1ª de las Corridas Generales en Bilbao.Cumbre Hermoso de Mendoza en una tarde redondísima

Bilbao. Plaza de Vista Alegre. Sábado 17 de agosto de 2013. Primera de feria. Tarde agradable con brisa y media entrada. Seis toros despuntados para rejones de los hierros familiares de El Niño de la Capea, bien presentados en el tipo de su encaste murubeño y de buen juego en general. Pablo Hermoso de Mendoza (a la portuguesa con casaquilla burdeos y oro, y sombrero calañés): rejonazo, oreja. Rejonazo, oreja y fortísima petición de otra. Rejonazo, oreja y otra fortísima petición de la segunda y descomunal bronca al palco por no concederla. No pudo salir a hombros por no haber cortado las dos orejas de un toro. Logró tres que debieron ser cinco.  Leonardo Hernández (de corto con chaquetilla marengo): Rejonazo muy trasero, leve petición y ovación. Rejonazo muy trasero, ovación. Medio rejonazo tardando el toro en doblar, leve petición y gran ovación.

Arrancó la feria de Bilbao, tenida por la más lujosa de cuantas se celebran en el mundo. Siempre la situamos entre las tres más importantes de la temporada junto a las de Sevilla y Madrid. Pero desde hace años, muchos la consideramos la más atractiva para los verdaderos aficionados, principalmente por la seriedad y la solemnidad que impregna cuanto sucede en la Plaza de Vista Alegre. La seriedad la ponen los toros que se lidian. Reses seleccionadas entre las ganaderías más prestigiosas que, supuestamente, se encuentren en el mejor momento, debidamente elegidas en las respectivas cabeceras de las camadas. Elegidas, vigiladas por los encargados de hacerlo por parte de de Junta Administrativa que comanda la plaza en sucesivas visitas anuales a cada finca ganadera y que en su mayoría llegan a los corrales tal cual fueron aprobadas previamente por los veterinarios encargados de hacerlo. En Bilbao no hay por ello sorpresas ni apenas cambios salvo que algún toro haya sufrido algún accidente o merma antes de ser embarcados las corridas. Del juego que den luego nadie sabe nada. Pero como en la elección no solo se exigen toros con más que sobrado trapío sino también que las reses mantengan el tipo característico de cada encaste, es frecuente que salten buenos toros en todos los aspectos. Así lo deseamos para que los toreros que van a actuar tengan posibilidades de triunfar, dejando aparte las orejas que corten porque, en la plaza de Bilbao, ejerce la presidencia el famosísimo don Matías y ya se sabe lo que este señor dice sobre su potestad en premiar o en denegar los premios. Que para cortar dos orejas a un toro hay que estar muy bien con el capote, con la muleta y con la espada. A veces se le va la mano premiando las labores de los espadas más modestos, como también la retiene excesivamente con las figuras. Pero como estos son valores entendidos de antemano, aquí no atendremos a los hechos más que a los resultados contables.

El público de Bilbao es generalmente serio aunque en su mayoría respetuoso y cortés sin que ello quiera decir que sea fácil. Es un público que se entrega cuando los toreros dan de sí todo lo que sean capaces de dar sin distinción de estilos ni de favoritismos regionalistas aunque, claro, como saben muy bien cómo son los actuantes, obran en consecuencia a las expectativas de cada cual. Y, naturalmente, muestran su predilección con los diestros que más veces y durante más años llevan sumando corridas y triunfos en Bilbao. Y como la plaza de Vista Alegre no es la de Las Ventas de Madrid, aquí no se va a los toros para reventar las actuaciones de nadie sino todo lo contrario. Por eso los toreros vienen a Bilbao muy a gusto pese a lo que les espera en los chiqueros.

De entre los matadores de toros que este año comparecerán en Vista Alegre, el más esperado y querido es Enrique Ponce. El valenciano tiene el máximo palmares de actuaciones y triunfos en esta plaza a lo largo de su historia a mucha distancia de los que le siguen. Y entre los rejoneadores, el que aquí manda es el navarro Pablo Hermoso de Mendoza. Veamos los que hizo ayer compitiendo mano a mano con Leonardo Hernández.

