Preocupantes resultados de la Feria de Julio en Valencia

En mi opinión a salvo de otras, que sin duda las habrá, ninguna de las corridas lidiadas en la ayer finalizada feria de Julio en Valencia mereció ser premiada. Tampoco un solo toro. Menos aún una faena verdaderamente relevante de esas que calificamos como grandes. Claro que, sin un solo toro bravo, fuerte, encastado y con clase, difícil fue que sobresaliera alguna. Simplemente notables o de aprobado raspado fueron algunas labores: Una de Iván Fandiño con un noble aunque soso toro de Las Ramblas – la presidencia le robó la segunda oreja -; las de Sebastián Castella frente a dos toros de Núñez del Cuvillo, resultando más meritoria la del más difícil quinto que la del mejor segundo – cortó una oreja de cada animal -; las tres meritorias de El Juli, muy por encima de sus tres toros – cortó un par de orejas – , y dos artísticas de José María Manzanares – solo cortó una y debió cortar otra – en el primer mano a mano del ciclo con un lote de Garcigrande pobremente presentado y vulgar tirando a malo en comportamiento; y en la última tarde dos de Alejandro Talavante con sendos y meramente manejables ejemplares de Victoriano del Río – también cortó una oreja de cada uno de sus enemigos –, mas la que fue bonito espejismo de Morante de la Puebla con el único toro medio potable de los tres de Juan Pedro Domecq que mató – los otros dos fueron de pena -, cortando una oreja que no le hubieran dado en ninguna otra plaza de primera categoría. Apurando mucho y puestos a elegir entre los mencionados trasteos, me quedo con el de Fandiño.

Así quedó en resultados esta feria en la que solamente hubo dos buenas entradas aunque sin llegar al lleno. Precisamente en las dos más supuestamente atractivas sobre el papel, pero dos mano a mano confeccionados como recurso porque, competencia auténtica no la hubo por la sencilla razón de que no podía haberla al ir cada cual a su aire sin el más mínimo atisbo de molestarse y menos de importunarse con algún quite realmente provocador.

Mencionemos en justicia la buena actuación del novillero local, Román Collado, y la prometedora del debutante mexicano Fermín Espinosa Armillita en la novillada inaugural de la feria con reses de Daniel Ruíz Yagüe, tampoco nada del otro mundo.

Un panorama ciertamente preocupante que deja muy tocada la presente temporada española, justo en el inicio de su segunda mitad. Señalo de lo española porque, curiosamente, a Valencia llegamos desde la feria francesa de Mont de Marsan. Una feria que, mira por donde, organiza el mismo empresario que ejerce como tal en Valencia, Simón Casas. Pero con la notabilísima diferencia de que en la mayoría de las plazas españolas los que como él mandan son los gestores, tanto si son propietarios o concesionados por entidades públicas, mientras que en las galas, en su mayoría municipales, lo controlan todo las comisiones de cada Ayuntamiento tras consultar a las asociaciones de aficionados. Algo que, aunque sin participación de los aficionados, es lo que prima en la plaza de Vista Alegre de Bilbao, comandada por su Junta Administrativa con todas sus consecuencias y exigencias a los que actúan como meros gestores, los hijos del inolvidable e insustituible Manuel Chopera. Por eso, precisamente por eso, las llamadas Corridas Generales de Bilbao llevan años y años siendo la mejor feria de España y estoy por decir que de todo el mundo. ¿O no?

Pero los tiempos también han cambiado en cuanto a los organizadores se refiere porque, antes, los empresarios y más que ninguno el mencionado Manuel Chopera, elegían el ganado por muy rigurosa decisión propia y bien pagado, conforme a la categoría de cada plaza gestionada y, una vez adquirida formalmente cada corrida, las ofrecía a los toreros que, a su vez, elegían por orden de importancia sin que a ni uno de los contratados se le ocurriera siquiera sugerir cambios. O lo tomaban o le dejaban. Y, claro, las reses en su mayoría eran las que tenían que ser. Pero ahora, por lo que concierne a las figuras, quienes mandan e imponen son los toreros. Y así estamos condenados a ver a las estrellas frente a no más de cinco o seis ganaderías, casi todas del mismo encaste. Ganaderías que, para colmo, han seleccionado primando tanto la bondad de sus productos que hace tiempo circulan atravesando su devenir al borde de un fatal precipicio.

En las plazas de segunda y de tercera, como solo se da un puyazo, se salvan o medio se salvan muchos toros. Pero con los dos reglamentarios que se exigen en la mayoría de las de primera categoría, cantan la palinodia. Eso sin contar lo barato que vienen comprándose muchas corridas para compensar los caros cachés de los mandones del escalafón. Y es que ya se sabe, en las ganaderías de bravo, como en cualquier comercio, las hay de varios precios aunque sean de la misma marca.

Pero siguiendo con la feria de Julio de Valencia en particular y con el general panorama, lo que está ocurriendo tiene poco que ver con lo que muchos toreros, ganaderos y empresarios dicen en declaraciones a la prensa o en manifestaciones más o menos formales en actos organizados ex-profeso sobre lo que hay que cambiar, arreglar, promover, decidir, mejorar… sin que a la hora de la verdad cambie nada. En tales menesteres son iguales que los políticos en su sempiterno “san para mí que los santos no comen”. ¿Para qué ha servido que los toros pasen a Cultura? Seguimos y seguiremos esperando saber para qué.

