6ª de la Feria de Abril en Sevilla. Maravillas de Morante y una buena faena de Talavante

Aunque la corrida de Nuñez del Cuvillo no salió como todos esperábamos, algunos toros dieron lugar a una excepcional demostración capotera de Morante, asimismo sembrado en varios pasajes muleteros, y a una buena faena de Alejandro Talavante al mejor sexto toro. No cortó oreja por pinchar. Castella, muy deseoso y valiente, no pasó de vulgar pegases.

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Lunes 15 de abril de 2013. Sexta de feria. Tarde calurosa con llenazo. Seis toros de Núñez del Cuvillo, desigualmente presentados y nobles en distintos grados de fuerza. Noble aunque escaso de fuerza el primero. Desigualmente manejable con cierta guasa el segundo. Intermitentemente enclasado el finalmente rajado cuarto. Noble y largo aunque muy pronto rajado el quinto. El sexto fue el más completo del envío. Morante de la Puebla (corinto y oro): Estocada corta, petición insuficiente y gran ovación. Pinchazo y estocada, enorme ovación con petición de vuelta que no quiso dar. Sebastián Castella (blanco y bordados de flores y oro): Tres pinchazos y estocada caída, palmas. estocada tendida caída, palmas con saludos. Alejandro Talavante (prusia y oro): Dos pinchazos y estocada, palmas. Pinchazo y media estocada, aviso y gran ovación.

Anteayer leí que el rejoneador Diego Ventura sumó ocho salidas por la Puerta del Príncipe, incluyendo la última del domingo. Pido perdón por no haberlo dicho en mi crónica. Me traicionó el subconsciente porque, dado el poco peso de las dos solitarias que le regalaron, debí pensar que las dos legítimas que cortó del sexto toro no valían por sí mismas para que atravesara la mítica puerta. Desde hace años, hay que sumar al menos tres orejas en corrida normal y cuatro en festejo en solitario siempre y cuando se corten dos de un mismo toro. Así lo exige el nuevo Reglamento Taurino Andaluz. Muchos preferiríamos que este premio se concediera por haber hecho algo verdaderamente excepcional y no por superar una cuenta aritmética. Desde que se impuso la cuenta de marras, han salido muchos toreros por la Puerta del Príncipe. Lógico. Solo había que cortar tres despojos. Pero no todos lo merecieron. Recuerdo tres inmerecidas por la importancia de los favorecidos. Emilio Muñoz, Joselito y José Tomás. El día en que salió Tomás – por segunda vez en aquella feria – yo empecé mi crónica con este título: “La Puerta de Galpagar”. Se armó la mundial. Pero muchos me dieron la razón. Salvo la comentada de Ventura del pasado domingo, las que la precedieron fueron bien ganadas. Las tres de Manzanares de los años 2010 y 2011, y la de El Juli el pasado Domingo de Resurrección. Estas cuatro, indiscutibles. Ya veremos quienes y cuantos la abrirán en lo que resta de feria. Ayer actuaron tres que lo podrían conseguir. Uno de ellos, Alejandro Talavante, ya la abrió una vez. Pero no Sebastián Castella, ni Morante de la Puebla aunque a muchos les parecerá mentira. Y es que Morante no ha cuajado en la Maestranza ninguna de sus tardes indiscutiblemente triunfales de otras plazas. El día que lo consiga Morante, seguro que le llevarán a hombros, no al hotel, sino a la mismísima catedral de Sevilla para entronizarle junto a la Virgen de los Reyes… Ayer casi.

El jabonero que abrió plaza salió varias suelto del capote de Morante en el saludo hasta que, a la quinta, humilló sujeto a cuatro buenas verónicas y media que, cómo no, cantó la gente con sentidos olés. Tenía ganas el de la Puebla y ordenó que no pegaran al morlaco en varas. Solo dos delantales en el quite. Vamos a ver si esta vez sabe administrar la poca fuerza del burel. No lo hizo Castella en un apretado quite por chicuelinas. Cubierto el tercio de banderillas, deprisita y traseritos los tres pares,  Morante no se anduvo por las ramas. Excelsos ayudados por alto, cambio y de pecho sensacionales. Y en el tercio, tres sedosos redondos y el de pecho. Le importunó el toro punteando por arriba en la tercera ronda. Pero no en la breve cuarta. Y con el toro un poquito remiso, cinco naturales de excepción recetados muy cerca del animal. Luego, alternó maravillas con enganchones a izquierdas por lo que bajó la limpieza del bellísimo trasteo, pero no su enjundia de conjunto porque lo bueno fue que se nos quedó en la retina. Es la gran ventaja que tienen los grandes artistas. Una estocada corta y efectiva más lo hecho, no fueron suficiente motivo para la mayoría de los espectadores dejaron en minoría a los que sacaron los pañuelos. Inexplicable e Increíble, pero cierto.

