1ª del Arte y de la Cultura en Madrid. El mexicano Joselito Adame rozó la puerta grande

Madrid. Plaza de Las Ventas. Martes 4 de junio de 2013. Primera de feria. Tarde enmarañadilla con algo de viento y menos de media entrada. Seis toros de El Montecillo, bien presentados y de juego muy desigual. Manso total en varas y solo manejable por el lado derecho el primero. Suelto y corto de principio a fie el segundo. Mansísimo pero muy noble en la muleta el tercero. Manso con genio pero muy manejable en la muleta aunque empeoró por mal toreado el cuarto. Manso y muy tardo el quinto. Bravo, noble y encastado el sexto. Antonio Ferrera (encarnado y oro): Estocada trasera caída, silencio. Estocada, palmitas. Serafín Marín (marino y oro): Se quedó en la cara al matar de estocada sufriendo un testarazo, silencio. Tres pinchazos y estocada corta caída, aviso y silencio. Joselito Adame (verde ingles y oro): Buena estocada, oreja. Dos pinchazos y estocada, gran ovación y vuelta al ruedo.

Esto de llamar a la segunda parte de la feria de San Isidro “del Arte y de la Cultura” tras haber sido nombrada “del Aniversario” con cierto motivo, no deja de ser, además de una estulticia, una redundancia. Al Arte y a la Cultura pertenece la Fiesta Brava en su integridad. El toreo quizá sea la más completa de las Bellas Artes por englobar varias a la vez, además de su singularidad trágica por el constante peligro que corren los intérpretes de sufrir una o varias cornadas e incluso la muerte al tiempo de ser autores creativos de preciosas obras efímeras e irrepetibles.

Claro que, de este singular arte, pocas veces podemos gozar en la Plaza de Las Ventas, mientras en otros ruedos suelen prodigarse. Ejemplos más recientes: los grandiosos triunfos que acaban de logar Morante de la Puebla en Córdoba (cuatro orejas y un rabo) y El Fandi en Granada (seis de los seis toros que mató en solitario, los tres últimos después de sufrir una grave cornada, en gesta épica que protagonizaba por segunda vez con similares circunstancias). Dicho sea sin ánimo de polémica por aquello que, para gustos, los colores.

Y es que, en la tarde de ayer, volvía a Las Ventas Antonio Ferrera después de ser nombrado nada menos que triunfador de la feria isidril por los jurados oficiales del Ayuntamiento y de la Comunidad. Por lo votado, las faenas de Perera, Talavante y Manzanares fueron de inferior calidad que el espectacular y equívoco número de Ferrera. Esta increíble distinción ha sido como premiar al recopostiófono al compás del pasodoble “Paquito el chocolatero”. Vivir para ver. Pero entremos en la plaza porque la corrida va a comenzar.

La realidad es siempre tan tozuda que suele alejarse del las opiniones, sobre todo de la interesadas. Resulta que pese a encabezar el cartel el gran triunfador de San Isidro, vesus jurados oficiales, ayer no hubo en Las Ventas ni un tercio de entrada de pago porque muchos asistieron gratis. Claro que, lo festejos de esta feria no eran de abono.

El colorao muy montado que abrió la tarde huyó de todos los lances – alguno bueno – con los que Ferrera intentó pararlo. Distraidísimo, resultó manso declarado en varas al salir suelto de estampida al sentir el hierro en el primer encuentro con el caballo. Fue muy costoso lograr que tomara el segundo y sucesivos. Ferrera pareó en solitario y preparó variadamente bien los pares, pero no todos los clavó debidamente. No obstante y como ocurre muchas veces, el toro resultó noble para la muleta por el lado derecho. Ferrera de dobló en el arranque de faena y siguió toreando con la derecha sin acabar de confiarse porque el animal le miraba mucho y, al moverse el torero, hizo por él. Fue imposible por el lado izquierdo. ¿Cuántas veces ocurre esto? Casi todas cuando solo embisten por un pitón.

No humilló ni acabó de meter la cara el negro cuarto en el capote de Ferrera, movidamente compuesto a la verónica. El toro fue manso con genio en varas. Mejoró en banderillas – Ferrera supo estar variado, espectacular y muy original al clavar – y se movió franco en la veloz y no del todo limpia muleta del extremeño. Demasiados enganchones que perjudicaron mucho al toro aunque la voluntad de agradar no le faltó. Ni los desplantes tampoco. Mató bien.

A Serafín Marín le quiere la afición por la defensa que hace casi en solitario de La Fiesta en su Cataluña natal. Afrontó el segundo toro de la tarde, un bonito burraco terciadillo que hizo lo mismo al salir que el anterior, suelto del capote de Serafín y siempre con la cara alta. Por evidentemente manso, se picó a la carambola aunque se dejó pegar. En la muleta, distraído, quedándose corto y sin humillar, pero sin peligro. Marín pasó un buen rato intentando que pasara sin lograrlo nunca del todo por ninguno de los dos lados.

Serafín suele torear bien con el capote, pero el quinto no le dejó. Tan manso en varas y tan suelto como los demás. Le pagaron mucho en el caballo tapándole la salida por ver si paraba de huir. Adame quitó dejándose enganchar, mal asunto. Y el toro continuó de allá para acá sin fijeza en banderillas, pero no en la muleta a la que llegó tardeando y metiendo la cara pero sin terminar de pasar. Marín anduvo francamente aseado, sereno, asentado y hasta compuesto, pero no logró hilvanar los muletazos llegando a cansar a la gente. Sobre todo al repetir pinchazos.

Joselito Adame, el valiente y siempre bullidor mexicano, se encontró el tercer lugar con un muy cuajado castaño que en varas hizo lo mismo en mucho peor que sus hermanos. Desgraciada familia. No merece la pena repetir detalles. Solo decir que creció en mansedumbre. Los dos primeros tercios fueron cubiertos calamitosamente. No así el tercero porque Adame se quedó muy quieto y supo aprovechar las finalmente bastante mejores embestidas del animal. Bien el manito ligando estatuarios, redondos, naturales francamente arrebatadores y preciosos ayudados por bajo. Fue un repentinamente alegre despertar de la siesta que le agradecimos. Sobre todo tras matar de muy buena estocada. Mereció una oreja. Sí señor.

Por poco resultó cogido Adame al recibir al sexto a porta gayola, sin poder hacerse con el toro después, por muy suelto y distraído. Pero fue el que mejor peleó en varas. El quite por zapopinas le salió bien y la gente volvió a animarse. Y mucho más con la vibrante y completa aunque no perfecta faena de muleta poniendo los tendidos a mil. Muy animoso e imparable anduvo el mexicano con el mejor lote de la corrida. A punto de cortar otra oreja y poder salir a hombros, pinchó lamentablemente y se le esfumó un gran triunfo. Lástima, porque salvó la tarde. Dio una clamorosa vuelta al ruedo.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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