5ª de la Feria de Abril en Sevilla. Cuatro orejas para Diego Ventura y resaca del evento Manzanares

En su enfrentamiento con seis toros, el famoso rejoneador de La Puebla del Río solo mereció las dos que cortó del sexto  tras una desigual y vulgar actuación

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Domingo 14 de abril de 2013. Quinta de feria. Tarde calurosa con más de tres cuartos de entrada. Seis toros despuntados para rejones de Fermín Bohórquez, desigualmente presentados. Sin fuerza y manejable aunque soso el primero. Otro tanto el segundo aunque un poquito más alegre. Nobles y más enteros tercero, cuarto y quinto. Estupendo el sexto. Único espada, Diego Ventura (de corto con chaquetilla gris): Cinco pinchazos y rejonazo, silencio. Rejonazo caído barrenando, leve petición y ovación. Rejonazo trasero y muy contrario, oreja. Rejonazo muy trasero, oreja. Pinchazo y rejonazo, petición y gran ovación. Rejonazo, dos orejas.

De la tarde en solitario de José María Manzanares a la de ayer del rejoneador Diego Ventura, asimismo solo frente a seis morlacos, va la diferencia de lo que en el toreo  consideramos arte mayor al menor, dicho sea con todos los respetos para Ventura y sus magníficamente domados corceles. Ello aparte del juego que dan las reses en ambas modalidades. No pueden medirse con los mismos parámetros, por lo que las funciones de toreo a pie casi siempre son bastante menos triunfales que las de rejones.  Nada que ver.

Constatando por delante el asegurado aunque desigualmente valorado triunfo que obtuvo el jinete hispano-portugués de la Puebla del Río del que daremos cuenta más detalladamente en esta misma crónica, lo sucedido en la tarde de Manzanares merece más comentarios que los ya escritos. La resaca ambiental y, sobre todo, la mediática del casi frustrado aunque finalmente triunfal acontecimiento sigue siendo muy grande aunque, desde luego, también muy polémicos.

Y es que hay que puntualizar muchas cosas. La primera es que en las corridas de seis toros para un solo espada, conviene más que pertenezcan una misma ganadería o a lo sumo de dos. Y ello porque suele darse el caso que, si son de distintos hierros, los seis salgan malos, como estuvo a punto de ocurrir en la de Manzanares de no haberlo arreglado el sexto de Juan Pedro Domecq. Dicho esto, los supuestos especialistas deberían acordarse, si las vieron o al menos saber, de las muchísimas corridas de seis toros con un solo matador que terminaron en fracaso más o menos estrepitoso pese a la gran categoría de los protagonistas. Que yo recuerde visto por mis ojos y por mencionar algunos casos especiales, le ocurrió a Luís Miguel Dominguín en Madrid; también varias veces a quien tantas lo hizo para bien y para mal, Antonio Bienvenida; el sonado petardo que pegó en Sevilla el padre del actual Manzanares cuando se encerró con seis toros ; como Paquirri en una Corrida de la Beneficencia en Las Ventas; Joselito Arroyo, maravilloso en varias y fatal en otras tantas;  muy mal Roberto Domínguez en Ronda; Enrique Ponce mal en Las Ventas poco después de tomar la alternativa,  pletórico con los seis de Victorino en Valencia y, más tarde,  con siete de Marca en Dax; Morante nada de nada en Zaragoza y finalmente genial un San Isidro…. Y muchos más que harían la lista interminable.

La verdad fue que el fracaso o, mejor dicho, la ausencia de éxito en estos festejos, siempre fue por el mal cuando no pésimo juego del ganado. Como el de Manzanares hijo anteayer salvo con el sexto. ¿O no?

Pues según algunos colegas béticos, como ciertos madrileños y no pocos aficionados sevillitas, no. Según estos, Manzanares anduvo por bajo de los dos toros del domingo de Resurrección y de al menos tres de los cinco primeros de anteayer. Sonroja que lo digan los siempre incondicionales defensores de sus amores con diestros paisanos, con Curro Romero a la cabeza, el más consentido, sobrevalorado y perdonado de la historia pese a la infinidad de buenos toros que desperdició alevosa y sistemáticamente, masacrándolos en varas y sin quererlos ver. Llegando al colmo de los colmos un sujeto que escribe y habla de toros desde su fracaso como aspirante a torero. Lo que ha escrito de Manzanares estos días es repugnante. Se torea y se escribe como se es.