Para empezar, digamos que la entrada fue francamente floja. Esperamos que al menos los días con figuras de a pie, los tendidos estén más nutridos de personal. Lo merecen los organizadores y, sobre todo, la Junta Administrativa que, al contrario que en otras plazas de España, no han querido acortar la feria por la crisis. Muchas gracias a los siempre grandes señores con Javier Aresti a la cabeza.

El jinete navarro, Pablo Hermoso de Mendoza, es como de casa. ¿Cuántos años lleva encabezando esta corrida de apertura? Incontables. Escuchó una gran ovación antes de que soltaran al primer toro de la tarde. Salió con muchos pies y enseguida fue admirablemente fijado en los medios por Hermoso. Maestro consumado en el arte de Mirabrás, solo clavó un rejón de castigo con la facilidad que le distingue. Y, de seguido, banderilleó bajo los compases de la banda de música de Bilbao que suena con solemne y alegre variedad. Una maravillas de la que en estas corridas disfrutamos más que en las de a pie porque amenizan los seis tercios de banderillas. Enorme anduvo Hermoso al clavar los garapullos sobre un precioso corcel tan bien domado como todos los suyos. La gente se volcó con los alardes de Pablo, elegantes además de espectaculares y variados. Cambios, requiebros, cabalgadas de costado templadísimas y todo con ritmo casi sin solución de continuidad. Por encima de la sosería con que embistió el animal. Por poner algún pero, su desplante final haciendo el teléfono. Eso lo debe dejar para los rejoneadores vulgares. Un rejonazo efectivo dio muerte al toro y para Hermoso fue la primera oreja de la tarde tras tardar el presidente en concederla.

Dos le debieron dar del  magnífico tercer toro,  al  que Pablo cuajó una completísima labor. Yo diría que extraordinaria por como ejecutó todas las suertes y como las enjoyó con alardes de alta escuela, adornos y esa manera única que tiene Hermoso de trasmitir lo que hace. Sobre todo cada vez que redondea una faena de las de punto y aparte. Que el toro se cayera una vez en plena acción del jinete, no debió ser óbice para que se le hubieran concedido los dobles trofeos.

Con un quiebro empezó Pablo su tercera gran faena de esta su redonda tarde al quinto. En un no va más, asombró llevando al animal por las tablas cambiando sobre la marcha un costado y otro del caballo sin que el toro lograra alcanzarle. No se cosa de repetir lo que hizo con las banderillas. Sensacional. Ni la presidencia consiguió paliar el gran triunfo del jinete navarro negándose otra vez a darle la segunda oreja, lo que le impidió salir a hombros. Este Matías no tiene remedio. Pablo demostró por qué es coloso en todo y por todo. Pero a este también le quieren enterrar algunos. Como a Ponce. No habrá habido en el toreo dos que, en sus respectivas especialidades, hayan logrado sendas carreras sin posible paragón. ¿Por qué no nombras Ponce a uno de tus caballos, Pablo?

Alternar mano a mano con Hermoso de Mendoza es arriesgado además de un honor. El extremeño-cordobés, Leonardo Hernández. El segundo toro se mostró algo distraído y rajado en su salida pero enseguida obedeció a la cabalgadura de Leonardo que montó con singular pericia para fijar al toro, castigarlo levemente y banderillear con notable vistosidad arrancando de una punta a otra del ruedo no sin antes y después llevar de costado al toro a lo largo del circulo paralelo a las tablas. Reconozcamos que esta manera de llevar embebidos a los toros fue la aportación que más se le han copiado a Hermoso. Bendito “invento”. Un par a dos manos y tres al violín hicieron olvidar la fea caída del animal al salir del capotazo de un peón. El rejonazo demasiado trasero con que Leonardo mató al toro, dejó en gran ovación el posible premio que habría obtenido.

Leonardo reeditó con sobradas creces lo ya conseguido en el segundo toro frente al tercero de la tarde. Una labor entusiasta y vibrante la suya en todos los tercios y, desde luego, más que estimable. Pero claro, después de lo que Hermoso acababa de lograr, era muy difícil estar a tanta altura.

Lo del sexto tuvo el gran mérito de haberlo hecho con un animal en principio rajado y más apagado que los demás. Con este toro Leonardo echó el resto y, aunque tampoco pudo estar a la altura de la demostración de Hermoso, el extremeño logró enardecer a los tendidos por su brillante exactitud. Mató de medio rejonazo y como el toro tardó en doblar, tampoco pudo cortar la buscada oreja. Otro día será.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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