2ª de Las Colombinas en Huelva. Manzanares salva in-extremis una vergonzosa corrida de Núñez del Cuvillo en su segundo duelo con El Juli

Ni siquiera la gran faena que José María Manzanares hizo al sexto toro de Núñez del Cuvillo pudo compensarnos del vergonzoso espectáculo que deparó su segundo mano a mano de este año con El Juli. Bien es cierto que, después de lo que ocurrió hace días en el primer “duelo” de ambos en Valencia, temíamos que en Huelva sería aún peor y así fue hasta jugado el sexto toro, uno de los medio presentables del infame envío y el que más y mejor embistió en la muleta gracias a la pericia del alicantino y quede esto dicho por delante.

Pero por contarles algo más definitivamente grato para arrancar esta crónica, no me resisto a evocar mi paseo mañanero de anteayer al recorrer lo que va desde el monumento a Cristóbal Colón en el paraje llamado la Punta del Cebo hasta el muelle de las carabelas del Descubrimiento en donde se pueden ver, abordar y visitar las exactas reproducciones de la Santa María, la Pinta y la Niña, no sin antes visitar más detenidamente que cuantas veces ya lo hice el Monasterio de Santa María de La Rábida. Tantas y tan trascendentales e importantes señas de identidad histórica de todo lo concerniente al primer viaje que Colón y los suyos hicieron por el océano Atlántico hasta descubrir las Américas, me hicieron admirar profundamente con mis ojos ya mayores lo que vieron mis ojos de niño. Y a Dios gracias, con ojos de niño asombrado volví a ver e inmediatamente a pensar que merecería la pena que todos los españoles vinieran a visitar estas maravillas, incluyendo sobre todo a los catalanes, a  los vascos y a los gallegos, para que se dieran fehaciente cuenta de lo que fue España y de lo que debería seguir siendo para orgullo de todos los que hemos nacido y vivido en esta nación única e irrepetible.

Confieso que me emocioné como pocas veces reconociendo estos parajes y monumentos en el deseo y la esperanza de que me sucediera lo mismo viendo la esperada corrida. ¿Remediarían El Juli y Manzanares el gran fiasco que hace pocos días tuvo lugar en Valencia? En absoluto. Porque pese al faenón ya mencionado de Manzanares que cerró la tarde-noche, todo lo que ocurrió antes fue como para echarse a llorar.

El petardo ganadero fue de campeonato. ¿Culpables? Todos los implicados. Los ganaderos por vender una corrida que difícilmente hubiera colado en la mayoría de las plazas de segunda categoría. La empresa y las autoridades por aceptar la imposición de los representantes de los matadores que fueron los que de seguro eligieron semejante saldo, compuesto por una barata escalera de reses de más que dudoso trapío pese a lo astifinos que fueron algunos animales entre los simplemente cuatreños y los pasados con mucho de esa edad, los bastos como el sobrero, los anovillados como aparentó el cuarto, los feísimamente avacados como el quinto y hasta los abecerrados como el tercero que fue devuelto a los corrales en medio de una bronca monumental. Tal era el mosqueo del público que casi llenó la plaza que, cuando la gente vio lo que pesaba antes de que saltara al ruedo, fue pitado una vez anunciado su peso en el cartelito. También fueron pitados antes de salir al ruedo por lo mismo el cuarto y el quinto. Nuca habíamos visto algo semejante. Por justicia, dejamos constancia que se salvó el primero por sus buenas y bonitas hechuras; y por su mejor apariencia y juego en la muleta, el sexto, finalmente muy noble gracias en gran parte a la pericia y al bello hacer de Josemari.

No es cuestión de repetir lo que tantas veces hemos dicho del aterciopelado, empacado, elegantísimo, catedralicio y suavemente mecido toreo de Manzanares. Eso, nadie que tenga ojos en la cara y buen gusto nunca podrá negarlo aunque haya algunos que intenten ningunearlo u ocultarlo porque en esto hay gente para todo y, no digamos, en la crítica que en su mayoría padecemos. Pero la verdad fue que esta excepcional manera de torear al último toro del joven maestro alicantino, maquilló el gran fiasco hasta el punto que, aunque El Juli ya había cortado la oreja del primer toro y la muy protestada del quinto, si Manzanares – que también había sido premiado con la oreja del cuarto – no hubiera sido premiado doblemente en el sexto, dudo que el madrileño se hubiera dejado ser aupado a hombros al final del festejo. Lo hicieron los dos por mor del milagro manzanarista. Y eso se lo debe El Juli a Manzanares.

Y se lo debe, porque de lo que hizo El Juli antes frente a los tres toros que mató, no fue precisamente lo mejor que le hayamos visto. Y es que El Juli lleva bastante tiempo toreando tan doblado, tan agachado, tan retorcido y tan crispado que cualquier día de estos la cabeza se le va a caer hasta sus propios pies. A lo largo de los quince años de alternativa que lleva El Juli como matador de toros, nunca había toreado más feamente que como lo está haciendo últimamente aunque, por supuesto, nadie podrá negar su enorme habilidad en conseguir que la mayoría de las reses que afronta, incluidas las de peores condiciones, terminen por obedecer a su mando, aunque anteayer como muchas veces en esta segunda mitad de la temporada, los toros que está matando don Julián, por cierto mal que bien mediante espadazos casi siempre defectuosos, apenas tienen nada que mandar ni que someter porque la mayoría salen sometidos de los corrales por su poca fuerza y escasísimas casta y bravura.

El empeño de El Juli en particular y de casi todas las demás figuras en general en no querer salir del corralito de no más de las cuatro o cinco ganaderías de su exclusiva predilección, se está pasando de la raya y los públicos están ya más que hartos de tanta comodidad. Están tirando piedras a su propio tejado y hasta deslegitimando con hechos los muchos dichos en pos del progreso y la defensa de la Fiesta.

Si Manzanares no hubiera arreglado esta funesta y deleznable tarde, premonitoriamente anunciada en el paseíllo cuando vimos como iban vestidos los contendientes – de banderilleros, pues El Juli lució un terno negro y plata, y Manzanares otro gris ceniza y azabache – el título de esta crónica hubiera sido el siguiente: “El Juli y Manzanares tiraron al suelo su categoría con un vergonzoso saldo de Núñez del Cuvillo”.

Evadidos de Huelva con más rubor que alegría, nos fuimos raudos hasta El Puerto de Santa María para ver otro de los mano a mano que tanto se están prodigando en la presente temporada y esta vez con Morante de la Puebla como compañero de quien en estos enfrentamientos esta siendo el diestro básico, José María Manzanares. Ojalá que repitan la histórica tarde que el alicantino y el sevillano protagonizaron hace tres años en esta real plaza. De aquella tarde partió la idea en repetirlos y ya veremos qué ocurrirá en Bilbao por tercera vez con El Juli, con qué toros se enfrentarán y con qué resultados. De lo que suceda para bien o para mal, daremos cumplida cuenta en esta pagina web y en  el diario La Gaceta.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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