Ni sí ni no; sino todo lo contrario

“No estamos por la prohibición pero tampoco por la promoción de la fiesta”. El mensaje del grupo socialista en el Congreso de los Diputados chocó frontalmente con el discurso habitual de sus correligionarios andaluces. Si las instituciones gobernadas por el PSOE de Despeñaperros para abajo han dejado siempre claro su apoyo decidido a la Tauromaquia, el desarrollo del debate definitivo de la ILP causó estupor entre las gentes del toro a pesar de la previa labor de pasillo que sólo arrancó a Rubalcaba una tímida abstención. ¿Se trataba de contentar por igual a los pros y los antis sabiendo que la iniciativa iba a salir adelante con los votos de la bancada popular? Puede ser. En cualquier caso también se evidenció que dentro del principal partido de la oposición conviven sensibilidades muy distintas y no hay una postura unánime sobre el particular. Eso sí, ha causado enorme extrañeza que el mismo partido que logró el ansiado traspaso de las competencias taurinas de Interior a Cultura haya dejado pasar la ocasión sin un mensaje más o menos claro.

Alguna anécdota interesante

La breve polvareda levantada por la inclusión inicial del novillero Lama de Góngora en la cabecera del brillante festival benéfico que ha cerrado la temporada sevillana se resolvió con un acuerdo de los espadas que restituía el orden tradicional. El experimento previsto tendrá que esperar. Pero merece la pena recordar un par de anécdotas desempolvadas por la memoria prodigiosa de Alfonso Ordóñez para recordar que no hay nada nuevo bajo el Sol. Hay que viajar 40 años en el tiempo, al último festejo celebrado en el recordado coso del Chofre de San Sebastián. Los matadores alteraron el orden para que el gran Antonio Ordóñez -tan identificado con aquella bendita tierra y su perdida afición- estoqueara el último novillo del festival organizado el 3 de septiembre de 1973 para echar el candado a aquella plaza y a toda su tradición, que no ha logrado ser continuada por la efímera función taurina del Coso de Illumbe. El propio Alfonso Ordóñez fue el protagonista directo de otra alteración puntual del orden de antigüedad a mediados de los años 50. Fue en otro festival organizado en la plaza mallorquina de Pollença para festejar la inauguración de un establecimiento hostelero de la cercana Formentor. El gran banderillero sevillano sustituía a su hermano Antonio, arrestado en pleno servicio militar por un general con algunos gatitos en la barriga. El caso es que fue Alfonso, que andaba estrenándose como novillero, el que precedió a los matadores. Luis Miguel Dominguín, que abría el cartel, fue el que echó por delante “al niño” para que luego “no se notara la diferencia”. Lo dicho, que todo está más que inventado.