3ª y última de la Feria de San Miguel en Sevilla. Una grande aunque nula corrida de Juan Pedro echó todo a perder

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Domingo 29 de septiembre de 2013. Tarde nublada, cálida, con algo de viento y con lleno. Siete toros de Juan Pedro Domecq incluido el sobrero que reemplazó al tercero, devuelto por muy débil. Muy bien presentados y de pésimo juego salvo el apenas manejable tercero. Enseguida parados primero y segundo. Manejable sin clase por el lado derecho el tercero. Muy deslucido el cuarto. Parado también el quinto. Y muy blando además de nulo el sexto. Morante de la Puebla (violeta y oro): Media atravesada a paso de banderillas y descabello, silencio. Pinchazo hondo y descabello, silencio tras injustos pitos. El Juli (tabaco y oro): Estocada habilidosa, silencio. Estocada casi entera y descabello. Alejandro Talavante (azul prusia y oro): Estocada muy trasera caída, petición insuficiente y palmas. Estocada, silencio.

Por el momento, las borrascas no han sido capaces de suspender las corridas de esta feria. Y menos mal porque, cada ciclo, incluso los más cortos como este de San Miguel en Sevilla, tiene su tarde más redonda sobre el papel que es la que elige la gente que solo puede ir a una. La primera prueba que había por catar ayer por tanto era precisamente comprobar cuanta gente lograrían llevar a la plaza las tres figuras que actuaron: nada menos que Morante de la Puebla, El Juli y Alejandro Talavante. Esta corrida tenía los alicientes añadidos de poder medir las respectivas situaciones de los tres en la plaza que más les admira y respeta. Morante al final de en una temporada ciertamente importante para él que, además, está culminando por todo lo alto incluso tras superar muy crecido la grave cogida que sufrió en Huesca. La proeza de Morante saliendo del obligado reposo para matar con gloria seis toros en solitario en la Goyesca de Ronda y triunfando también un día después en la francesa plaza de Dax donde hasta mató un toro de Victorino Martín, fue la señal más inequívoca de que el de La Puebla es mucho más que un gran artista. El Juli, por su parte, regresaba al escenario de la muy grave cornada que sufrió pocos días después de cuajar una de las más grandes faenas de su vida. Faenón y cornada que marcaron un antes y un después en su particular carrera porque, digámoslo con tanta sinceridad como respeto, desde entonces no hemos visto a El Juli a la altura que marcó el Domingo de Resurrección, aun reconociendo que su campaña ha sido tan pródiga en triunfos como extraña en cuanto a cómo los obtuvo, toreando fiel a su reconocida virtud de torero inmensamente poderoso pero, desde aquella nefasta tarde, tan forzado y ventajista como feamente distorsionado en la estética de su hacer el toreo. Y para cerrar la cata, Alejandro Talavante. Torero ya consagrado que, sin embargo, está viviendo una etapa de preocupante indefinición artística sin que ello reste nada a su categoría. Veamos lo que pasó con los tres, enfrentados a una corrida de Juan Pedro Domecq.

Despejada quedó la primera pregunta para empezar: Se llenó la plaza o, al menos, así lo pareció. Quede constancia de ello para que nadie sea suspicaz al respecto. El público intentó con aplausos que los tres matadores salieran a saludar tras el paseíllo y así aconteció. Muchos dicen que estos saludos previos traen mala suerte, sobre todo donde no es habitual. Al final llevaron razón los agoreros. La muy bien presentada corrida de Juan Pedro no valió ni para examinar mínimamente a los espadas contrincantes. Nos quedamos con las ganas de evaluarles.

El primer toro, coloraro y muy bien armado, salió con pies además de con muy buena pinta. Se emplazó antes de que Morante se recreara a la verónica aunque con el pasito atrás. Los olés sonaron con fuerza pero sin arrastrar. Impresionante silencio que se rompió con la media que dio Morante para colocar al toro ante el caballo muy de lejos. Demasiado porque el toro tardeó mucho  y se distrajo hasta arrancarse con furia de bravo. Furia ablandada después porque el animal tardeó más y hubo que acercarlo al jamelgo. Ni por esas. Tomó el segundo desde muy cerca. Todo muy bonito pero perjudicial para el toro que esperó mucho en banderillas. Como suele ocurrir, el toro hizo en la muleta lo que acababa de hacer en el caballo y, claro estuvo, no valió para lo que Morante quiso hacer. Se quedó parado como uno de los de Guisando.

