1ª de la temporada grande en Guadalajara (México): Incolora, inodora e insípida

Francisco Baruqui

Inició como se estilaba decir en el ayer, la temporada “grande” o “formal”, como se hacía distinguir de la “chica” o “informal”, la que era de corridas a la de novilladas, con un tirón de público por demás deplorable, toda vez que la entrada habrá sido de entre unas dos mil quinientas a tres mil almas, —un quinto de aforo—, cuando en el callejón sí se registró entradón de lleno… La tarde invitaba a toros con cielo azulado, llegando al final un leve goteo arcánico que para nada molestó a la gente que terminaba de salir del coso.

¿Y del festejo…? Pues me hizo recordar escolares tiempos, cuando infantes apenas, se nos enseñaban las condiciones del agua; a saber: inolora; incolora e insípida… Hubiese esperado más del encierro de Begoña, propiedad de don Alberto Bailleres, dueño y señor también de la empresa, que envió un encierro terciado de presentación; variopinto de pelajes, que salieron de entrada dos castaños, los más dentro del tipo de la ganadería, siendo los que a la postre ofrecieron condiciones de mayor definición por cuanto a las lidias manifestadas; con un mulato, otros cárdenos y un sardo que cerró la tarde, con presencia contrastante a los dos del comienzo. Tan flojos de casta como de fuerza, —varios salían de los pases doblando los remos cuando se les sometía bajándoles las muletas—, recibiendo medido castigo en el tercio de varas, sobresaliendo por clase y son, repito, los castaños, aunque justo es destacar que casi todos humillaron con claridad, propiciando que se les pudiese aprovechar lo que de provecho. Les faltó, sí, la transmisión y la emotividad que derivan de la sangre brava que es la que hace que el riesgo se haga patente en los tendidos.

Sigo creyendo que Octavio García “El Payo” es un torero de valía…  Es de los diestros jóvenes el que encierra mayor torería y expresión, mucha expresión. Le he visto más vareado físicamente, se aprecia cuidado y con más dedicación a la profesión, lo que hace que cuando se relaja y abandona, como lo evidenció con el primero de la tarde, se proyecte con la esencia y el fondo que atesora, luciendo de capa lanceando a la verónica con las manos bajas y ritmo en su juego de brazos, para rematar con una media y un recorte para pinceles recibiendo la ovación. Con la flámula, bien que planteó su faena con solidez, con estructura, con trazo, hilvanando series de toreo por abajo con la diestra y al natural con la zurda que fuerte se le jalearon, cambiando el engaño de mano por la espalda, para rematar con largueza con sendos de pecho muy toreros. Puso Octavio la emotividad que faltaba al astado, cayendo en el error de prolongar mucho su labor cuando tras de un desarme, que siempre desluce, un sector se metía con voces.

Empero… Empero ésas voces las calló, cuando perfilándose en corto y por derecho, como mandan los cánones, se fue tras de la espada con toda rectitud pasándose en el embroque haciendo la cruz, al volcarse por sobre del morrillo, para consumar la suerte suprema con guapeza y verdad…  ¡Estocadón para premio de temporada…! Sin discusión, su labor mereció más cuando se trató de una faena de matador de toros.  Desde aquí le vuelvo a tocar las palmas.

Con el cuarto, un sardito listón, —tenía los tres colores de pelos—, paradón desde salida, carente de importancia y cadencia, no sacó son, no tuvo “El Payo” ante esas condiciones, acoplamiento alguno, desarrollando un trasteo deslavazado que remató con estocada entera contraria, siendo levantado al marrar en dos ocasiones por el puntillero resucitador… A verle siempre con gusto de nuevo que, insisto, hay torero…  Torero que necesita cuajar, que sí, pero…  Pero hay torero…

Juan Pablo Sánchez se llevó el otro castaño con condición por como metía el morro humillando, pero no sobrado de fuerza que en cuanto se le bajaba la mano, salía arrodillado.  Lució el aquicalitense sus buenos procedimientos, fincados en una técnica bien asimilada, enmarcada en sus deseos y empeño por agradar, cuajando el toreo con la derecha y la izquierda, escuchando aplausos.  Cuando tenía cuadrado e igualado al burel, incomprensiblemente lo cambió de terreno para pinchar y ser levantado y colgado del pitón por la parte interior del muslo izquierdo, haciendo temer que llevara la cornada.  Decidido despenó al begoño con entera que bastó para salir a saludar.

Con el quinto, un novillo cardenito colado en el sexteto, impresentable para Guadalajara, dibujó Juan Pablo verónicas cadenciosas, cargando la suerte y meciéndose con ritmo, rematando con media que provocó ovación. Con la zarga derrochó voluntad y enjundia realizando series por abajo que se le corearon pero…  Pero mala la estocada que quedó baja para salir merecidamente a  saludar.  Hubo el intento, a la postre frustrado, de dar la vuelta, siendo pitado y metido al callejón. Válgaseme escribir que una vuelta al ruedo se debe dar cuando la petición del público sea tan nutrida como calurosa, porque de lo contrario se cae en la situación por demás incómoda y poco edificante de padecer la nada grata manifestación del rechazo.  Mejor que el respetable la exija sacándole del callejón que metiéndolo en él. Y vaya voluntad, actitud, determinación y entrega que tiene el teocaltichense

Arturo Saldívar… No me sorprende cuando le he visto cómo se ha entregado en Madrid ganándose a ley el reconocimiento, el respeto y el ánimo de la afición más dura y exigente que es la venteña matritense… A lo largo de toda su actuación estuvo en ése tenor, cuando con el tercero, un mulato que exigía, el espigado muchacho se empleó en una labor fincada en la diestra haciéndose aplaudir, entre achuchones en el engaño por la falta de condición del moro al que despachó de media estocada tendida y primer golpe con la corta de descabellar saliendo por saludos, y…

Y vendría el sexto, un sardo espectacular por la capa mermado en su presencia por la cortedad de su rabo, —casi “jolino”—, dejándose ver modesto con la capuchuela toda vez que casi siempre recurre a delantales a pies juntos en lugar de verónicas de recibo, que sacó fijeza y tuvo más son. Arturo lo entendió a la perfección, y como valor le sobra, dándole los terrenos, los espacios, las distancias, poniéndose en el sitio y haciendo gala de él, le armó una faena marcando los tiempos, muy reunido y templado con derechazos y naturales que calaron en la afición.  Se veía y sentía la determinación de Saldívar, que supo mantener ritmo en su labor, aunque creo que lo pasó un pelín de faena.  Y cuando tenía la oreja ganada, pincha de inicio, para cobrar entera baja después, rematando con descabello al primer intento y… Y, aquí sí, luego de recibir el batir de las palmas, la gente lo sacó del callejón para la bien ganada vuelta al ruedo.  Esperanzas se siguen cifrando en toreros que contando con valor, buscan en las medias lunas de los toros, su gloria…  Su grandeza y… Y, su fortuna.

F. Baruqui

F. Baruqui

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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