1ª de la Feria de Abril en Sevilla. Muy bien Lama de Góngora salvo con la espada

Demasiado terciada la novillada de Juan Pedro Domecq y gran triunfo frustrado de Lama de Góngora por sus fallos con los aceros. Los otros dos actuantes, dieron pobre impresión. Con muchas ganas hasta hacerse pesados  el ayer muy vulgar Gonzalo Caballero y calamitoso el debutante colombiano, Sebastián Ritter, un malísimo remedo de José Tomás.

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Miércoles 10 de abril de 2013. Primera de feria. Tarde nublada con media entrada. Siete novillos de los dos hierros de Juan Pedro Domecq, incluido el sobrero que reemplazó al quinto, devuelto tras romperse un pitón. Muy terciados aunque en su mayoría con buenas hechuras y nobles en distintos grados de manejabilidad. Noble sin clase y a menos el primero. Muy noble aunque rajadito el segundo. Poca fuerza pero mucha clase el tercero. Noble sin ninguna fuerza, cuarto y quinto. Manejable el sexto.  Gonzalo Caballero (blanco y plata): Estocada caída, saludos de motu propio. Estocada caída y tres descabellos, silencio. Sebastián Ritter (celeste y oro): Estocada caída, silencio tras ovación al novillo en su arrastre. Cuatro pinchazos y  cinco descabellos, aviso y silencio. Lama de Góngora (encarnado y oro): Tres pinchazos y bajonazo, gran ovación. Tres pinchazos y dos descabellos, aviso y gran ovación.

Hoy en día, las novilladas son un artículo de lujo por su muy escasa rentabilidad a plazo inmediato aunque, cuando en estos festejos descubrimos un nuevo valor con claro futuro, los reconocemos como imprescindible base para el futuro de la Fiesta. La carestía de su organización en la mayoría de las plazas, sobre todo en las de los pueblos – otrora tan frecuentes y actualmente imposibles -, las ha desplazado casi en exclusiva a las plazas de primera categoría. De ahí la importante trascendencia de las que se celebran en las grandes ferias pese al casi siempre escaso público que atraen. Y es que, por desgracia o por intereses de terceros que tantas veces recomiendan aspirantes sin contrastar a las empresas, no suelen resultar triunfales, ni siquiera entretenidas para el gran público.

Lo son siempre para los buenos aficionados, para los profesionales en busca de nuevos valores y, claro está, para los periodistas que ejercemos la crítica, sobre los que recae la difícil y arriesgada responsabilidad de dar el visto bueno o de aconsejar que esta profesión tan exigente y particular no es lo suyo. Por todo ello, en estas novilladas que se celebran en ferias y abonos importantes, solamente deberían actuar los ya probados y aprobados en festejos anteriores de menor alcurnia.

