4ª y última de la Feria de Otoño en Madrid. Oreja para Ferrera y “tocado” Fandiño en una mansada de Adolfo Martín

Madrid. Cálida Plaza de Las Ventas. Domingo 6 de octubre de 2013. Cuarta y última de feria. Tarde cálida sin viento y con lleno. Seis toros de Adolfo Martín, muy bien presentados y de pésimo juego salvo el cuarto en la muleta. Imposible el peligroso aunque parado primero. Casi otro tanto el segundo. Sin fuerza y muy brevemente manejable el manso tercero que se paró como los anteriores. Manso aunque muy noble en la muleta el cuarto. También manso el quinto que apenas dio opción en la muleta. Apenas manejable por el lado izquierdo el sexto. Antonio Ferrera (negro y oro): Estocada muy trasera caída, silencio tras generosas palmas. Pinchazo y estocada, oreja con petición de otra pese a ser protestada. Javier Castaño (perlita y oro): Pinchazo, sartenazo y dos descabellos, silencio tras algunos pitos. Dos pinchazos, otro hondo muy tendido y muy trasero, otro pinchazo más igual y descabello, silencio.    Iván Fandiño (encarnado y oro): Dos pinchazos, otro hondo y dos descabellos, silencio tras ligera división. Dos pinchazos y media estocada, silencio.

Una de las características del comportamiento de los espectadores que acuden actualmente a la plaza de Las Ventas cuando se celebran festejos feriados y, no digamos, a los domingueros, es su variable y muchas veces opuesta manera de manifestar sus opiniones que a menudo no coinciden con las de los más habituales que casi siempre llevan la “faena” hecha desde sus casas según sus preferencias y odios. Esta dispar manera de “respirar” que tiene el coso madrileño no se corresponde con la que distingue a las aficiones que albergan las plazas de toros tenidas por más sabias. Aficiones que  casi siempre “respiran” al unísono. Me duele decir esto porque me acuerdo de lo que en mis años mozos ocurría en la plaza siempre tenida por la más importante del mundo. Quizá lo sigue siendo por la trascendencia de su capitalidad, pero no por el peso especifico que marca su público. En Las Ventas ya no se sabe medir a los toreros como antes se les midió. Uno recuerda que en aquellos años asistían asiduamente a las corridas feriales no menos de cinco o seis mil aficionados que ocupaban las localidades bajas de los tendidos 8, 9, 10, 1 y 2 que eran los que mandaban en la plaza sin necesidad de manifestarse con ninguna estridencia. Les bastaba levantase de sus asientos haciendo gestos nada ruidosos de que algo les gustaba o no les complacía, daban su venia o no la daban y los demás espectadores les secundaban. Y había broncas tan monumentales como la plaza, sí. Pero siempre una vez concluía la lidia, jamás durante la misma. Lamentablemente, eso se acabó. Por eso, cada tarde, Las Ventas parece una plaza distinta y muy pocas la que tanto añoramos. Tan pronto feroz como condescendientemente pueblerina, lo de ahora no se corresponde para nada con los que fue. Una pena. Y no es algo reciente. Llevamos ya muchos años padeciendo esta negativa singularidad. Un día me dijo Paco Ojeda a propósito de lo que a él le había parecido la plaza de Las Ventas y me contestó: “Se enfadan por nada y se entregan por nada”.

Ayer volvimos a comprobar que la sentencia ojedista se cumplió en muchos momentos de la última corrida de esta feria de otoñal con tres toreros tan distintos como distantes. Antonio Ferrera, de quien la mayoría de la prensa está diciendo que esta es su mejor temporada; Javier Castaño, que llega con la fuerza que le dio encabezar la cuadrilla de picadores y banderilleros que más espectáculo dan le venga o no le venga bien a cada toro de cara al lucimiento del matador; e Iván Fandiño que es el que más se juega en este último empeño importante de su particular campaña porque, digan lo que quieran sus panegiristas, hace dos días no dio la talla esperada y ayer salió más obligado que nunca a demostrar que es lo que muchos creen que es, empezando por él mismo. Ayer no fue fácil lograrlo con los toros de Adolfo Martín. Pero sí por la compañía que tuvo en el cartel. Con Antonio Ferrera y Javier Castaño no podía temer que se aplicara el término de la comparación aunque ayer, Ferrera, se lo puso difícil con su faena al cuarto.

Llenazo y ambiente muy favorable ayer. Obligaron a los matadores a saludar tras el paseíllo y se aplaudieron con frenesí los primeros lances de Ferrera que lidio al primer toro como si fuera bravo sin serlo aunque medio cumplió en el caballo. Y la tremolina con sus espectaculares pares de banderillas que vendió como bien sabe hacerlo, como si fueran joyas de carísimo precio. El tercer par quebrando por los adentros fue el mejor. La faena, brindada a no sé quien a través de la televisión, resultó de tan ingenua disposición como imposible lucimiento. Todavía no se había enterado Ferrera de que el toro era una peligrosa alimaña que, para su suerte, se vino abajo enseguida. No le sirvió para nada el subterfugio de hacer creer a la gente que había sido bueno. Ni siquiera su arrimón final con el toro ya agotado.