Con oles cortados recibió el público los simplemente apuntados lances de Morante al muy cuajado cuarto,  enseguida protestado por su ostensible debilidad de patas. El toro cumplió en varas, pero salió hecho polvo de los dos encuentros. Sin viajes y echando la cara arriba. Difícil para banderillear e imposible para el ansiado lucimiento del gran artista que quiso porque este año Morante quiere hasta con los marrajos, pero con este quinto de ayer, ni por esas.

Rum-rum de expectación antes de que saliera el segundo para El Juli. Natural. Los sevillanos se acordaban de lo que hizo aquí en abril. Castaño y bien puesto de pitones, en seguida escarbó. Y sin que nadie le tocara, El Juli lo paró por delantales a pies juntos muy apretados. El toro echó las manos por delante al acudir al caballo desarmado al piquero para cumplir sin más en los dos encuentros. Como el primero, también esperó en banderillas. E, igualmente, se paró en la muleta. El Juli solo pudo porfiar y apenas dar cuartos de aislados pases. Fue inútil seguir intentándolo y el público pidió que lo matara cuanto antes. Cosa que Julián hizo de estocada habilidosa.

Bien El Juli ganando terreno hasta rematar con media en el platillo. Bien el torero, que no el toro por muy desigual en sus desclasadas embestidas. Llevándolo al caballo, Julián sufrió una colada del burel. Apenas se cubrió de trámite el segundo tercio con el toro ya casi parado en el segundo encuentro. Pero, aunque distraído, pareció irse algo arriba en el primer par de banderillas. No en los dos que siguieron. ¿Toro de prueba para el maestro madrileño? Ni para eso. También se paró. Nos quedamos con las ganas de examinarle aunque logró darle cuatro pases con la derecha.

Con la misma pinta y pies salió el tercero. Más bonitos y mejor hechos los tres, imposible. Talavante se lució en el recibo de capa aunque comprobando, como todos los presentes, que el animal carecía de fuerza. Pero no de alocada movilidad. Se picó solo en una sorpresiva oleada y empezó a doblar las manos. El público, notoriamente mosqueado, empezó a protestar. Incluso durante el decente quite de Talavante por chicuelinas. Momento en que el palco ordenó su devolución. En su lugar soltaron un sobrero del mismo hierro. La primera ovación de la tarde se escuchó mientras el toro volvió a los corrales.

Y salió el tercero bis. Negro, con cara y noble aunque cortito de viajes. Talavante al menos pudo estirarse en tres lances y media. Y el toro empezó a escarbar. Con revolera por detrás lo dejó el extremeño ante el caballo, empujando el animal sin que apenas le pegaran. Media para colocarlo ante el segundo encuentro, arrancándose el toro desde lejos. Bien el picador. Algo es algo. Corrección en banderillas entre los contendientes salvo por lo que el animal escarbó entre par y par. Talavante inició el trasteo por alto y cambiados por delante que el toro admitió. También a tres redondos y al de pecho ligados. Y no tanto a los otros tres que siguieron sin que Talavante lograra templar ni templarse. Los naturales los pegó acelerados y sin tersura porque el toro no fue tan claro por el lado izquierdo. Mejoró la cosa de nuevo con la derecha en pases desclasados. Y otra vez peor con la izquierda. ¿Por qué tanto cambio de manos? Mejor hubiera sido no usar la zurda porque el toro volvió a meter la cara en los derechazos finales, Estocada muy trasera y caída de efectos bastante rápidos. Algunos pidieron oreja. ¿Por esta faenita sin estructurar y sin chicha ni limoná? Había ganas de que alguno triunfara. El palco no la concedió e hizo bien.

Poco más de dos horas duró la corrida con sobrero incluido. La lidia del sexto la vimos desconsolados aunque aún con ligeras esperanzas. La gente se contenta con poco en estos casos. Y así ocurrió con las chicuelinas de recibo a cargo de Talavante. Pronto empezó el toro a caerse y ni siquiera se prestó atención a una media de Morante en su intento de quitar. Al menos se banderilleó bien. Quizá por eso brindó Talavante. Fue el mejor toro de la tarde sin llegar a ser realmente perdonable. Y Talavante volvió a agradar pero no a darnos una de sus mejores faenas. Trasteo espaciado y tirando a corriente. El toro no dio para mayores alegrías.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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