Yo no soy partidario de dar paso a cualquiera que compita porque la benevolencia no deja de ser un engaño que, a medio plazo, termina con enormes decepciones y no pocos problemas para los interesados. Aunque nos cueste muchos disgustos, es mejor hablar claro por el bien de todos aunque duela. Esta sinceridad me ha costado muchos y graves contratiempos y hasta graves amenazas. Lo que no debe importar al crítico para que ejerza su misión como corresponde, diciendo lo que piensa.  Es nuestra obligación aunque la cumplimos muy pocos.
Había ambiente ante la Puerta del Príncipe antes de comenzar el festejo y también en los tendidos maestrantes apenas cubiertos por media entrada. El cartel era prometedor por los novillos de Juan Pedro y, sobre todo, por el regreso a Sevilla de su novillero predilecto, Lama de Góngora, que el año pasado salió a hombros por la Puerta del Príncipe.
El más veterano, Gonzalo Caballero, natural de los madriles y triunfador el año pasado en esta misma feria y en San Isidro, resultó volteado sin consecuencias al intentar dar un lance a pies juntos al primer novillo. Terciadito, bravito y sin demasiada fuerza por lo que se defendió en los embroques y ante el caballo aunque recargó en el segundo puyazo. Intervino en su quite el colombiano Sebastián Ritter, un colombiano ahora bajo la tutela y los consejos de Antonio Corbacho. Enseguida vimos que era un calco de José Tomás en unas gaoneras made in Galapagar, muy quieto aunque en casi todas enganchadas.  Caballero, inédito hasta ese momento, brindó al cónclave una faena iniciada con un pase cambiado zurdo y varios naturales corrientuchos que metió la cara por el lado derecho como lo había hecho por el izquierdo. Los muletazos carecieron de relieve, lo mismo empeñó en alargar el trasteo con un arrimón que fue cuando más gustó a la gente. La inutilidad de la vulgar porfía acabó con otra cogida de la que no resultó herido aunque lo pareció. Los mejores pases los dio después aunque solo dos y como mató de valiente estocada caída, el público le premió con una ovación. La calificación la dejamos para lo que hiciera con el cuarto novillo.
Inconveniente recibo por frustradas gaoneras delante de chiqueros en el segundo de su lote. Un inválido que debieron devolver. La decisión presidencial, dio lugar para que Ritter se dejara coger en un quite sin necesidad ni lógica. Inútil locura. Para la muleta el novillo tuvo clase y se repuso. Gonzalo pudo corregir algo su actuación anterior aunque no del todo hasta ponerse pesado como antes y el público se desentendió de él. Que lo examinen en Madrid.
Como ya habíamos visto a Ritter en su tomasiano quite al primer novillo, no sorprendió tanto frente al segundo. Con quietud y sin demasiado temple lanceó en el recibo. El animal se fue solo al caballo contrario y derribó. Más tomasismo en las tafalleras del quite solamente templado al final. Quien no sorprendió fue Lama de Góngora en su intervención por gráciles y sugestivas chicuelinas. Era la estrella del cartel ya contrastado. El colombiano empezó su faena donde la brindó, en los medios, y citando de lejos. Se quiso ir el animal hacia las tablas, pero Ritter lo sujetó a su muleta ligando redondos muy quieto y, estos sí, bastante templados. El novillo, aunque rajadito, fue extraordinario. Ritter, luego con la izquierda, no anduvo tan a gusto y volvió a la diestra sin convencer por su falta de temple ya apuntada. Mató a la primera. Me temo que tampoco nos convencerá en el quinto novillo. Había desperdiciado al novillo.
El feo y muy chico quinto se rompió un pitón y fue devuelto. Le sustituyó un sobrero de la ganadería titular que apenas pudo tenerse en pie no solo por su nula fuerza sino por como lo tiró al suelo su calamitoso matador. No hubo lugar para que pudiéramos rectificar nuestras anteriores impresiones.

Y Lama de Góngora a porta gayola en el tercero para decir que venía a por todas. El novillo salió suelto del lance,  buscó tablas y Lama tuvo que perseguirlo intercalando buenos y variados lances. Otro mundo respecto a sus colegas.  Al novillo tuvieron que aliviarlo en varas por su poca fuerza y al caerse en la brega del matador, fue protestado sin que la presidencia atendiera la petición al ver que tenía calidad. Ovación cerrada en el brindis del sevillano. Se olía la faena aun sin comenzarla. Soberanos ayudados por alto, cambio, de la firma y de pecho. Bieeeen. Y olor a azucenas en los redondos que pegó de menor a mayor calidad y donosura en dos tantas a cada cual mejor. Y lo mismo al natural. ¡Qué clase, señores¡ Lástima de la poca fuerza del novillo y que Lama se amontonara algo en los adornos finales. Lo arregló con preciosos ayudados por bajo y un suave kikirikí. Y lo desarregló con los tres pinchazos que precedieron a la muy baja estocada. Perdió al menos una oreja.
Al sexto y último también le recibió  a porta gayola y luego pegó otras tres cambiadas en el tercio. Sin embargo, este novillo no pareció ser al principio de su lidia como su anterior enemigo. No resultó lucido en el posterior capoteo y se defendió en el caballo, pero mejoró en banderillas y, aunque no tuvo clase en la muleta, al menos se prestó en una faena ligeramente iniciada, competentemente mediada con ambas manos  – muy por encima Lama del burel – sacando lo bueno que llevaba escondido, y terminada con no poca enjundia y variedad. De modo que, si en su primero Lama fue un gran artista, en este último mostró una incuestionable capacidad. Pero volvió a fallar con los aceros, perdiendo otra oreja y quizá su segunda salida a hombros por la Puerta del Príncipe.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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