Última corrida de la Gran Temporada Española en Jaén. Ponce cierra su campaña en Ponce y sale a hombros con Ventura

  • Plaza de toros de Jaén. Viernes 18 de octubre de 2013. Tarde casi veraniega con dos tercios largos de entrada muy repartidos.
  • Dos toros de Las Ramblas (2ºy 3º), dos de Montalvo (5º y 6º) y otros dos despuntados para rejones de Murube que se lidiaron en primer y cuarto lugares. Desigualmente presentados.
  • Abecerrado el primero que empezó mal y enseguida mejoró muchísimo.
  • Noble sin fuerza ni casta y a muy menos el terciado segundo. Bravito y sin resuello en la muleta el tercero por excesivamente castigado en el caballo. Sin apenas brío el manejable cuarto.
  • Noble aunque muy a menos el quinto.
  • Sin fuerza alguna el noble sexto. Diego Ventura (de corto con chaquetilla de terciopelo azul marino): Rejonazo, petición insuficiente y ovación.
  • Pinchazo y rejonazo fulminante, dos orejas. Enrique Ponce (celeste y oro): Dos pinchazos y casi entera desprendida, ovación. Estocada, dos orejas y vuelta apoteósica.
  • Morante de la Puebla (verde botella y oro): Dos pinchazos alevosos y media atravesada, bronca con algunas palmas. Estocada baja, oreja.

Desde que Enrique Ponce se hizo matador de toros, la última corrida de las 24 temporadas que lleva sumadas sin interrupción salvo el año pasado, siempre tuvo lugar  en Jaén. Tengo la suerte de haber asistido a todas y, que me quiten lo bailado, eso que me llevo para el cuerpo. Jaén es la segunda tierra de Enrique junto a la de su nacencia en Chiva (Valencia) porque en la provincia del Santo Reino vivió desde su adolescencia. En Jaén tiene su famosa finca Cetrina en donde vive alternando estancias con las de Madrid. En Jaén se le quiere como a un hijo y como a un hijo le trataron su apoderado, Juan Ruiz Palomares y su familia. Jaén, por tanto, está absolutamente ligada a la larga y ancha historia de Ponce que es la más importante de la historia del toreo por haber permanecido ininterrumpidamente en la cumbre durante tanto tiempo, mas el que aún le falta por cubrir. A los que no cesan de preguntarle que cuando se retira habría que decirles que cuando se retirarán ellos, empezando por sus colegas más empingorotados que tantas veces le venían dando por agotado. Es precisamente la inagotable permanencia de Ponce lo que trae de cabeza a los preguntones y a muchos más. El triunfal puñetazo en la mesa que pegó Ponce este mismo año en el mes de agosto, sobre todo en la importantísima feria de Bilbao, no deja de sonar porque nadie ha toreado mejor con tamañas facilidad y naturalidad a cuatro toros con toda la barba y de distinto cuando no opuesto comportamiento. Últimamente, acaba de llegar de México en donde ha actuado en varios estados y ha vuelto para participar en la corrida que ocupa esta crónica que quiso torearla con Morante de la Puebla y en compañía del rejoneador Diego Ventura. Pero, sobre todo, para dar satisfacción y oportunidad al ya repuesto y más entero que nunca además de excepcional artista para que olvide por completo la gran cornada que sufrió en Huesca actuando mano a mano precisamente con el valenciano que, esa tarde, tuvo que matar los seis toros y con cinco triunfó por todo lo alto logrando un éxito colosal. Con estas remembranzas empezó el último festejo importante de la gran temporada en España.

Ponce se lució ampliamente a la verónica en su saludo de su primer toro, terciado con carita, noble y con celo aunque con poca fuerza, Le cuidaron en el caballo antes de que Ponce quitara por chicuelinas bajas, media y revolera. Bien cubierto el tercio de banderillas, Ponce brindó la faena al público una faena que no empezó bien por lo que el toro se frenó y perdió las manos. Pero enseguida tiró Enrique de temple utilizando la media altura y el trasteo tomó vuelo con la derecha. Un molinete seguido de un cambio de mano dio paso al toreo por naturales que no pudo ligar por lo incierto y apagado del animal por ese pitón. Vuelto a derechas, la faena subió otra vez de tono en calidad y adornos finales realmente enjundiosos. La sosería y la falta de trasmisión del toro pesaron tanto o más que los dos pinchazos y la estocada casi entera desprendida.

