7ª de la Feria de Abril en Sevilla. Aburrida antítesis de Victorino Martín en un mano a mano sin sentido

Los toros del famoso ganadero no gustaron a nadie. Ni a los espadas que los mataron ni al público. El Cid, más veterano y ducho – pudo cortar la oreja del quinto si no hubiera fallado con la espada -, ganó por puntos a Daniel Luque que pasó por el trance con más pena ni gloria.

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Martes 16 de abril de 2013. Séptima de feria. Tarde calurosa con tres cuartos de entrada. Seis toros de Victorino Martín, bien presentados en el tipo de la casa y deslucidos en general. Blando de salida y a más en la muleta por el lado izquierdo sin acabar de romper el primero. Manejable con querencia a tablas y más noble por el lado izquierdo aunque soso el segundo. Más soso aún y corto de viajes el tercero. Más grato aunque también soso el cuarto. Tardíamente encastado y noble el quinto.  Bravo a menos y muy deslucido en la muleta el sexto. El Cid (malva y oro): Pinchazo y estocada, ovación. Buena estocada, silencio tras pitos al toro en su arrastre. Pinchazo y estocada, leve petición y gran ovación. Daniel Luque (negro y oro): Media trasera y dos descabellos, silencio. Más de media estocada y descabello, silencio. Pinchazo y buena estocada, palmas.

Tercer plato fuerte de la feria según se mire porque el nivel de la taquilla bajo más de un cuarto de la entrada con respecto a los dos llenazos anteriores. Aunque Victorino Martín ya vino con un toro en mala hora para Manzanares – una bonita alimaña – fue ayer cuando trajo una corrida completa.  Como los años no pasan en balde para nadie, estos toros ya no tienen tanta fuerza en la taquilla como en sus gloriosos primeros tiempos que fueron muchos. Luego, a medida que algunos toreros importantes fueron actuando con las temidas fieras, el ganadero buscó dulcificarlas consiguiéndolo, por lo que pudimos disfrutar de grandes e inolvidables espectáculos en todos los aspectos. Quizá y sin quizá el diestro que últimamente ha protagonizado más triunfos con estas reses ha sido El Cid. Por eso repitió ayer la apuesta, otrora tantas veces ganada con seguidos éxitos. Se puede decir que El Cid se hizo figura por convertirse en uno de los más distinguidos especialistas en esta ganadería. El alfa de esta historia fue memorable, su enorme triunfo de Bayona (Francia)  con cuatro orejas y un rabo. El corpus central de la proeza fue teniendo lugar sucesiva y repetidamente en las dos plazas más trascendentales del mundo, la Maestranza de Sevilla y Las Ventas de Madrid. Pero la piedra angular de la carrera victorinista de El Cid fue su histórica tarde de Bilbao solo con seis toros de la que ya era su divisa predilecta. En mi opinión, aquella corrida fue la más brillante que torero alguno haya protagonizado con los toros de Victorino. El Cid, gran persona además de gran señor del toreo que ahora vive el inevitable declinar de su carrera, quiso hacer  el gesto de volver a enfrentarse con los “victorinos” en su Sevilla. Lo hizo en un mano a mano con otro sevillano que está empezando a romper en figura aunque todavía no lo es: Daniel Luque. Pero el convenido duelo, no solicitado por nadie, se vivió sin pasión por el inesperado juego que dieron los toros. Veamos lo que pasó:

Muy en el tipo de la casa el primer toro. Pero no llegó a tablas ni remató y apretó mucho para dentro en el recibo de El Cid que tuvo que sacarlo para fuera como correspondió hacer. Lo peor fue que enseguida blandeó de remos ostensiblemente y tuvieron que aliviarle el castigo en varas. Contra pronóstico, pues, aunque cumplió yendo las dos veces al caballo. Puso emoción por esperar y perseguir en banderillas que puso con mucho riesgo y bien Alcalareño. El toro se había ido arriba.  El Cid planteó la faena en los medios con la mano derecha con ganas aunque, en las dos primeras tandas, sin la firmeza que hacía falta para que el toro acabara desplazándose. Mejoró en la cuarta sin poder evitar algunos acosones del burel. Y aún más y a mejor al natural porque el toro fue más largo a izquierdas. La verdad fue que El Cid se sobrepuso al animal como también a sí mismo hasta matar de un estoconazo tras pinchar.
El tercero salió blandeando y humillando mucho pero sin apenas recorrido en el recibo capotero de El Cid que no pudo cuajar ninguna verónica. Gateó yendo al caballo y romaneó levemente en el primer puyazo, dejándose pegar sin más en el segundo. Otro toro soso. El banderillero Curro Robles despertó al gentío del sopor que ya invadía la tarde. Pero enseguida volvimos a meditar mientras El Cid trataba de dar pases con la derecha y con la izquierda sin lograr que el toro pasara por quedarse siempre corto. Insistió cruzándose al pitón contrario y, como el toro no quiso más, lo mató de buena estocada.
Como si fueran iguales en su comportamiento de salida, el más serio quinto salió suelto, quedándose corto, blandeando de remos y yéndose a tablas antes de ser castigado en varas de mero trámite. Pero en la muleta cambió la situación para bien. Aunque el toro empezó quedándose corto, un muy dispuesto Cid se metió en serio con él y sacó todo lo que el toro llevaba dentro por el lado derecho. Que no era mucho, pero al menos embistió con un mínimo de raza. También al natural solo que en un corto tramo. Fue más toro de Zoido que de Valderas y Griñán. Tenía la oreja en el talego el de Salteras. Pero pinchó antes de enterrar la espada.
Suelto y blandeando aunque noble salió el segundo de los dibujados lances de Daniel Luque. El toro mostró su marcada querencia a tablas y, en su huida, arrolló a un caballo cayendo el picador al latiguillo. Apenas castigado en varas, se dejó banderillear sin mayores problemas y llegó a la muleta manejable aunque sin humillar y manteniendo su querencia a los adentros. Luque anduvo fácil con la muleta, como sin dar importancia al toro ni a él mismo y sin conseguir completar los naturales con que empezó la faena, lográndolo acto seguido por redondos que fueron mejores cuando el toro viajó hacia las tablas. Lo mató de media a capón muy trasera y descabello.
Arremangadito de pitones el cuarto. También suelto de capotes al salir, echando las manos por delante en los primeros capotazos de Luque y metiendo la cara después para satisfacción del joven torero que, esta vez, pudo dar algunas buenas verónicas. Como sus hermanos, este cuarto también resultó blando aunque bravamente cumplidor en los aliviados puyazos que le pegaron. Intrascendente aunque perjudicial quite de Luque por los recortes que hizo al toro sin saber que a los de este encaste no se les debe cortar los viajes. Brindó la faena Daniel y la empezó citando con la derecha desde los medios estando el toro casi en tablas. No aguantó totalmente la arrancada en el primer pase y solo algo más en los siguientes pese a lo noblemente que embistió. Debió engancharlo muy por delante y tirar de él por bajo incondicionalmente. Pero no lo hizo con la derecha ni con la izquierda en un trasteo sin plan, sin orden y sin concierto hasta que la gente se cansó enfadándose el torero que enseguida cambió de espada para matar de estocada casi entera. De nuevo no pasó nada.
Ensillado y serio de hechuras. Corretón y distraído el sexto en su salida. Luque solo pudo apuntar algunos lances. Pero fue bravo con fijeza en varas. Al menos este sí en el primer tercio. Dos verónicas y media jaleadas de Luque en el quite. Palmas para Abraham Neiro por un buen par de banderillas. Y una faena de mediana confianza, muy por las afueras en los cites, dejándose ver de mala manera con la mano derecha y sin respuestas gratas del toro al natural. No humilló nunca ni apenas pasó este último de una tarde inapelablemente sosa que no convenció a nadie. Y menos a Luque que pidió torearla para terminar con más pena que gloria.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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