Aunque el cuarto toro salió quedándose corto, Morante logró varios lances a cada cual mejor. Al pegar una media para colocar al toro en el caballo, sufrió una colada. Pero repitió el intento y lo cuajó. Como las chicuelinas del quite aunque el toro siempre se fue hacia tablas donde se encontró con un caballo y allí fue picado. En un segundo quite, Morante sublimó otro por medias y enteras verónicas lentísimas poniendo a los tendidos al bode de un ataque de nervios. ¡Qué maravilla de las maravillas¡ ¡Qué monumental barbaridad¡   Sembrados también los banderilleros, Morante brindó a su paisano don Ángel Peralta. La faena fue más para verla que para contarla. Un prodigio de inspiración ligeramente imperfecto por lo que el toro protestó mientras obedecía. Por eso no podemos calificarla de celestial sino benditamente humana. Con estos toros de nobleza semiescondida, solamente Morante puede estar sembrado. Fue una pena que el animal terminara tan rajado aunque, aún así, los muletazos de aliño de Morante fueron pinturas de Ruano. Morante hubiera cortado quien sabe qué si mata a la primera. Pero pinchó el más grande de los artistas del toreo que uno haya visto en su vida. Tras pinchar de nuevo, el público ovacionó largamente y en pie al gran torero solicitando que diera una vuelta al ruedo y Morante se negó. Hizo bien. Le habían negado la oreja del primer toro.

Castella se apuntó a la moda de este año y recibió al segundo toro a porta gayola añadiendo lances a pies juntos que terminaron saliendo perseguido y arrollado pero no herido de milagro. Derribó el toro en el primer puyazo y quitó por cordobinas Castella. Muy bajas las manos de Talavante en las templadas chicuelinas del suyo. Un buen par de Javier Ambel. Castella ordenó que le colocaran al toro en el tercio y allí inició la faena por alto con la derecha sin que el animal, muy tardo y mirón, respondiera con celo y claridad. También tardío aunque algo mejor embistió por el lado izquierdo aunque tampoco como todos hubiéramos querido. Muy quieto y muy cerca, Castella logró su tanda más ligada con la derecha pero, al insistir, no todos se mostraron conformes. Ni el toro ni algunos impertinentes del tendido. Pinchó el espada francés

A la frustrada porta gayola de Castella en el recibo del gachito colorao quinto, siguieron varios lances templados sin el más mínimo eco. Los que acababa de dar Morante pesaban como una losa. Lo mismo pasó con el quite de Talavante. Castella nos brindó su faena archirrepetida. Pases cambiados en los medios sin moverse y el resto de su repertorio tantas veces visto y ayer celebrado porque pudo ligarlo. El toro embistió largo en su noble embestir pese a lo pronto que quiso rajarse. Castella terminó atragantándose con sus propios pases por reiteradamente insulsos, incluido el consabido arrimón.

Bonito aunque anovillado el castaño tercero. Y buenos lances de Alejandro Talavante solo que bajo el recuerdo de las verónicas de Morante. Inevitable la comparación. Y el toro echando las manos por delante en cada embroque. Aún menos fuerza que los dos anteriores. Surgieron las  protestas mientras se cubría el expediente en varas simuladas. El presidente no quiso devolverlo a los corrales. No le importó a Talavante que, sin tanteos, hilvanó varios naturales de los suyos. No sé por qué cambió de mano para tener que volver enseguida para dar más naturales, ya de distinta factura y calidad por la poca clase del toro. Repitió lo mismo después, ya sin apenas lograr lo que tan bien empezó. E hizo un esfuerzo final con la derecha antes de matar en tres agresiones.

Y otra porta gayola de Talavante.  A este paso, el arriesgando lance se va a devaluar. Más alto y agresivo fue el feo sexto. Vulgar capoteo de Talavante tras la larga. Empujó el toro en un horrible por traserísimo y caído puyazo, protestó en el segundo y empeoró en banderillas. Pero Talavante lo brindó, seguro de sí y más creyente en el toro que nosotros. Muleteó muy quieto por alto y en  redondo fiel a su estilo quitándonos la razón antes y después de hacerlo aún mejor al natural, que esa y no otra es su gran especialidad. Y finalizó con un arrimón de verdad. Por redondez,  fue la faena de la tarde.  Talavante perdió una oreja por pinchar.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. josem dice:

    Morante de la Puebla salió por la Puerta del Príncipe en la feria del 99. Lo mismo que critiqué por rastrera y repugnante la crónica del energúmeno que patea el dicionario en las páginas Marca en la tarde de Manzanares, tampoco me gustan algunos calificativos que usted le dedica a algunos toreros cuando no son de su agrado, como calificar a Castella de vulgar pegapases. No solo está mal descalificar a quién nos agrada, ningún torero merece que se le falte al respeto

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