Según tales versiones, José María Manzanares hijo lleva un año calamitoso y está cayendo cuesta abajo hacia el precipicio. Ya solo nos falta leer que está acabado.  El sábado me referí a estas maneras de ver y anuncié lo que ocurriría el domingo. Me ha dado  asco y hasta vergüenza leer algunas crónicas por las inconfesables razones que esconden. Y es que están aprovechando la mala suerte de Manzanares con los toros hasta lo que va de la presente temporada para intentar hundirlo como sea. Y más algunos “sabios” nacidos a la vera del Guadalquivir, negados rabiosamente a que uno de Alicante se haya adueñado de La Maestranza. Os queda mucho que sufrir. Como también de gozar a la mayoría de vuestros paisanos. Los miles que ovacionaron a Manzanares antes de que saliera el sexto toro para impedir que el torero perdiera del todo la moral. De ahí el berrinche que se  llevaron cuando triunfó tras cuajar una de las mejores faenas de su vida. Y dicho sea para que conste en acta, vamos con los caballitos.

Mucha gente sin llegar al lleno y bastante calor también. Primer día veraniego del año, que ya era hora. Ventura se exhibió con pasos de escuela y los clarines sonaron para anunciar la salida del primer toro. Lo fijó sin ninguna particularidad. Sobriamente. Y enseguida el toro dobló las manos. Pero no importó porque Ventura lo llevó de costado con mucho temple hasta clavar y, una vez en pie, un primer par al quiebro. Cambio de montura para volver a quebrar en la misma cara del animal. Y con un tercer jamelgo, otro quiebro. Banderillas cortas. No faltaron los alardes y las solicitudes al público antes de matar al sexto intento.

Esperamos que mejorase la cosa. Por el momento, nada de particular salvo la música. La banda del maestro Tejera es una de las mejores del mundo y como en las corridas de rejones no paran de tocar, queda compensado el posible aburrimiento. Duró hasta el sexto toro.

Ventura sujetó al manso y huidizo segundo. Otro trotón con el que repitió lo hecho. Se adornó con el caballo llamado Ordóñez con piruetas, recurso muy para la galería, hasta fallar una segunda farpa que clavó en la segunda arrancada. Y las inevitables  cortas sin clavar la primera. Corriente actuación, pues, que cerró de rejonazo barrenando.

Para lidiar al tercer toro salió con una garrocha al hombro y, al recibirlo, propició un momento de emotiva vistosidad. Luego tardeó el toro demasiado desluciendo el tercio de banderillas. Se le cayó una. Muy tibia por el momento la tarde en solitario de Ventura. Lo arregló con pares a dos manos y, tras ampliar la cosecha de cortas, mató de un rejonazo defectuoso, lo que no importó para que se pidieran orejas. Le dieron la reglamentaria.

Antes de  lidiar al cuarto cambió de indumentaria con una estrafalaria chaquetilla. Lo nunca visto. Como también que alternara en banderillas con los dos sobresalientes. Tres caballos y un toro en la arena. Dos buenos quiebros de los colegas y otro de Ventura tras obligar al caballo a doblar feamente las cuatro extremidades y repetir los tres, incluida la mamarrachada de Ventura que mató de rejonazo trasero. Le dieron otro cartílago de pueblo.

Subió un poco el tono en la lidia del quinto toro aunque muchos ya estábamos desentendidos de tanta vulgaridad. La reaparición del caballo “Morante” y los bocados que le tiró al toro levantaron clamores. Buena ayuda para compensar el muermo. Pinchazo y rejonazo. Saltos y cabriolas del jinete ya descabalgado y otra petición desaforada de oreja que, con razón, no fue concedida.

Menos mal que con el sexto llegó lo único verdaderamente notable del festejo. Tanto por la monta como cuanto hizo al llevar al caballo sobre cuatro pistas, cambiar el trayecto, clavar banderillas al quiebro con pura espectacularidad  y hacer todo con seriedad y entrega sin recurrir a ninguna martingala. Con este toro sí que estuvo Ventura a la altura de su fama. Mató bien y cortó las dos orejas más merecidas.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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