Domingo de Resurrección en Sevilla. El magisterio de El Juli, por la Puerta del Príncipe

Tarde cumbre de El Juli en su regreso a La Maestranza. Cuajó dos actuaciones completísimas frente al mejor lote de la corrida de Garcigrande y cortó tres orejas en medio del clamor de los tendidos llenos a reventar a pesar del mal tiempo. José María Manzanares dio una importante y bella respuesta al madrileño pero falló en su fuerte más fialble, la espada. Y Morante sin suerte ni apenas aciertos.

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Domingo 31 de marzo de 2013. Corrida inaugural de la temporada y primera de abono. Tarde nublada con lluvia inicial y lleno de no hay billetes. Cinco toros de Garcigrande-Domingo Hernández y un sustituto de Parladé que abrió plaza, bien presentados. Sin fuerza alguna y defendiéndose en sus  cortas embestidas el primero. Muy noble aunque algo venido a menos en la faena el que hizo de segundo. Noble sin clase el tercero. Noble y muy a menos por mal administrado el cuarto. Noble con inicial querencia a salir suelto el quinto, finalmente corregida por quien lo toreó. Inicialmente incierto y finalmente noble el sexto. Morante de la Puebla (verde inglés y oro): Media baja a paso de banderillas y descabello, pitos. Estocada, silencio. El Juli (davidoff y oro): Gran estocada, oreja y petición de otra. Gran estocada, dos orejas. Salió a hombros por la Puerta del Príncipe. José María Manzanares (plomo y oro): Pinchazo y buena estocada, aviso y gran ovación. Estocada, pinchazo, otro hondo y estocada, aviso y ovación.

Fiel a Sevilla durante casi toda mi vida y, especialmente, a su Semana Santa y a su Feria de Abril, ayer amaneció muy nublado el cielo y amenazando lluvia, tal y cómo ocurrió en la mayoría de las jornadas anteriores, consumándose el aguacero sobre todo el viernes que impidió que las hermandades de la “madrugá” llegaran a sus templos – cada paso se refugió donde pudo – y que las cofradías de la tarde no pudieran salir. El disgusto de los hermanos del Cachorro fue morrocotudo. Tres años llevan sin poder sacar a sus imágenes. Pero tantos y tan abundantes chaparrones, no impidieron que los sevillanos de nacencia y de adopción continuáramos fiel a nuestras más queridas creencias religiosas.  Eso en España no hay quien lo pare y en Andalucía menos aún, pese al régimen que lleva más de treinta años robando a sus parados, engañando a los que todavía pueden trabajar,  queriendo quitar los crucifijos en las escuelas y vendiendo ateísmo sin parar. Ayer mismo, por la mañana, la radio oficial de Andalucía en vez de hablar de lo que la gente quiere oír estos días, de las procesiones y de la corrida que iba inaugurar la temporada taurina en La Maestranza, dedicaron horas a contar no se qué historias de fusilados tras la Guerra Civil.  Pues nada, ni caso. La gente de aquí se dejará robar todo lo que quieran los de Junta y los sindicalistas a su pagado servicio, incluso seguirán votándoles los muchísimos subsidiados, pero cada año llenarán las calles hasta rebosar para ver pasar a sus Cristos y a sus Vírgenes como, pese a la crisis, llenarán hasta los topes la plaza más bonita y más sabia del mundo, la de la Real Maestranza. Ahí es nada, Morante de la Puebla, El Juli y José María Manzanares. Mejor cartel, ahora mismo imposible.

Pero a las seis y media en punto, llegó el diluvio y los tendidos llenos se tapizaron de paraguas mientras el dorado albero empezó a encharcarse justo después de que las asistencias retiraran la lona protectora que habían colocado la noche anterior. Repentinamente, se abrió una clara y los matadores salieron a reconocer el piso plaza. Los tres espadas y la presidencia decidieron tirar para delante. Oro, seda, sangre y sin sol…

Morante salió raudo a recibir al primer toro, el de Parladé, y al estirarse con el capote, los pitones del animal engancharon dos verónicas simplemente apuntadas, cortándose en seco los olés del tendido. El toro cumplió en el caballo pero, falto de fuerza, se defendió por arriba al embestir. Mientras banderillearon los peones, seguía lloviendo aunque mansamente. El viento y los cortos cabezazos del toro no permitieron el más mínimo reposo al de La Puebla del Río que, de inmediato, mató al toro alevosamente.