Actuar con rejoneadores es casi siempre un incómodo hándicap para los matadores de a pie porque el público casi siempre valora más el toreo menor que el mayor aunque debería ser al revés. Pero no lo es. El quinto fue un cinqueño de Montalvo con muy buenas hechuras.  Ponce lo recibió con lances rodilla en tierra y en pie. Quedó algo derrengado de patas y apenas fue picado. Ponce quito por templados delantales a pies juntos. Bien Mariano de la Viña en la brega del segundo tercio. Ponce brindó a su suegro, Victoriano Valencia, y le hizo el honor con una faena sui generis. Es decir, sublime por su fondo y por sus formas. De las suyas de este año pese a que el animal, noblón, tampoco fue como para tirar cohetes por tardo, muy a menos y, a veces, incierto. Tuvo que administrarlo, espaciando las tandas y no atacarle demasiado. Le hizo durar como nadie creyó sería posible. Y se adornó con el buen gusto que atesora. Y como esta vez mató de estocada efectiva, a sus manos fueros a parar las dos orejas que paseó entre el cariño de los espectadores, volcados con su “paisano”.

Morante es mucho Morante gracias a su arte realmente pictórico. Por eso la gente siempre espera poder ver sus cuadros y los jalean aunque no resulten perfectos como los bonitos del recibo al tercer toro. Más fuerte que el anterior, por cierto, y también noble. Le pegaron demasiado en el puyazo y el toro lo acusó en el intento de quite morantista. El toro llegó rebrincado a banderillas desluciendo el tercio y sin resuello a la muleta. Morante no pudo pegar ni un pase entero ni en media forma y abrevió entre pitos.

En la revista que edita TORESMA acabo de leer una estupenda entrevista que le ha hecho Laura Tenorio a Diego Ventura y a la pregunta que le hizo sobre cómo encaja las crónicas negativas, respondió que con gratitud porque le han ayudado a corregir sus defectos. Gracias por lo que me toca. Y si es así, lleva razón porque, últimamente, a su acreditada maestría ya apenas añade adornos chabacanos.

Ventura actuó por delante ante un toro abecerrado y excesivamente desmochado que salió sin celo, distraído y huidizo aunque a la postre muy manejable. Ventura y sus magníficos caballos corrigieron todos los defectos al tiempo de ir luciéndose con espléndida y templada brillantez en todos los tercios, que es lo más difícil. Añadió alardes al alta escuela, algunos inverosímiles, y mató de efectivo rejonazo. Increíblemente solo fue ovacionado.

La caliente salida del más presentable cuarto duró poco. Por eso no pudo Ventura clavar bien el rejón de castigo. Tampoco repetir en banderillas como el primero. Además se aquerenció a tablas y tardeó lo suyo. No obstante, Ventura logró lucirse tanto al clavar banderillas salvo en una par que se cayó, así como llevado el animal prendido de su montura. Los muchos recursos técnicos y los teatrales de Ventura en los remates pusieron todo lo demás hasta enardecer los tendidos pese al enganchón que sufrió el toro antes de poner tres de las cortas muy reunidas. Pese a pinchar antes de agarrar el rejonazo y a los defectos apuntados, se le concedieron dos orejas.

El público se entregó a Morante antes incluso de que saliera el sexto toro, el más cuajado de la tarde. Y se le entregaron tanto que jalearon igual los buenos lances que los enganchados. Mejor cuidado en el caballo, llegó a la muleta noble pero casi sin poder tenerse en pie. Solo permitió que Morante, con indudables ganas, le pegara varios y preciosos pases sueltos entre caída y caída. Un trasteo bonitamente penitencial. Pero por encima del oponente. Le dieron una oreja pese a lo baja que le cayó la espada.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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