Desde Bayona (Francia). Asombró el novillero peruano Andrés Roca Rey y triunfaron Manuel Escribano y Alberto Aguilar

En las ferias de las plazas francesas de sur oeste se suelen celebrar dos festejos diarios. Novilladas matinales de prueba y cata para novísimos valores, y corridas de toros vespertinas. Los aficionados galos acuden ilusionados, hasta diría que religiosamente en busca de los que puedan anunciar porvenir cuando el sol aún no es cenital, y para celebrar los posibles triunfos de los mayores cuando el astro decae. Anteayer tuvieron mucha suerte. Por la mañana tuvimos ocasión de ver por primera vez al novillero nacido en Lima, Andrés Roca Rey.

De familia muy taurina y muy querida en los ambientes taurinos peruanos, este chaval ha pegado un asombroso estirón, física y profesionalmente. Ya espigado aunque todavía no tanto como de seguro lo será en un par de años y totalmente cuajado dentro del escalafón menor con completísimas y excepcionales condiciones toreras. Uno de esos niños que, muy de vez en cuando y, nada más verles actuar, parecen que estamos viendo a una gran figura consagrada. Mucho había oído y leído sobre este hermano menor de los Roca Rey pero, como con tantos otros, nunca creo hasta meter mis dedos en la yaga de su realidad.

Pues bien, me atrevo a afirmar que, si no padece algún grave inconveniente y el niño persiste en su ahora mismo incuestionable propósito, nos hallamos ante un fuera de serie de calado mundial. No solo El Perú podrá contar con quien parece estar llamado a ser el mejor torero nacido en tan lejanas tierras a lo largo de la historia, además podrá codearse de tú a tú con los más grandes toreros que se vaya a enfrentar en un próximo futuro.

Y que conste que no exagero nada en lo que digo. Sostenidas por un valor sobradamente natural, Andrés Roca Rey posee todas las cualidades que distinguen a las más grandes estrellas del toreo: elegancia, templanza, inteligencia, frescura, donosura y un variadísimo sentido de la creatividad, tanto en su soberbia interpretación de las suertes fundamentales con el capote, con la muleta y con la espada, como en su especial don de improvisar toda clase de hallazgos con los que adorna sus faenas. Los que nunca le habíamos visto, quedamos boquiabiertos al verle en acción frente a un novillo ciertamente noble y encastado aunque de esos que piden el carnet y pasan factura a los que no tienen clase. Por supuesto que los aficionados galos de Bayona conectaron enseguida con este portentoso joven desde que se abrió de capote en el recibo del animal hasta que lo mató de una sensacional estocada. Andrés cortó las dos orejas de su novillo y fue sacado a hombros.

Apoderado por José Antonio Campuzano, seguro que progresará hasta que tome la alternativa. Acontecimiento que debería acontecer en su Lima natal y en una de las mejores corridas que se celebren en la más importante feria de América, la del Señor de los Milagros en la histórica plaza de Acho. No quisiera perderme el que, sin duda, será suceso estelar. Como también lo serán cuantos festejos participe en todas las plazas del mundo y, no digamos, en las españolas. Que así sea.

Triunfo de Manuel Escribano con un gran toro de Dolores Aguirre  

Por la tarde asistimos a la gran actuación de Manuel Escribano con dos imponentes toros de Dolores Aguirre. El que afrontó en segundo lugar, un pavoroso cornipaso arremangado de pitones fue tan espectacularmente manso en los primeros tercios y tan caramente manejable en la muleta como casi toda la corrida. Escribano anduvo sobrado con el capote, vistosísimo en banderillas, sometedor con la muleta y contundente con la espada. Pero fue con el bravo y noble quinto, el único gran toro del impresionante envío, cuando Manuel dio la misma o aún mayor talla que también dio en su triunfal tarde de la pasada feria de Sevilla con un torazo de Miura.

A los dos toros los recibió con sendas largas de rodillas a porta gayola. Pero con el quinto que quiero comentar más detenidamente, sobresalió con el capote en un precioso galleo por chicuelinas andadas que remató con serpentina para dejarlo colocado ante el caballo. Bravo el animal, fue puesto de lejos para que el destacado picador, Juan Manuel Elena, hiciera la suerte de varas con tanta brillantez como eficacia. Puesta en escena en la que también participó con un torerísimo quite el pequeño gigante del toreo actual, Alberto Aguilar.

Variado y preciso en los tres pares de banderillas que clavó Escribano entre los clamores del público, con la muleta anduvo a la misma altura, incluso una vez rajado el toro hacia las tablas, lugar donde continuó la excelente faena que tuvo un dramático epílogo cuando Escribano fue tremendamente cogido, zarandeado y recogido al dar una angustiosa manoletina. Increíblemente sonriente se zafó Escribano de las asistencias que le recogieron de la arena en la creencia de que había sido gravemente herido. Percance del que, milagrosamente, se salvó. Y así, salvado y seguro de sí mismo, entró a matar cobrando una gran estocada que dio fin con el animal que fue muy ovacionado en el arrastre, antes de que Escribano paseara contento y feliz las dos orejas que le concedieron en estricta justicia. Tan decidido está ahora mismo Manuel Escribano que todo lo ve clarísimo. Ojalá que continúe en este mismo plan porque, si no desmaya, hallará con creces lo que busca con admirable afán.

Del resto de la corrida de la ganadería de Dolores Aguirre – tras su muerte ya se ha hecho cargo de dirigirla su hija María Isabel – cabe comentar que, pese a resultar mansos los otros cinco toros, resultaron manejables en la muleta todos salvo el con mucho peor cuarto que resultó absolutamente impracticable. Sin embargo, esta mansedumbre fue expresada por los animales con tanta espectacularidad como cambiante comportamiento, dando lugar a un emocionantísimo y muy interesante además de entretenido espectáculo en el que, a su vez, participaron con notable eficacia los tres matadores y sus cuadrillas. Especial mención merecen los peones de Javier Castaño: con el capote en la brega, Marco Galán, y en banderillas, los por todo fantásticos David Adalid y Fernando Sánchez. El matador, Javier Castaño, anduvo muy bien con el primer toro y lo que iba para oreja quedó en silencio tras fallar demasiadas veces con los aceros. Claro que este toro terminó muy  difícil para la suerte suprema. Con el imposible cuarto, ya quedó dicho que Castaño no pudo hacer nada.

El segundo gran protagonista de esta corrida fue el madrileño Alberto Aguilar que anduvo a gorrazos en sus dos brillantes intervenciones. Este pequeño hombre se agiganta ante los toros. A su continuo bullir, añadió sabiduría, torería y eficacia. Se las sabe todas y logra cuanto se propone con graciosa habilidad y particular enjundia. Cortó una merecida oreja del tercer toro y perdió la del sexto por pinchar con el estoque. Pero abandonó la plaza en medio de una estruendosa ovación del público puesto en pie. Nadie había abandonado los tendidos que se cubrieron en dos tercios largos hasta ver salir a hombros a Escribano.

Los por todo ejemplares aficionados franceses abandonaron el recinto muy contentos y felices por haber asistido a este singular espectáculo con reses deciochescas que fueron lidiadas y en gran parte toreadas según las normas del toreo contemporáneo gracias al incuestionable valor y a la admirable habilidad de todos los toreros que participaron.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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