El cuarto hizo salida de morucho. Cuando no huyó, arrolló. A Ferrera le fue imposible pararlo y corrió tras el manso más que la jaca de la Algaba. Cansados ambos contendientes, esperaron a que llegara el caballo y, ¡qué sosas Dios mío¡ también lo puso de lejos. Pero arregló la cosa en un quite arrebujado que gustó a la gente. El morucho se negó al engaño en el segundo intento del varilarguero. Qué petardo, señores. Y Ferrera de nuevo acertado en otro habilidoso quite que encantó a la parroquia. En banderillas hizo el número completo colocando al toro con el capote y, una vez puesto sobre la arena, clavó haciéndolo todo el torero. Ya se había parado el animal como sus hermanos, pero Ferrera le provocó para que se moviera hasta parear citando de espaldas para clavar en dos tiempos. Este invento no cayó tan bien. Cerró con un buen quiebro por dentro de su especialidad y algunos no lo aceptaron. Sí el brindis de un trasteo que resultó lucido porque este animal se movió algo más y hasta aceptó los decentes muletazos que le endilgó con cierta gracia y hasta con enjundia el extremeño-balear. Sorprendente y francamente acertada y hasta muy bonita faena que merecido el premio de una oreja tras matar de pinchazo y estocada con el matador adornándose antes de después de ejecutar las suertes.

Javier Castaño y, sobre todo, su teatral cuadrilla ya habían armado un alboroto en Las Ventas la pasada feria de San Isidro. Con el segundo toro de ayer fue más difícil lograrlo. También a éste se le picó como si fuera bravo poniéndole de lejos. También cumplió aunque manseando. Tardeó lo indecible distraído y hubo que recolocarlo muy cerca del caballo para que le pegaran. Salió casi parado. Fandiño quitó por afectados lances que el animal apenas aceptó. Y los famosos peones de Castaño cubrieron brillantemente el tercio de banderillas. Son capaces de parear bien hasta a los toros de Guisando. Fueron ovacionadísimos. Y el matador, ¿qué? Castaño sacó algunos medios pases – muy pocos – del muy deslucido marmolillo y poco más porque, como el primero, se paró en seguida y con buenas intenciones precisamente. Pagó las consecuencias del dislate tras matarlo malamente.

El quinto fue un bonito aunque agresivo cárdeno que, para no ser menos, también fue manso y esta vez sin disimulos pese al largo puyazo que soportó tapándole la salida. Los banderilleros de Castaño fueron aplaudidos antes de parear. Pero Adalid falló en el primero. Fernando Sánchez lo compensó en el segundo y también Adalid en el tercero. El marrajo apenas dio opción en la muleta de Castaño que anduvo muy por encima de sus condiciones hasta tragar más de un grave acosón. Las pasó moradas con los aceros.

Arremangao de pitones el cuarto. Muy en Victorino de sus primeros años. Pero a algunos lo les gustó al salir por escurrido de culata. Lo hizo abanto y queriendo saltar al callejón. Huyendo de capotes y, además, sin fuerza. A los adolfistas no les gustó que se picara normalmente. ¿Qué querían, otro simulacro de imposible bravura? ¡Venga ya¡ Muy mal Ferrera tirándolo al suelo en una media repensada. Fandiño contempló en jarras desde la boca del burladero como sus peones sufrían al banderillear como pudieron. Y encaró al manso tratando de “hacerlo” para citar con la derecha como si fuera bueno. Casi lo logra con indudable valor en un primer intento. Cambió de terrenos para el segundo y pasó otro tanto. Y lo mismo o peor al natural. No había toro. Siguió para nada y se le agradeció el arriesgado y baldío esfuerzo. Esta vez no le funcionó la espada tan bien como otras veces. Una vez cubierto correctamente el tercio de banderillas, Fandiño solo pudo medio aprovechar el lado más potable del toro, el izquierdo, sin lograr dar ningún natural completo ni ligar dos seguidos y menos afirmarse porque no fue posible. Y falló a espadas. Fandiño salió “tocado” de su empeño otoñal.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. josem dice:

    ante el clamoroso conformismo de las figuras actuales unos los pocos toreros que supone un poco de aire fresco porque nunca se alivia y siempre da la cara, da igual la plaza y el hierro, gran parte de la prensa se ceba con él incluso veo con disgusto que se esperaba un fracaso, cosa que por mucho que se intente hacer creer no se ha dado. Me gustaría oír que dice esa misma prensa si lo apoderase una gran empresa, como ha ocurrido con Manzanares o Talavante en su mediocre temporada 2013. Creo que Fandiño debería retirarse, en su lugar para los carteles de figuras en 2014 q

  2. josem dice:

    ….que reaparezca Cayetano y sus becerrotes

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