22ª de San Isidro en Madrid. La terna, por encima de los “adolfos” y oreja polémica para Ferrera

Madrid. Plaza de Las Ventas. Jueves 30 de mayo de 2013. Vigesimosegunda de feria. Tarde nublada y a poco soleada, con viento y casi lleno. Seis toros de Adolfo Martín, muy bien presentados. Manejable en difícil el primero. Una alimaña el segundo. De peor a mejor el tercero. De bravo a bravucón y de más a menos grato en la muleta el cuarto. Muy difícil y peligroso el quinto. Bravucón y tardonamente manejable el sexto. Antonio Ferrera (marino y oro): Estoconazo desprendido, ligera petición y gran ovación. Buena estocada y descabello, petición desorbitada y oreja muy generosa que fue protestada. Javier Castaño (perla y oro): Estocada trasera, silencio. Pinchazo, otro hondo tendido y descabello, ovación. Alberto Aguilar (blanco y plata): Buena estocada, gran ovación. Tres pinchazos, media trasera y descabello, aviso y silencio.

Ayer hizo 48 años que Antonio Ordóñez reapareció en Madrid tras su primera retirada en Lima. Fue la última corrida de la feria de ese año, de Pablo Romero.  Solo actuó esa tarde y se llevó todos los premios en lid. Ordóñez solía matar corridas del legendario hierro, como también otras de encastes tendidos por toristas y le fue muy bien. Lo mismo deseamos a los tres espadas que actuaron ayer con toros de Adolfo Martín, la primera corrida verdaderamente torista del final de este ciclo.

El de más peso de la corrida de Adolfo fue el que abrió plaza. 583 kilos. Un entipado cárdeno que fue aplaudido al salir por su inequívoca estampa. Abanto el toro,  Antonio Ferrera lo fijó donde se debe en estos casos, en los medios y, además, bien. Aunque el toro fue al relance al caballo contrario, apretó para luego salir suelto. Se distrajo antes de ir al paso para el segundo encuentro y se defendió al sentir el hierro. Entro en estos detalles para que nadie se equivoque aunque algunos se equivocarán. Ferrera lo banderilleó muy puro, asomándose al balcón y en tres versiones, el tercero por los adentros. Puso a la gente en pie. Y bien el toro en palos porque galopó. El toro se arrancó de lejos a la muleta de Ferrera que estaba en los medios y sufrió un acosón. Poco claro por el lado derecho. Y muy corto por el izquierdo. Se revolvía enseguida. Apurando terrenos, Ferrera le robó medios pases por los dos lados sin poder ligarlos, pero con gran determinación. Y así lo mató.

Cornivuelto el cuarto. Ciertamente feo. Pero noble y codicioso. Muy arrebujado veroniqueó Ferrera en el saludo y francamente brillante en la brega. Bravo en principio el toro, derribó en el primer encuentro. Preciso y precioso galleo de Ferrera para llevarlo al segundo encuentro dejando al toro de lejos. Algarabía en los tendidos. Pero hubo que cerrarlo por tardear demasiado y escarbar. Por fin se arrancó de sorpresa y el picador marró. Templados lances de Aguilar por el lado derecho en el quite. Ferrera colocó al toro para banderillear con el capote y llevando las banderillas en una mano.  Tras plantar el percal en la arena, citó en los medios y el toro también tardó en arrancarse. Ya lo había hecho antes. Por eso quien tuvo que arrancarse fue el matador sin poder clavar por lo que recolocó al toro a cuerpo limpio para parear de dentro a fuera, al salto. No le salió bien el número y, entre tantos capotazos, el toro fue a menos. Un quiebro por los adentros citando en corto solventó la papeleta. Ovación para el brindis. No fue el toro que creímos iba a ser para la muleta aunque medio valió. Ferrera le ligó con la derecha pero agachado y en basto. Mejoró la cosa con la izquierda. Prolongó la faena otra vez con la derecha muy valiente pero sin poder cuajar ningún pase y, tras adornarse como buenamente pudo, lo mató muy bien. La exagerada escenificación de las suertes de varas y de banderillas, perjudicó el comportamiento de este animal que empezó muy bravo y terminó simplemente en bravucón. La oreja que le dieron fue de regalo y protestada aunque, esta vez, el 7 apoyó el dispendio. Vivir para ver.

Un poco más escurrido pero serio fue el segundo. Apretó para dentro a Javier Castaño en los tres capotazos de recibo y, enseguida, lo abrió hasta las rayas donde tampoco pasó. Mal picado, continuó quedándose muy corto y echando la cara arriba. Remoloneó mucho para el segundo encuentro. No iba a ser toro de alegrías. Muy bien David Adalid y Fernando Sánchez en palos. Todo lo tuvieron que hacer ambos. Ovación de gala. El toro desarrolló peligro y, aunque Castaño lo intentó con la muleta y se jugó el pellejo, no puso darle ni un pase completo. Alimaña pura. Lo mató alargando el brazo de espadazo trasero. El torero se dolió de la mano derecha. ¿Un pitonazo o un corte con la espada?… Pasó a la enfermería para que se lo vieran.

Una vez curado, salió para actuar en último lugar. Otro tío fue el sexto, de pavorosa cornamenta que también se lidió para que mostrara su bravura. Puesto excesivamente de lejos ante el caballo, provocó la tardanza del animal y tener que cerrarlo después para, al final, cumplir manseando. Mal hecho. Ya habíamos visto lo que ocurrió con el cuarto por lo mismo. Los peones de Castaño volvieron a lucirse en banderillas como en el toro anterior. Y el salmantino sacó partido muletero de la tardona manejabilidad de su oponente sobre ambas manos con inteligente administración y serena torería. Por pinchar, perdió la que hubiera sido la oreja más legítima oreja de la tarde.

El pequeño-grande Alberto Aguilar afrontó al arremangado tercero. Solo pudo darle un lance decente en el recibo. El toro apretó en varas pero adoleció de fuerza varias veces y perdió las manos. Si hubiera sido de otra ganadería, los del 7 habrían armado la de San Quintín. Ayer callaron como muertos. Difícil en banderillas, no lo fue tanto en la muleta. Aguilar le sacó lo que tuvo con mucho valor, gran habilidad y la torería que derrama. Y, además, lo mató francamente bien.

Por la lesión en la mano de Castaño, Alberto Aguilar intervino en quinto lugar. Bizarría torera de Alberto en el recibo. Más genio que bravura en varas el toro que, tras desarmar a un peón, se orientó por completo, frustrando el quite de Aguilar, totalmente el tercio de banderillas y portándose como un asesino en la muleta. Aguilar se la jugó sin contrapartida posible. Pura temeridad para nada.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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