Se sacó la espina en su recibo de capa al cuarto con sus peculiares y siempre jaleados lances. El arte por el arte se mejoró aunque apurando demasiado en el quite a costa de diezmar la escasa fuerza del animal. No basta ser artista por grande que se sea. Hay que lidiar administrando según sea cada toro. De los abusos artísticos pasó Morante a un  proyecto de faena que no pudo redondear por las caídas del burel cuando no por su intermitente embestir. Tanto quiso cuando ya era imposible, que cansó a muchos espectadores.

Autoritaria declaración de intenciones de El Juli recibiendo al segundo toro a porta gayola. Se puso lejos de la puerta de chiqueros y, tras cuajar limpiamente el arriesgado lance, se lió a pegar verónicas francamente emotivas. El madrileño venía a por todas. El de Garcigrande se dejó pegar bravamente en el caballo y El Juli quitó enlazando chicuelinas de manos bajas con muy lentamente recreadas tafalleras y una media de lujo. Las palmas echaron humo. El Juli se está depurando una barbaridad como capotero. Había toro y El Juli lo brindó al conclave. Se presentía grande la faena y, de principio, lo fue por ayudados templadísimos y redondos ajustados. También por naturales en los que el torero tuvo que templarse aún más para llevar al toro prendido pese a que ya empezó a venirse abajo. El Juli reeditó lo ya hecho sobre ambas manos tirando del burel ya casi rajado hasta sujetarlo por completo con más naturales, trincheras y cambiados de excepción. El estoconazo, contrario de tanto atracarse, dejó al toro muerto hermosamente en vida. La oreja que le dieron supo a poco.

Y otra vez a porta gayola en el quinto. No le salió bien porque el toro se desentendió del vuelo capotero. Como tampoco pudo regularizar los lances que siguieron por lo mismo. Este sexto no fue como el primero. Aquerenciado y pegado al peto en varas, continuó queriéndose ir en el quite de El Juli que, muy sabiamente templado, logró sujetarlo. Al salir perseguido tras poner un par, resultó alcanzado, zarandeado y herido Niño de Leganés. Y en estas, El Juli se fue a los medios – el lugar idóneo – para hacer con la muleta lo mismo que había hecho en el quite, sujetar al toro, no dejarlo irse y, además, superarse a sí mismo en maestría, eficaz hondura y progresivo temple. Sin preocuparse de la estética en pos de la mayor posesión del animal hasta llegar a jugar con él dentro de sus terrenos. Cumbre al natural y aún más con los redondos de clausura, El Juli de ayer fue la imagen del poderío personificada. La exactitud lidiadora. Un dechado de tauromaquia que, por si faltaba algo, cerró con una estocada de campeonato. La Puerta del Príncipe ya estaba abierta para don Julián. ¡Enhorabuena¡

La primera respuesta de Manzanares al pronunciamiento julista no se hizo esperar con muy elegantes verónicas de saludo al tercer toro que cumplió en varas alegre pero sin demasiado celo. Magníficos como siempre los peones de Manzanares en la brega y en banderillas. Los tanteos muleteriles de Manzanares son como el bálsamo de fierabrás. Sus redondos diestros, como arcos triunfales. Los de pecho, largas ojivas góticas. Los naturales, como las olas del mar que van y que vienen. Y los adornos, preciosas joyas de engarce. Fue bueno este toro. Pero no tuvo clase. La puso el de Alicante hasta hartarse de torear meciéndose como solo él sabe hacerlo. Pero se pasó de metraje y como el viento le importunó para cuadrar al toro, hasta sonó un aviso y le costó pinchar al primer envite. Pero no para pegar un cañonazo de los suyos al segundo.

No fue agradable por delante el muy alto sexto que, además, no pasó largo en el capote de Manzanares que fue desarmado al llevarlo al caballo donde le cuidaron. Andando de lado y mirando a la hombrera de Curro Javier, llegó a banderillas el que pareció podría ser el toro más deslucido de la tarde. No importó esto para que Trujillo lo bordara en palos. Manzanares se aplicó en corregir los defectos apuntados poco a poco, pero cuando casi lo consiguió con la derecha, sufrió un serio aviso de cogida. Sin que le importara la alarma, Manzanares terminó toreando divinamente por naturales y rehízo lo que parecía imposible, meter al toro también con la mano derecha. A su empacado toreo, añadió haberlo logrado frente a un animal que, al principio, nadie daba un euro por él. Muy importante y finalmente bellísima la obra del alicantino.  Pero otra vez se pasó de faena y falló en su más acreditada especialidad, la suerte de matar. Perdió al menos dos orejas.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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