2ª de la feria de El Pilar en Zaragoza (novillada). Fernando Rey cortó oreja, pero no atisbamos futuros “caganchos” ni “albaicines”

Zaragoza. Plaza de la Misericordia. Martes 8 de octubre de 2013. Segunda de feria. Tarde soleada y fresca en plaza cubierta aunque con la carpa móvil abierta. Un quinto de entrada. Seis novillos de Santa Fe Martón incluidos los sobreros que reemplazaron al segundo y al quinto, devueltos por muy débiles. Desigualmente presentados y de vario juego. Mansito y noble por el lado derecho aunque muy tardo y a menos en primero. Excelente para la muleta el sobrero que hizo de segundo. Corto y defendiéndose el cuarto. Muy blando y deslucido el quinto. Y dos becerros de Valrubio, sin cara. Muy noble y alegre el que hizo de tercero y sin fuerza aunque noble el que cerró la tarde. Roberto Blanco (malva y oro): Pinchazo y estocada trasera, silencio. Estocada trasera, aviso y descabello, palmas con saludos. Fernando Rey (marfil y plata): Estocada trasera caída, oreja. Estocada, silencio. Juanito (celeste y oro): Estoconazo, ovación. Pinchazo y estocada, aviso y palmas.

Ignorando el parón que anteayer tuvo esta feria que empezó el mismo día que terminaba de de Otoño en Madrid, adelantamos nuestra llegada a Zaragoza al lunes. Fue ayer martes cuando recomenzó la feria de El Pilar de este año con un cartel de mixtura novilleril, combinación que, al menos yo, nunca había visto. Desconocidos para el que subscribe, actuaron los novilleros con picadores, Roberto Blanco, Fernando Rey y el becerrista que se anuncia como Juanito frente a ganado de dos hierros también por mí desconocidos. Bueno, veremos lo que nos depara este espectáculo menor de incierto aperitivo.

Cada vez que vemos por primera vez a los novilleros, es inevitable intentar descubrir si alguno tiene posibilidades de llegar a ser no solo matador de toros, también y sobre todo si se le adivinan cualidades fuera de lo común. El firmamento taurino está lleno hasta los topes de muchachos y hasta de niños que quieren ser toreros, lo cual es positivo y digno de elogio. Pero, siéndolo, lo más seguro es que a la mayoría no les veamos nada que destaque sobre lo corriente – uno más, solemos decir – y menos aún que tengamos la inmensa suerte de descubrir a alguien que nos haga concebir serias esperanzas de futuro. No digamos, si el nuevo nos parece que podría llegar a ser figura y, aun más difícil, uno de los grandes. De llegar a serlo, no tengo por menos que volver a recordar lo que dijo Paco Camino al respecto: Ser figura del toreo es como hacerte cura, llegar a Papa y que el día siguiente te toque el gordo de la lotería”. Pues eso.

De ahí que tantas veces nos disguste ver anunciados novilleros que, una vez catados, no atisbemos ni la más remota posibilidad de que sean capaces de llegar a nada. Últimamente, las ferias e incluyo a varias entre las más importantes, apenas ofrecen festejos menores – salvemos a las francesas que en esto también nos dan sopas con honda – que, para colmo, no cuentan con aspirantes de contrastado relieve. Y de ahí que los públicos hayan dejado de asistir a esta clase de festejos. En las plazas de propiedad pública sobre todo, las novilladas se llenan de recomendados y de enchufados que actúan porque algunos influyentes lo piden por favor a las empresas gestoras que, a su vez, atienden a los amigos sin haber visto nunca a los alevines. Y así nos va.

Bien es cierto que cada temporada aparecen muchachos que parece pueden ser alguien importante. Pero también lo es que incluso estos no dan la talla que anunciaron en las corridas de su “descubrimiento”. Sin ir más lejos, esto ocurrió el año pasado con Lama de Góngora y mucho sentimos decirlo. ¿Cuántas veces nos encontramos con un taurino que te dice: “a ver si ves al que llevo ahora porque es de los que a ti te gustan”? Infinitas. La mayoría no valen un duro de los de antes. Pero también y por fortuna, también descubrimos muy de vez en cuando a novilleros con muchas posibilidades de ser futuras figuras: Son rara avis porque, para que cuajen, deben tener muchas virtudes y en muy alto grado en su solas personas: Valor consciente del que no se nota; cabeza pensante en cualquier circunstancia; y arte, personalidad o ambas cosas a la vez. De estos hemos visto este año solamente a dos: Posada de Maravillas ya con picadores y el todavía becerrista peruano limeño, Andrés Roca Rey. Y alto, ni uno más entre los que uno haya visto. Claro que todavía ninguno de los dos ha hecho campaña completa en plazas de primera categoría. Ambos son ahora mismo las más grandes esperanzas para un próximo futuro. Y los dos tienen virtudes sobradas, incluida la del más caro arte personal.

