios años de quinario hasta decantarse en un torero superclásico con más pinta de castellano que andaluz. Ocupó lugares de excepción durante varias temporadas con gran regularidad en el éxito, jalonadas con actuaciones memorables con toros de Victorino Martín – la tarde de los seis para él solo en Bilbao fue histórica -, antes de atravesar un preocupante bache, ya superado aunque sin la gran seguridad que tuvo en sus años cenitales.

Y Miguel Ángel Perera es el que más ha perfeccionado y unido en su sola persona todas las revoluciones que ha habido en el toreo hasta perfeccionarlas técnicamente, no solo gracias a su propósito de conseguirlo, también a un valor fuera de lo común. De otra manera, no hubiera podido superar la gran cantidad de graves cornadas y percances que ha sufrido en su todavía corta vida de matador de toros. El año pasado no toreó en Valencia. Pero ayer regresó donde ha conseguido importantes triunfos. Vamos a contar lo que pasó.

Firme Padilla en sus verónicas al primer toro sin entrega en su inicial embestir. Galleó por chicuelinas para llevarlo al caballo con el que cumplió. Vistosos pares de banderillas del matador pese a no acudirle el toro como hubiera querido. Y muy  molestado en su largo empeño con la muleta sin posible lucimiento. Mató de estoconazo trasero entrando con verdad. Pero con el cuarto, Padilla quiso ser el famoso Ciclón de jerez. Lo fue con el capote en un derroche de ganas y variedad. Cinco largas cambiadas, lances a pies juntos, galleo, quite de frente por detrás. Tres vibrantes pares de banderillas. El toro tuvo pies veloces y el torero lo aprovechó como sabe hacerlo, escenificando el tercio en plan heroico. Como también la faena en su inicio de rodillas en los medios y sucesivamente emotiva y amplia con la derecha sin que faltara el dichoso vendaval. No se dejó nada el toro por el lado de los naturales y Padilla volvió a la mejor mano con un festín más templado y mejor dicho. Desplates y altos diestros de rodillas en un provocador alarde. Se le entregaron los tendidos. Pero pinchó antes de recetar otro estoconazo, lo que no importó para que le dieran una oreja con mucha fuerza.

El Cid fue desarmado al dar el primer lance y el toro, segundo de la tarde, se pegó un volantín al salir del tercer capotazo. Humilló mucho. Suelto después y pronto al relance hacia el caballo. No le pegaron temiendo los efectos de la voltereta. Por definir  e inédita su embestidas. Firmes gaoneras de verdad, llevado al toro templado y toreado de Perera en el quite. Tenía muchas ganas de ver a alguien darlas así. El Cid pudo ver mejor como iba a ser el toro en la muleta y brindó la faena. Derechazos sin probaturas previas. Y, desde la media distancia, más con la derecha con la pega del molesto viento. Rompió el toro a largo y encastado al embestir para los naturales, solo que también muy molestado El Cid por el incesante soplido de Eolo. Una pena porque, sin viento, la faena hubiera sido posible. Mató con decisión.

El quinto sacó genio, tuvo poca fuerza en su principio y manseó en varas. Pero como embistió pronto, fijo y noble en la muleta, El Cid pudo explayarse por redondos de mayor a menor expresión. Sin estar del todo a gusto, naturales de varia factura sin cuajar ninguno de los suyos mejores. Vuelto a derechas, el toro no fue el de antes y la faena no pudo redondearse pese al empeño del matador en busca de al menos un trofeo que no llegó porque, además, El Cid pinchó antes de enterrar al espada.

Aún quedaban en aire las gaoneras del quite de Perera cuando salió el tercer toro. Una declaración de principios que se tradujo en varios lances al delantal a pies juntos. Noble el toro aunque esperando demasiado, escarbando y muy aquerenciado a tabas, fue picarlo sin colocar y por dentro. Siempre suelto, hubo que irse donde quiso el toro. Que es lo que hizo Perera para su quite por tafalleras y chicuelinas, valentísimo y emocionante. Cubierto el segundo tercio, Perera empapó su muleta con agua para que pesara más y brindó determinante. Iba a por todas. Tardo y violento el toro. Firme y seguro el torero. Soberanos redondos aguantando el la agresiva embestida del animal. Y, enseguida, el exclusivo parón de este dechado de la quietud torera. El toro salió suelto de los largos naturales y pareció no querer nada por el lado izquierdo. Pero Miguel Ángel le obligó a hacerlo hasta volver al parón más auténtico sufriendo un peligroso enganchón por el pecho que no fue cornada de milagro. Impresionante Perera en su estoicismo posterior. Estoconazo hasta las cintas. Aunque no fue lucida la faena, la importante valentía del extremeño debió ser premiada con una oreja. Muy mal los que no la pidieron.

Mejores hechuras que hechos de salida el sexto. Andando,  escarbando y echando las manos por delante en los lances de Perera que pegó dando ganando pasos, como sabe hacerse. No había salido ningún toro bueno-bueno de verdad. Y ¿este? Quien sabe… Salió como mortecino del caballo, se distrajo en banderillas y, tras repetir Perera el brindis en los medios, allí se quedó para imponerse a cualquier embestida y circunstancia. La fe mueve montañas. Y la de Perera no tiene límites. Firmeza total y mucho temple fueron la clave para que el toro obedeciera a las imperiosas órdenes del matador.  Obligando a embestir a su oponente con incuestionable poderío y siempre con la muleta puesta por delante. Se dejó este toro más que su anterior pero Perera hizo que mejorara en sus manos. Tanto con la derecha como, sobre todo, al natural. Perfectos los pases de pecho, preciosas las trincheras y, cómo no, la sobredosis con otro arrimón de los suyos. Completamente exprimido el toro, solo faltaba matarle bien.  Y así resultó. La oreja cayó por su propio peso.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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