Mientras, increíblemente, en el toreo más actual comparte reinado el convertido en inevitable Juan José Padilla, metido en lugares de privilegio de todas las ferias por puro morbo especulativo sin que el desde luego físicamente meritísimo diestro sea capaz de estar a la altura de los toros que comparte con los mejores toreros que en sus buenos tiempos nunca cató, por si faltaba algo, continuamos asistiendo al vergonzante imponderable que padecemos sin que la mayoría de la prensa taurina lo denuncie, sencillamente porque no se atreven a contrariar a la mafia que lo sostiene o por que pertenecen a ella: El tomasismo a ultranza que los tomatóxicos de toda especie califican de ejemplar, paradigmático, histórico, colosal y hasta milagroso sobre un sujeto a quien proclaman máxima figura de todos los tiempos pese a la singularidad profesional que viene imponiendo caprichosamente aunque, en la práctica, año a año lo desmienta. Y más en sus tres últimas campañas basadas en tres o no más de cuatro actuaciones al año, milimétricamente diseñadas para ganar el máximo dinero con el mínimo esfuerzo posible, negándose cerrilmente a ser televisado y a competir con el único que podría dejarle en su sitio, Enrique Ponce. Y eso es lo que ponen como ejemplo. Y, para colmo, hasta el mismísimo Juli va y dice que a él le gustaría hacer lo mismo…

Por todo lo dicho, no es de chocar que muchos empecemos a pensar que, de seguir así, nos iremos a pique.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

3 Resultados

  1. Porton2 dice:

    Querido Jose Antonio, como en los dibujos animados de cuando yo era niño, este cuento se acabo… Este espectaculo muere porque sus actores le han puesto fecha de caducidad… precisamente ahora que lo que se impone es el consumo preferente. Un saludo

  2. Fabio dice:

    Querido Josè Antonio,
    la verdad es que estos mano a mano no interesan ni pueden interesar.
    La base por un mano a mano interesante es la competencia.
    Siempre que se hable de competencia, me viene en mente Gregorio Corrochano que, en su “Que es torear?”, nos dice textualmente “Las competencias entre toreros no son arbitrarias, ni preparadas, ni convenidas. Su origen es popular, espontaneo, apasionado el plebiscito, ruidosa la discusion, el desacuerdo equilibrato. La competencia nace en el ruedo, crece en el tendido, se desarrolla en la calle, en el cafè, en la casa, y vive en los carteles, y en las taquillas de las plazas de toros.” y en “Cuando suena el clarin” advierte “..una competencia es algo mas, mucho mas,que una pareja de toreros buenos…”
    Pensar que, en este momento, los mano a mano El Juli-JMM o Morante-Talavante reunen estas cualidades me parece por lo menos arriesgado.
    Sabemos, por los motivos archiconocidos, que el unico mano a mano que hoy atrae,desafortunadamente no podremos verlo nunca.
    Y segun mi opinion, sobre todo en este momento historico, dar no uno ma una serie de mano a mano entre Ponce y Tomas, con toros-toros, en distintas plazas y desde luego con camaras de television, es algo que por cierto alimentaria pasiones, expectacion, aficion, morbo, en breve, seria el mejor spot de nuestra Fiesta, algo que daria publicidad y visibilidad a los toros…
    Eso seria trabayar y gastarse por el bien y el futuro de la Fiesta…
    Josè Antonio, es una pena pensar a la deficitaria que fue la Feria de Julio, pero hay que subrayar como, por los motivos que brillantemente declaraste, hoy en dia sea Bilbao la mejor feria del panorama en cuanto a carteles y ganado.
    Evidentemente las estrellas tendrian que responsabilizarse de cara a la aficion, a la Fiesta y al futuro y no condenarnos a verlos a diario frente a las mismas ganaderias de siempre…
    Que los mejores manden me parece normal, como, por nuestra parte, pedir y pretenderles que se abran un poco a otras ganaderias, otros encaste, como su talla de figura impone.
    Un abrazo

  3. josem dice:

    las figuras mantienen un elevadísimo caché pese al escaso tirón del que gozan. Cuando el año pasado algunas empresas quisieron pararle los pies al Juli, éste hábilmente esgrimió el argumento del complot por haber alzado la voz en el tema televisivo. En ese momento gran parte de la prensa debió desenmascararlo y no apoyar esa teoría conspirativa. Es todo mas sencillo: a muchas empresas no les interesa afrontar los altísimos emolumentos de Morante o Juli si no son capaces de meter mas de media plaza. Además de provocar pérdidas en muchas empresas, nos colocan el borrego descastado del que habla José Antonio en su artículo. Jamás me he considerado aficionado de los llamados “toristas”, pero en estos momentos prefiero ver una corrida bien presentada y encastada que se salga del desesperante monoencaste con toreros como Fandiño, Mora o Castaño. Por otro lado, me pareció detestable aquella campaña que en los años 70 emprendieron ciertos críticos contra las figuras del momento; pero en la actualidad considero que uno de los males de la fiesta radica en la dictadura que han impuesto esas figuras que nos condenan al aburrimiento a los aficionados por culpa de su “toro” y al empresario a la ruina por la mezcla del alto caché-escaso tirón taquillero. Y además, convierten sus carteles en un coto cerrado sin pòsibilidad de que entren en ellos jóvenes con interés y condiciones, el futuro de la fiesta ¿que le importa lo que pase con la fiesta a Morante o Juli cuando ellos se vayan a sus casas multimillonarios? Como muy acertadamente dice José Antonio, muy buenas palabritas que no se corresponden con los hechos

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