1ª de San Juan en Badajoz. El Juli y Manzanares se imponen al hapening de Ferrera

Plaza de toros de Badajoz. Lunes 24 de junio de 2013. Primera de feria. Tarde muy calurosa con tres cuartos de entrada. Seis toros de Domingo Hernández-Garcigrande, bien presentados y de juego desigual. Encastado y noble el primero, con cierto genio el segundo. Bravo y enrazadamente noble el tercero. También el cuarto. Picante el quinto. Bravo y noble por el izquierdo el sexto. Antonio Ferrera (blanco y oro con remates negros): Estocada caída, dos orejas. Pinchazo y estocada volcándose, oreja. El Juli (negro y plata): Estocada con travesía, pinchazo,  estocada y descabello, ovación. Media en la yema, dos orejas. José María Manzanares (añil y oro): Pinchazo y estoconazo recibiendo, oreja. Gran volapié, oreja. Los tres matadores salieron a hombros. Saltamos del este al oeste peninsular como solemos hacer en esta segunda parte de la temporada previa a los inminentes Sanfermines de Pamplona.

Del Mediterráneo alicantino a las tierras extremeñas, legendaria patria de conquistadores. Pero ya que nos referimos a conquistas, habremos de reconocer que, tras los muchos años que llevamos viendo torear al único diestro de estas tierras que venía circulando con notable presencia en casi todas las plazas, el extremeño-balear Antonio Ferrera, en la provincia de Badajoz surgieron algunos toreros que, por capaces de llegar a ser figuras y, lo que es más importante, de mantenerse en este rango durante varias temporadas, emulan taurinamente a sus ilustres antepasados de la conquista. Caso de Miguel Ángel Perera que hoy precisamente ha llegado a su tierra después de cuajar en Alicante una de las faenas más importantes en lo que va de temporada, por cierto escandalosamente desmerecida en trofeos por un señor presidente, no sé si estúpido, ignorante, o ambas cosas a la vez. Como también otro extremeño reciente conquistador del toreo, Alejandro Talavante, mientras la saga pacense continúa anunciando nuevos valores novilleriles. En la inauguración de la feria salieron a hombros los novilleros Tomás Campos, José Garrido y Posada de Maravillas quien, recordemos, formó en Badajoz un alboroto similar al de su debut en Olivenza. Posadita actuará en la novillada de San Fermín y hay expectación grande por verle en una plaza tan importante. A

yer, en la primera corrida de esta feria, vimos al más veterano de los diestros pacenses, acompañado nada menos que por El Juli y por José María Manzanares. A El Juli no le veíamos desde que sufrió la grave cornada de Sevilla pero sabemos que volvió a los ruedos tal cual andaba, en el momento cenital de su carrera. Pero a Manzanares sí que le vimos en el triunfal X aniversario de su alternativa, pero no cuajar otra tarde de las mejores suyas, un día después en Algeciras. O sea, que a Badajoz, Manzanares vino disparado.

Profeta en su tierra y, como siempre, entregado y entusiasta mil por mil, Antonio Ferrera abrió la tarde frente a un toro con el hierro de Garcigrande. Muy noble desde que salió, obediente a los templados y ampulosos lances de extremeño que veroniqueó ganando terreno como debe ser. Tras tomar un puyacito al relance, Ferrera quitó por chicuelinas y tafalleras muy recreadas que le salieron de maravilla, y banderilleó después como acostumbra: retórico en la preparación de los pares y con ostensible marchosería antes y después de clavar los garapullos. Con mucha movilidad y vibrante nobleza llegó el toro a la muleta. Ferrera lo toreó seguro y firme sobre la mano derecha. Primero con la figura forzada y luego relajado. No tan bien toreó al natural porque el toro echó la cara arriba al final de los viajes. Añadió más derechazos, circulares, adornos y desplantes un tanto chabacanos antes de matar de estoconazo contundente aunque caído. Le dieron dos orejas, excesiva aunque explicable la segunda porque Ferrera era de la casa.