Pero hablando de arte y de artistas, anteayer leí un precioso artículo en LA GACETA que firmaba alguien que lleva arte a raudales por sus venas: Joaquín Albaicín. Dios y sus genes le han llevado a escribir con sentimiento. Y en este sentir, me preguntaba si yo podía averiguar en Francia algo que ansía: “Está visto que no voy a conseguir nunca fotos de aquella corrida que se celebró en Burdeos y en la que actuaron Cagancho, Gitanillo de Triana y mi abuelo, Rafael Albaicín, ni de otra – Domingo Orte­ga, Rafael Albaicín y Pepín – cele­brada el mismo año en Béziers. A ver si José Antonio del Moral, asi­duo de las ferias de allí, lee este artí­culo y me orienta” Te prometo que lo voy a intentar cuando vuelva a las ferias francesas que frecuento. Pero por darte alguna satisfacción respecto a quien buscas ver al menos en alguna fotografía, el genial torero gitano Cagancho, te diré que hace muchos vi fotos de su actuación en la bicentenaria plaza limeña de Acho. Fue en un festival que se celebró cuando precisamente se cumplieron las dos centenas de su inauguración. ¿Sabes, Joaquín, quien fue esa tarde su mozo de espadas? Solamente un torero de aquellos años podía hacerlo en pos de su siempre artístico capricho. Se lo pidió a  Cagancho, nada menos que Antonio Ordóñez que aquella tarde le vimos circular por el callejón de Acho muy sonriente y satisfecho con una toalla al hombro portando el fundón de espadas de Cagancho. ¡Qué lujo del entonces ya viejo torero y que lujo del ocasional mozo de espadas, señores¡ Cada cual en lo suyo aquella tarde, ambos estuvieron lo que se dice sembraos.  Vamos a ver si ayer estuvo sembrao o podría estarlo en el futuro alguno de los actuantes.      

Roberto Blanco es de Medina del Campo y solo lleva un año y medio ejerciendo la difícil profesión. Ya ha tenido tres apoderados y ahora anda buscando el cuarto. Su nombre ha sonado más en Francia que en España. Fernando Rey es malagueño y tampoco tiene apoderado. Esta temporada solo ha actuado nueve veces aunque cortando ocho orejas. Y el más joven “Juanito” Torres es madrileño y sí tiene apoderado, Domingo Siro. Esta temporada ha salido veinte veces por la puerta grande de las ventitrés que lleva toreadas. Y los tres debutantes en esta plaza. Nos limitaremos a dar las primeras impresiones que nos causen.

538 kilos nada menos pesó el primer novillo. Castaño y bonito de cara, berreón y suelto de salida. Roberto Blanco lo supo sujetar con lances por bajo que remató con media y revolera. Bien, con cierto estilo para empezar. Roberto anduvo fácil para colocarlo ante el caballo y el novillo cumplió defendiéndose un poco. Intervino sin fortuna en un quite   Fernando Rey. Se quedó corto el animal al embestir y esperó en banderillas. Cada vez más tardo en arrancarse. Aunque no repitió, resultó noble por el lado derecho. Roberto tuvo que tirar del novillo logrando derechazos sueltos hasta ser revolcado en un descuido. Y con la izquierda no pudo sacar nada porque el novillo no quiso embestir por ese pitón. Casi nada después por el mejor derecho. Blanco insistió cruzándose muy encimista y fue desarmado. Fue inútil seguir con el novillo ya rajado. Voluntad y discreto hacer del novel que mató de feo pinchazo y estocada trasera.

Con el alto de agujas y en principio suelto cuarto, Blanco no nos dijo nada con el capote. Además no quiso hacer quites. El animal se defendió en varas y se dejó banderillear bien por Venturita que saludó. Roberto no pasó de vulgar valentón, destemplado y hasta pesado ante las dificultades que presentó el animal en la muleta. Corto, defendiéndose y muy a menos. Empeoramos nuestra primera impresión.

El malagueño Fernando Rey se enfrentó al segundo que fue devuelto por muy flojo. En su lugar se corrió un sobrero del mismo hierro del titular con 507 kilos. Castaño y serio de cara. Salió abanto y también con poca fuerza aunque metiendo la cara. Nada especial con el capote a cargo del matador. Le pegaron demasiados capotazos para que cumpliera brevemente en varas con cierta fijeza. Muy bien Cristián Bolaños en banderillas. Rey anduvo capaz con la muleta, llevando al novillo templado y largo con la derecha aunque muy agachado como ahora hace El Juli. Natural, los chicos se fijan en los mandones. Pero en la segunda tanda, toreó derecho y luego bastante bien al natural aunque de nuevo agachado. Aunque hay que corregir esta moda de una vez, Fernando Rey pasó con bien el primer vistazo. Un espadazo trasero y caído puso una oreja en sus manos.

El quinto fue, además de feo, muy veleto y blandísimo por lo que fue devuelto aunque en banderillas. Mal el palco, pues. En su lugar, soltaron otro sobrero de la ganadería titular con 537 kilos y astillado corniabierto que se pegó un volantín nada más salir. También perdió las manos varias veces. Pero este no fue devuelto y Fernando tuvo que apechar con el inválido una vez banderilleado. Se atrevió a brindar la faena. Pero el toro se defendió mucho y, aunque el malagueño lo intentó, no halló manera de meterle en cintura. Por lo menos lo mató muy bien.

Juanito actuó en tercer y sexto lugares. Con su primer becerro, ciertamente gordito, apenas pudimos verle cómo torea con el capote por la flojera del animal que a la postre resultó muy alegre y noble. La faena se la brindó al gran banderillero maño Roberto Bermejo que se cortó la coleta el pasado domingo en Las Ventas. Juanito se mostró con muchísimas ganas con la muleta en el mismo estilo julista que acabamos de comentar y un tanto aceleradillo, destemplado y torpón. Lógicamente verde pero gustó su entusiasmo y el no dolerse de los achuchones que sufrió. Mató de estocada contundente y fue aplaudido. La indudable y a veces agraciada voluntad de chaval con el blando aunque noble sexto cautivó a los espectadores en una larga faena en la que hubo de todo.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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