4ª de la temporada en Guadalajara (México). El valor de la estocada

Francisco Baruqui

Se ha reconocido siempre un principio taurómaco que dice con toda claridad que las orejas se ganan con la muleta, sí, pero…  Pero se cortan con la espada…

La corrida de ayer, por cuanto al resultado del corte de apéndices, merece una consideración por demás importante…

Importante, que sí, cuando por ignorancia o mala visión o por ambas causas, las premiaciones otorgadas, por desconocimiento palpable o vista “reparada” de la autoridad y su asesoría, cayeron en excesos irreverentes a la valorización que siempre ha tenido la bien llamada SUERTE SUPREMA, QUE ES LA DE MATAR, devaluada in extremis toda vez que ha sido desentendida con estocadas bajas, desprendidas, defectuosas a pleno, otorgándose orejas al por mayor que devalúan también la categoría de una plaza como la guadalajarense, que se precia ser de categoría primera.

Una categoría que en entredicho queda situándola al nivel de “pozolera”, faltando trompa, cachete, carnaza al jalisciense platillo, y sobrando orejas de cenaduría barata.

La terna metió un cuarto de plaza en tarde fresquilla con nubes, para ver un encierro de Marrón con crianza, que buena romana que tenía, encardenada de pelajes que siendo monopuyásica — a puyazo por burel —, llegó al último tercio manejable por su claridad y su limitado acometer que rayó con varios en sosería, faltos de emotividad y transmisión pero, repito, dejándose meter mano con los de a pie.

Algunos humillaron poco, cabezas a media altura necesitando de engaños que los sujetasen por tendencia a distraerse.  Casta justa y sin malas ideas, destacando el tercero, un ejemplar con clase, buen estilo, fijeza, recorrido y son que rompió brindando condiciones de excepción para el importante triunfo.

Astados poco armados por la extrema comodidad de sus cuernas, pero bien cubiertos de sus cuartos traseros, bien criados, para andar a gusto los alternantes.

Eulalio López “Zotoluco” se ha visto en el profesional que atraviesa su etapa de madurez, dominador del oficio y aplicante de una técnica de poderío al andarle a los toros, con el que abrió plaza poco lucimiento tuvo en un trasteo de escaso transmitir intentando por los dos lados, despenando de estocada en el rincón.

Con el cuarto, desbordado de voluntad y empeño, sin destacar con la capa, inició su faena de hinojos por alto de tablas al tercio, para hilvanar, pase a pase por abajo con las dos manos, sobresaliendo con la diestra, deseoso rematando con los de pecho que se le corearon.  Cobró media baja recibiendo un trofeo entre división, que fue a parar a las manos de un infante de barrera.

Alejandro Talavante toreó de capote en mandiles a pies juntos quitando por chicuelinas rematando con recortes para aplausos.

Le ha tomado la medida al público mexicano.  Lo entiende, sabe qué y cómo le gusta el toreo, la medida de las faenas, la largueza de los pases, el temple y mando que sabe imprimir gracias a la elasticidad de sus muñecas de privilegio, acompañando muy reunido con el quiebro leve de su cintura, expresado en series de ayudados por abajo con la derecha y al natural con la zurda, intercalando cambiados por la espalda aguantando que fuerte se le jalearon.  Muy mal matando escuchó un aviso tras de seis pinchazos y entera —la única de la tarde—, que se sepultó en lo alto.

Con el quinto, haciendo gala de recursos y sitio, se proyectó a mejor nivel encontrando colaboración mayor del cardenillo, para una faena con mejor ritmo incluyendo como inicio de remate la lucidora “arrucina” que Talavante ha sacado del viejo arcón, poniéndola otra vez en boga, para hundir la hoja entera tendenciosa pero de efectos y recibir — adelantándose la campaña del “Buen Fin”— por juez y asesor, dos auriculares con la consabida vuelta al ruedo.  Inteligente y entendedor, muy sensibilizado, repito, al toreo que gusta en México.

En Sergio Flores, desde que le vi la primera vez de novillero, aprecié en él buena planta y sentido interpretativo para dar a su expresión artística transmisión, que bien y mucho que conecta con los tendidos, avanzando en sus procedimientos, en sus recursos y en su sensibilidad, imprimiendo sello personal a su toreo desgarrado, de profundidad y hondura, tanto con el percal, lanceando a la verónica con cadencia, buen juego de brazos y rematando con media, siguiendo con chicuelinas de manos bajas, como con la zarga haciendo el toreo por abajo del bueno, marcando los tiempos, encelando y llevando con mucho mando y temple al toro, para rematar vaciando con de pecho lleno de torería.

Se llevó el mejor del encierro y lo aprovechó pinchando en el primer envite y cobrando entera baja para oreja de premiación.

Con el sexto, con casi seiscientos kilos de peso y una cabecita anovillada que ofreció menos posibilidades regateando acometidas, el de Tlaxcala se empleó en un trasteo largo, muy largo mostrando voluntariosa actitud con no estuvo acorde al lucimiento que el espigado chaval hubiese deseado.  Mal en la otrora SUERTE SUPREMA, quedándose en la cara sin pasarse, metió un espadazo en el chaleco y otra estocada en sitio.

Hay que seguir a este joven torero que ya calado por los toros en España, mantiene intacto su valor que no se ha ido por los hoyos de las cornadas, y con mayor rodaje podrá escalar un sitio de preponderancia en el escalafón…  Cuando afine las espadas…

Y mis felicitaciones a la Peña Mal de Montera por sus cinco lustros de aniversario que festejarán galardonando a protagonistas destacados de la temporada 2012-2013 en la plaza tapatía Nuevo Progreso.

F. Baruqui

F. Baruqui

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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