Otro buen toro fue el cuarto y Ferrera volvió a estar sembrado, sobre todo en sus variados personalismos capoteros. Hasta una tijerilla arrodillado pegó, además de verónicas y chicuelinas sui-generis, recortes displicentes y desdenes repensados. Diestro todo terreno, volvió a banderillear con la trepidante singularidad de su estilo. Todo un caso ver a Ferrea en su tierra. Corre, salta, se jalea, grita, quiebra, requiebra… Un hapening torero inclasificable. Completamente desinhibido, se permitió reinventarse a sí mismo. Hasta preparó un par llenado al mismo tiempo el capote y los palos que clavó al violín. Y la faena, entre parsimoniosa y efectista porque el toro, con tanto ajetreo previo, no llegó a la muleta como para hacerle el toreo auténtico. Y menos el templado. Es lo que ocurre cuando la lidia acontece como descontrolada creación. A mí, desde luego, no me convencen estos alocados procederes. Pero al público de ayer en Badajoz, sí. Le habrían dado hasta el rabo si hubiera matado a la primera. Una le dieron. Y como dos más una suman tres, aseguró la salida a hombros.

Después de lo hecho por Ferrera, ver lidiar y torear a El Juli fue como el bálsamo de Fierabrás. Y eso que el segundo toro no fue claro ni fácil como el primero. Sin la fijeza ni el brío que tuvo el anterior aunque, a medida que transcurrió la lidia, por buena pareció mejorar gracias a como anduvo Julián que, tras brindar a su convaleciente peón, El Niño de Leganés, empezó la faena con un pase cambiado y al tropezar, improvisó tres pases de rodillas que sorprendieron mucho. Segurísimo, dominador y, desde luego, muy por encima de este toro además de valiente de verdad estuvo El Juli. Fue una pena que atravesara al toro al entrar a matar y que pinchara antes de enterrar entero el acero.

Con el capote, cada vez me gusta más El Juli. Recreó la eficacia ente el quinto toro. Tanto en el recibo como en el quite. La larga a una mano de remate aún dura. Orden en la calmada lidia. Otro mundo. Y solventísima seguridad con la muleta pese a lo mucho que picó este toro. Rebrincado y molesto. El Juli no le quitó la muleta de la cara ni una vez. Eso y templar es infalible. Tanto, que el toro pareció otro por bastante más obediente al final del trasteo. Impresionante la magistral demostración de don Julián López. Tras media en la yema al salto, rodó el toro y a las manos de El Juli fueron dos orejas.

Y al magisterio de El Juli respondió Manzanares con la majestuosa calma que le distingue y separa de todos los demás. Perfumadas además de empacadas las verónicas y exquisito remate a una mano a pies juntos. Soberbio el puyazo de Chocolate para atemperar la bravura del toro. Sensacionales Trujillo en la brega y Curro Javier en banderillas. Aunque el toro escarbó, fue muy alegre a la solvente suficiencia con que Manzanares inició la faena con tanteos acariciantes y efectivos. Mecidísimo por ligados redondos culminados con uno de pecho completamente circular. Los naturales que siguieron, parecieron uno solo por como los cosió José María. Faena rítmica y forzosamente pausada cuando el toro volvió a escarbar. Y pinchazo en la suerte de recibir con el toro escarbando de nuevo antes de mal cuadrar antes de agarrar una estocada a volapié.

Tras la tempestad de Ferrera y el apabullante magisterio de El Juli, a Manzanares no le cupo más que volver a sacar su excepcional porte, su empacado temple y la majestuosa calidad de su toreo superclase. Cortó y persiguió el toro en banderillas. Mucho que torear por delante. Fue maravilloso verle manejar la izquierda con tanto mimo y tanto tino.  Fue el pitón más posible del animal. Pero también se gustó con la derecha y otra vez al natural. Los milagros del temple. Tras firmar con su inimitable cambio de mano, un volapié monumental. ¡Viva Manzanares!

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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