Desde Bayona (Francia). Una mala corrida de Fuente Ymbro desvirtuó en solitario gesto de Fandiño, mientras en Huesca resultó gravemente herido Morante en su mano a mano con un Ponce apoteósico

Tal como llevaba su triunfal campaña y sin la más mínima duda, todos esperábamos que el matador vizcaíno, Iván Fandiño, daría otro paso de gigante al encerrarse en solitario en la plaza más seria de Francia con seis toros de Fuente Ymbro, ganadería que, a su vez, venía añadiendo más éxitos a su gran historial entre las actualmente tenidas como más encastadas. Cómo sería el nivel de seguridad en tan buenos propósitos que, con la plaza casi llena de un público que había acudido desde varios confines galos y españoles – hacía tiempo que al escenario taurino de Bayona no acudía tanta gente, incluso con carteles supuestamente más importantes – y una vez concluido el paseíllo entre estruendosas ovaciones, a Fandiño se le rindieron previos honores que ningún torero había recibido hasta ahora. Aurresku de Honor y la entrega de una maquila de plata por el alcalde de la ciudad, Jean Grenet. Pero como tantas otras veces suele ocurrir, esta manera de iniciar el espectáculo gafó en gran parte la expectativa.

Salvo el primer toro de la bien aunque desigualmente presentada corrida, los demás adolecieron de fuerza, de raza, de acometividad y, en definitiva, de casi todo lo que distingue a esta  vacada. Salvo de la general nobleza que apenas pudieron exhibir, este toro de apertura fue el único que permitió explayarse a Fandiño llegado el momento de la faena de muleta – el animal había mostrado síntomas de mansedumbre en los primeros tercios – con una obra fiel a la pureza y a la perfección que últimamente estamos viendo a este torero. Pero como pinchó dos veces antes de descabellar, se esfumaron las primeras orejas. Fue como un radical corte del gran ambiente que había en la plaza y, a partir de ese inesperado fiasco, la tarde entró un una desigual barrena que solamente encontró remedio con el quinto toro, otro ejemplar que se comportó mal en el primer tercio por la mansedumbre y el genio que evidenció en el recibo de capa, en varas y en el apuradísimo quite que enjaretó Fandiño hasta llegado el momento de la faena. Trasteo que cerró con una gran estocada  que apresuró a la presidencia del festejo para concederle una segunda oreja que muchos espectadores no habían pedido por lo que fue recriminada una vez terminar Fandiño la vuelta al ruedo. La verdad fue que esta faena no resultó, ni con mucho, similar a la ya señalada del primer toro. La tarde terminó viniéndose abajo irremisiblemente con el sexto que, para mayor desgracia, fue el más deslucido del envío y, aunque Fandiño pudo salir a hombros porque ya había cortado una primera oreja del sobrero que reemplazó al segundo toro – un jabonero que fue enchiquerado contra el criterio del ganadero tras haber sufrido un tremendo golpe al caer sobre sus lomos la trampilla de la puerta del chiquero – con el que anduvo muy paciente hasta que le sacó un meritorio partido y lo mató de otra de sus grandes estocadas, la sensación general fue la de haber asistido a un relativo fracaso. Y no solo por el mal juego del ganado, también porque, a medida de que fue transcurriendo la corrida, vimos como iban cerrándosele las ideas más convenientes al matador. Por ejemplo, al plantear la faena del cuarto cerca de las tablas y tardar demasiado en abrirlo más allá de la rayas. O por cambiar de terrenos y de mano en su faena al quinto cuando el toro le había obedecido muy claramente en la tanda inicial con la mano derecha. ¿Por qué no se dio cuenta del tremendo error? Menos mal que, tras ensuciar el trasteo al intentar torear por naturales, regresó al lado más grato del animal. Fue precisamente este error el motivo de que le protestaran la segunda oreja. En fin, que a la esperada tarde de Fandiño en Bayona le faltó poco para terminar como el rosario de la aurora.

El año pasado, Fandiño mató seis toros en solitario en la plaza capital de su nacencia torera, Bilbao. Fue en una de las corridas del aniversario de la fundación de la Villa. Y, posteriormente, otra celebrada dentro de la feria de Julio en Valencia. Fracasó en ambas. ¿Por qué, entonces, otra vez con seis toros? Estas corridas de un solo espada suelen ser un arma de doble filo y de ello podrían hablar muchos toreros, incluso los más importantes que también fracasaron en el siempre tan admirable gesto.

En el horizonte más próximo, a Fandiño le aguardan dos corridas también muy importantes y trascendentales. Ambas mano a mano con el diestro más valiente con mucho de estos años, Miguel Ángel Perera. Por el momento, Perera es la única figura que le ha dado cancha abierta. La primera tendrá lugar el próximo jueves 15, también en otra plaza francesa, la de Dax y otra vez con toros de Fuente Ymbro. Y la segunda, nada menos que en Bilbao. Estaremos presentes en ambas citas.

Otro mano a mano con opuestos resultados: Gravemente herido Morante y enorme triunfo de Ponce

Mientras estábamos viendo la corrida de Fandiño en Bayona, en la plaza de Huesca estaba celebrándose uno de los muchos mano a mano que esta temporada tanto se prodigan. Enrique Ponce frente a Morante de la Puebla con reses de Gerardo Ortega que dieron muy buen juego. Los tendidos, llenos y también expectantes, sufrieron y gozaron a la vez. Desgraciadamente, Morante resultó gravemente herido en un muslo por la cogida que sobrevino mientras estaba toreando muy relajado y entregado al segundo toro de la tarde. Tras darle muerte Ponce, un miembro de la cuadrilla de Morante paseó la oreja que le fue concedida cuando ya estaba en manos de los médicos de la plaza. Luego de la intervención, fue trasladado a un hospital oscense y, ante la gravedad de la herida, a la clínica Quirón de Zaragoza para que el afamado doctor Valcarrere revisara al herido. Los sucesivos traslados hicieron correr el rumor de que Morante había resultado corneado de mayor gravedad de la que en principio se había dictaminado. Morante perderá varias corridas de este mes – fatal ausencia en Bilbao –  y quien sabe cuánto tiempo durará su restablecimiento. Se especula con las sustituciones y muchos hablaban en Bayona sobre si en una de las de Bilbao sería Enrique Ponce el sustituto.

Precisamente el otro gran protagonista de la corrida que comentamos en Huesca. Por la cogida de Morante, el gran maestro valenciano tuvo que matar los seis toros y lidiar por completo cinco. Lo consiguió con la proverbial facilidad que le distingue y, además, con un triunfo apoteósico porque a los cinco los toreó a su total placer. Ponce cortó las dos orejas del tercero y del quinto. O sea, cuatro. Pero de haber matado pronto y bien al cuarto y al sexto, dicen los que estuvieron allí presentes que habría cortado otras cuatro orejas y dos rabos. Precisamente de los dos toros a los que, según varios testigos directos de del evento, toreó con absoluto dominio y arte. Dos de las mejores faenas de su vida. Fue el tantas veces comentado contraste que tan bien define el dicho: oro, seda, sangre y sol. Enhorabuena al incombustible maestro de maestros, nada menos que en la vigésimo cuarta temporada en la cumbre del toreo, y nuestro más ferviente deseo de mejora al gran artista sevillano.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Juan Mari de Chinchon dice:

    24 años de matador de toros y ayer con 4 orejas en el esporton recibe al sexto con larga cambiada de rodillas y lo mata en la suerte de recibir… y aun dudan de Ponce…

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